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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 2. Un gran, gran problema

Las órdenes de Rolen indicaban nuevas entrevistas de trabajo. El papel de Recursos Humanos era ejercido, a espaldas de las auditorías, por la propia Judith Strava. La influencia de BBG lograba saber de antemano cuándo esas auditorías estaban a punto de suceder por todos los almacenes de la región, y era justo entonces cuando subcontrataban a una pequeña empresa dedicada a que todos los elementos de la empresa parecieran en regla. Judith era un efectivo crucial en BBG. Con los años, sus conocimientos de la industria y la documentación de la misma habían aumentado y demostró a Rolen, entonces un empresario más novato y desorientado, cómo debía encauzarlo todo para dirigir una empresa. Rolen no era entonces más que un carretillero tímido, un operario de logística que tenía muchas ideas pero que apenas hablaba con nadie. Pero tenía esa mirada oscura y maltratada que Judith había reconocido en el orfanato donde ejerció como profesora de ciencias.

—Nunca entenderé por qué no se toma la molestia de hacer un despacho extra y poner al auténtico departamento de Recursos Humanos aquí mismo.

—Porque no se fía de nadie… que no seamos nosotras —comentó Judith, leyendo con gesto sobrio el currículum que tenía por delante. Descartaba primero a las mayores de treinta. Era más fácil si podía filtrar por foto, porque conocía la belleza por la que su jefe se sentía atraído.

—Esta debe durar más de tres meses. O llamaremos la atención de Inspección.

—¿Por qué me hablas como si llevaras más tiempo que yo? Sé cómo funciona mejor que tú.

—Relaja los humos —contestó jocosa, devolviendo la mirada a su propia pantalla de ordenador.

—Cuando Inspección recibió un aviso de este almacén y estábamos en el ojo del huracán, te contraté yo para oficina.

—Sí, sí, sí. Ya sé la película.

—Y aquí sigues.

—Candice se fue a tomar por culo bien pronto, y a esa también la contrataste tú.

—No todos pueden aguantar la presión que es estar a su lado. Además, Candice… —paró de teclear y sonrió—, esa, fue un pequeño experimento mío.

—¿Uh, qué experimento?

—Quise comprobar algunas cosas.

—Ya… tú y tus putos experimentos. Creo que ni siquiera funcionan.

—Pues para no funcionar, es la base tecnológica de toda nuestra cadena. ¿Sabrías tú entender lo que significan esos estudios científicos que me leo yo todas las mañanas?

—Tengo mejores cosas que hacer, como por ejemplo, gestionar las reclamaciones de Calidad que tenemos cada semana por los nuevos materiales cuya entrada gestionas TÚ. Con todos esos… estudios que se supone que lees.

Los clics del ratón de Lyanka sonaron más tras escupirle aquello. Judith sonrió sin concederle demasiada atención. Su compañera de oficina era también infalible, y lo sabía porque ella misma la contrató hacía cuatro años. Pero sus campos, aunque a veces se cruzaban, obraban en áreas distintas. Cuando un campo salía afectado en la empresa, lo más humano era echar la culpa a otro trabajador.

—Esta tiene estudios —comentó Lyanka, provocando una risita de Judith—, ¿y ahora qué?

—No necesita estudios para estar en el cartón —Lyanka le contestó con un suspiro—, sólo necesitamos a dos personas en el embalaje, sabrán usar la máquina a la media hora de su formación.

—Descartada pues —pulsó un botón y pasó al siguiente mensaje. Judith tamborileó con sus largas uñas en la mesa de cristal.

—No sigas leyendo. Ya tengo a los dos nuevos.

—¿”Los…”?

—Un chico y una chica —Judith terminó de teclear y después de apagar el ordenador cerró su portátil.

—Sí que nos hacía falta entonces personal nuevo…

—Sí. Él se quedará, ella no. Te he mandado ambos currículums a tu correo.

