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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 2. Ropa prestada

Gimnasios

—¡AUCH! Zoey, eso duele…

—Ah, ¿te dolió…? Cuánto lo siento… —clavó el codo de nuevo en su estómago.

—¡Au…! Enana, te voy a…

—¿Pero qué narices os pasa? —gritó Rumi, saliendo de su postura y las encaró—. ¿¡Se puede saber qué os pasa!? Hasta Dan se ha dado cuenta.

Las dos se han levantado con un humor de perros. Lo que nos faltaba, trifulcas en este punto…

El coreógrafo que perfeccionaba sus estilos salió a tomar un descanso y les pidió lo mismo, ya algo angustiado al ver que los pasos compartidos entre Zoey y Mira no salían. Cada una parecía inmersa en lo suyo exclusivamente, por lo que la sintonía hacía rato que se fue por el retrete. Y Rumi lo notaba. Jadeó cansada y alcanzó su toalla.

—Así que ninguna va a decir nada, ¿no? Perfecto —musitó cabreada.

—Pregúntale a ella —cabeceó hacia Mira—, tuvo la brillante idea anoche de meterse en el perfil de Mystery desde mi móvil y darle like a todas sus publicaciones.

—Porque ella se metió en mi cuarto y seguía poniendo su odiosa música. No los aguanto y lo sabe. No aguanto tampoco la industria en la que están.

—¿Y qué culpa tengo yo de que estén en esa industria?

Rumi miraba a una y a otra según se lanzaban las pullas. Trató de mediar con las manos.

—Chic-…

—De lo que tú tienes culpa es de poner su música en mi habitación. Te creías que estaba de broma, pero te lo advertí.

—¡Claro que pensé que estabas de broma! Son buenos chicos, hemos compartido mesa en varias firmas con ellos, ¿por qué te pones así?

—No, ¿¡por qué te pones tú así!? ¿Acaso no ves que son nuestros rivales? Estamos compitiendo por un primer puesto en la final del concurso, y sabes perfectamente que nos jugamos mucho más que ellos. Algo que ellos ni se imaginarían…

—¿No puedo ser amiga de ellos aunque sean nuestros rivales?

—¡¡Claro que no!! —bramó Mira.

—Ah, ¿y por qué entonces yo tengo q-…?

—¿¡PERO ES QUE TODAVÍA NO HABÉIS ACABADO!? ¡BASTA!

Se hizo el silencio. Rumi tiró la toalla, agobiada. Sus suspiros no se calmaban, así que se presionó el pecho.

—¿Rumi…? —a Zoey le cambió la mirada. Cuando trató de tocarla, dio un paso atrás y se subió mejor la cremallera del cuello.

—Basta —repitió—, yo también siento la presión. Pero no podemos empezar a pelear entre nosotras… porque éste va a ser el primer lugar donde se note —señaló el escenario—. No podemos posponer las últimas clases, pronto será la final. Así que… os pido por favor un último esfuerzo.

Zoey presionó sus labios entre sí. Cruzó miradas con Mira, que también se mostró pensativa.

—Somos profesionales —prosiguió—, ellos son más componentes y se entienden bien. Tienen buena sincronía y sus pasos tienen dificultades añadidas, por lo que la única forma de adelantarnos es utilizando el espectáculo. Un aro colgante es usual en los espectáculos circenses. Ya pensé en todo esto, pero aún no quería decirlo… he estado practicando por mi cuenta. Yo también quiero ganar a todo coste —dijo casi farfullando, con la mirada centrada en Zoey. Pero luego cambió a Mira—. Y para ser mejores, hay que verlos y estudiarles. Ninguna está haciendo nada malo. Es absurdo discutir entre nosotras. ¿Hay paz?

Zoey tomó aire profundamente.

—No quiero que vuelvas a quitarme el móvil así. Y menos tocar nada desde mi cuenta personal.

—Vole —dijo poniendo los ojos en blanco.

—Mira —atajó Rumi—, sois compañeras. Lo que hiciste no estuvo bien.

—Já, hasta Rumi lo sabe —sonrió la otra.

—Y tú llevas dándole codazos y pisotones desde que empezó el entrenamiento —siguió Rumi, haciendo que Zoey bajara la mirada—. No sois niñas. Ya está bien. Daos la mano y continuemos trabajando.

