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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 3. ¿Estás… ebria?


Cafetería

Mystery sonrió al reconocerla. Se había quitado los moños, era raro verla sin ellos. Se había pedido ya un café para dejar pasar el tiempo. Así que se dio prisa y con precaución, sorteó las mesas hasta sentarse frente a ella. Sonrió.

—Hola, Z… cuánto tiempo sin verte, ¿eh? ¿Cómo andas?

—Ah… hola, Mys… —trató de sonreír.

—Eh… no pareces estar bien —se despejó la frente y la miró atento. Se notaba a leguas que acababa de llorar—. No me digas que la causante es tu compañera.

—… pues… más o menos. Eh, perdona —sorbió por la nariz y soltó una risita—. No quería convertir esto en una quedada para lamentarnos. Sólo necesitaba un café y… un amigo.

Mystery sonrió dulcemente y tuvo un amago de tocarla en las manos, pero se resistió y carraspeó un poco.

—¿Quieres contarme qué ha pasado?

—Oye… tú… ¿sabrías decirme por qué ESTOID decidió romper la relación laboral con Mira?

—Oh, bueno. Nosotros no sabemos gran cosa.

Era parte de nuestra tapadera, sólo tenemos un contacto que nos ha enchufado en esa dichosa agencia.

—Me lo temía…

—En realidad, todo rumores. No me sentiría bien dándote información de la que no estoy seguro.

—Ya. Lo entiendo.

—¿Es que acaso ella no os contó nada?

—No. Ni siquiera… siendo sus mejores amigas —suspiró y jugueteó con su móvil sobre la mesa—. Y al final, hace que nosotras… bueno, que yo…

—¿Sí…? —la miró interesado.

—…yo… he buscado la manera de contarle algo. Pero cada vez que he intentado acercarme ella es fría. Y tampoco tengo el valor para contárselo a Rumi.

No entiendo de lo que está hablando. Pero parece interesante.

Zoey tragó saliva y entreabrió los labios, dispuesta a hablar. Pero entonces el camarero les interrumpió. Mystery suspiró molesto, pero contuvo la expresión.

—Mire… llévese ese café tan dulce y traiga dos bien cargados, tenemos faena esta noche y hay que aguantar —murmuró para despacharle rápido. Zoey no pareció contradecirle. Seguía inmersa en darle vueltas al móvil—. Bien, ya se fue. ¿Qué ibas a decir?

Zoey le devolvió una mirada de preocupación. Pero sonrió un poco.

—Bueno… si te lo cuento… serías la primera persona en enterarse. Y me gustaría que guardaras el secreto.

—Claro, Z. Seguimos hablando a escondidas, ¿sabes? Ni siquiera mis compañeros saben que chateamos tanto.

—Pues… estas últimas semanas he intentado estar más cerca de ella porque… ¡uf! —soltó una risita nerviosa. Mystery presionó un poco la boca. La estaba viendo ponerse colorada—. Ay, esto cuesta un huevo… no soy capaz de decirlo.

—…

—Sólo… creo… que me gusta. Ella, claro. Sí, hablo de ella.

¿Eh? ¿Qué…?

—¿Qué? ¿He oído bien…? ¿Dices que te gusta Mira?

—¡Shhhhhh…! ¡Guarda silencio, tonto! —le chistó con el dedo índice. El camarero los rodeó y ambos se pusieron rectos cuando eran servidos. Cuando el hombre se fue, Zoey estaba igual o más enrojecida—. Llevo tiempo intentando averiguar más cosas de ella, pero no hay forma. Con ciertos temas simplemente se cierra. Y… a veces he intentado tener más acercamiento, pero no quiere saber nada. Al final… sólo la he cagado más, porque creo que lo ha malinterpretado todo. En fin —dio una carcajada más llena de nervios y se acarició el pelo—, incluso creo que piensa que me he ido a ligar contigo.

Coño, bonita, lo pensaba hasta yo. Nunca me había sentido tan friendzoneado. Mystery hizo un esfuerzo por aguantar el tipo y después de asimilarlo en la mente, carraspeó.

