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CAPÍTULO 30. Una especie de manipulación

Horas más tarde

La enfermera renovó la medicación que lograba ahuyentar los dolores más espantosos del cuerpo de Zoey al menos por dos horas. Mira observaba cómo limpiaba sus vías y giraba la ruedita calibradora. Después, retiró junto a otra trabajadora la bandeja con la cena terminada y por fin salieron de allí. Zoey la miró sonriendo con picardía.

—Estamos solas. Ven a mi lado.

—… —Mira sonrió, un poco forzada. Zoey no se rendía nunca. Y sabía que trataría de volver a buscarla. Se pasó la tarde entera frenando sus intentos de toquetearla. Se tumbó con extremo cuidado a su lado y habló algo molesta—. Sabes que no me gusta robarte sitio en la camilla. Te puedo…

—…hacer daño —completó la frase que no había parado de repetir, poniendo los ojos en blanco—. ¡Calla ya! —soltó una cantarina risita y la agarró de la mano. Sin ningún pudor, la puso en su pecho y apretó un poco. Mira se sonrojó al sentir la palma de su propia mano en su pecho… estaba blando, no llevaba sostén bajo aquel delantal irrisorio de hospital que le ponían. Zoey la incitó más, mirándola con una sonrisa divertida; apretó más la mano. Mira parpadeó agitada y la miró a los ojos.

—¿Por qué eres tan diablilla? Disfrutas haciéndome esto, eh.

—Quiero que me toques. Tócame, Mira… —susurró. Se puso muy cerca de su rostro y se mordió el labio inferior. Aquello agrandó las pupilas a la pelirrosa, como si viera droga a su alcance. Se mantuvo callada y no reaccionó. Zoey se relamió los mismos labios, antes de morder el inferior de su compañera. La atrajo así hacia ella, haciendo que a Mira le temblara la respiración. Se volcó sobre ella sostenida a la cama, sin dejar caer en ningún momento su peso sobre la pelinegra. Zoey le metió la lengua adentro y la agarró de la cara, besándola. Su amiga sintió que se derretía, invadida por un golpe de lujuria. Claro que quería tocarla. Y se odiaba por no saber mantenerla a raya. Se odiaba por no imaginarse un sexo apaciguado. En su cabeza siempre volvía a ser bruta, haciéndola disfrutar… pero también haciéndola gritar. La lengua de Zoey estaba muy juguetona, y al final logró lo que buscaba. Mira correspondió el beso con frenesí, moldeando sus labios contra los suyos entregada. Zoey paró de retenerle la mano cuando Mira por fin, por voluntad propia, respondía a su pedido. Y la agarraba del pecho con suavidad. Sintió excitada que sólo dejaba de hacerlo un instante para meter la mano por la abertura del camisón y poder sentirla piel con piel. Al agarrarla del seno ahora, Zoey jadeó despacio, sin levantar la voz, y Mira la calló de nuevo al empezar otro morreo. Zoey sintió cómo el calor la arrollaba por dentro. Ahí fue cuando supo, con total seguridad, cuánto deseaba llegar hasta el final. Lo poco que le importaba su propio cuerpo, más allá del placer que Mira pudiera otorgarle. No le importaba estar recién operada. Situó la mano en el pecho de Mira, imitándola. Se magrearon mutuamente el pecho de la otra. Al cabo de un intenso minuto, Zoey desconectó los labios de los de Mira. Suplicó en voz baja.

—Sigue… ¿por qué no me tocas más abajo?

Mira trasladó desconfiada la mirada hacia la pierna de Zoey. La operada estaba apartada con una especie de hierro del que desconocía el nombre. El único motivo por el que tenía permitido sacar la pierna de ese molde era para ir al aseo… y debía ser lo menos posible.

—No.

—Sí —insistió la otra, mordiéndose divertida el labio.

—Zoey… —curvó un poco los labios, suspirando.

—No me moveré. Tócame… ¡espera! Traba la puerta. No quiero que nadie moleste.

