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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 44. Hambre de ti


Zoey estaba nerviosa después de aquellas palabras que le dijo a Mira. Se preguntaba si resultó muy violenta, muy inmadura, incluso injusta.

¿La presiono también con esto?

¿O lo he hecho en el momento inadecuado?

¿Y si me dice que no?

Bueno… si me dice que no… tendré que aceptarlo. Prefiero que sea ahora antes de que me haga más daño.

Su madre tenía más interiorizada la relación entre las dos. Zoey le explicó, cuando empezó a recuperar su voz, los cuidados de Mira. Era la mujer con la que quería estar de por vida. Le preocupaba no ser suficiente, porque moralmente la seguía viendo por encima de ella. Leah trató de redirigir el foco de aquellas charlas hacia la bisexualidad de su hija, tratando de convencerla de que los chicos seguían siendo una mejor opción a futuro. Incluso trató de hacerla ver que, si deseaba tener hijos, esa sería la única manera. Pero Zoey no parecía interesada en un futuro con hijos, al menos de momento. Lo único que le interesaba era Mira, Mira y Mira.

Se removió en la cama durante dos horas, esperando que la pelirrosa entrara y le dijera lo que fuera. Pero, incluso con lo nerviosa que estaba, también estaba cansada. Ya no estaba acostumbrada a salir a dar tantos paseos ni a la exigente agenda que tenía antes de sufrir todas las lesiones. Y lo poco que habían paseado la cansó, porque estaba acostumbrada a estar tumbada en la cama mientras su madre la atendía.

Mira apoyó las yemas de sus dedos en la puerta y la empujó con suavidad, sin hacer ruido. Lo había pensado a fondo. Con sus pros y contras. Habían pasado por mucho en poco tiempo, especialmente… Zoey. Y la losa de la culpabilidad estaba sobre sus hombros desde el mismísimo momento en que permitió que parte de su vida, o de su pasado, se mezclara con la suya. Al asomar un poco la cabeza se sorprendió con más ternura. Incluso con el empeño que puso en durar despierta, estaba dormida. Con la boca abierta y respirando a ritmo constante. Sonrió y cerró despacio la puerta tras de sí. Se quitó las zapatillas de andar por casa y con sumo cuidado se recostó a su lado, metiéndose dentro de las sábanas. Su cuerpo desprendía un calor acogedor… y su aroma. Cómo lo echaba de menos. La abrazó desde atrás y hundió la nariz en su cuello, aspirando profundo. Zoey se estremeció, despertando.

—Hm… joe…

—Perdona. Hueles tan bien…

—Hmmmm… —Zoey se revolvió despacio y logró ponerse bocarriba. Parpadeó adormilada y centró su mirada en Mira—. Está oscuro… ¿me… dijiste algo…?

—Sí, ya te di una respuesta. ¿No la oíste?

—Hmno… —se frotó los ojos y le sonrió—, venga, repítela.

Mira sonrió en la oscuridad con cierta malicia, no había pronunciado respuesta alguna en realidad. Se le pegó del todo y besó su mejilla… para quedarse allí encima apalancada. Sintiendo su cuerpo, más pequeño que el suyo. Respirando tan pegadas, casi parecían sentirse como una sola.

Ojalá pudiera quedarme así para siempre… no necesito nada más. Nada más. Ni siquiera… a mi familia. Ni siquiera al resto de la gente que se supone que me importa. Siento que ahora mismo esto es la felicidad.

La mente se le nublaba del gusto. Al final, no dejaba de ser la misma sensación que Zoey trató de explicarle esa misma noche, horas antes. Después de un rato largo, se sintió aún mejor, cuando su chica respondió a aquello metiendo la mano debajo de su camisón y acariciarla de la espalda. Le enterró un poco los dedos, suspirando por lo bajo. Con un suave quejido lejano que apenas podía escuchar. Ahí se dio cuenta del motivo: llevaba aquel rato tan drogada que recién atinaba a darse cuenta de que la estaba mordiendo en el cuello. Como una orden de la naturaleza, sin hablar, Mira posicionó uno de sus largos muslos en la entrepierna de Zoey y se apretó contra ella, reteniendo la respiración. Al hacer aquello también tenía uno de los muslos de Zoey en su propio sexo, por lo que disfrutó doblemente al empujarla. La pelinegra cerró los ojos, pero ya estaba completamente espabilada. Sintió aquello como una especie de victoria satisfactoria. Emitió un pequeño quejido, algo más agudo que el previo al sentir la mordida más agresiva en su piel.