—Así que… todas estas discusiones que estás teniendo con ella son fruto de tener esa sensación. Te gusta y no sabes cómo entrarle.

—En realidad busco comprenderla. Creo que algo más ha debido pasarle, porque aunque siempre haya tenido un carácter difícil, nunca la vi tan… irascible. Tampoco habíamos discutido de verdad. Ah. Y ahora me odia. Ese punto es importante —levantó el índice. Dejó caer de golpe la cabeza en la mesa—. Soy tonta. Ya la cagué para siempre.

Trajeron los cafés y hasta que el camarero se marchó, hubo una pausa.

—No creo que te odie. Pero si tiene esa personalidad difícil que dices, pues… qué esperas. Muy simpática no se la ve. ¿Por qué no pruebas a hablarle mañana?

—No creo que pueda arreglarlo. Le dije algo que… bueno —suspiró irguiendo la cabeza con pesadez y dio un trago del café—. Buaggj, qué cosa tan mala… ¡esto está muy cargado!

—Aguantarás de lujo esta noche en los photocalls. Hazme caso y bebe.

Se hizo otro silencio. Zoey acarició la tacita de porcelana durante varios segundos.

—Siento si te di una impresión equivocada. La realidad es… que no tengo muchos amigos.

—¿Bromeas…? ¿Sabes cuánta gente daría la vida por ti?

—Pero… te refieres a los fans…

—Jm. Yo tampoco tengo amigos. Y esta industria está complicada para saber quién va de frente o quién quiere darte una puñalada. Pero al menos, los fans siempre están ahí. ¿No…?

Su falta de interacción social a lo largo de las décadas se hacía patente con el avance de la charla. Mystery se percataba de que no sabía qué tema de conversación sacarle, aquella revelación le había asestado un buen derechazo a sus ilusiones. No le gustaba a Zoey. Zoey estaba en un mal de amores… con otra mujer.

—Como sea —prosiguió—, ¿qué me dices de Rumi? ¿Tampoco confías en ella lo suficiente como para contarle algo así? Me parece algo delicado.

—Precisamente porque es delicado siento que no debo decírselo, Rumi… se agobia —suspiró bajando los hombros—, tiene muchas responsabilidades y quebraderos de cabeza. Y… sé que esto afectaría a la banda. A-además… esto… —pensó bien las palabras y bajó el tono—, no sería bien recibido por BRETT. La industria suele desechar estas polémicas y sancionar a los componentes. En fin, no… no puedo hacer nada por cambiar eso. Si ellas se enteran, creo que sólo pasarían cosas negativas.

—Y supongo que eso no os conviene nada —murmuró, tratando de ocultar su satisfacción. Ella misma le estaba dando ideas según abría la boca. Zoey bufó asintiendo.

—Pues es que… imagínate los titulares… —se frotó un ojo—. Bueno, mis padres están tan inmersos en hacerse la vida imposible tras su divorcio, que creo que ni se enterarían. Eso que me llevo.

—Pues yo creo que deberías decírselo esta noche en la fiesta.

—Já —soltó una carcajada—, ¿te has vuelto loco?

—Yo siempre abogo por el amor —se excusó sonriendo de oreja a oreja—, ¿qué querías de mí, una opinión políticamente correcta? Pues lo siento. Pero soy de esos locos que lo dejan todo por un sueño, hacen la maleta y se van. Además, ¿sabes qué? Hay alguien de mi grupo que tiene los ojos puestos también en Mira. Así que yo que tú… me daba prisa antes de que lo haga él.

—¿Q… qué…? ¿De quién hablas?

—Se dice el pecado… pero no el pecador. Y te digo más… él tenía pensado lanzarse esta noche. En la fiesta, después del photocall.

Zoey volvió a sentir que sus mejillas se enrojecían. Pero esta vez no sólo de vergüenza. Literalmente sintió, por primera vez en su vida, la amarga y desconocida sensación de que alguien iba a robarle algo importante. Los factores que tenía en contra eran tantos, que se ahogaba imaginándose las posibilidades.

—¿Quién es? Dímelo, por favor… yo no diré nada.

—No puedo… dije que guardaría tu secreto, ¿no? Pues eso se aplica a cualquiera. Tengo principios.