—… —Mira la contempló fijamente, lamiéndose el labio inferior… para comprimirlo después hacia dentro, pensativa. Zoey insistió.

—Va, venga…

—No. No vamos a continuar haciendo eso.

—¿Qué peligro hay…? No seas aburrida…

—Deja de buscarme las cosquillas —murmuró, apartándole suavemente la mano del pecho—. Sólo son unos días y podrás venir a casa. ¿No entiendes que tienes todos esos huesitos tan delicados de la rodilla recién acomodados?

—Te he dicho que no la moveré, joder.

A Mira no le gustó su tono. Pero se contuvo.

—No tienes por qué moverla. Pequeña, en el sexo te tensas. Tú y cualquiera. Se te contrae el cuerpo y en tu caso puedes hacerte daño. Tienes la pierna delicada.

—…

De pronto, Zoey la sorprendió con una expresión de pena. Se irritó y miró a otro lado, como si acabara de rememorar algo doloroso.

—Te lo compensaré más adelante —intentó animarla. Zoey negó con la cabeza y porfiadamente agarró la mano de Mira de nuevo, buscando bajarla a la fuerza. Mira intentó mantener la suavidad en su tono ya de por sí grave—. Basta. Zoey.

—Di mejor que no me quieres… —murmuró, empezando a compungirse.

—No hagas eso, ¿vale? Deja de hablarme así.

—Te estoy diciendo que lo necesito. Te necesito. Si no quieres lo respetaré, pero… si es por mí…

—Yo… cl-claro que quiero. Pero…

—Entonces haz lo que te estoy pidiendo. —Mira se mantuvo cerca de su rostro, pensativa. Zoey soltó un resoplido y la devoró con la mirada—. ¿Crees que me voy a olvidar tan fácilmente de que te has liado con ella?

Oh.

Aquello fue un auténtico golpe. Mira se quedó petrificada. Lo último que quería escuchar en un momento como aquél, era…

—…hazme feliz, ahora mismo —dijo con la voz temblorosa—, o no te perdonaré.

—¿Quieres hablar de eso? —trató de mostrarse dialogante. Pero empezaba a notar las chispas candentes de su interior. La voz se le puso más grave, mirándola con fijeza—. Vamos a hablarl-…

Zoey reaccionó más desesperada y apretó los dientes.

—Te estoy diciendo que quiero sentirte a ti. Quiero sentir que me tocas. ¿Por qué me lo estás negando?

—Cálmate… —chistó despacio, haciéndola bajar el tono—, Zoey, así no puede ser.

—¿¡Y POR QUÉ NO!? —chilló, haciendo que Mira se apartase de ella. De un momento a otro abrió los ojos y se jactó adolorida, tocándose el costado afectado. Mira la miró sin decir nada. Sólo intentaba asimilar lo que estaba ocurriendo. Zoey le devolvió una mirada llena de reproche y de lágrimas de rabia—. ¿Y ahora qué? ¿otra vez vas a largarte? Es lo que siempre haces, ¿verdad? Como un maldito perro al que patean la caseta. Huirás despavorida ante el menor problema, como hiciste aquí mismo hace unas horas, con mi madre.

¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué ese cambio…? Mira se encabritó también.

—Hago eso cada vez que tengo ganas de partir un mueble encima de alguien.

Zoey sollozaba.

—No me quieres… y nadie me tiene puta confianza. Todos piensan que voy a quebrarme. Y tú huyes… ¿por qué me lo haces?

—Yo… —cerró los ojos un momento y bajó la cabeza—, no puedo competir con el amor de tus padres. Ellos no me aceptan. Y… no puedo enfrentar eso.

—¿Sabes lo que me ha costado enfrentarlos? Cada vez que me miran… siento que les decepciono. Por no hacer lo que ellos quieren o esperan de mí. Pero… yo sí que esperaba algo de ti ese día, Mira. Y te acostaste con ella.

