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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 37. Una víctima equivocada

Lo cierto fue que, pese a todas las circunstancias, Sarah se alegró de que aquel chico saliera del bache. No estaba segura de poder aguantar psicológicamente una carga como la de haber matado a un completo inocente sólo por hacer que otra persona estuviera cerca de ella. Para colmo, el plan hizo muchos estragos.

Pero porque me equivoqué de víctima. Ahora que ellas siguen aquí de viaje por Dave, tengo que aprovechar y envenenarla ya, no puedo esperar a verla en el centro de danza… me arriesgo más. Así la ingresarán aquí en caso de que el plan se tuerza y no muera… ¿podría calcular a ojo la dosis?

Esas frases se cruzaban en su cabeza mientras giraba el frasquito letal con el veneno, puramente casero, que había fabricado para destrozar a Dave. Fue más fácil de lo que pensó. Se arriesgó al hacerlo en su propio termo, pero al no haber avances significativos en esa investigación, ese termo sin más acabó dentro de un archivo policial. Para alterar los componentes de la sustancia, esa vez vertió más agua fuerte a la mezcla, ya peligrosa de por sí.

Que se corroa por dentro. En caso de ser rápidos y que quede viva, va a ir con esa bolsa de heces de por vida. No correrá la suerte de Dave.

Sonrió con malicia.

No creo que Mira haga mucho caso a una abuelita cagona e inservible de veintipico años. Te dejará. Y a ver quién más se fija en ti.

Pero ahora lo crucial era averiguar dónde y cómo hacerla beber aquello. Tenía que ingerirlo. Rumi siempre llevaba una botellita de agua, pero Zoey y Mira eran más de hacer paradas para comprarse sus refrescos.

Escuché que pronto debía empezar rehabilitación… a ver, ¿es muy tarde si espero más tiempo? Ahí… ahí beberá agua, seguro. Pero cómo mierda consigo seguir en contacto con ellas si ya me odian las dos. No sé dónde será la rehabilitación, y si me ve cerca entonces sería demasiado sospechoso…

No era ya tan fácil. Tenía que seguir pensando. Por si acaso, y dado que todavía las chicas seguirían allí en la región, llevaría el frasco diminuto siempre encima. A cualquier oportunidad que viera, no dudaría.

Hotel

Zoey y Mira se desgastaban la boca en un beso infinito. Desde que las cosas parecían ir mejor, no hacían otra cosa. Mira estaba drogada, rebosante de amor. Todo el rato quería abordarla, y cuando aún no se le habían despertado las ganas, era Zoey quien la agitaba por cuenta propia. El caso era que, estando a solas, no perdían el tiempo. Como la estadía en Setrel iba para largo, Mira no pudo resistirse a darse un paseo cuando su hermano ya hubo salido del coma. Compró otro juguete, éste más pequeño y disimulado para llevar en el bolso. Cuando sus lenguas se entrecruzaron en el beso, tuvo un súbito pico de placer. Se obligó a separarse de inmediato y la acarició del cuello. Zoey trató de unirse de nuevo, pero Mira la contuvo.

—Espera. Te he traído algo. Quiero que lo uses.

Zoey la siguió con la mirada cuando se levantó del sofá. Cuando se dio la vuelta y se puso a rebuscar algo en su bolso, aprovechó para respirar hondo. Sentía que su propia calentura le dificultaba mucho el saber estar. También deseaba acostarse con ella a casi todas horas. Bajó una mano a su entrepierna por fuera de la ropa y presionó. Ni siquiera hacía falta meterla en desnudo para saber lo empapada que estaba ya… sólo con besos. El algodón de las bragas estaba adherido a la piel por los fluidos. Mira se guardó algo en el bolsillo trasero de su falda y la ayudó primero a ponerse en pie.

Fueron juntas hasta la cama.

—Te compré otra cosa… es parecido al mío.