Zoey frunció el entrecejo, algo molesta.

—Bien. Pues… que haga lo que quiera. Yo no pienso intervenir —se acabó el resto del café de un buche, poniendo cara de asco al tragar.

—En cualquier caso, puedes llevarla detrás de unos muros de ladrillo que hay en la parte de atrás. Allí no tienen permitido acercarse los fotógrafos. Conozco bien el recinto. Y… ahí te podrías declarar.

—Mystery… no haré eso, ¿vale? No es recíproco. Y como te digo, sólo traería problemas al grupo. Nos ha costado mucho llegar a este punto. Sólo… le complicaría las cosas a ella.

—Las discusiones que me has descrito se están pasando a otro nivel. Y eso es porque tu corazoncito tampoco sabe cómo gestionar las cosas. Pero bueno —alzó las manos—, yo sólo te estaba aconsejando. Por supuesto, haz lo que quieras.

Zoey asintió tímidamente. Divagó con la mirada un rato largo, dando vueltas a cómo podía sacar a Mira un tema de ese calibre. Cualquier escenario que se imaginara acababa mal. Además…

¿Cómo se supone que voy a mirarla a la cara después de decirle algo así…? Mierda… estoy jodida… y por qué… ¿y por qué se lo he contado a Mystery?

Tan…

¿Tan sola estoy…?

—Eh. Bzzz, bzz. ¿Te has dormido o qué? —chasqueó los dedos frente a su nariz. Zoey parpadeó.

—Sí, perdona. Gracias por… escucharme. Debería irme ya.

—¿Qué dices? Si llevamos quince minutos aquí.

—Ya… no me encuentro muy bien.

Mystery vio cómo empezaba a buscar en su billetera y se levantaba de la silla.

—Eh, Z. ¿Hemos quedado sólo para hablar de ti?

—¿Cómo…?

—Sabes… yo también me siento solo. Eres una buena amiga, o eso creo… ¿por qué te marchas tan rápido? —suspiró fingiendo estar dolido—, ¿acaso no te he dicho lo que esperabas y ya no te interesa seguir hablándome?

—No es nada de eso —retomó despacio el asiento—. Y siento si te hice sentir así. Es que… tampoco quiero ponerme triste delante de ti.

—Estamos todos igual, Zoey —apretó la voz, mirándola fijamente—. Esta industria es una mierda. Ya sabes lo que se espera de nosotros. Y el fracaso que supone cualquier tropiezo. ¿Crees que nosotros por ser hombres no estamos desquiciados? ¿con ganas de tirarnos delante del primer tren que pase?

—… —Zoey se le acercó un poco preocupada—, espero que no se te pase por la cabeza ninguna tontería. No sería el primer caso que veo… dando rienda suelta a esos pensamientos.

—Ni siquiera tengo tiempo para pensamientos suicidas, porque cada vez que voy a amargarme, suena la siguiente alarma. Con el siguiente evento. Lo sabes tan bien como yo. Aquí… no hay tiempo para sufrir. Sólo para trabajar.

Zoey hizo un esfuerzo y decidió pasar más rato con él. 

Fiesta promocional

Huntrix posaba en el photocall que les correspondía con vestidos impresionantes. Los fotógrafos estaban como posesos inmortalizándolas en cada ángulo; todos pedían atención para que sus rostros miraran directamente a sus lentes y no a los de cadenas rivales. Mira y Zoey apenas se dirigieron la palabra mientras Higgins, su mánager, les explicaba la situación justo antes de vestirse. Para cuando ya estuvieron caminando sobre la alfombra roja, el ruido del griterío, los flashes y el traqueteo de los invitados amenizó el tiempo. Pero Zoey no paraba de darle vueltas a la conversación con Mystery. Y no le había quitado de encima el ojo a Mira. La pelirrosa le evadió todas las miradas.

Claro que está dolida. No tenía que haberle dicho aquello. En algún momento tengo que aclararlo… o me seguirá odiando.

