CAPÍTULO 10. A la basura
Tengo que ignorarle, se repetía Rumi mientras llegaba hasta la clínica. Tengo que ignorarle porque él no sabe lo que puede pasar, no es adivino. Ni él ni nadie sabe qué significa esto que me está pasando.
«Tendrás que elegir entre ser un demonio o morir.»
Consulta médica
Zoey acompañó a Mira en lo que Rumi llegaba de salir con su tía -o eso les había contado-. Les explicaron el significado de las radiografías y recomendaron esa misma semana una resonancia para averiguar cómo de laxas estaban las estructuras que soportaban sus huesos en la zona inflamada. Afortunadamente, no había vuelto a dislocarse la muñeca como aquella vez. Mira respiró más tranquila.
—Ya podría haberte pedido perdón… ¡ya sólo por quedar bien! —masculló Zoey, acariciándole la mano vendada.
—No seas cría, esto no duele nada.
El médico le entregó una copia de las radiografías en un sobre y sonrió.
—No recomiendo los deportes de contacto. Y si están obligadas a trabajar este mes, en el baile tendrá usted que tener restricciones.
—Me lo imaginaba… en fin, me pondré a la derecha. Si no soy demasiado brusca, no noto dolor. ¿Cree que alguna vez podré recuperar…?
—Al cien por cien, lo dudo. Al tener un soporte laxo, es… por mala cicatrización. En fin, bueno, sí, cicatrices al fin y al cabo. Cada vez que uno padece una luxación, aparecen cicatrices. Se quedan para siempre, pero es cierto que con rehabilitación se recupera mucho. Agradezca que… no es grave y que puede hacer vida normal. Sólo no la fuerce, porque tiene esa zona muy delicada ahora.
—Está bien.
Esta vez, el hombre le facilitó una venda con un soporte especial. Tenía una férula lateral. Con la venda puesta aún, la tomó de la mano y fue colocándole la férula. Hubo un tramo en el que Mira arrugó el ceño. La férula era totalmente rígida e incidía en el hueso.
—Esto duele un poco, pero al cabo de una hora se sentirá mejor. No se la quite ni siquiera para dormir durante un par de días.
—Es muy incómodo… —dijo, incapaz de ocultar el dolor. Presionaba demasiado justo donde tenía el foco del dolor— ¿podría aflojarla?
—No. Aguante. Mañana dolerá menos.
Mira suspiró, más cabreada. Aquello no le gustaba nada. De pronto la puerta sonó y Rumi la abrió poco a poco.
—¿Chicas…? —asomó un poco la cabeza.
Zoey presionó los labios y miró a otro lado. La pelirrosa quitó hierro a la situación.
—Hola, Rumi. Vámonos, aquí se ha acabado ya.
—¿Cómo te encuentras? —las aguardó hasta que salieron de la consulta.
—Bien… tengo buen pronóstico. Pero tengo que dejarla descansar un poco. Y llevar una férula.
Rumi intentó tantear a ojo la gravedad de lo que le veía. Esa férula no tenía buen aspecto del todo y abultaba demasiado. ¿Cómo se suponía que entrenarían así para la final?
—Siento mucho lo ocurrido.
—Descuida. Esos entrenamientos son agotadores.
—Pienso llamar a Dae-ho y pedirle un aplazamiento de la final —soltó Zoey, sacándose el móvil del bolsillo de su chaqueta. Rumi tuvo un arranque y se lo quitó de golpe, casi sin darse ella misma cuenta. Las tres pararon de caminar y Zoey gritó—. Pero bueno, ¿es que aquí nadie respeta mi móvil? ¡Que es mío! —se lo quitó de las manos. Empezó a buscar en sus contactos el número de su mentor.
—Per… perdona. Es que… —empezó Rumi. Mira la miró atenta.
—Zoey, es una locura —completó la pelirrosa—. Él no tiene la potestad de cambiar algo así, esa fecha lleva fijada todo el año.