—¿Un cinturón para mí? —preguntó divertida. Mira soltó una risita, empezando a desnudarla.

—Imaginaba que con esa cabeza sucia que tienes ya habrías fantaseado con metérmela tú a mí, ¿verdad?

—A-a… a ver…

Mira soltó otra risita y la despojó del chándal.

—No te escondas. Pues… para eso vas a tener que esperar a recuperar mejor la rodilla.

—Creo que ya puedo hacer cosas… mientras no la doble demasiado.

—No me arriesgaré —pasó una mano por su abdomen, paseando las uñas. Llegó hasta su rostro y susurró en sus labios—. Porque si empiezas con dolores, tendré que esperar más.

—Ya… entiendo —murmuró Zoey, llevando las manos a su mejilla. Mira elevó entre ambas caras un vibrador pequeño.

—Y sí —sonrió divertida—, he comprado otro cinturón. Aquí… no traje nada de la casa. Nada de eso.

—Tú no… pero yo sí —murmuró, mirándola a los ojos con la misma diversión. Mira se sorprendió.

—¿Con todas las prisas que llevábamos te metiste a mi cuarto a coger eso?

—No me juzgues… porfa. Pensé que podríamos calmarnos así.

Menudo elemento que tengo delante, pensó Mira, curvando media sonrisa.

—No te juzgo. Me hace gracia imaginarte, con todas las prisas yendo a coger eso. Sin que yo me diera cuenta.

—Estabas dando vueltas muy nerviosa y ni te fijaste…

—Espera, ¿y la llave?

—Sé también dónde la escondes ahora.

—Pero qué… —fingió que le iba a dar un azote, pero al final sólo le apretó un pecho, mordiéndose el labio—, ¡deja de espiarme! Te dije que no hurgaras.

Zoey se rio, mordiéndose el labio. Emitió de repente un gemido más tenue al notar que le pellizcaba el pezón. Eso la hizo tragar saliva. Desvió la mirada al vibrador. Mira lo encendió con un pequeño mando a distancia que apenas medía unos centímetros y dejó a un lado de la cama.

—Déjame cogerlo —susurró quitándoselo de la mano. Mira se lo dejó y bajó sus besos por el cuello. Zoey se agitó al notar sus mordiscos suaves, y cómo empezaba a frotar su ropa contra sus bragas. Sujetaba en la mano el vibrador, pequeño pero con una estimulación potente, y empezó a ponerse cachonda. Mira le deslizó las bragas por las piernas y eso siempre le resultaba tan íntimo, que su cuerpo reaccionaba mojándose más—. Desnúdate tú también… siempre acabo yo desnuda antes —le pidió.

—A callar —buscó el vibrador, pero ante su negativa, Zoey lo ocultó y empezaron a jugar para ver quién se lo quedaba. Mira le hizo cosquillas y Zoey se abrazó a sí misma, negando.

—¡No vas a quitármelo, he dicho que te quites la ropa!

—¿O qué? —preguntó divertida, tratando de agarrarle las muñecas. Zoey se revolvió y la miró un solo segundo antes de actuar.

—O… —bajó la mano y presionó el vibrador con fuerza sobre sus bragas. Mira tenía el coño más accesible al llevar falda. Zoey soltó una cantarina risa maléfica al ver su reacción inmediata; Mira tuvo que sostenerse al colchón al sentir la fuerza de aquellas ondas y gimió en un tono muy bajo—. Ni te quejas, eh… habrá que subir la potencia —presionó el único botón que tenía el instrumento, y éste adquirió mucha más velocidad. Mira no solía gemir muy fuerte. Entonces suspiró y trató de quitarle la mano de allí, pero Zoey sólo se lo apretó más, mirándola con diversión. Mira trató de mantener la respiración. Al volver a centrar la mirada en ella, drogada de placer como estaba, tragó saliva.