Rumi había pedido unas exigencias para su vestido: que tuviera mangas largas, que ocultara por completo el torso y la espalda y que fuera de cuello alto. Además, le hizo saber a Dae-ho, mentor del grupo, que no vestiría de otra manera en los próximos meses y que debía actualizar esas preferencias a todo el vestuario de los espectáculos que les aguardaba el año que viene. Estaba realmente preocupada por el avance de sus marcas… tras cumplir los veinticuatro años no habían dejado de avanzar sobre la piel y llegaría el momento en el que tocarían su gaznate. Le preocupaba. Y tenía demasiado ya con ese estrés. Pero lo que jamás se esperó era que su refugio, el espacio donde debía estar tranquila y feliz con sus amigas, se convirtiera en otro hervidero. Zoey y Mira ya no tenían trato. Las discusiones habían escalado con tonterías, pero finalmente las palabras se volvieron feas. Zoey hizo daño a Mira. Y no se hablaron en ningún momento del photocall. Ni siquiera cuando iban en coche. Se dio cuenta de que era una situación que le generaba una nueva y desagradable ansiedad. Y para mayor desgaste, tenía que lidiar sola con el otro descubrimiento: se percató de que Jinu y el resto de los Saja eran demonios. Pero decidió no contárselo a las chicas por el momento. Ellos parecían poder comportarse con cierto civismo que no era propio de los demonios… y eso llamaba su atención. Tenía que situarse y pensar en lo prioritario. Las chicas. Cuando Zoey regresó al apartamento tras la discusión, se quedó un buen rato mirando la puerta del dormitorio de Mira… pero no hizo ni dijo nada.

Y ahora allí estaban. Plantadas frente a un sinfín de cámaras y entrevistadores. Equipos enteros de cadenas televisivas que no las dejarían respirar hasta la madrugada.

Discoteca

—Zoey, ¿qué estás haciendo? Dijimos dos copas, no más. Es tu límite —regañó Rumi, agarrando su copa. Pero se sorprendió al ver que la chica se la volvía a quitar.

—Estoy perfectamente, ¿vale? No te preocupes.

—¿Que no me…? —miró a los lados y se le acercó, bajando la voz—, no habéis hecho otra cosa que preocuparme estos días. Las dos. Deja de beber, por favor, tenemos una imagen que mantener. Además… ¡eres la pequeña, qué te pasa! Dame la bebida.

—¡¡¡Apenas te escucho un pimiento!!! ¿Por qué no bailamos un rato y te despejas? ¡Estás muy gruñona!

—¡Zoey…! —Zoey la tomó del brazo y prácticamente la arrastró a la pista de baile. Allí los Saja Boys también estaban improvisando ante las cámaras. Nada serio, con un ambiente casual, los chicos compartían con otros famosos pasos de bailes mientras se reían. Mira hacía lo mismo con otras bailarinas del gremio que habían sido invitadas. Rumi bailó un poco con Zoey, pero estaba preocupada igual. Se había jalado la tercera copa. Al cabo de un rato, descansaron… pero la pelinegra volvió a la barra y pidió otra.

—Lo siento, muchacha —contestó el camarero—, su mánager nos ha pagado para que ninguna de ustedes exceda de las tres consumiciones con alcohol. ¿Quiere un refresco?

—Haha… ¿por qué no te vas al cuerno? ¡Yo te pagaré más si me das otra copa!

—Wow…

—No le haga caso, tanto bailar le está friendo el cerebro… —rio nerviosa Rumi, que la rescató de la barra. La gente de su alrededor estaba cuchicheando y miraba a la pelinegra con cierta burla. Se le aproximó al oído—, ¿ves? La gente ya está murmurando. Vamos al baño un momento. Tenemos que hablar.

—Estoy aburrida de tanto hablar, Rumi, blablablablabla… sólo haces eso —rio desinhibida y se volteó al camarero gritando—. ¡¡Conseguiré mi copa de un modo u otro!!

—Deme de lo mismo que se ha pedido ella, quiero probarlo —dijo una nueva voz. Rumi frunció el ceño viendo a Baby y a Mystery sonriéndolas desde la barra. Éste último le hizo un gesto con la mano a Zoey para que se acercara. Se zafó de Rumi, pero la volvió a agarrar.