—Jm… —Lyanka abrió los archivos. Ambos eran perfiles repetibles, candidatos del montón. Envasadores con el tiempo en la empresa ya contado incluso antes de que empezaran. Generalmente, Judith o el propio Rolen los entrevistaba, contrataba y meses más tarde les decía que no superaban el periodo de prueba… o se las ingeniaba para explicarles que su rendimiento no era el adecuado. Pero si había decidido contratar también a un mozo de almacén, era porque verdaderamente la empresa estaba en los mínimos. Cosa que no cuadraba con los estudios de calidad semanal. Económicamente la empresa iba viento en popa. Lyanka miró cómo su compañera se ponía en pie después de guardar el portátil y se ponía su abrigo. Judith era una mujer de cincuenta y dos años, divorciada tres veces y actualmente casada con un ingeniero naval que también estaba montado en el oro. Tenía cierta influencia en el mundo de las familias con sello, pero nunca hablaba de eso. Era una mujer que pese a su edad, se conservaba bella y joven, desacorde a su propia edad, y un cuerpo esbelto y elegante que tampoco respondía a su edad. Pese a sus líneas de expresión, se notaba la belleza en aquellas facciones… y también la frialdad. Lyanka reía cuando estaba a solas con Rolen, bromeaban acerca de las condiciones que Judith había pactado con el diablo para verse tan sexy a una edad tan madura.

Casa de Rolen

—No debería beber más —tapó con la mano la copa, impidiendo que Rolen le sirviera la segunda—, sólo una copa de vino… eso dijimos.

—Una copa más no hace daño —se mantuvo con la botella cerca de su mano. Sonrió de medio lado y tocó uno de sus nudillos con la boquilla—. ¿O voy a beber yo solo?

—Me temo que sí —dejó de mirarle a los ojos. Resultaba su punto débil. Retiró la mano poco a poco, aunque Rolen insistió y le sirvió. La chica sonrió bajando la mirada—. Siempre haces lo que quieres, ¿eh? Pues no beberé.

—Ya te he oído. Puedo bebérmelo yo, ¿no? —cuando tapó la botella, tomó la copa y movió con cuidado en círculos antes de paladearla por sí mismo. Balbuceó del gusto y volvió a clavar su mirada celeste en la chica.

Harmony Teller. Su última conquista. Le gustó nada más la vio, en un puesto de comida rápida de las ferias locales… por aquel entonces, salía con otra chica. Harmony le gustó porque cumplía todos los requisitos físicos y psicológicos que atesoraba en las chicas. No llegaba a los veinticinco, era delgada y con el cabello liso y oscuro… los ojos grandes y marrones. Las chicas con los ojos avellana tenían un encanto particular para él.

—Ponte en pie —murmuró dejando la copa sobre la mesa. Le tendió gentilmente la mano—, Harmony. Me gustaría enseñarte algo.

Harmony levantó tomando su mano. Rolen vivía en una buena casa, dentro de un buen barrio. Era minimalista y tenía buen gusto para el diseño… siempre creyó que en él era innato el buen gusto. Harmony caminó a su lado y al cruzarse sus miradas, se sonrieron. Harmony era el ejemplo clásico de chica inexperta y fácil. Una buena, enamoradiza e ingenua chica. La mezcla le gustaba porque con ayuda de su físico, era difícil que alguna le dijera que no. Pero siempre ponía las cosas fáciles que las muchachas fueran atractivas. Harmony se apoyó en la barandilla, pero no la dejó entretenerse. La volteó hacia él y apoyó las manos en sus mejillas.

—Eres preciosa —susurró, mirándola angelicalmente. Harmony parpadeó más nerviosa y sonrió. Sus hoyuelos se acentuaron en ambas mejillas.

—Ya… gracias. Y tú eres…

—¿Soy…?

La chica entreabrió los labios, pero no sabía continuar. Con una media sonrisa traviesa, Rolen se inclinó y la besó. Cuando sus labios contactaron, se dio cuenta enseguida de que no sabía besar bien. Sus dientes chocaron un par de veces por sus nervios, y aunque trató de guiarla, al final se le distanció, poniéndole las manos en los hombros.

