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CAPÍTULO 33. Viaje a Setrel


Habían hecho dos veces el amor y ni siquiera se habían enterado de la película. Mira fue más ruda aquella vez; Zoey sintió dolor al tensar la pierna. Dijera lo que dijera, sí que le parecía un poco distraída. Pero prefirió no decirle nada. Por lo menos, aquella noche no tuvo pesadillas. Se quedó en paz, haciéndole la cucharita a Mira con las manos metidas bajo su pijama.

Un ruido de vibración despertó a una de su ensoñación. Mira tenía el sueño más ligero y parpadeó adormilada. Su vista haciéndose nítida mostró la pantalla de su teléfono. Era una llamada… una llamada en plena madrugada. Quiso levantarse rápido pero sintió una manita adherida a su seno. Miró de reojo a Zoey y sonrió, quitándola con cuidado de debajo de su pijama. Zoey balbuceó aún dormida y se removió un poco en la cama.

—¿Sí…?

—¿Mira? —una voz llena de preocupación sonó al otro lado del teléfono—. ¡Madre mía, hasta que lo coges! Llevo horas escribiéndote…

Era la voz de Anne al otro lado.

—Ya estaba dormida… ¿qué pasa?

—Mira, tu hermano… ¿no te ha llamado nadie?

Aquello la despertó de golpe. Sintió como si alguien le abriera el pecho y le agarrara el corazón, paralizándoselo.

—No. Qué pasa.

—Ha empeorado. No saben si va a pasar de esta noche. Lo han tenido que volver a hospitalizar.

—…

—Mira… —una tercera voz. La de Zoey. La chica se removió adormilada en la cama, pero la veía en la oscuridad con el móvil en la oreja—, ¿estás bien?

—Espera —dijo alejándose de la cama. Con el móvil pegado fue fuera de la habitación—, Anne. ¿Me oyes? ¿Qué le ha ocurrido a Dave?

—Tus padres han estado por aquí con los míos, en la ferretería. Por lo visto ha ingerido unos químicos accidentalmente y le han destrozado. Está… está muy mal. Venían agitados a tomarse un descanso. Mi madre les hizo un té porque se los encontró en el hospital. ¿Sabes? En urgencias. Los dos estaban temblando.

—¿¡Y no piensan avisarme!? ¡Dime en qué hospital está!

Elevó la voz y eso sí fue escuchado por Zoey. Salió de la cama y cojeó un par de veces hasta el marco de la puerta, pero vio las estrellas al pisar la segunda vez. Se agarró adolorida, conteniendo una expresión de dolor.

—No, Anne, me importa una mierda que no quieran que vaya. Esos cabrones van a escucharme. No pueden impedirme ver a un familiar.

Zoey se asomó un poco y trató de entender el contexto. Mira tenía familia. Una familia de la que no sabía nada, porque poco tema le había extraído al respecto ese par de años.

—Voy ahora mismo para allá. ¿Cómo que en qué? En mi coche. Ya. Sí. Pues me da igual. Que se jodan —colgó. Cuando fue a girarse al cuarto, paró en seco al ver a Zoey. Se limitó a inspirar hondo al pasar por su lado—. Me voy unos días. No sé cuántos.

Zoey la siguió con la mirada y vio cómo agarraba el cargador y su ropa. Estaban en su cuarto, así que se trasladó trotando al suyo. Se volvió para agarrar las muletas y fue detrás, hasta su habitación.

Dormitorio de Mira

Mira metió en una valija pequeña los primeros cuatro trapos que encontró y se empezó a vestir. Zoey permaneció callada al inicio, pero cuando vio que se estaba vistiendo, intervino.

—¿Qué ha pasado…? ¿No vas a decírmelo?

—Mi hermano está mal. Ingresado. Voy a ver en persona qué pasa.

—Pero… es en Setrel, ¿no…? Son como siete horas conduciendo —soltó una risa nerviosa—. Supongo que pedirás el jet.

—No. No quiero jet ni quiero organizar nada. Me voy ya. En cinco minutos.

—Pero qué estás diciendo… ¡es un peligro! Ni siquiera has dormido bien.

—No puedo solicitar un jet así como así, porque se nos pegue en gana. Es una cantidad astronómica… y no es que las cosas estén bien del todo en la industria, bien lo sabes. Van a mandarme al cuerno. Ah, y no es que pueda despertar al director ahora.