—¿Pero qué haces? ¿Por qué vas con él, Zoey? —Para mayor temor, estaba viendo cómo los chicos no bebían esa copa que pidieron—. Quieren darte a ti esa copa.

—Pues claro que quieren, acaban de escuchar al tonto ese del camarero… que no me quiere dar más. Ni que esto fuera una guardería, maldita sea, ¡es una discoteca!

—No vas a beber más. Vente ahora mismo al b…

—¡¡Tú no eres mi madre!! —chilló repentinamente.

La música siguió sonando, pero todo el círculo las oyó y dejaron de hablar. Entonces, la incomodidad creció a pasos agigantados. Todos observaban a Rumi y a Zoey anonadados. La pelimorada se quedó tan impactada que no atinó a contestar. Esos fueron los segundos que Mystery aprovechó para verter algo en la copa. Después, se inclinó a su amigo y le susurró unas palabras antes de reírse. Baby sonrió maliciosamente y observó a Mira.

Mira, desde su posición, notó que algo ocurría con las chicas. Pero el ruido era retumbante y no le echó más cuenta. No quería aún dialogar con Zoey, no era el momento.

—Ya sé que no soy tu madre. Pero últimamente estás rara… y estoy preocup-…

—No quiero que me controles. Tú… sólo… dedícate a lo tuyo. A cuidar de ti. Que yo haré lo propio.

Rumi se sentía dolida. Zoey no solía gritar a las malas, pero ya era la segunda vez que tenía una intervención hiriente. Aunque no quisiera pensarlo, su cerebro era un traidor: le hizo visualizar una imagen de las tres fracturándose.

No puedo permitirlo… ellas lo son todo para mí.

Notó de nuevo el dolor de las marcas avanzando sobre su piel.

Es el estrés. Esta sensación de mierda hace que esta enfermedad avance más rápido. Me quema. Y me… cabrea. Más de lo que puedo gestionar.

Tragó saliva y se apartó, saliendo de entre los invitados. Zoey la miró marchar y se giró hacia la barra, aproximándose la copa. Mystery aún la aguardaba allí.

—Así me gusta, chica. Hablando clara y directa. ¿Qué se cree esa loca? ¿Vuestra jefa? —Zoey se limitó a suspirar y dio un buche portentoso a la copa. Notó un dulzor extra. Se quedó mirando el contenido, pero el chico la distrajo de nuevo—. Ah, mira… qué cabrón. Ya lo está intentando —rio con ganas, señalándole un punto de la discoteca. Zoey abrió los ojos al ver que Baby entablaba alguna conversación con Mira.

—Genial…

—Uh, te veo decaída… ¿entonces? ¿qué me dices, bailamos nosotros y nos olvidamos de todos estos capullos? —sonrió de oreja a oreja, tendiéndole la mano. Zoey se terminó la copa de un buche gordo y se aproximó con él a la pista de baile. Los fotógrafos y otro sinfín de invitados no pasaron por alto aquello. Estaban bailando, y Mystery trataba de pegarse a su cuerpo, ofreciendo los mejores planos que podía.

—No puedo creer lo que veo —murmuró la pelirrosa, cabreada—. No entiendo qué está haciendo.

—¡Eh, Mira! Llevo rato llamándote como loco.

—Ya lo sé. Te estaba ignorando —se apartó más de él y cogió su abrigo.

—¿Cómo… ya te vas? Yo venía a…

—Venías y te ibas. Aquí no se te ha perdido nada.

—Qué cruel eres —fingió recibir un dardo en el pecho y se apretó con las manos—, eh, vamos, que no te iba a pedir nada del otro mundo. ¿Por qué no tom…?

—Eh, eh, EH —Mira levantó la voz enfadada, dando dos zancadas hasta Mystery y Zoey. Acababa de presenciar cómo el tipo trataba de meterle mano ahí mismo para convertir aquel show en portada. Le dio un empujón, y entonces la gente se dispersó y formó un corro a su alrededor.

—¿Pero qué haces, Mira? —gritó Zoey.

—¿Que qué hago yo? ¿Estás dormida o qué? ¡Iba a meterte mano, lo estaba viendo!