—Cielos, no… no hice eso… —murmuró apenada, tocándola. Zoey se zafó.

—¿Ah no? Júrame que no lo hiciste.

—Te lo juro. No lo hice.

—¡¡La besaste!!

—Sí —murmuró amargamente—, y por un momento dudé si continuar. Pero no podía hacerlo, porque no te quitaba de mi cabeza.

—¡¡Mentira!! —le gritó, haciéndola dar un paso atrás.

—¿Todo esto es por Sarah?

—¿Cómo pudiste hacerlo? ¿¡Cómo!?

Mira conectó con ella en ese instante. Sí que quería hablar del tema, pero no quería reconocerlo. Suspiró y se sentó a su lado de nuevo, en la butaca para acompañantes.

—No estaba pensando con claridad.

Zoey se tapó la cara con las manos. Trató de calmar su llanto tras ellas. Mira tomó aire de nuevo y la acarició del hombro, esta vez la pelinegra trató de repetir la anterior estrategia. Agarró su mano y tiró de ella. Mira tuvo un amago de resistirse…y vio que le hacía daño al retraerla. Así que cedió y se puso cerca de ella. Zoey suspiró cansada y volvió a besarla.

Dios mío… qué le he hecho…

Mira no se sintió tan bien esta vez al corresponderla.

No puedo.

No puedo…

Volvió a separarse y Zoey se echó a llorar otra vez, como se temía. Era peor que una niña con una pataleta… porque estaba completamente herida y no tenía ni idea de gestionar el dolor. Mira se mantuvo cerca de sus labios y le susurró.

—Dime una cosa. ¿Me odias…?

—Quiero que me toques —exigió de nuevo, con las mejillas ya mojadas.

—Cariño… voy a tocarte.

Zoey parpadeó, mirándola con los labios rosados y temblando.

—Bien, hazlo. Demuestra que…

—Te quiero a ti —la cortó—, pero… esto no puedes hacerlo más. ¿Me entiendes? Esto…

—Joder… para de regañarme… —le evadió la mirada, iracunda. Mira la acarició del mentón y le recondujo con suavidad el rostro para verse de frente.

—Esto que estás haciendo… no está bien. Mira cómo me estás hablando. Y que hoy te complazca no quiere decir que vayas a hacérmelo siempre. ¿Me has entendido?

Zoey asintió, con un deje de esperanza. Mira tragó saliva y calibró aquella situación. Era una locura. Zoey no estaba bien. No se esperaba aquel salto en su actitud. Y lo que más odiaba, era que ella se lo había despertado. Por su parte, Zoey sintió que por fin se salía con la suya. No sabía por qué actuaba de ese modo tampoco. Era como si necesitara, como si buscara desesperada su atención total. Que sus manos la traspasaran si hacía falta y que no hiciera caso a nadie más. Tenía muy malos pensamientos, debido a que desde que le habló con ese odio en el gimnasio pasando de ella, había generado también en ella la necesidad de ser correspondida.

Y para su alivio, Mira lo hizo. Cedió.

Entonces su corazón se agitó por los nervios y la excitación, pero la mente sin embargo se calmó. Alejó la oscuridad. La joven cerró los ojos, concentrándose. Mira sintió que sin darse cuenta iba aflojando el agarre, al verse satisfecha. La oyó respirar muy agitada en su oído, aunque esta vez no era como las anteriores. Esa vez, sentía un halo de preocupación. Empezaba a creer que esas heridas psicológicas bloquearon la curación cuando el honmoon se restableció. O al menos, parte de él. Y ahora ella acababa de ceder a una especie de manipulación. Zoey se quebró en un balbuceo, hundiendo las uñas en la nuca de Mira al sentir que la frotaba entre las piernas. Tensó el cuerpo.