—Yo… ¿de verdad te gusto tanto? Porque…

—Más que “tanto”. ¿Tienes dudas?

—Hng… no. No realmente.

—No me gustan las chicas inseguras.

—…no lo estoy.

Se inclinó a besarla de nuevo, esta vez, tomándola mejor de la cintura. Harmony le correspondió unos segundos, pero volvió a despegar la boca.

—Es sólo…

—Parece que sí que hay dudas —comentó él con una sutil sonrisa.

—Tardaste… tardaste mucho en contestar mis mensajes. Casi como si…

—… ¿estuviera ocupado? —trató de completar. Ella sonrió más intimidada, así que se apuntó otro tanto—. Querías saber si estaba con otra mujer. Y francamente —la soltó, recuperando su estatura superior. Ahora la miró más seriamente—, muchos de esos mensajes eran propios de una niñata muy manipulable.

Harmony tragó saliva. Aquellos mensajes nacieron de su inseguridad. Rolen era medianamente conocido en la ciudad, y los rumores de a cuántas chicas agradaba eran arrolladores. Pero ahora sus ojos azules la estaban intimidando tanto, que no sabía cómo actuar.

—Ya… perdona. Pero es que a veces tardas tanto en hacerme caso que pienso que estás con otra chica.

—Tienes veintidós años, Harmony. Estás muy crecidita para estar comportándote como una cría. La próxima vez que lo hagas, no actuaré como si nada. ¿Sabes lo que eso significa?

—Y tú estás muy crecidito y deberías saber ya repartir tu tiempo. ¿No responderme en dos días? ¿En serio no tengo que sospechar?

—Me equivoqué. Todavía te falta crecer un poco —ladeó la cabeza, sonriendo con maldad—. Al menos, para poder entender cómo es trabajar. Y no vivir del cuento. Porque tú no has hecho otra cosa que pintarte las uñas y servir cuatro copas en un puesto de patatas fritas, ¿no? Debe de ser fácil ser madura frente a cuatro paletos que comparten tu olor a fritanga.

—…

Había aprendido a saborear esa sensación. La de oler el dolor ajeno en la mirada. Harmony quedó demasiado sorprendida ante aquella respuesta, y agachó la cabeza. Rolen era adicto a aquella sensación. Herir a chicas tan inocentes le daba el mismo placer que dolor. Y aquello era adrenalina para él.

—Lo siento —siguió mirándola, con los ojos más pacíficos. Trató de acariciarla, pero esta vez la chica le quitó la cara mientras una lágrima se le escapaba. Se la limpió y trató de caminar hacia otro lado, pero la agarró más fuerte del brazo.

—Quiero irme. Llévame a casa.

—Recomponte. No puedes lloriquear por escuchar la verdad.

—¿Olor a fritanga? ¿Vivir del cuento? Yo también tengo trabajo, aunque no sea tan importante como el tuyo.

—Puedes cambiar eso. Con mi ayuda. No espero que sea de la noche a la mañana. Pero sí espero cosas importantes de alguien como tú, Harmony —la soltó despacio. Consiguió que le devolviera la mirada—. Eres guapa, inteligente. ¿De verdad no aspiras a algo más? Y si es así, ¿a qué esperas para hacer algo?

Ya logró lo que quería. Que se quedara en silencio. Haciendo frente a sus ganas de llorar. Rolen prosiguió y cruzó sus grandes brazos.

—Entonces… ¿ya está? —ladeó la cabeza—, eso es todo. Poner cara de lástima y llorar en tu cama. Ni siquiera tienes coche para volver a tu casa.

—Aspiro a más cosas —se defendió, tras una pausa—, pero ahora no tengo el suficiente dinero para desligarme de ese trabajo.

Él inspiró muy hondo, fingiendo preocupación. Se acercó a ella, suavizando su tono de voz.

