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CAPÍTULO 12. Carga de amor


Fue un día agotador y sería una noche agotadora. Rumi dio un interminable suspiro cuando por fin el equipo de grabación se marchó. Habían dejado todo el tinglado de cables, altavoces, ordenadores y cámaras en una de las estancias, así que era un hecho: el programa de sus vidas seguía su curso, y no tenían claro por cuánto tiempo. Seis horas diarias, tal y como acordaron, durante cuatro días a la semana.

—Voy a la cama. No puedo más —se despidió Rumi.

Mira bostezó largamente y se tumbó al lado de Zoey en el sofá. Escribía algo en su pequeña libreta.

—¿Estás componiendo? ¿Puedo mirar?

—¡Claro que no! —rio Zoey, cerrando rápido la libreta—, son letras que seguramente no lleguen a ver la luz. Pero me gusta escribirlas igual.

—Anda, deja cotillear… —trató de quitarle la libreta, riendo con malicia al ver que se revolcaba. Zoey abrazó la libreta y le dio la espalda.

—Ni lo sueñes. Le pondré candado, ¡lo juro! —Mira se echó a reír y se le pegó desde atrás, empezando a hacerle cosquillas. Zoey se partió de risa intentando evitarla, pero el cuerpo le reaccionaba solo y se estaba poniendo colorada—, ¡¡para, Mira, para…!! ¡¡Jsjsjsjsjs…!!

—Yo paro en cuanto me lo muestres —rio cerca de su oreja, sin parar de hacerle cosquillas. Zoey se abrazó aún más a su libreta.

—¡¡Ni hablar!! —estaba perdiendo el resuello de tanta risa; sin querer se movió más fuerte e hizo que Mira parara. —Buf, ibas a matarme… ¿estás bien…?

—Sí, sí… —sonrió mirándola. Zoey siguió su mano con la mirada y la acarició despacio.

—Te he dado en la férula, perdóoooon…

—Jm. Hoy podría quitármela… para ver qué tal paso la noche.

—Fue lo que dijo el médico —convino la pelinegra—, deja que te ayude —le desenganchó el velcro y aplicó presión en una de las correas hasta que la desenganchó. Era la correa que apretaba la férula contra la lesión, por lo que su amiga sintió un alivio indescriptible cuando se la retiró. Zoey se la acarició lentamente.

Mira se limitó a sonreír. El dolor amainaba rápido. En lo único que pensaba cuando la veía y la tenía tan cerca, era en la noche que compartieron. Había pasado poco, pero las circunstancias no fueron las mejores desde entonces y el ambiente con Rumi había estado raro. Zoey le devolvió la mirada y sonrió con inocencia, siguiendo con las caricias. Pero… la pelirrosa dejó de sonreír poco a poco.

—¿Me das un beso?

—Ahmmmmm… —fingió poner cara pensativa. Sonrió más traviesa, sin responder. Mira no pudo contenerse y se pegó más, atrincherándola entre el respaldo del sofá y su propio cuerpo. El notarla tan cerca a Zoey también la ponía nerviosa. Su cuerpo, su aroma, su pelo… todo en Mira le encantaba y la hacía sentir bien. Le parecía muy guapa. Mira se humedeció los labios lentamente y bajó la mirada por el cuerpo que tenía justo enfrente. Suspiró entrecortada y posó la mano en su blanco cuello, acariciándolo despacio. Zoey cerró los ojos al notarla.