—Bájale un poco…

—Vale, dame un segundo… —Zoey fingió que rebuscaba, con la vista hacia abajo. Lo que hizo fue mover las bragas hacia un lado y apretarlo directamente contra el clítoris.

—Augh… bájale la intensidad… o me pondrás como un toro. En serio —pidió, más suplicante.

—Llevaba mucho sin verte esa cara. ¿Y si no quiero? —dijo, aunque empezó a pulsar más veces el botón. Era intuitivo de usar, parecido a otro que Mira tenía en su baúl… porque la chica ya había explorado todos esos juguetes cuando su novia no la tenía a la vista, a sus espaldas. Zoey agarró el mando a distancia de aquel aparatito.

De pronto, la puerta sonó con fuerza.

—Hey, chicas, ¿estáis visibles? Es que no tengo más algodones para limpiarme la cara. Y agua micelar.

Mira se quedó totalmente callada, y tuvo que joderse y cerrar la boca, aguantando el calambre que sintió cuando Zoey tuvo la gracieta de penetrarla con el juguete. Era de pequeño tamaño y ya estaba lubricada, por lo que no costó trabajo. Zoey se mordió el labio y agarró el mando, pero Mira se dio cuenta de lo que pretendía aquella criaja y trató de arrebatárselo. Pelearon por él tratando de mantenerse en silencio, pero se les escapaba alguna risita de vez en cuando.

—¿Holaaaaaaaaa…? ¿No hay nadie? Si no hay nadie voy a entrar, me tengo que maquillar en condiciones.

—Ya… ya salgo —dijo Mira como pudo. Se separó de la cama, mirando mal a Zoey. La muy cabrona se aguantaba la risa y se guareció bajo las mantas. Eran tan mullidas debido al edredón, que no parecía haber nadie acostada debajo. Mira suspiró para calmarse un poco y se encerró el cuerpo con un albornoz. Carraspeó suavemente y abrió la puerta. Zoey abrió un agujerito de aire mínimo para espiar la situación.

—Dime, Rumi…

—Los algodones. ¿Estabas durmiendo?

—Sí, sí. Perdona, llevo días sin dormir bien. ¿Al final te dieron la habitación de al lado?

—Yo la pedí. Después de todo lo que está pasando, siento que quiero estar más cerca de vosotras…

Zoey aumentó la potencia de aquel chisme. Con el mando a distancia era aún más intuitivo. Se tradujo en Mira teniendo una contracción corporal de golpe.

Hija de puta… Mira no supo cómo, pero logró mantenerse quieta sin manifestar ni su excitación ni que tenía un vibrador metido dentro del cuerpo. Todavía tenía que agradecer que la vibración no era tan fuerte como para ser oída por terceros.

—¿Pero me estás escuchando o no? ¿Puedo pasar? —insistió Rumi.

—Sí, pasa. Ve a por eso. Es que se me ha ocurrido una buena letra y la estaba repasando en mi cabeza.

—Ahá… qué rara estás —pasó adentro y miró alrededor. Paró en seco, haciendo que Mira se parara más recta—. Eh, ¿y Zoey?

—Dijo… que le daba vergüenza cagar en el mismo cuarto que yo y salió al del pasillo. Ha, ha…

—Por dios —puso los ojos en blanco riendo y marchó al baño.

Mira la siguió con la mirada, y cuando la perdió de vista, se dio prisa en moverse y separar las piernas. Se metió la mano tratando de agarrar la anilla que tiraba del vibrador, pero escuchó un susurro proveniente de debajo de las mantas.

—Ni hablar… —subió la intensidad un poco más. Mira abrió la boca, más nerviosa. Tuvo que agarrarse a la pared. Llevó la mano a su abdomen, intentando aguantar la respiración. Zoey se mordió el labio al ver que empezaba a ponerse colorada.

—Zoey… por fav-…

Esto… es muy divertido… ¿se va a enfadar conmigo después?