—Relájate… —le susurró, acariciando la nariz con la propia. Zoey balbuceaba excitada y empezó otro beso más lento. Mira se tomó sus segundos para tantearla allí abajo. Después de estimularla, ahondó con cuidado el dedo corazón dentro de ella. La pelinegra le clavó más las uñas, gimiendo de placer. Y Mira terminó el beso para hundirse contra la almohada. La postura era cansada si no podía dejar el cuerpo sobre ella. Pero no se quejó. Y a pasos agigantados, incluso a pesar de aquello que acababa de decirle, incluso a pesar de la insistencia por su capricho, Mira no pudo evitar ponerse cachonda al escucharla. Ver que causaba el placer en ella le fascinaba. Introdujo un segundo dedo y Zoey dio un gemido de dolor y placer, volviendo a contraerse. Otro pinchazo en las costillas. Respiró con dificultad, pero al fijarse en Mira, ésta la devoraba con sus ojos. Quería cerciorarse de que estaba bien.

—Estoy bien…

—¿Segura…?

—Sigue tocándome —pidió, envolviéndole el cuello con ambos brazos, como si buscara colgarse de ella. Mira controló la fuerza. Sentía que le costaba mover los dedos de lo apretada que estaba. No pensaba insistir. Retiró el segundo dedo y siguió sólo con uno, tomando un ritmo. El cuerpo le pedía empujarse contra ella, frotarse. Zoey estaba más ida de placer. Como la consentida que era, ahora que estaba obteniendo lo que deseaba, estaba calmada. Cada vez que Mira acomodaba la postura la invadía en la boca de nuevo, temiendo que se separara. La pelirrosa no lo hizo; vez agarró el ritmo y el punto que deseaba e hizo que las respiraciones de Zoey fueran más entrecortadas.

—Ah… —entreabrió los ojos, suspirando de placer. Tras un rato, veía cómo Mira la penetraba ya con tres dedos hasta el final, y cada vez que lo hacía sentía una ola de placer cada vez más intensa. Entrada ya en el último peldaño de placer y a poco de obtener un orgasmo veloz, dejó caer la cabeza sobre la almohada y trató de relajar el cuerpo. Mira ya la atravesaba con más rapidez para aquel momento. No detuvo los besos ni en su boca ni en su cuello. La besó y lamió por todas partes, y oyó contenta que Zoey agitaba todavía más la respiración, ya incapaz de seguirle un beso. Empezó a gemir tímidamente, y entonces le apretó el ritmo—. ¡Ah…! ¡Uf, uf…!

En aquel grito Mira notó a la perfección cómo su pequeña entrada se contraía bruscamente, casi impidiéndole continuar con las penetraciones. Zoey se agitó en mitad del orgasmo y soltó un jadeo más agudo, cargado de placer pero también de molestia. Apretó con saña la ropa de su amiga. Mira se mordía el labio inferior, aún obligándose a no ser brusca ante tal imagen. Porque era lo que deseaba. Estaba mojada sólo de verla revuelta de aquella forma, con la cara contraída. Chocó la mano con más fuerza, agarrando bien con la palma su montículo y logró hacerla correrse a los escasos segundos. Zoey contrajo de nuevo el cuerpo, y aquello fue mucho más doloroso.

—Agh… —cerró los ojos con fuerza, aún con el retazo del orgasmo en el cuerpo. Balbuceando, estiró un brazo y apretó su mano entre los muslos de Mira, buscándola.

—Oah… no —ésta tuvo que apretar la mandíbula para contenerse. La agarró de la muñeca y con suavidad la apartó, mirándola fijamente—. No.

—Sí… —musitó adolorida y juguetona, luchando por lograr meterle mano. Mira retiró los dedos impregnados del interior de Zoey. Le apartó la mano de nuevo y se la retuvo contra la almohada. Quedó respirando frente a ella.

—Te estoy diciendo que no.

Zoey tragó saliva, mirándole la boca, y lentamente ascendió la mirada a los penetrantes ojos de Mira. Ésta se fijó en lo débil y sonrosada que estaba. La pelinegra asintió despacio.