Ya hasta me da igual que me duela… sólo estoy… estoy…

Mira se recargó más fuerte contra su cuerpo. No la empujaba rápido, pero sí fuerte, y más pronto que tarde el cuerpo le pedía seguir con un ritmo, aunque fuera lento, porque usaba su pierna para masturbarse… y la suya para masturbarla a ella. Los quejidos de Zoey sólo alimentaban el hambre. No hablaban, sólo suspiraban. Mira abrió más la boca y le volvió a clavar más los dientes, succionando. Haciendo algo que ella misma había prohibido alguna vez a la pelinegra, porque sabía que dejaba marcas. En ese instante parecía no importarle. Y su cuerpo tenía fuerza. En uno de los placenteros empujones no la midió bien e hizo que Zoey se diera un cabezazo contra el cabecero, alertándolas a ambas. Mira soltó su cuello y entre suspiros la observó, llevando una mano a su coronilla. Zoey sólo le sonrió, como un indicativo no verbal.

No pasa nada…

Mira, sedienta, se volvió a hundir y bufó del placer al retomar el frote. Ni siquiera se molestó en quitarse ni quitarle la ropa. El calor aumentaba sin parar, los empujones la encendían más, pero no se volvió a detener. Y antes de que pasara otro minuto, perdió más los estribos, su mano se apretó más en su cabeza para retenerla y tuvo que encorvar algo más las escápulas para darle más fuerte. Zoey empezó a gemir algo más agudo. No quería levantar demasiado la voz por si Rumi las oía, pero la cabeza empezaba a doblegarse más hacia el propio placer que a las preocupaciones externas fuera de aquel dormitorio. Y sus gemidos, tan tímidos y cortos, encendieron todavía más a su novia. Mira empezó a tirarla del pelo sin darse cuenta para que su cuerpo no se le escurriera hacia arriba. Eso tensó más a Zoey. Sentía dolor, pero era como si no le importara. Quería que siguiera haciéndole aquello. Además, el roce duro y constante también le hacía algo de daño, pero sin embargo, la reacción de su cuerpo…

Dios… creo que voy a correrme…

Mira perdía por completo los papeles. En algún momento había acudido a aquella habitación con intención de ser cariñosa y suave. Pero llevaban mucho sin verse y sólo hizo falta olerla y sentir su cuerpo en mitad de la noche para olvidarse de cualquier cosa. Se rozaba y la empujaba como un animal, reteniéndola con sus dientes y las manos sin apenas darle margen de movimiento. Estaba muy excitada, y más lo estuvo al oír que Zoey dejaba de controlar sus decibelios y sus gemidos se volvieron más fuertes. Se le contrajo el cuerpo entero. Tenía la voz distinta, más maltratada por la afonía, pero hubo algo en eso que también la puso cachonda. No tenía la voz recuperada del todo. Mira estuvo a muy poco de correrse sólo de escucharla. Quedó a las puertas. Zoey la frenó de los hombros, suspirando tensa.

—Fuf… uf…

Mira frenó un momento las caderas, pero estaba totalmente ida. Estuvo muy cerca de correrse, y al dejar de mover su pubis, notó lo mojada que estaba. Zoey aprovechó que estaba algo aturdida y la empujó para dejarla sobre la cama. Aquello efectivamente pilló desprevenida a la más alta, que trató de recuperar la postura. Zoey la empujó hacia debajo de golpe. Había recuperado algo de su fuerza. Antes de que contraatacara, la acarició con la mano entre las piernas, buscando meterla bajo su pantaloncito pijama; le hundió dos dedos de golpe hasta el fondo. Hizo que Mira cerrara los ojos un instante y la agarrara con fuerza de la mano. La frenó. Zoey los sacó despacio, susurrándole en los labios.