—Woah, cuántas cosas… —se frotó la cabeza y avanzó más hacia el interior de la habitación—. ¿Podemos hablarlo por la mañana?

—Zoey… —Mira terminó de cerrarse las zapatillas y se irguió, frenándola con cuidado—. Mi hermano se está muriendo. No puedo… no puedo esperar. Espero que lo entiendas. Vuelve a la cama y hablaremos por la mañana, ¿estamos?

—No. No quiero que te vayas sola… y…

…no quiero dormir sin ti.

—No tengo tiempo ahora para estas discusiones —pasó de largo y agarró su abrigo y un gorro de lana. Ya veía desde dentro la clase de frío que hacía.

—Por favor… por favor…

Paró de andar. Se volteó despacio y vio su expresión cabizbaja. Mira se acercó a ella.

—Te mantendré informada en todo momento, ya-…

—Déjame acompañarte. Haré rápido mi maleta.

—Zoey, estás convaleciente. ¿Por qué… por qué lo haces tan difícil?

—¡Porque te quiero! —gritó, haciendo que Mira le chistara suavemente para que bajara la voz. La pelirrosa quería evitar justo lo que estaba ocurriendo, que Zoey empezara a compungirse. Los ojos le comenzaron a brillar—. No sé dormir sin ti, ya no. Por favor, no me dejes aquí…

Mira resopló, mirándola con fijeza. La acarició de la mejilla. Zoey era una debilidad. Quería que estuviera bien y bien atendida, cosa que no iba a ocurrir en un viaje en coche tan largo. Pero la chica estaba a punto de llorar, sobándose contra su mano para sentirla.

—¿Cuándo tenías la siguiente visita médica?

—En… dos semanas, más o menos.

—Está bien… está bien —asintió pesarosamente. Zoey la miró a los ojos y trató de recomponerse.

—Sí… voy… voy a hacer la maleta, ¿vale? No tardaré.

—Bien… enseguida voy a ayudarte.

Tres horas después

Aún no llegaban a la mitad de trayecto. Las chicas tuvieron que despertar a Rumi antes de salir y explicarle atropelladamente la situación. Pero lo peor no fue despertarla… sino enfrentarla. Rumi discutió acaloradamente con Mira por llevarse a Zoey consigo. Cada vez que Zoey trataba de intervenir, ellas hablaban más alto, y acabaron angustiadas y enfadadas a la hora de salir por la puerta. Se sintió igual que en casa cuando sus padres se chillaban. Con ella en medio como tema de conversación, como si fuese ahora la hija de sus propias amigas. Como fuera, al final igualmente se subieron al BMW de la pelirrosa y arrancaron, ante la mirada de desaprobación de Rumi.

A las dos horas hicieron la primera parada en una gasolinera. Y a la tercera, Zoey comenzó a sentir las molestias en la rodilla. La circulación no fluía bien estando en esa postura. Al principio comenzó a hacer movimientos sutiles para no quejarse, pero poco a poco, el dolor se estaba concentrando. Trató de mantener la calma y miró la pantalla GPS. Faltaban cuatro horas para llegar al destino. Ya eran las siete de la mañana. Mira toqueteó en la pantalla para intentar llamar a sus padres. Ambos números no dieron señal. La tenían bloqueada desde hacía años.

—¿Quieres llamarlos desde el mío? —Zoey le ofreció el móvil.

—Sí.

Volvió a marcar y activó el manos libres.

—¿Sí? ¿Quién es?

—Mamá, soy yo. Soy Mira.

—… —se hizo un silencio. Mira no dejó que se dilatara.

—Me he enterado de que Dave está ingresado. ¿Cómo está?

—¿Quién te lo ha contado?

—Eso es lo de menos.

—¿Ha sido Sarah?

Zoey y Mira se miraron por un segundo. Mira suspiró.

—No. Otra persona.

—No hace falta que vengas, nosotros nos encargamos.

—No me vengas con esas —contestó al segundo—, quiero verle. Hablar con los médicos.

—No creo que él quiera verte a ti, uh —oyó una risa débil—, ¿qué esperabas? No vuelvas a llamar.