—Vale…

Mira suavizó la expresión. Se apartó con cuidado, y su siguiente parada fue el aseo que tenía en la puerta de al lado.

Aseo

Aunque su intención era lavarse las manos, paró un instante apoyada contra la puerta y se metió la mano en las bragas. Cerró instantáneamente los ojos, estaba empapada. Casi por inercia separó un poco las piernas. Se metió los mismos dedos que le había metido a Zoey hasta el fondo, disfrutando sólo un instante… antes de volver a retirarlos. Por supuesto, éstos salieron aún más mojados. Agarró del neceser toallitas para limpiarse y luego se lavó las manos. No se concedió ni un instante para reparar en nada.

Habitación hospitalaria

Zoey la siguió con la mirada cuando salió del baño. Ya algo más relajada después de haber tenido un orgasmo. Tragó saliva y cuando Mira cruzó miradas con ella, la apartó. Parte de ella se sentía estúpida y llena de vergüenza. A Mira no pareció importarle que no la observara. Se le acercó, metió la mano entre sus piernas con cuidado y Zoey exclamó un balbuceo, sorprendida. La estaba limpiando. Mira se rio.

—No vas a quedarte así de sucia, ¿no?

—Debería darme una ducha…

—¿Estabas durmiendo cuando el médico te dio las indicaciones, o qué? No habrá ducha una buena temporada. Sólo lavados.

Zoey se sentía avergonzada. Cuando Mira terminó y regresó del aseo después de deshacerse de las toallitas, se la encontró cabizbaja y con las cejas algo fruncidas.

Como una niña con la pataleta, de nuevo. Supongo que debo asistirla, aunque esté así de caprichosa, pensó Mira, con cierto halo de ternura. Pero echó cuenta de la contraparte. Lo que Zoey acababa de manifestar recientemente era una actitud que no quería verle de nuevo. Ni quería que se acostumbrara a salirse así con la suya. Estaba muy herida por dentro también, y probablemente fuera la causa por la que sus daños físicos no mejoraron. Elevó una mano hacia su nariz, dándole un toquecito. Zoey la observó.

—Siento haberme puesto así —dijo en un murmullo.

—Eso quería oír… —dibujó una sonrisa ladeada, siguiendo con las caricias por su mejilla. Bajó a darle ahí un beso suave, que hizo a la pelinegra sentirse mejor. La miró aún ruborizada, y cuando se observaron ahora, Mira se relajó. Era su pequeña bicho. La de siempre. Le sonrió con esa cara de pillina con pecas que tanto había echado de menos.

—Mi madre trajo nuestras consolas. ¿Jugamos a algo…?

—¿Ah sí? Mi consola no creo, mi cuarto está bajo llave…

—Ah, ¿de verdad…?

—Pensaba compartirla. Si traes la tuya, mejor —le sonrió. Zoey parpadeó más animada y asintió.

—Genial. Con lo mala que eres… te pienso machacar a cualquiera de los que tenemos instalados.

—¿Y esa confianza…? —la despeinó con la mano antes de girarse a por las consolas. Se trataba de un nuevo modelo, asignado a una compañía tecnológica de renombre que tenía sus asociaciones con algunos grupos. A pesar de la era en la que estaban donde la diversidad abundaba, lo cierto era que las marcas se seguían lucrando sacando videojuegos con personajes basados en grupos idols. De pronto, el móvil de Mira vibró en la mesita auxiliar. Zoey dejó de mirar su móvil para girar la cabeza a la pantalla ajena. Vio el nombre de Sarah. Y Mira también lo vio, según recogía su consola. La dejó en la mesa y suspiró despacio, agarrando el teléfono. Volteó la pantalla hacia Zoey para demostrarle que no tenía nada que ocultar.

—Voy a colgar, ¿ves? —deslizó el botón rojo, desviando la llamada.

Zoey apartó la mirada sin comentar nada y siguió a lo suyo con su teléfono. Mira puso el teléfono en silencio y lo dejó abandonado, sabiendo que no pensaba agarrarlo más ese día. Dejó encima las dos consolas y rodeó a Zoey con un brazo delicadamente, sentándose en el borde de la cama.