—Sólo intento animarte. Espero grandes cosas de ti. ¿Por qué no aceptas mi oferta con la agencia de modelos, hm…? —la acarició con un nudillo en la mejilla.

—Porque es mucho dinero —dijo con la boca pequeña—. Y… no estoy segura de que te lo pueda devolver.

—Sólo me lo devolverás cuando tengas tanto dinero, que yo te parezca un pobre indigente —comentó con un aura más divertida. Logró hacerla sonreír al menos un poco. La tomó de las muñecas y alzó sus manos frente al rostro de ambos—. Mira qué manos más bonitas. ¿De verdad crees que naciste para poner cerveza en vasos a los drogadictos de la feria?

Harmony miró sus propias manos y suspiró. Las bajó lentamente, centrándose en sus ojos.

—Siento haberte agobiado. Sé que eres alguien con mucho trabajo.

Él sonrió más y la aprisionó despacio contra la pared. La chica pareció tomárselo a broma y no cedió a la primera, pero enseguida la empujó de la cintura. El impacto la hizo levantar la cabeza y mirarle más fijamente. Rolen volvió a besarla, ahora con una connotación muy diferente. Buscó su lengua inmediatamente, con una necesidad. Y le levantó el vestido al meterle la mano entre las piernas. Harmony se tensó y dio un respingo, bajando la mano a su antebrazo. Hizo un amago de frenarle, pero Rolen apretó con mucha más fuerza, aprisionándola con la pared.

—Sh. Quieta —separó sus labios, mirándola con fijeza. La pelinegra asintió despacio, subiendo las manos por sus pectorales. Entonces él sonrió e introdujo la mano por dentro de sus bragas. Le usurpó el coño con dos dedos, abriéndola de golpe. Gimió adolorida de pronto, pero volvió a chistarla—. Eh, qué pasa. ¿Te duele?

—Un… un poco…

—Es verdad… se me olvidaba que trato con una cría —sonrió, mortificándola.

Qué pesado es. No soy ninguna cría. Tomó aire y como si no le hubiera oído, bajó las dos manos a su cinturón. Se lo quitó a los pocos segundos, abriéndole la bragueta. Le metió una mano también y le agarró la polla.

Ya está duro…

Cuando lo miró con toda la entereza, él la devoraba con la mirada. Verla con algo de predisposición le gustaba. Aunque sabía que la fingía. Todas aquellas cosas que le decía era sólo para provocarles luego una sorpresa mayor. Nunca estaban preparadas para su comportamiento en la cama. Pronto su atención se dispersó un poco. Bajó la mirada a su torpe mano intentando hacerle una paja.

—Lo haces mal. Así lograrás que se me baje.

Aquello la jodía profundamente. La hacía sentir poca cosa para él. Había visto varios vídeos porno para aprender técnicas, agradarle. Ya que casi siempre que se acostaban, él le comentaba los fallos que le habían sacado de quicio. Su perfeccionismo la arrollaba.

—Déjalo —le frenó la mano. La chica le suplicó.

—No, déjame intentarlo un poco más.

—He dicho que no —le apartó la mano, hablándole más cerradamente—. Ponte de rodillas y chúpamela.

Harmony tragó saliva, dejando de tocarle. Él la miraba fijamente, con una sonrisa maliciosa. Esperaba que actuara. Sin rechistar, se deslizó hasta clavar las rodillas en el suelo. Rolen no se hizo esperar demasiado; agarró su miembro por la base y lo hundió entre sus labios, y empujó con la cintura para metérsela hasta la garganta ya de buenas. Disfrutaba viéndola en problemas. La chica se puso recta de golpe al recibir semejante arcada, contrajo la garganta y sus cejas se fruncieron, intentando no vomitar. Las fuertes manos del hombre le cubrieron la cabeza, sujetándola del pelo, y la condujo con un ritmo marcado ya desde inicio. Harmony no paraba de ahogarse, su brusquedad se lo dificultó demasiado y ahora su campanilla estaba sensible ante cualquier toque. Tuvo tres arcadas con las que casi le vomita encima. Pero Rolen disfrutaba con aquello y seguía embistiéndola, penetrándola en la boca. Aquello le dio mucho placer. Se la chupaba bien, porque apretaba mucho con los labios en un acto reflejo por prevenir sus empujones de cadera. Pronto intentó frenarle con las manos, pero entonces él en protesta la embistió más fuerte. Sintió un pico de placer, pero Harmony no resistió y giró la cara hacia un lado, tosiendo con fuerza. Estaba roja y de sus labios colgaba saliva.