Colgó, dejando a la pelirrosa con la palabra en la boca. Eso la hizo apretar la mandíbula.

—Eres una puta zorra —dijo, ya con el sonido de la señal cortada. Apretó las manos en el volante.

—Calma… si… si quieres, probamos con tu padre…

—Con ese capullo no se puede hablar. Y ya estará ella a su lado diciéndole que pase de mí —le devolvió el móvil—, Anne se ha ido ya a dormir, se ha pasado la noche en vela con este tema.

Zoey contrajo un instante la cara y el cuerpo, al sentir un pinchazo muy doloroso en la corva de la pierna operada. Bajó una mano disimuladamente a la zona y comenzó a masajearse.

—Podemos… ¿parar y comer algo?

—Sí. ¿Aguantas veinte minutos?

—…sí.

—No quiero pararme demasiado.

Ni siquiera quiero comer, sólo quiero estirar la pierna…

—¿Quieres un zumo? He traído un pack… —desvió una mano del volante para acariciarla de la mejilla. Zoey sonrió ante el tacto.

—Ah, de acuerdo, pero esperaré.

Media hora después

La siguiente gasolinera se hizo esperar. Cuando Mira aparcó delante del surtidor y salió del BMW, Zoey cerró los ojos y puso una mueca de dolor.

Mierda… no he tenido este dolor en toda la recuperación. No sabía que podía dolerme así.

Abrió la portezuela de su lado. Mira se giró rápido y le tendió la mano, ayudándola a ponerse en pie. Zoey forzó una sonrisa. Al apoyar ahora y estirar las piernas, el dolor amainó un poco.

—No camines mucho sola, ¿te traigo aunque sea una muleta?

—Sí, dame una.

No suele pedirla nunca. ¿Estará bien?

Abrió la puerta de atrás y le entregó una de las muletas. Zoey apoyó con cuidado y se movió hasta el interior de la tienda poniéndose el cubrebocas. Mira volvió a llenar el depósito, aprovechando la parada. Miraba a Zoey de reojo.

Interior de la tienda

Zoey agarró algunas bebidas más y comida preparada. Mira tuvo la gentileza de meter un hervidor portátil por si se les antojaba fideos instantáneos, así que tomó cuatro cartones. Con cierta dificultad, puso la cesta sobre el mostrador. El hombre le echó una mirada, sin saludar, aburrido de su trabajo, y le dijo directamente el precio a pagar.

—Pago yo —dijo Mira, entrando en la tienda—, cobre también la gasolina.

El hombre pareció reaccionar ante la segunda mujer. Zoey se ocultaba mejor, dado que tenía facciones más neutras. Pero Mira, pese al gorro y el cubrebocas, tenía una mirada asiática muy reconocible, y el pelo no engañaba.

—¿No son ustedes… las de la tele? Mi hija ve a una muy parecida a ust-…

—Cobre y ya —le interrumpió ella, con otro tono. Zoey la miró sorprendida y trató de suavizarlo.

—Ah… se habrá equivocado, señor… tenemos prisa.

—Todas las famosas son así de estúpidas… ya le contaré lo poco que merecen la pena.

Y de la nada, la escena se volvió incómoda. Porque Mira ya no contestó nada más. Cuando se hizo la transacción, agarró la bolsa y le hizo un gesto a Zoey con la cabeza.

—Vámonos.

Exterior

Zoey avanzó con cuidado y sentó el culo despacio, agarrándose al marco del coche.

Mira estuvo borde con él…

—Eso es. Con cuidado —murmuró, inclinada para sujetarla. Al colocar la pierna en la misma postura que hacía diez minutos, notó de nuevo el pinchazo, seguido de una dormición.

—¿Puedo ponerme atrás…? Así estoy con la pierna estirada.

Mira paró todo movimiento y alternó la vista en ella y la rodilla.

—¿Te duele?

—Un poquito…

Mira resopló, cerrando los ojos.

—Joder… tenías que haberte quedado allí.

—Aguantaré, no pasa nada. Conduce con cuidado y ya está.

—Es peligroso que vayas ahí… no estás para estos viajes. ¿Quieres que llame a Rumi y quedarte en algún hotel mient-…?

—No me abandones —la interrumpió, ceñuda—. He dicho que quiero acompañarte.