—Mírame —murmuró, acariciando su mentón con la mano opuesta. Zoey la miró de a poco, con fijeza—. Te quiero. Mañana te van a dar el alta… y cuidaré de ti si decides quedarte en nuestra casa.

Zoey se estremeció al sentir otro beso en su mejilla tras esas frases.

—Necesito que alguien esté encima de mí todo el día… —musitó—, mi madre quería encargarse, en su casa.

—Se hará como tú quieras. Y donde quieras. Pero sabes que no voy a despegarme de ti si decides quedarte.

Zoey la miró a los ojos. Sus palabras la reconfortaban. Enormemente.

—Quiero que me cuides tú.

—Muy bien —susurró, perdiendo la sonrisa al mirarla de más cerca; conectó con sus labios y volvió a probarlos. Zoey la correspondió unos segundos, y luego se separó. Mira abrió los ojos, mirándola con deseo—. Eres preciosa.

—Yo… quiero que estemos juntas. No lo aceptaré de otro modo. No te quiero ver con ella.

—Relájate un poco primero —gruñó divertida en su oído, imitando a un perro rabioso— grrrrrr…

—Ay —encogió el cuello, riéndose. Mira se rio con ella, abrazándola con cuidado.

Zoey se sintió bien. En ese momento, al menos por ese segundo, se sintió bien.

Horas más tarde

De madrugada

Leah se había quedado hasta las una de la madrugada acompañando a su hija, pero el dolor de espalda y de piernas por estar allí sentada no ayudó a que resistiera la noche entera. Mira observó en silencio a mitad de noche cómo la mujer recogía sus cosas. Como se trataba de un hospital privado y acomodado por ciertos lujos, los visitantes podían solicitar una habitación con cama para acompañar y asistir a los enfermos. Zoey estuvo más de una hora discutiendo con su madre para que regresara a casa esa noche y así dejara usar a Mira la cama. Ésta, haciendo un acopio de paciencia que no tenía, luchó por no participar en aquel cruce entre madre e hija, ya bastante incómoda la hacía sentir Leah desde que la buscó en el baño de la casa. A regañadientes y aguantando el sueño, Leah estuvo allí hasta las una de la madrugada. Hasta que ya le ganaba el cansancio y el dolor de piernas y de espalda, y se arregló el bolso sobre el hombro. Se despidió de Zoey con un beso y prometió verla al cabo de tres días… tres días que su hija le rogó para que estuviera tranquila y lejos. Porque sabía que estar con su madre demasiado tiempo y Mira en la casa iba a traer problemas, y ella no estaba en su mejor momento para hacer frente. Mira pegó la cama a la camilla de Zoey cuando la mujer se marchó.

Pero ese último cruce de palabras entre madre e hija le ganó otra merecida pesadilla. Aquella vez, y nuevamente percibiendo el entorno del sueño como completamente real, vivió la experiencia de ser golpeada y atropellada por un vehículo. Gritaba mientras se arrastraba por el asfalto, y la persona que la arrollaba… era… Mira. Salía del deportivo y se quedaba apoyada en el techo del mismo, riéndose al verla tirada e inválida. Zoey le chillaba muerta de rabia. Pero Mira sólo le devolvía esa sonrisa tétrica y engreída, la misma que le dedicó una vez.

«Mírate, eres patética. Y sigues estorbando.»

Zoey lloraba y moqueaba sin poder levantarse. Una de sus piernas estaba atravesada por un inexplicable clavo que nacía de la carretera. Mira se metía de nuevo entre risas en el coche, aceleraba en vacío, y se acercaba a toda velocidad hacia ella. Directa hacia ella. Zoey gritó cerrando los ojos al verse venir el impacto.

—¡Ah… aj…! ¡Uh…!