—Va a querer buscarse las habichuelas cuando vea que si no, nos retiramos.
Las otras dos se miraron casi asustadas. Rumi la calmó levantando las manos.
—Zoey, tranquila. Se pueden modificar varios pasos. Además… —miró la férula y luego a Mira—. Seguro que el día de la final puedes quitártela para actuar, ¿no? No será nada, sólo unos minutos.
—Sí, podré.
—Bueno, eso no lo sabemos. Pienso hablar con él igualmente.
—Eso no es justo, Z, llevamos mucho entrenando para esto —Rumi la tocó del hombro.
—A veces los imprevistos ocurren —murmuró ella, mirándola fijamente—. ¿Cómo pretendes que se suba al aro en estas condiciones? Son acrobacias circenses, tú misma lo dijiste.
—En ese caso… subiré yo sola.
Zoey parpadeó algo extrañada.
—…
—Bueno, tú también puedes, pero sería más visual si subimos las tres… o una sola. Porque si sólo una se queda abajo es raro, ¿no?
—Sería realzarte a ti. Ya veo.
A Mira no le gustó la actitud de ninguna. Zoey le estaba recriminando cosas que no creía verdad. Se sentía rara siendo ella la que estaba en medio, escuchando aquel cruce. Iba a intervenir, cuando Rumi dijo algo aún más raro.
—Bueno… no sería raro —se puso recta despacio—, a fin de cuentas, yo soy la cabeza de cartel. —Zoey sonrió desganada al oírla. El silencio se volvió tenso entre las tres. La de pelo morado no se sintió mejor. Tomó aire y soltó más cabreada—. ¿Y cuándo pensabais decirme que follábais?
Zoey bajó de golpe el móvil, tan sorprendida como avergonzada. Miró a Mira rápido y agachó la cabeza, nerviosa. Mira no tuvo ese cambio. Se encogió de hombros.
—No hemos tenido ocasión de decírtelo.
—Y yo pensando que vuestras discusiones eran tan tontas… ¡eran celos, desde el principio! Aunque de ti me lo esperaba —miró a la más alta. Luego a Zoey—. De ti no. ¿Sabe Mira lo estirados que pueden llegar a ser tus padres con este tema?
—Mis padres… ya, pues… pues… al primero que se lo voy a contar… es… a Dae-ho —dijo apretando los dientes, se había encendido. Se dio media vuelta y Rumi la miró impactada.
—Te has vuelto loca, Zoey. Vas a cargártelo todo y lo sabes.
—¿Qué es lo que va a cargarse? —preguntó Mira, confrontándola.
—¡Ay, por dios! ¡No quieras dártelas de progresista! Ya sabes en qué país vivimos, joder, NO ERES UNA SANTA, esas personas son bestias que destripan socialmente a otra gente por estos temas. Seréis carnaza. Durará un tiempo que un grupo esté de vuestro lado y luego… a la basura. Se deshacen de trabajadores así, ¡y lo sabéis perfectamente! Mira, esta tarde viene ya el equipo de grabación. ¿Crees que esto es sencillo?
—Es una tranquilidad saber que contamos con tu apoyo —dijo irónica la pelirrosa, pasando por su lado.
¿¡Por qué se cabrea conmigo!? Sólo digo realidades…
Zoeyse había alejado. Llamó por móvil a Dae-ho, alegando que necesitaba hablar con él urgentemente y que había problemas en el grupo.
«Estoy ahí en dos horas. Se suponía que Rumi tenía que avisaros de que el equipo de grabación se instalará en vuestro piso dentro de dos horas. ¿No os lo dijo?»
Zoey miró a Rumi, persistía discutiendo con Mira a lo lejos.
—S… sí, creo que venía a decírnoslo… pero se han despendolado un poco las cosas. Hay que hablar. Es urgente. Antes de que venga el equipo técnico.
Rumi, Zoey y Mira se introdujeron en el coche con su chófer y viajaron en silencio. La de pelo morado pensó en sus nuevas cartas sobre la mesa. Se sentía bien jodida. Y sentía que acababa de herir a su propio equipo.