—Hazlo tú sola —musitó, llevando sus manos tras la espalda.

Cómo me pone ver esa puta cara de tonta desvalida.

Permitió que le chupara la polla a su ritmo. Le gustaba verla, era guapa. Y era cierto que había aprendido, en comparación con las últimas veces. El vaivén de sus labios acabó consiguiendo ponérsela dura del todo. Eso no le costaba. Ponerse cachondo no le costaba, y menos cuando la mujer era guapa. Pero siempre sentía, mientras mantenía sexo con todas aquellas patéticas chicas, que le faltaba algo. Algo que no quería reconocer. Se negaba a admitirlo. Ni siquiera cuando pagaba por obtener sexo de una puta era capaz de ser completamente sincero. En cualquier caso, ver a Harmony le dio mucho placer y lo elevó rápido. Inclinó un poco el cuerpo mientras seguía con el sexo oral, para sacarle los pechos del vestido y estrujarlos con fuerza. Eso la hizo parar un poco la mamada para gemir, disfrutando. Rolen la agarró abruptamente del brazo y echó toda la cena al piso, partiendo los platos. La asustó en un inicio, pero sin tiempo para reaccionar, el rubio la estampó contra la mesa y le bajó rápido las bragas. Se puso nerviosa y se aferró al borde de la mesa. Tuvo un escalofrío cuando le separó las piernas y le levantó el vestido con el puño, cerrándolo por encima de su lumbar. Le estampó la otra mano en la nalga con tanta fuerza, que el cachete se le enrojeció al instante. Harmony contuvo el primer grito. Rolen sonrió y empleó más violencia en el segundo azote, haciéndola gritar adolorida y juntar las rodillas. Cerró los ojos fuerte.

Pica…


—¡Augh…! —trató de elevarse por acto reflejo, pero el chico le estampó la cabeza contra la mesa mientras se le colocaba entre las piernas. Le hacía daño al meterle los dedos sin ningún cuidado—. Hazlo… más despacio…

—Ah, sí. Ahora mismo —sonrió divertido. Sólo separó la mano de su nalga enrojecida para apretarle el glande contra su abertura y la agarró de la cintura, embistiéndola de golpe. El esbelto cuerpo de la chica dio un temblor. La vio apretar los dientes al resistirle. No le importaba. Contra más trataban de fingir que todo iba bien, más les sacaban de quicio a él. La agarró de la cintura y la atrajo hacia él con la misma fuerza con la que trataría a cualquier mueble, golpeándola duramente para penetrarla. Harmony se rompió a las pocas embestidas, sollozando de dolor. Rolen gimió excitado y subió una mano a su cabello, sosteniéndola con menos cariño aún. Se la clavó con más dureza.

Muchas de las chicas a las que forzaba de aquella manera, confundiéndolas para hacerlas creer que las quería, terminaban teniendo una fuerte disonancia. Cuando su autoestima estaba ya por los suelos, solían aburrirle, porque se regalaban con más facilidad todavía. Sus gemidos, antes de placer, ahora eran de llanto contenido, porque no se cansaba. Después de varios minutos de metérsela en la misma posición, una llamada de teléfono agitó su atención. Paró en seco y miró la pantalla del móvil. Rolen se pensó si atender o no. Pero al final lo hizo, apartándose a Harmony a un lado.

—¿Y? ¿Qué coño pasa, Lyanka?

—Ven YA al almacén. Hay un problema y es gordo.

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