Mira descruzó los brazos y dio un suspiro.

—Lo siento. ¿Vale?

—… —Zoey seguía algo enfurruñada aún. Hizo un cabeceo y también suspiró—. Bueno, está bien. Yo también lo siento.

Aunque un poco a regañadientes, se tomaron de la mano. Ya se podía a ver a su entrenador cruzando el pasillo de vuelta. Rumi tragó saliva y trató de asentar sus propios pensamientos. Recientemente se había visto las marcas, y por nada del mundo podía dejar que sus amigas se enteraran. Pero notaba la presión de todo con mucha más intensidad que antes. El cómo iba a gestionarlo, sería un problema de después, cuando los concursos más importantes hubiesen finalizado.

Dos horas después

Habitación de Zoey

Después de una merecida siesta, Zoey fue a por algo de comer y se volvió a la habitación. Todavía tenían un tiempo libre antes de vestirse con la ropa promocional, así que subió una foto nueva de esa misma mañana a sus redes. Sus fans no tardaron en comentarla y manifestar con likes su apoyo. Ninguna de las chicas solía prestar mucha atención a las redes sociales, realmente. Ya raro era el instante en el que tuvieran tiempo libre para dedicarles. Sin embargo, de vez en cuando, podían rescatar momentos puntuales para socializar. Había aplicaciones de citas dedicadas en exclusividad a personas famosas, pero estaba mal visto en Corea, y por supuesto, el mánager de las chicas, de apellido Higgins, prácticamente se lo había prohibido. A pesar de ello, los famosos se habían buscado la manera pirata de gestionarse esas citas. Cada móvil perteneciente a esa élite tenía sus propias características. Y se les asignaba un código especial con el que podían utilizar las aplicaciones. Eso sí, nadie más que otro famoso podía reconocer, desde su móvil, el código como válido. Zoey se asignó una foto de un peluche, un alias ficticio y puso su código a la vista en la aplicación. Pero su pretensión era casi infantil: sólo deseaba tener más amigos. Algo de lo que muchos en la industria realmente carecían fuera de las cuatro paredes en las que tenían que vivir. Había acotado sus preferencias a gente famosa, ya que así se reducía exponencialmente el riesgo a que cualquier fan los extorsionara o molestara.

«¡Dime quién eres y te diré quién soy! Tu código está verificado, así que… eres famosa.»

«¿Te sale que soy mujer?», le escribió Zoey un día.

«Sí, eso sí sale! Y tu edad. 22 años.»

«Es cierto, la tuya también. Es que no estoy ocupando mucho la app…»

«Ya, yo tampoco. Es lo que tiene esta vida, no?»

No tardaron en intercambiarse fotos y demostrarse sin mayor problemas quiénes eran. Zoey estaba hablando con Mystery desde hacía dos meses, incluso consiguió algo de asiduidad a la hora de contestar mensajes, algo insólito para su apretada agenda.

Pero tras el incidente con los Me gusta, Zoey estuvo todo el día sin responderle. Estaba muerta de la vergüenza.

«Eh, tú, Z. Dónde andas metida? He acabado mis entrenamientos»

Zoey decidió por fin abrir el mensaje.

Z: Sí, qué tal tú?

M: Uh, qué seca. Te ha pasado algo? No quieres contarme? Ya no soy tu confidente especial?

Z: Es que… tuve una discusión con Mira

M: con Mira? Y eso?

Z: Me cogió el móvil sin permiso y se puso a darte Me gusta en todas las fotos…

M: Ah… así que fue ella?

Z: Sí, a veces… no la aguanto!

Mystery, desde el rincón de su habitación, disfrutó leyendo aquello último. Su plan no era complejo. Era insultantemente fácil, ligarse a cualquiera de las tres. No tuvo que ponerse a seleccionar porque se enteró por terceros y las propias redes, infestadas de seguidores que estudiaban cada expresión facial de las muchachas, que era él el preferido de Zoey.

Hay cosas que no les he dicho a estos gilipollas con los que formo grupo. En realidad, voy por libre… porque yo sólo busco ayudarme a mí mismo. Quiero que se acabe este jodido infierno infinito.