¿Estaba todo perdido?
¿Qué tengo si no las tengo a ellas? ¿Tengo algo? Esta fama… no durará…
Sintió ganas de llorar. El cuello volvió a dolerle, y sintió que su piel repiqueteaba. Era el avance de esa maldición, las marcas se extendían y por primera vez se hacían notar… porque ahora, escocían. Tragó saliva y luchó por tranquilizarse.
No, no está todo perdido. Podían triunfar. Deseaba aferrarse a la idea de que, si seguían las tres juntas, el honmoon no perdería fuerza.
Apartamento Huntrix
No tuvieron que aguardar dos horas. Al cabo de unos cuarenta minutos, un todoterreno negro y polarizado aparcó en las inmediaciones. Dae-ho y su hermana Mi-sun, enlazados con la directiva de BRETT, venían a ver a las muchachas y pretendían hacerlo antes de que llegara el equipo de grabación.
—¿Cuál es el problema? Zoey, hablabas preocupada —dijo Dae-ho, recibiendo con una sonrisa el café que Rumi les había preparado.
—Éste es el problema —se adelantó la de pelo rosa, elevando la mano con la férula.
Los hermanos se miraron entre sí y volvieron la vista a su mano.
—¿Te has lesionado? ¿Es grave? —preguntó primero la mujer.
—No, n-…
—No podremos realizar lo que estaba planeado con los aros colgantes —la interrumpió Zoey—, porque ella no puede. Así que habrá que cambiar algunos pasos. El médico no le ha recomendado hacer movimientos muy bruscos.
—Ahhhh… bueno, Zoey… me habías asustado, pequeña —se palpó el pecho riendo—, tranquila. Supongo que el diagnóstico médico llegará pronto a la compañía si Mira dio autorización… pero si eso es todo, no hay problema. Rumi subirá al aro. Y vosotras dos continuaréis con los pasos básicos en el escenario.
No es que les afecte mucho, pensó la pelinegra, con una ceja elevada.
—Bueno —repuso—, está bien.
—¿Eso era todo? ¿estáis de broma? —interrogó Mi-sun. Recaló la mirada en Mira—. ¿No hay nada más que decir?
—En realidad… sí que hay algo más —volvió a decir Zoey—. Es… es… yo… bueno, a ver… resulta…
—Madre mía —Rumi puso los ojos en blanco—. No pasa nada más. Zoey se asustó. Lamentamos el viaje en balde, pero eso era todo.
Zoey parecía incapaz de decirlo. Se había puesto colorada. Era como si no fueran a salir aquellas palabras de su boca. Lentamente desplazó sus ojos culpables a Mira, quien le sonrió de lado y le acarició la cabeza. Hizo un gesto suave, restándole importancia.
Pero ni la actitud de Zoey ni la respuesta de Rumi resultaron convincentes para ninguno de los hermanos. Dae-ho suspiró. Ellos sí que habían asistido por un motivo adicional.
—Bien. Mi-sun, acompáñame un momento.
Salieron sin intercambiar palabras con ninguna. Zoey cerró los ojos, aún cabizbaja en el sofá, y dio un suspiro.
He estado a punto de soltárselo, pero… no… no sé… lo que Rumi ha dicho antes…
«…Esas personas son bestias que destripan socialmente a otra gente por estos temas. Seréis carnaza. Durará un tiempo que un grupo esté de vuestro lado y luego… a la basura. Se deshacen de trabajadores así.»
Pero yo no estoy haciendo nada malo. ¿Mi público va a odiarme aun así?
Rumi tenía razón en otra cosa. Sus padres. La amaban, pero no se tomaban esos temas a la ligera. No tenía claro qué sentimientos podría despertar en ellos… aunque eran personas descarriadas para muchas cosas. Suspiró largamente y se empezó a frotar los ojos. Mira se inclinó despacio a su rostro, susurrando.