Frunció sus cejas y fijó mejor la mirada en la expresión de la pelirrosa. Vio que volvía a meterse la mano entre las piernas, pero tuvo que dejar de hacerlo rápidamente, cuando Rumi regresó. Juntó de nuevo las piernas.

—Joder, ¿te queda agua micelar? Tampoco encuentro…

—No sé… —murmuró Mira—, tendría que preguntarle a Zoey.

—Bueno, esperaré a que regrese —se sentó en el sillón, dando un suspiro—, hey, ¿tienes agua fría? No quiero molestar al de recepción.

—Eh… Ru-Rumi, me encuentro algo mAAal —Zoey apretó al máximo, haciéndola jadear sin querer—, creo que voy a vomitar. Y a tener diarrea. ¿Te puedes ir un momento?

—Otra con vergüenza de cagar en el mismo cuarto. Bien, bien. Pero dámelo, quiero hacer un directo con los fans, cortito.

—S… sí… sal… ah-eh…

Rumi agudizó el oído. Sí que oía un zumbido muy lejano. Entonces miró a su amiga… y se fijó en sus mejillas coloradas.

—¿Estás enferma? —preguntó. Se acercó a ella, pero Mira hizo aspavientos con las manos.

—¡No, no! Déjame intimidad, por favor. Voy al baño ya —caminó raro. Rumi frunció el ceño al ver cómo las piernas se le movían, como si fuera incómoda. Resopló y salió de la habitación. Mira se encerró en el baño en ese momento, cerrando la puerta. Y Zoey se sacó el edredón, tomando aire. El calor la abrasaba. Se levantó con cuidado de la cama, tratando de no pisar demasiado con su pierna mala. Fue cojeando hasta el baño, sosteniéndose a la pared con la misma mano que sujetaba el mando a distancia y con una sonrisa pícara en la cara. Tardó más de lo que quería y se cansó un poco. Alargó la mano hasta el picaporte, pero de repente, tuvo un respingo cuando Mira abrió primero, mirándola fijamente.

—Jejejeje… —Zoey soltó una risita maligna. Mira ladeó su sonrisa en respuesta, sin llegar a reírse. Se arreglaba algo a la altura del bajovientre, y cuando Zoey bajó la atención a sus manos, supo el motivo de su sonrisa. Tuvo tiempo más que suficiente para sacarse el vibrador, lanzarlo al bidé y abrocharse un cinturón. Zoey entreabrió los labios al verlo y subió la mirada a ella, ya sin reírse.

—Te vas a enterar, niñata —la enfrentó, manteniendo una sonrisa autoritaria. La agarró de los brazos de repente, pegándosele. Zoey apretó los labios en una sonrisa vacilona.

—No se me va a olvidar esa cara que ponías con todas las mejillas rojitas… jejejejejejAUU…

Mira la agarró con una mano del cuello, pegándola a la pared. Y pegó su frente a la suya, mientras se relamía los labios. Zoey se tensó, a medias entre cautivada y algo indecisa. Sabía que la había llevado un poco al límite con aquello, y el carácter de su novia.

—¿Sabes lo que hago con las niñas malas…? —apretó un poco la mano, haciendo que Zoey la mirara más fijamente, ya sin sonreír. Mira entonces sí sonrió, y dio una lamida a sus labios. La menor suspiró, excitada. Trató de besarla, pero Mira la apretó más para retenerla con la pared—. No me beses si yo no te digo que lo hagas.

—Está bien…

Mira también se excitó. Más de lo excitada que ya estaba después de haber soportado el vibrador a la máxima potencia. Le gustó verla obediente. Al quitar las manos de su cuello, sin dejar de mirarla a los ojos, bajó las manos a su pijama y se lo abrió de un tirón, desnudándola de cintura para arriba… porque las bragas ya se las había retirado antes. Zoey tuvo un respingo suave al sentir el frío de la habitación en los pechos. Respiró más agitada. Mira ladeó su rostro y se pegó a ella, contactando con sus labios. La besó despacio. Zoey cerró los ojos y trató de meterle la lengua enseguida, fruto de la lascivia que tenía encima, pero al sentirla Mira volvió a separarla.