—Pero de qué vas, loca —empezó a reír Mystery—, ¿no te cambiaron la medicación en el loquero o qué?

—Mira, imbécil… —levantó la mano, pero entonces Zoey se metió por medio y le frenó el brazo.

—Para… voy pedo y estoy lenta, pero no te sulfures —susurró mirándola fijamente—, no hagas nada que pueda perjudicarte… veo móviles grabando.

—No te reconozco —masculló, bajando la mano—. Me voy de este sitio.

Zoey inspiró hondo y contempló cómo Mira se vestía su abrigo y se marchaba por el pasillo. La gente se quedó cuchicheando al respecto, pero empezaban a ser como ecos en su cabeza. Todo estaba empezando a importarle cada vez menos. En ese momento, lo importante se estaba marchando. Se dio cuenta de lo mareada que estaba… por más que sus piernas se movían rápido, sentía una nebulosa en la mente que no le permitía pensar bien.

Pero había cosas en las que sí podía pensar bien. En las que le generaban serotonina. De pronto, dieron igual los conflictos con los Saja Boys. Daba igual las cámaras. Lo único que quería era ser sincera, porque se sentía completamente libre de vergüenza alguna.

Pasillos

—Para, Mira. ¡No vayas tan rápido! ¡Eh! —saltó y la agarró de la mano.

—¿Tienes idea del cabreo que llevo encima? ¿en qué estás pensando? —se zafó, parando de andar. Pero la mirada le cambió un poco cuando la vio trastabillar—. ¿Cómo te has puesto tan ebria?

—¿Ebria…? Yo me siento… genial… —sonrió bobalicona y abrió los brazos— ven, dame un abrazo.

Era para sorprenderse. Parecía ebria. Pero no pasaba de las tres copas. Zoey la aprisionó con fuerza varios segundos, hasta que sintió satisfecha que Mira la correspondía. La pelirrosa agachó un poco la cabeza y estudió su aspecto. Volvió a agitarse por dentro. Se empezaba a sentir nerviosa. La frotó de la espalda y la chica se hundió en su hombro.

—Bue-bueno… ya fue, ¿por qué no nos vamos?

—¿Sabes…? Mira… necesito hablar contigo en un sitio más privado. Y no puede esperar.

Cuando volvieron a conectarse sus miradas, a la más joven le centelleaban los ojos. Mira parpadeó asombrada.

—Eh, ¿estás bien…?

—¡Claro que no! ¡Te hice sentir mal! Necesito que me perdones por lo que te dije… ¡ahora!

Mira sonrió un poco, mirándola desde arriba. Le susurró.

—No hay problema. Estás perdonada.

—¿Se… seguro…? No, no es suficiente. Te dije algo que no me incumbe… y… sea lo que sea, sé que no tienes la culpa de nada. Lo sé porque te conozco.

—… —la chica presionó un poco los labios, conmovida.

—Vamos a movernos de aquí.

Parte trasera del recinto

Las chicas se precipitaron hacia el rellano exterior. Un angosto muro de ladrillos las separaba del resto de invitados. La salida daba directa a los aseos femeninos. Afortunadamente, la densidad de la muchedumbre había descendido y podían escucharse. Allí los fotógrafos no tenían acceso. Mira pensó hasta dónde podía ser sincera. No le gustaba ahondar en sus heridas y sentía que el tema de ESTOID todavía estaba reciente. Zoey volvió a abrazarla y asomó la mirada tras su hombro. La gente estaba lejos, iba y venía. Pero entre los Saja Boys seguía sin ver a Baby. El chico pareció quedarse atrás. Por la conversación previa, suponía que era él quien pretendía declararse esa noche a Mira.

—Bueno, yo… —empezó la pelirrosa.

—No. Yo primero —miró a su amiga y le tapó la boca. Mira arqueó las cejas sorprendida—. Lo que te dije es… porque me enfada que no confíes en mí. Por suerte o desgracia, nos pusieron juntas porque la audiencia nos quería… y porque tu voz era el rango que nos faltaba. Pero… para mí eres alguien importante, Mira —inspiró hondo—, al menos lo suficientemente importante como para confiarme esas cosas.