Quedó a escondidas de todo el mundo con Zoey un par de veces. Pero los paparazzi no perdonaban una, y la última vez casi los pillan. Tomaron como medida preventiva estar distanciados un tiempo más largo. Ahora, con la final del concurso a la vuelta de la esquina y el plan de Jinu a punto de culminar, quería quedar antes. Llevársela al Gwi-Ma y aniquilar su alma pura de cazadora antes que el propio Jinu. Eso le otorgaría un descanso.

¿Podré pedirle dejar de ser un demonio? Es… lo único que me…

Sus dedos escribían a la velocidad del rayo.

M: Z, te parece si quedamos a tomar algo? Quiero darte la buena suerte en persona. No queda mucho para la final…

Z: Tengo poco tiempo, la verdad…

M: Y yo. Pero necesitamos desconectar. Y quiero tratar ese tema de los likes…

Z: Ah… ya

Zoey se puso colorada. Dio un largo suspiro y abrió la aplicación que todos en aquella industria consultaban a diario: la agenda y el calendario. Tenía dos horas y media libres antes de que llegara su mánager. Dio otro suspiro y dirigió su pulgar a la red social de las fotos. Cientos de miles de notificaciones colapsaban su barra de notificaciones en la aplicación, pero prefería no ver las consecuencias de la cagada de Mira.

Anoche sólo miré cinco minutos y todo el mundo ya se había dado cuenta… paso de leer nada más o me volveré histérica.

Abrió el perfil de Mira. Tenía contenido nuevo subido a las stories. Compartía muchos reels absurdos, al igual que ella misma. Pero vio una bonita selfie después, tomada aquella mañana. Mira había estado haciendo uso de algunas máquinas antes de comenzar con las clases de coreografía. Su rostro siempre irradiaba una chulería, una determinación que envidiaba. Le gustaba la gorra que llevaba puesta en la foto, se la había robado alguna vez también.

Pensándolo… siempre le robo la ropa sin preguntar. Nunca se queja.

Se puso en pie y dejó el móvil en la cama. Escuchaba que sonaba la app de Freyis, donde charlaba con Mystery, pero por un momento la ignoró. Se adentró en su enorme armario y agarró las prendas que no le pertenecían. Dos pijamas, una gorra y una sudadera talla grande que Mira solía vestir para andar por casa. Aunque al reencontrarse con ella la miró bien por lado y lado. Sonrió y se la llevó de vuelta al cuarto. Después, le buscó un pantalón cargo a juego y volvió a agarrar el teléfono.

M: entonces qué dices? Tienes tiempo ahora?

Z: Sí! Te parece bien en la cafetería que estaba frente a la de la última vez? Tengo algo de tiempo libre

M: Claro. Salgo para allá

Salón

Rumi tecleaba en su portátil para contestar a todos los mensajes acumulados de su correo.

—Bájale un poco a la tele, Mira, ya me está desconcentrando —dijo sin despegar la mirada de la pantalla.

Mira la miró mal un segundo y se estiró a por el mando. Le bajó un poco a las noticias. Zoey cruzó rápido el salón y se llevó la mirada de sus compañeras.

—Sh sh sh, eh, ¡eh! Tú, quieta.

—Ish… —Zoey cerró los ojos, sabiendo que se le venía la regañina. Giró despacio sobre sus talones—. Mira…

—Sí. No me esperabas en el salón, ¿no? Pues lo estoy, y ¿por qué estoy viendo mi ropa en otro sitio que no es en mi armario? —la señaló a distancia desde el sofá—. Todo eso es mío, lo quiero en su lugar. Santo cielo, ¿¡desde cuándo tienes esa gorra!? La estuve buscando la semana pasada.

—…—ruborizada, se quitó la gorra y se la tendió—. Lo sé, perdona. Se me pasó y ahora me gustó cómo me quedaba. Tiene chapitas.

—¡Pero si todo lo que llevas es mío! ¡Joder, menos el pantalón! Devuélveme la sudadera —lanzó la gorra al sofá.

La más bajita se rehusó y dio un paso atrás.

—Venga, no me cambies el look entero ahora… ¡sólo salgo una hora!

—No, Zoey, ya me estoy cansando, ¿sabes qué? Estoy muy irritable últimamente, así que te agradecería que simplemente dejes de ponerte lo que no es tuyo.