—Quieta.

—Bésame…

Mira sonrió, recalando en sus labios.

Me muero por besarte con lengua. Pero eres un pequeño diablo, y me las vas a pagar.

Mira se pegó a su cuerpo, provocando también pegarla a la pared. Zoey empezó a respirar más deprisa al sentir cómo la abordaba con la mano entre las piernas. Quería comprobar la humedad que tenía. La menor trató de nuevo de besarla, pero Mira se separó más rápido y la agarró del brazo. Por supuesto trató de tener cuidado. Sabía que no podía caminar rápido ni hacer movimientos bruscos con la pierna. Así que a mitad de camino, en vez de dirigirla del brazo, se inclinó a agarrarla y la separó del suelo, cargándola hasta la cama. Zoey se mordía el labio mientras la recostaba allí. Tenía en la cabeza que podía gustarle un nuevo intento de sexo oral, pero para eso debía quitarle el strapon que acababa de ajustarse. Trató de quitárselo sin siquiera preguntar… como siempre hacía todo. Porque se le antojaba. Mira le quitó la mano de allí y la volteó para que le diera la espalda, entre risas.

—¿Pero por qué vas de lista? No hagas nada que yo no te pida. Obedece y punto —se pegó a su espalda desde atrás, susurrándole al oído. Zoey soltó otra vez esa risita… que le duró hasta que la pelirrosa comenzó a masturbarla desde atrás. Mira contempló sonriendo con maldad que a Zoey se le marcaban los tendones de las manos al sostenerse a las sábanas. Le introdujo dos dedos bien adentro, hasta el fondo, y la pelinegra quebró un suspiro. La masturbó con más rapidez, al notarla dilatada. Entraba bien. Aunque empezó a relajar la rodilla flexionada sobre la cama, y notó una punzada.

—Ay… au, au… —bajó la mano a su rodilla, y Mira paró de tocarla.

Oh… qué mierda. No puedo ni aguantar las ganas de follarla…

—Tranquila —la besó en la mejilla—, paramos.

—¿Qué? No… no quiero parar, sigue —pidió Zoey, mirándola de rejo. Mira suspiró.

—No quiero hacerte daño, la tienes aún muy sensible.

—Quiero que sigas.

—Bueno… gírate —la agarró más suave de las caderas para voltearla, pero Zoey se zafó y se quedó como la puso al principio. A cuatro patas. Mira la recorrió con la mirada, debatiéndose de nuevo entre hacer caso a sus instintos o a la razón. Tenía mucha excitación encima como para soportar que Zoey encima se le pusiera difícil y la siguiera provocando—. Te gusta ponerte en pie de guerra, eh…

—Quiero probar así desde hace mucho…

Mira asintió concentrando la respiración. Se separó de su espalda y se puso recta, agarrándola de nuevo de las caderas, esta vez para colocarla a cuatro patas sobre el colchón. Tan sólo hizo falta que apoyara un segundo la rodilla vendada para verla contener una mueca de dolor. Entonces se alejó del todo.

—Venga, date la vuelta. Me gustará igual.

Zoey forcejeó, caprichosamente. No la dejó girarla. Le condujo la mano a uno de sus senos, y Mira se puso más nerviosa. Y no lo aguantó más. Retiró la mano de su pecho y la agarró con más contundencia de ambas nalgas. Se le pegó de nuevo al oído.

—Estira las piernas. No quiero que muevas esa pierna o te harás daño. Déjala relajada y estirada sin más.