Mira volvió a suspirar y asintió. El todoterreno era amplio, podía llevar las piernas estiradas atrás, aunque no es que fuera lo más cómodo.

—No digas eso nunca más. Yo nunca voy a abandonarte —susurró, acariciándola de la mejilla. Zoey asintió más reconfortada.

—Vale… me pongo atrás, ¿ok? Y… no te enfades si me quedo dormida un rato.

—Tranquila. Yo estoy bien. Cuando despiertes, ya estaremos allí —la besó y fue a ponerse en pie, pero antes Zoey la agarró del jersey.

—Mira… estuviste borde con ese hombre de la tienda. ¿Quieres hablar?

—Estoy nerviosa. Se me pasará cuando sepa que Dave está bien.

Zoey asintió y le dio un abrazo. Un abrazo con el que Mira recargó un poco las pilas. Se besaron, y cambiaron los asientos para continuar el viaje.

Horas más tarde

Zoey aguantó despierta hora y media, tras la cual, cayó de repente dormida. Mira la tenía a la vista en el retrovisor y condujo más despacio para que las irregularidades de la carretera no le hicieran más daño… ya iba con la preocupación de que la pierna saliera afectada, pero no quería que encima se le tensaran las cervicales.

Cuando llegó a la última gasolinera de paso y llenó el depósito, se apartó un momento para tratar de llamar de nuevo a Anne. Ya no tenía muchas más personas a las que contactar… a menos que recurriera a otros familiares. En un deje oscuro, se le pasó por la cabeza desbloquear a Sarah y contactarla, a fin de cuentas sabía que si era tan acérrima a ellos, estaría cerca. Pero se contuvo por el momento. Llamó al que era, en esas semanas, el mánager provisional del grupo y solicitó que le buscara alojamiento en las proximidades del hospital, con buenas comodidades. Había salido de forma tan atropellada que ni siquiera sacó tiempo para aquello. El hombre le dio el OK y Mira, pese a la situación y los nervios, sintió un súbito y corto mareo. Estaba derrotada y tenía las piernas algo entumecidas, no había dormido casi nada. Se frotó los párpados un momento. Después se metió en el coche y asomó a los asientos traseros. Alargó una mano a la pierna de Zoey. Ésta parpadeó poco a poco y se desperezó.

—Ohm… qué sueño…

Mira sonrió.

—En unos minutos más salimos para el hotel. Ya lo están gestionando. ¿Estás bien, cariño?

A Zoey se le encendieron las mejillas al escucharla. Sonrió.

—Ahora genial…

Mira amplió la sonrisa.

—Iba a estirar un poco las piernas. ¿Sales?

La chica asintió. La ayudó a salir del vehículo y caminaron por los alrededores. Zoey notaba hormigueo en la pierna. La había tenido demasiado rato en aquella postura, y aunque estirada, la espalda y el culo los tenía adoloridos también. El caminar le vino bien.

Al cabo de una media hora, el mánager llamó a la pelirrosa y le pasó por mensaje las directrices del alojamiento.

—Ya tenemos hotel —murmuró mirando las fotos—, está cerca, a quince minutos —se guardó el teléfono y se acercó a la pelinegra—. Quédate a descansar en la cama y yo iré al hospital, ¿vale?

—No —sonrió—, quiero conocer a tu hermano. Sólo le conozco por una foto muy vieja.

—Es que… ellos… no son el tipo de gente que te imaginas.

—Me imagino a gente con un palo metido por el trasero —ambas echaron a reír. Mira se encogió de hombros.

—Sí… son despectivos. Creen que todo el mundo les es inferior. Y… no quiero que te hagan sentir mal.

—¿Por qué iban a hacerme sentir mal?

Mira tomó aire, ya más seria. ¿Cómo explicárselo?

—Obviamente nunca aceptaron mi estilo de vida. Ni mis… parafilias.

—¿Para- qué?

—Así llamaban al hecho de que me gustasen las chicas. Me consideran un bicho raro.

—Da igual, no me desanimes. En algún momento tendré que saber qué aspecto tienen.

—Pero no será hoy. Por favor, confía un poco en mi criterio. Es mejor que hoy no… ellos tampoco han dormido nada, estoy segura.

Zoey acabó asintiendo.

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