Mira despertó enseguida. Tenía el sueño tan ligero los últimos días, que bastaba el movimiento de una hoja para ponerla alerta. De un salto se volteó e incorporó medio cuerpo, mirándola con precaución. Zoey había gemido y tenía una expresión rara. Parecía pasarlo mal en otra dimensión. Al recorrerla con la mirada, se fijó en que tenía la rodilla flexionada.

—Ay, chiquita… —chistó un poco cabreada. No podía moverla, lo tenía prohibido.

Supongo que no es fácil, la habrá movido mientras soñaba.

Se incorporó tratando de no hacer ruido y llevó las manos a su pierna con cautela. No quería ni rozarla, porque un cirujano de trayectoria magistral había reparado todo lo que ese cabronazo le había roto, y lo último que deseaba era llegar ella con sus manazas a terminar de jodérsela. Afortunadamente no lo hizo. Se alivió al lograr ponérsela recta de nuevo; la dejó dentro del molde quirúrgico. Palpó con la mano la venda compresiva. Zoey respiraba mal por momentos, luego se calmaba… y luego volvía a ponerse nerviosa. Hasta que volvió a gemir asustadiza. Abrió los ojos de golpe y se asustó más.

—¡Mira…!

—Estoy aquí. ¡No te muevas! —susurró regañándola al verla revolverse. Pero Zoey sólo la buscaba. Mira se pegó a ella en la camilla y la rodeó con mucho cuidado. Zoey hundió el rostro en su cuello y lloró en silencio, apretando la mano contra su espalda. La otra suspiró, le jodía verla con ese miedo. Pero, por otro lado, la seguía buscando en mitad de la noche. Había algo en eso que la llenaba todavía más de amor.

—Llama a una enfermera…

Eso la alertó.

—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

—Me duele muchísimo… —sollozó, bajando una mano a la pierna.

Mira sólo elevó uno de sus largos brazos y apretó el botón de asistencia, llamando al empleado de guardia. Regresó la mano a la espalda de la chica y miró el contenido de las bolsas del portasuero. Le susurró.

—Es normal, se te ha acabado el anestésico. Y has movido la pierna.

—No puedo aguantarlo, me duele demasiado… —murmuró apretando los dientes—. Joder…

Oírla le dolía lo mismo que si fuera en su propia pierna. Pero no era médico. No tenía ni idea. Se sentía inútil. Por suerte, no tardó en abrirse la puerta y entrar una mujer. Mira se separó con cuidado y se puso en pie, encendiendo la luz.

—¿Se encuentra bien? —preguntó la enfermera.

—No, ha movido la pierna fuera del molde. Está muy adolorida.

—No podemos darle más calmantes hasta dentro de una hora.

—Pero no lo aguanta.

—Es que no tenía que haberla movido en primer lugar —comentó más seria. Pero ni la mitad de seria que Mira se puso de repente.

—Tenían que haberle puesto algo más para que no la moviera. Lo ha hecho sin querer, estando dormida.

La enfermera soltó el aire y asomó por encima del hombro de Mira. La muchacha tenía la cara escondida contra la almohada, respiraba agitada a juzgar por los movimientos de su cuerpo. Estaba conteniendo el dolor. Asintió y miró a la pelirrosa.

—Voy a traerle algo más fuerte, pero hay que consultarlo con su médico. Voy a buscarlo.

—Gracias.

Cuando se fue, Mira bordeó las camas para inclinarse hacia Zoey. Besó su espalda y trató de ponerla recta, pero ésta se negaba a salir de esa incómoda postura.

—Ponte recta… la estás moviendo otra vez.

—Así no me duele tanto… —habló, con la voz algo ahogada al estar con la cara tapada contra la almohada. Mira negó.

—No está recta… vamos, ponte bien. Despacio.

Cuando Mira la ayudó a corregir la postura, Zoey abrió los ojos y soltó un grito más fuerte, temblando. Mira cerró un segundo los párpados, le dolía sólo de verla. Se sumía en la pena viéndola sufrir de aquel modo. Era por las vértebras.