—Perdona… perdona.

Mira la calmó con una sonrisa breve, ascendiendo una mano a su mejilla. Zoey probó a meterlos más despacio, y el cuerpo de Mira no se resistió. Separó las piernas y suspiró largamente, cerrando los ojos.

Sé lo que quiero hacerle… pensaba la pelinegra, mirándola con fijeza. Aún se notaba el corazón agitado del clímax que acababa de tener. Mira de pronto abrió más los ojos y alzó las cejas al ver que Zoey se situaba más abajo, buscando separarle las piernas.

—Zoey…

—¿Qué pasa…? Yo también tengo boca…

Mira la siguió impactada con la mirada, y al sentir su boca y su lengua sobre su vagina un calambre la atravesó. Recuperó de golpe la excitación. Se apoyó sobre los codos para verla mejor. Lo que más le encantaba era ver esa falta de decencia. Sospechaba ya de antes que tenía esa vena, pero verla en acción era increíble. Se le puso el vello de punta al sentir toda la humedad de su boca recorrerla. Rio suavemente al sentir alguna torpeza en la zona donde lamía. Respirando profundamente, llevó una mano a su cabeza y la dirigió con cuidado a donde necesitaba. Zoey lamió más deprisa en el clítoris, presionando con los labios. Le costaba ser precisa ya que no dominaba aquello como Mira, pero en cierto punto, enganchó mejor el ritmo. Mira dio un sonoro suspiro y balbuceó al volver a juntar los labios. Poco a poco dejó la mano muerta en su cabeza, dejándola hacer a su antojo. Se le elevaron los pezones de golpe al sentir cómo la chupeteaba. Zoey se animó a mirarla sólo un instante. Se excitó al ver aquel cuerpo, largo y tonificado, contraído gracias a ella.

—Mira… —separó la boca de ella, relamiéndose—, qué guapa eres…

Mira emitió un jadeo largo y le bajó la cabeza, más divertida.

—Termina de comer y luego dime lo buena que estoy.

Zoey volvió a lamerla. Al engancharla ahora encontró un mejor punto y Mira quebró un gemido más suave, concentrada. Se dejó cae de golpe en la cama. La pelinegra sonrió mirándola y envolvió mejor sus piernas con un brazo. Con la otra mano, tanteó su entrada justo por debajo de donde chupaba. Mira dio otro suspiro más grave al sentir su dedo adentrándose.

—Mete los dos…

—¿Sí? ¿No te hago daño?

—No, hazlo fuerte…

Zoey introdujo otro dedo con cuidado y comenzó a penetrarla. La lamió justo por encima, aunque se dio cuenta de que le costaba llevar los dos ritmos. Pero antes de reparar en aquello, se animó al sentir los suspiros y las respiraciones agitadas de Mira, cada vez más débil.

Creo que nunca la escuché gemir así…

Zoey se encaramó más, recargándose entre sus piernas.

—Ah… —Mira la apretó más contra su coño, gimiendo más seguido. Levantó la cabeza, mirándola más fijamente. Con esa imagen se terminó de poner cachonda y se volvió a dejar caer de golpe en la almohada, alterada. Zoey apretó el ritmo con los dedos, y la volvió a mirar disfrutar. Mira puso una cara de debilidad que se le hizo entrañable y separó más los muslos, jadeando más fuerte. Se dio cuenta enseguida de cuándo llegó al orgasmo por sus jadeos, graves y arrastrados. Zoey se sintió muy satisfecha, y no dejó de agitar la lengua contra su clítoris hasta que relajó aquellos suspiros.

Esto cansa más de lo que creí… tengo que practicar.