—¿Qué ocurre…?
—No sé —dijo, retirándose las manos. Tenía los ojos algo enrojecidos. Antes de continuar hablando, Mi-sun entró en el salón y señaló a Zoey.
—Zoey, ven un momento con nosotros. En privado.
La pelinegra miró a sus compañeras y se levantó del sofá. Caminó tras ella. Rumi y Mira se quedaron algo traspuestas al perderla de vista.
Al otro lado de la puerta, en la sala de estar donde normalmente las chicas se reunían para organizar sus calendarios a la vez, Dae-ho las aguardaba sentado en una silla. Sonrió al ver a una Zoey afligida.
—A mí no puedes engañarme, Zoey. Cuenta, ¿qué pasa? No te conocimos ayer, ¿sabes? Y a Rumi tampoco.
Mi-sun tenía sus propias sospechas. Sospechaba de Mira. Llevaban dos años con ella, pero bien era cierto que costó al principio que se sintieran amigas de verdad… a fin de cuentas era la nueva. Zoey dejó caer los hombros al sentarse y se frotaba los dedos de las manos.
—Rumi está rara. Y yo… no estoy bien. Necesitamos un descanso. Pero Rumi no quiere descansar, quiere acelerarlo todo. Siento que no llego —los miró, entristecida—, no puedo contentar a todo el mundo.
—¿No te va bien con el psicólogo que te pusimos los fines de semana?
—Es… es muy útil, pero… él lo relaciona todo con mi familia. No le quito razón. Pero al final, todo desemboca en ellas. Creí que podría aguantarlo hasta la final, pero me estoy agobiando. Y… conozco a Rumi… ella está mucho peor y no abre la boca. Acabará perdiendo el juicio.
—Bien, tomaremos medidas al respecto. Y hablaremos con ella.
Zoey asintió débilmente. Sonrió un poco.
—Sí. Creo que se siente sola.
Hubo un silencio prolongado. Tan prolongado, que al cabo de varios segundos, Zoey levantó la cabeza y los miró. Mi-sun la observó con fijeza y carraspeó.
—Zoey. ¿Qué podrías decirnos de esto?
—¿Uhm…?
Mi-sun sacó de un sobre blanco un folio, que volteó y depositó en la mesa. Zoey sintió que se moría de la vergüenza ahí mismo. Era una foto de ella dándose el lote con Mira en la fiesta de inauguración del pub y la marca Geranial. Subió la mirada a los hermanos, que casi la devoraban, y se sintió como si la interrogaran en una sala llena de focos.
—¿Es real esta foto? La recibió el equipo informático, y desgraciadamente está empezando a circular por toda la agencia.
—… —la chica trataba de conectar frases, pero sus labios sólo daban formas en silencio, sin saber empezar.
—Querida —Dae-ho se dirigió a su propia hermana para calmarla—, habla un poco más suave. Esta foto no tiene que significar nada. Sólo dinos… es real, ¿no?
—Es… real —murmuró.
—No, no es real —cortó la mujer, escandalizada—. Y jamás volverás a repetir que lo es. ¿Estamos?
—¿Q… qué…?
Dae-ho sabía que su hermana era un bicho con tacones. Tenía mal genio, era impaciente y hostil cuando las cosas no salían como ella esperaba. Se desayunaba, merendaba y cenaba con patatas a las niñas como Zoey, que aún eran manipulables en la industria. Generalmente lo lograba. Hacía que «sus estrellas» actuaran como ella quería. Pero Zoey le miró a él, porque en ese caso concreto… Zoey y Rumi confiaban más en él. Y eso era lo desesperante para Mi-sun. Las chicas no conectaron con ella, sino con su hermano.
Para suerte de Mi-sun, ante aquel tipo de imprevistos… tenían la misma mentalidad.
—Zoey, tranquila. No pasa nada. Es una foto real, ¿verdad? ¿Os emborracharon a pesar de que les pagamos para que no os dieran más de tres copas? ¿Es eso lo que te avergüenza reconocer?