Te mataría yo misma si no te hubiese matado ella… es lo que tuve que hacer nada más ver que le ponías la mano encima.

Mira se maltrataba recordando el pasado ahora que Ronald había pasado a mejor vida. Lo peor era que ese hombre la había machacado psicológicamente en todos los sentidos que pudo. Sólo había una forma de hacerle aún más daño que su intento de violación, y era que apalizara e intentara violar también a la chica que más amaba. Ahí estaba viendo las consecuencias. Zoey tenía la cara cubierta de lágrimas de puro dolor. Le entraron ganas de derrumbarse de repente ahí mismo también, pero pudo sobreponerse rápido. Ella tenía que ser la fuerte. Con el máximo cuidado que pudo, la logró situar sentada en la camilla. Elevó la misma con ayuda de los botones laterales. Y fue después directa a acariciarle las manos.

—Respira…

Zoey calmó las respiraciones. Lo cierto era… que tenía miedo. La pesadilla le había puesto mal cuerpo, pero el dolor lacerante le indicaba que algo no iba bien. La rodilla le ardía. No quería volver a pasar por quirófano.

El cirujano llegó y la atendió, presto. La pierna estaba caliente y tenía acumulación de líquido, que le retiraron en esa misma visita con una jeringa. Ante la palpación, Zoey gimió atravesada por el dolor.

—Hm —el hombre frunció un poco los labios—, que pase a radiografía. Si se diera una segunda operación, habría que valorar la opción de insertar una prótesis.

—¿Por… por qué?

—Porque no siempre los propios huesos de uno tras una luxación quedan bien. Ceden ante cualquier movimiento, por eso se necesita reposo total.

Mira la acarició del hombro. Pero esta vez no tuvo el efecto deseado. Zoey explotó a llorar y gritó al médico.

—¡¡Ya está bien!! No quiero volver a operarme…

—Tranquila —comentó él—, la radiografía nos dirá si algo se ha desplazado, a partir de ahí… se valorarán todas las opciones, y no al revés. Estamos hablando por adelantado.

Zoey cerró los labios, con el rostro compungido. No tuvo mucho tiempo para asumirlo. Enseguida, un celador la llevó junto a la enfermera al ascensor y tuvo que soltar la mano de la pelirrosa.

Al cabo de una hora

Mira se había quedado angustiada a la espera, en el pasillo hospitalario. Al desbloquear el teléfono, vio las veintisiete llamadas perdidas de Sarah y decidió bloquearla. Borró por adelantado los mensajes que le envió sin leerlos. No quería ningún cargo de culpa con aquella mujer. Escribió la última actualización a Rumi, explicándole que Zoey seguía bajo observación y que la estaban radiografiando otra vez. Pero era de madrugada y la pelimorada estaba ya durmiendo.

Después de una hora que le pareció exagerada, trajeron a Zoey en la misma camilla. El porta-sueros llevaba una bolsa cargada de otro medicamento, más duradero y fuerte. Y Zoey parecía tener una expresión un poco más serena. Mira se puso en pie despacio.

—¿Está todo bien?

—Por el momento sí. Había retención de líquidos y eso estaba presionando los ligamentos… pero los movimientos bruscos van a triplicar el dolor ahora mismo. Aseguraremos la pierna esta vez con una cinta para que, aunque se mueva, no la saque involuntariamente —el hombre le dio un toque suave en el hombro—. Después de extraer otra jeringa entera de líquido, ya no dolía tanto. ¿Verdad?

—Verdad… —murmuró la joven, mirando su rodilla con cierto temor.

Mira se relajó. El hombre siguió hablando.

—Todo sigue en su lugar. Es posible que vuelva a retener líquido al estar recién operada. Me vuelven a llamar si es así. En cuanto al dolor… cambiamos de calmante. Pero es inevitable tener molestias. Igual que con las costillas. Curarán solas, pero hace falta tiempo. 

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