Zoey dudó, pero acabó obedeciéndola. Al hacerlo, quedó simplemente tumbada bocabajo. Recostada. Mira masajeó sin fuerza su rodilla, y siguió apretando después con la palma de la mano por todo el largo del muslo… hasta llegar de nuevo a sus glúteos. Los agarró fuerte y los separó, exponiendo sus dos orificios. Abrió más aún su vagina con los pulgares, y al hacerlo la pequeña cavidad se contrajo. Zoey balbuceó excitada, pero también era la primera vez que le hacían aquellas acciones. Su cuerpo reaccionaba como Mira esperaba, receptiva y con algo de nervios. Le coló una rodilla por medio de sus piernas para obligarla a separar más los muslos y tener sitio para actuar. Seguidamente, se escupió en tres dedos de una mano y los trató de introducir en su abertura, pero Zoey protestó en voz baja. Se contrajo más.

—Tranquila… —susurró la pelirrosa, acariciándola de la espalda. Se volvió a chupar dos dedos y los bajó a su vagina, deslizándolos más despacio. Zoey arrastró medio rostro por el colchón, respirando pesadamente. No tardó más que pocos segundos en volver a sentir el placer. Era fácil cuando Mira era tan buena con aquello. Estaba tan a gusto con ella, que su cuerpo respondía solo. No le ponía trabas. Mira se puso cachonda y bufó contenida, al atestiguar aquella imagen del coño de Zoey recibiendo sus dedos. Los sacaba cada vez más húmedos, como si estuviera fabricando fluidos con el movimiento mismo.

Joder… quiero más.

Paró de masturbarla, logrando hacer que Zoey balbuceara un quejido de réplica. Mira no le prestó atención. Alcanzó su lubricante de su bolsa y lo dejó a un lado mientras se abrochaba mejor el strapon. Esparció el líquido por el dildo cuidadosamente. Volvió a separarle los muslos, valorando la dilatación. La cavidad había aumentado algo más dadas las últimas atenciones. Mira empuñó el glande y tras acariciar con él el largo de su sexo un par de veces, hundió la punta entre sus labios vaginales, apretándolo y orientándolo adentro con el pulgar. Zoey apretó los dientes y se agarró más fuerte a la cama, al notar cómo la abría. Pero esa tensión duró poco. Mira ya empezaba a tenerla más aprendida, y sabía que su chica necesitaba cierta profundidad y curvatura para sentir el pico del placer. Apretó las caderas contra ella, hasta meter completamente el dildo en su interior. Aquel cinturón no tenía doble punta. Así que aunque esa actividad la excitaba mucho, era consciente de que cuando más placer iba a notar era cuando se hundiera hasta el fondo, comprimiéndose a sí misma el clítoris al chocarla. Disfrutó de aquella calidez unos segundos, masajeando con sus largos dedos las nalgas de la pelinegra, y volvió a separarle los glúteos cuando empezó un vaivén. Zoey gimió de inmediato. Tuvo un amago de volver a apoyar la rodilla, pero Mira le chistó y le obligó a dejar la pierna relajada.