—Rumi dice… que la gente no puede enterarse. En parte la entiendo. Sé que lleva razón.
—¿Enterarse de qué? ¿Sois pareja? —preguntó él con la voz suave.
—¡No, no tanto así! Conozco a Mira desde hace dos años, no más… pero siempre fuimos amigas y ya está. Esto… lo he estado gestando yo por mi cuenta. La que se emborrachó fui yo, y yo la besé. Algún mirón nos habrá fotografiado.
—Genial, entonces. Pero como tú misma dices, sois amigas.
—Sí, pero…
—Sois amigas, ¿no?
—… sí. Sí, así es.
—Entonces no tenemos por qué preocupar a nadie —se echó en el respaldo y señaló la foto con la palma de la mano, tranquilo—, mira, hemos visto ya casos así. Pero la realidad es que… aunque se genere mucho bombo, las repercusiones a medio y largo plazo siempre son negativas. Siempre. A la gente no le gusta la homosexualidad en este país si se sale de las películas eróticas. Me parece natural que explores tu sexualidad. Sois chicas que apenas habéis tenido adolescencia y tenéis más opiniones externas en la cabeza que las propias. Es lo que tiene subir una foto y que treinta mil personas la comenten el mismo día. ¿Entiendes por dónde voy?
—Sí, Dae-ho. Te entiendo. Me aconsejas que no diga nada, ¿no?
—Será un problema. Para las tres. Y no voy a mentirte, también para la industria.
—Sobre todo para la industria —recalcó Mi-sun—. Os ven muchas niñas pequeñas.
—Además… es sólo tu amiga —volvió a decir él—. Tu compañera de piso, de trabajo… en fin. De todo. Es normal que estés confundida.
—Siento… siento lo de la foto —dijo apenada—, fue mi culpa. No quiero que Mira tenga repercusiones. Yo… yo fui quien la besó.
—¡No te preocupes! Ah, pequeña, en serio, ¡tranquila! Ya está todo arreglado.
Dae-ho sonrió ampliamente. La sonrisa logró apaciguarla, porque siempre que Dae-ho tenía la solución… acertaba. Llevaba años trabajando con él y siempre tenía razón. Se levantó y le miró algo esperanzada.
—Sólo dime lo que tengo que hacer… supongo que la foto acabará en redes sociales si os la mandaron como amenaza.
—El informático dice que la IA está muy avanzada hoy día. Esta foto pasa perfectamente por una recreación de IA. Diremos que es falsa.
—Pero no es falsa. ¿Y si alguien de la fiesta luego quiere hablar?
—No te preocupes, pequeña. Está todo pensado. Normalmente a tanto no llegan esas personas… teniendo en cuenta que quien os tomó la foto sea un famoso, pues los fotógrafos tenían restringida esa zona.
De pronto Zoey tuvo un cortocircuito. Recordó las palabras de Mystery en la cafetería.
«…puedes llevarla detrás de unos muros de ladrillo que hay en la parte de atrás. Allí no tienen permitido acercarse los fotógrafos. Conozco bien el recinto. Y… ahí te podrías declarar.»
¿Ha sido él…? No.
—Bueno, entonces por aquí hemos terminado. Mi-sun, dile a Rumi ahora que venga. Ya queda poco para que vengan los cámaras.
Zoey iba a abandonar la sala, pero en cuanto Mi-sun salió, su hermano chistó rápido.
—Espera, Zoey, ven.
—¿Sí…? —se acercó a él.
—No le digas nada a Mira ni a Rumi de esta conversación, ¿de acuerdo? Os queremos enfrascadas en lo importante. Cuando la final se dé, sea cual sea el resultado, os arreglaré unas vacaciones largas. De dos meses por lo menos. Os las merecéis.
Vacaciones. ¿Alguna vez he tenido más de cinco días libres seguidos…?
Zoey sonrió llena de felicidad.
—¡Sí! ¡Eres el mejor! —le abrazó.