—Lo de que estás insufrible ya lo sabemos todos, ¡tienes a todo el mundo hasta la coronilla! —bufó llevándose las manos a la cabeza—, y no sé qué diablos te pasa, pero estás amargada.

Mira apretó los labios y la miró de arriba abajo.

—Vale, se acabó. ¡Quítate la maldita sudadera!

—¡¡Es sólo una sudadera!! —le chilló.

Rumi bajó la cabeza, hastiada. Dio un golpe en la mesa y se puso en pie como un resorte.

—¿Otra vez? ¿Os han cambiado la maldita medicación a las dos?

—Cállate, Rumi —dijo la pelirrosa secamente—. Y no te metas más. Ella es una malcriada, y tiene que entender que no puede poner una cara bonita y salirse siempre con la suya —se dirigió a Zoey—. No te has portado bien conmigo estos días, así que no te prestaré mi ropa. Vas a quitártela ahora. Y por cierto, ¿es que no piensas decirnos a dónde sales?

Rumi se mordió la lengua. La última parte también le interesaba. ¿A santo de qué Zoey se iba a un lugar sin decir con quién?

—¿Zoey? —inquirió, acercándose a las dos. Su amiga se estaba poniendo cada vez más colorada.

—No… no tengo por qué decir adónde voy ni con quién. Ya soy adult-… ¡EH!

Mira le arrancó el móvil de las manos y lo desbloqueó como si nada. Rumi abrió la boca impresionada.

—Uh, lo sabía… —le giró la pantalla a Rumi. Zoey trató de recuperarlo pero Mira apartó rápido el brazo—. Está quedando con ese melenudo de ojos tapados.

—Devuélvele el móvil —masculló la pelimorada, seria. Mira le dio el móvil de mala gana—. Bien, señoritas. Esto se está descontrolando. No puedo permitir que nuestra confianza se desmorone de la forma más tonta, porque esto… son tonterías. Estáis presionadas, angustiadas por lo q-…

—No, Rumi —murmuró Zoey—. Yo tampoco tengo por qué aguantar sus malos días —dio un paso más cerca de ella, encarándola con fijeza—. ¿Qué es lo que te molesta tanto? ¿Que quede con un chico, eso te molesta, Mira?

Mira se puso recta y tomó aire.

—Oye, enanita…

—Ah, sí… esta enanita sabe lo que te pasa realmente —sonrió más maligna—. Lo que no puedes aguantar, lo que te reconcome es que sean de esa maldita industria de la que te echaron.

A Rumi se le encendieron las alarmas. Se conocían de lo suficiente como para saber cuáles eran los temas tabú de cada una. ESTOID Studios no había terminado en buenos términos la relación contractual con Mira, era un secreto a voces. Pero la chica nunca habló demasiado del tema.

—…

—…

—Por favor, continúa. Yo no te he parado —murmuró Mira, cruzada de brazos—. Así que… eso me reconcome, ¿no?

—S-sí. Eso mismo. ¿Por qué no nos dices de una vez por qué todo se te fue a la mierda, eh? Yo te diré por qué. ¡Nadie te aguantaba! —le gritó, dándole un empujón. Salió corriendo y dio un portazo.

Rumi se quedó mirando la puerta atolondrada. Nunca se imaginó esa actitud naciendo de alguien como Zoey. Suspiró cerrando los ojos y se puso frente a Mira.

—No… no le hagas ni caso, ¿vale? ¿Mira…? Vamos… —cuando fue a abrazarla, Mira se zafó.

—Es igual. Esto no fu…no funciona…

Rumi se volvió a acercar y la abrazó con más fuerza. Esta vez la más alta no se resistió. Entonces notó la fuerza con la que le latía el corazón.

Está muy nerviosa…

—Eh, Rumi…

—¿Sí…? —le acarició la espalda.

—Necesito salir un rato. O me ahogaré aquí dentro.

—Claro. Tranquila —se separó despacio—. Nunca la vi así… ten por seguro que volverá a pedirte disculpas.

—No anda del todo desencaminada. Pero… no es como ella cree.

—Tranquila. Cada uno puede… tener sus propios secretos, ¿no?

Sobre todo yo.

Mira asintió cabizbaja, dando un suspiro.

Está afligida… Rumi no acostumbraba a verla decaída. 

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