Mira quedó agotada, bajó las piernas de golpe. Zoey quedó entre sus piernas, lamiendo más lentamente y arrastrando más la lengua. Esto causó que la pelirrosa se agitara de vez en cuando. La acarició del pelo, pero no dijo ni una sola palabra. Fue Zoey la que, tras un rato, se levantó y se terminó de desnudar.

—Tengo todo mojado sabes… no me quité las bragas —comentó divertida, llevándose una mano a la entrepierna. Mira seguía respirando agitada, su tonificado abdomen subía y bajaba acelerado, sólo la seguía con la mirada. Su compañera sonrió al verla y le atrapó los pezones, retorciéndolos con suavidad. Mira cerró los ojos y balbuceó, por la impresión—. Los tienes duros…

Mira soltó una risita al suspirar, dejándola. Era como si toda la energía se le hubiera escapado del cuerpo de golpe. Apenas podía creerse lo bien que se sentía. Cerró los ojos y tragó saliva, tratando de resituar la mente. Al fijarse ahora mejor en Zoey, se alertó un poco.

—¿Yo te he… hecho eso?

—¿El qué…? —murmuró la pelinegra, tratando de figurarse dónde estaba mirando. Mira subió una mano a su cuello, acariciándolo con los dedos. Dos enormes arcos rojos, pertenecientes a su dentadura, estaban fieramente marcados en su blanca piel. Se notaban demasiado. Mira no dijo nada, sólo la miraba, recuperando aún la respiración—. ¿Me pasa algo?

—Te he mordido.

—Oh, sí… ¡lo hacías muy fuerte! —rio palpándose el cuello. Mira le quitó la mano para creerse lo que veían sus ojos.

—Creo que me he pasado un poco, ¿sabes? —dijo, suspirando.

—Haberte controlado —dijo divertida. No le echaba importancia, aunque tampoco se lo había visto—. Tú no me dejabas hacerte ninguno a ti…

—Sí, ya lo sé… cállate, que ya me siento muy culpable —pasó de largo y se acercó al borde de la cama, pero enseguida notó los brazos de Zoey rodeándola desde atrás—. En serio, Zoey, estoy trastornada.

—¿Ah sí…? Yo creo que la trastornada soy yo… que me gusta —rio en su oído, mordiéndola. Mira sintió que se ponía cachonda de golpe otra vez, pero se obligó a distanciar la cabeza.

—Es que…

—Para de alejarte, ¡para! ¡Mira! —la apretó más fuerte contra sí para retenerla. Mira suspiró y se quedó sentada en el borde. La miró de reojo.

—Está bien. No me voy.

—Eso es. Y… ¿tu respuesta…? Eres mi novia aún, ¿no?

Mira dirigió el rostro a ella, recorriéndolo con cariño.

—Sí. Siento haberte hecho eso.

—Bueno… la próxima vez será en otro lado y ya está. Aunque… a mí…

—No podemos ir marcadas por ahí tampoco… ya sabes lo que van a decir en la telev-…—Zoey le cerró el piquito con dos dedos, callándola. Sonrió.

—¿Por qué la palabra tele sale en este momento…? Yo iba a decir que me has puesto muy cachonda… aunque me dolía… no sé. Es raro. Me moría del placer sentirte tan nerviosa —se acarició de nuevo la herida. Mira tomó aire y lo soltó de golpe. La agarró de la cintura y la movió sobre ella, hasta sentarla sobre sus piernas. Miró varios segundos su herida. Era el típico sarpullido en la piel nacida de un chupetón con dientes. Sabía perfectamente que tenía que controlarse. Al mirarla a los ojos, volvió a suspirar.

—Lo siento, chiquita.

—Ya lo taparé… hace mucho frío, puedo llevar cuello alto.

—Por esta vez. Pero no me pasará más.

—Entonces me lo harás en otro sitio —la besó en los labios, quedándose cerca, en un roce. Le sonrió—. En el muslo… o… aquí… —se acarició con los dedos justo encima del pecho. Mira sonrió con malicia y la atrapó de los labios.

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