—Z-…

—No no, sigo hablando yo —la volvió a interrumpir. Sonrió tiernamente. Esta vez desplazó las manos a sus mejillas—. Hay algo más… que… q-q… que… yo…

Mira la observaba de hito en hito, impactada. Sus pupilas bajaron a los labios ajenos, pero los apartó rápido. Retiró con suavidad una de las manos que tenía sobre la mejilla.

—Zoey… creo que has bebido mucho…

—Sí… ¿y qué…? Creo… que si no estuviera borracha… no sería capaz de hacer esto… —se puso de puntillas y se encaramó rápido, atrapando sus labios.

Fue tan veloz, que los rostros chocaron y Mira se puso inevitablemente nerviosa.

Zoey cerró los ojos y trató de calmar la respiración. Estaba ebria y drogada. Pero aquello sólo la hacía sentir desinhibida… e inmensamente feliz. No había espacio para la tristeza ni el arrepentimiento. Lo que estaba haciendo era lo que deseaba hacer. Acunó el rostro de su amiga con las manos y la acarició. Mira tardó varios segundos en reaccionar. Despegó su boca despacio, centrando lentamente la mirada en Zoey. La pelinegra balbuceó y trató de besarla una segunda vez, pero Mira la agarró de un hombro.

—Tu… tú… ¿estás… vas en serio…?

—¡Sí! ¡Voy en serio! —volvió a sonreír atontada. Empezó a rozar la nariz con la ajena, acariciándola despacio. La pelirrosa no pareció aguantarlo. Entreabrió los labios y dio un suspiro de sorpresa, volviendo a agarrarla de los hombros.

—Prefiero… prefiero hablarlo por la mañana. Cuando estés sobria.

—…

¿Pero qué hace…?

Para sorpresa de Mira, su compañera volvió a besarla. Había algo atrayente en verla libre de todo prejuicio, borracha como una cuba. Ahora sabía la verdad y eso la llenaba de dudas. Porque ella también la deseaba. Pero jamás imaginó ser correspondida. Zoey no le dio jamás sensaciones de haber estado con una mujer… ni siquiera la creyó capaz de haber sostenido alguna relación. En su caso, sólo había vivido desamores desde que estaba en el instituto, aún recordaba a Sarah. Zoey no era la primera chica en la que se fijaba, pero jamás se aventuró a permitirse algo así. Mientras la besaba, empezó a notar una poderosa sensación térmica que le despertó la libido. Y eneso, sí que tenía más práctica. Sabía lo que era el sexo, algo que estabasegura que su compañera no conocía. Zoey la besaba con lengua y balbuceaba encantada, y al final, la estaba contagiando de sus ganas. Respiró entrecortadamente y al cabo de unos segundos se obligó a quitar la cara.

—Zoey… vámonos a casa. Esto hay que hablarlo en otro lugar.

—No vas a cambiarme por ese inútil de los Saja… ¿verdad…?

—Definitivamente vas pedo. Ni siquiera sé de quién hablas… —vio a Zoey trastabillar y la agarró rápido—, anda, vámonos.

Alguien las vio irse agarradas del brazo. Bajó de un salto silencioso y se encendió un cigarrillo.

¿Cómo de rápido se acabarán sus carreras ahora? No puedo esperar a verlas caer. 

De madrugada

Dormitorio de Zoey

—Ven aquí… ¿adónde vas? —dio un fuerte tirón de su brazo, haciendo que Mira tropezara de nuevo sobre la cama. Sus rostros quedaron de frente—, ¿vas a dejarme dormir sola después de lo que te he dicho?

—Tú… estás muy sobradita, ¿no? —murmuró la pelirrosa. La recorrió con la mirada—. Creo que debes descansar. Puede… puede que lo que digas ahora mañana haya cambiado.

—Estás loca… —dijo entre murmullos, los ojos se le cerraron y el peso de la cabeza cayó en la almohada— yo sé muy bien lo que digo…

Mira observó que la mano de Zoey ya no la agarraba. Se estaba quedando dormida. Cuando la oyó respirar acompasadamente, susurró.

—No soportaría que cambiaras de idea.

—No soportaría que cambiaras de idea

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