—Déjala estirada —susurró, cayendo al lado de su rostro desde atrás. Zoey se puso doblemente cachonda al sentir que la agarraba del cuello para sostenerla a su antojo y que la lamía en el lóbulo, mordisqueándolo despacio. Pero lo que no iba despacio empezó a ser sus golpes. Era una deportista igual que ella, y tenía buen control sobre su cuerpo. Aguantó bastante rato follándola desde atrás; cada embestida era un sonoro choque entre sus cuerpos y la menor perdió el resuello enseguida, estremecida y con la piel de gallina cada vez que la sentía adentrarse tanto con el dildo. Mira agarró un ritmo mucho más desangelado de un segundo a otro, casi empujándola cada vez que su cuerpo caía de golpe sobre su culo, y emitió un fuerte jadeo al sentir todo aquello mezclado con la fuerte mordida que le hacía en el omóplato. Mira respiró más agitada, ya concentrada sólo en el placer, y su mano la agarraba más fuerte del cuello para controlarle el mentón. Zoey frunció las cejas al cabo de unos instantes. Estaba muy acalorada y excitada, pero la estaba follando más rudamente que otras veces, su cuerpo pesaba cuando caía sobre el suyo, las embestidas la abrían desde otro ángulo más incómodo y no estaba midiendo bien la fuerza con la que la agarraba de la garganta. Le ponía escuchar a Mira cada vez más agitada, mordiéndola en la espalda. Zoey trató de aclararse la voz y sintió azorada que no respiraba bien del todo; ascendió una mano a la que Mira le tenía en el cuello. Entonces ésta paró de un empujón bruto las penetraciones, gimiendo cansada en su oído. Le movió el pelo negro a un lado para besarla en la mejilla mientras reacomodaba el cuerpo. Ahí notó lo sudado que Mira tenía su fuerte abdomen. Zoey entreabrió los párpados y la boca, respirando cansada. Al tener a Mira y su largo pelo justo al lado, sonrió entre suspiros.

Ese pelo tan fucsia…

Mira la besó por la mejilla con más mimo, pero de pronto apretó el agarre de nuevo y siguió follándola.

—Ah… g… —Zoey cerró una mano en la cama para resistir las embestidas. De pronto la chocó con más fuerza todavía y una de las penetraciones la lastimó—. Esp… agh… —frunció el ceño y agarró con más fuerza la mano de su cuello; tiró hacia atrás pero Mira la sorprendió con su ignorancia. Sus suspiros se hacían más pesados y rápidos. Zoey se removió y le dio un golpe seco en un costado, robándole la respiración. Mira la soltó del cuello de golpe y dio un quejido, palpándose la zona.

—Zoey… au…

—Me estabas ahogando… 

Mira se quedó tumbada de lado, pero encogida. Recuperó de a poco el aire que le acababa de robar. Al mirarla, se sobresaltó.

—¿Zoey? —le puso la mano en el hombro, moviéndola un poco para verle mejor el rostro. Zoey tragaba saliva aún con una mano situada en su nuez. Le preocupó verla con los ojos algo acuosos.

—Ya está… estoy bien… y… ¿y tú…? —Zoey dirigió la mirada a su costado. Le había arreado bien para frenarla.

—Sí… ouf. Me has dado justo cuando me corría.

Zoey tenía las pestañas algo húmedas por el esfuerzo. Mira repasó con el pulgar su párpado retirando la humedad.

—¿Estaba haciéndote daño?

—No, pero… no me dejabas respirar bien. Uf, me asusté…

—¿Te asusté? —Mira la agarró de la cintura con mucho más cuidado, y la volteó hasta dejarla bocarriba. Situó una mano en uno de los broches del strapon, aunque Zoey la agarró.

—Sigue, no pasa nada. Sólo ha sido un segundo.

—Vamos a dejarlo estar, ¿vale…? Estoy siendo muy bruta. Descansa un poco —susurró quitándoselo y dejándolo a un lado. Al situarse encima de su cuerpo, la besó en el cuello con mimo. Zoey sonrió relajada y tomó aire.

—No me importa que seas bruta, ha sido un descuido.

—No me importa —le repitió, acariciándole el flequillo—, te mereces lo mejor de mí. Quiero cuidarte. Cuando estés al cien por cien… ya seré más brusca. Es decir… —acarició la punta de su nariz con la propia—, cuando tú puedas ser igual de brusca conmigo.

Zoey se mostró un poco resignada al principio. Pero, después de varios minutos, se dio cuenta de que también así le bastaba. Se giró un poco más hacia ella para abrazarla, encontrándosela de frente. Y paseó los dedos por su cicatriz.

—¿Te fijaste en nuestras cicatrices cuando les da el sol?

—No… ¿qué les pasa?

—Ya lo verás. En algún momento. Son… bonitas. Es como si brillaran.

Zoey le sonrió.

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