Qué calma… podría morir aquí…, pensó en un remanso de paz. Se agitó al notar que Mira le daba un beso cálido en la mejilla, para rozarla después con la nariz. Ella… lo hace parecer tan fácil… Zoey inspiró hondo y más decidida se giró hacia ella, rodeando su cuello con un brazo. Se ajustó para estar más cerca de su cara y alcanzó sus labios. La saboreó un par de segundos, pero se distanció enseguida. Entonces Mira ya estaba drogada y la buscó, pegando más aún su cuerpo. Comenzó un beso más apasionado y ciñó los dedos en su ropa, no quería que se le separara ni un centímetro. Zoey bajó también la mano por su cuerpo y la introdujo bajo la camiseta oversize que llevaba. La pelirrosa dejó de besarla un instante, suspirando en un hilo de voz al sentir que le masajeaba un pecho por encima del sostén. Balbuceó y la buscó de nuevo en la boca, pero la otra susurró.

—Vamos a tu cuarto, Mira… aquí puede venir Rumi.

Les costó despegarse. Cuando se incorporaron y torcieron hacia el dormitorio, Zoey fue consciente de las cámaras apagadas que poblaban ahora también el apartamento. Estaban colocadas, listas para grabar, pero desenchufadas y enfocando el suelo. Convirtieron la casa en un estudio de grabación. Fue un pensamiento que la desalentó un poco, pero recordó de pronto la palabra mágica de Dae-ho. «Vacaciones». «Vacaciones.» ¿Y si viajaba con Mira muy lejos, allá donde no había luces, focos ni redes sociales? ¿Eso existía? Mientras atravesaban el pasillo la agarró de la mano. Mira paró de andar y se ruborizó un poco, bajando la atención a esa unión. Apretó su mano con más fuerza y de un tironcito la introdujo en su habitación.

Dormitorio de Mira

Entraron besándose y dando una patada a la puerta para cerrarla. Mira le envolvió la cintura con ambos brazos, haciéndola caminar hacia atrás hasta que aterrizaron sobre la cama. Zoey hundió las manos detrás de su cabellera rosada, sosteniéndola para besarla con más ganas. Mira respiraba como si estuviera nerviosa; en mitad de uno de los besos le metió la lengua y se volvió más intensa. Su amiga correspondió encantada. Volvía a crecer esa sensación de calor ardiente al tenerla encima. Sentía como si no hubiese estado con ella hacía mucho más tiempo y la añoraba incluso teniéndola ahí mismo, pegada. La agarró de las mejillas y susurró en su boca.

—Quítate la ropa.

Mira se arrodilló sobre la cama y se deshizo de la camiseta que llevaba. Su compañera sonrió al mirar su cuerpo. Le encantaba su estilo. Llevaba un sostén de encaje negro que casi parecía un corset rockero. Combinaba genial con la cinta negra que adornaba su cuello. Se quedó con la ropa interior puesta, pero no iba a ser la única, porque enseguida Mira la tomó de las manos y tiró suavemente para indicarle que se sentara. Le levantó la camiseta de pijama que llevaba puesta y se puso algo colorada al ver que no llevaba sujetador. Rio maliciosamente.

—Eh, qué te pasa… ¿de qué te ríes…? Yo ya iba a dormirme… —cruzó los brazos tapándose los senos. Mira se mordió el labio con diversión y gateó sobre la cama para ponerse a la altura de su rostro. Empujó tiernamente su nariz contra la de ella.

—Las tienes bonitas —le susurró, dándole un pico.

—Has… ¿has visto muchas…?

—Algunas —musitó en su oído antes de morderlo. Zoey sintió un fuerte escalofrío y cerró los ojos. Se sentía en desventaja, Mira sabía mejor qué hacer… y ella también quería hacerla sentir bien. Dirigió la boca a su cuello y lo besó despacio. Mira se relamió los labios y sonrió un poco. Se estaba excitando rápido, como si llevara años sin follar. Y más se prendió al notar las manos ajenas abriéndole el broche del sujetador. Movió delicadamente los hombros para dejar caer las tiras y la prenda cayó de inmediato. La pelinegra bajó los besos por uno de sus hombros y volvió a agarrarla de los pechos, estrujándolos a la vez. Mira se puso todavía más nerviosa y dio un suspiro de impresión.

Lo que se tiene una que contener para no asustar.

Los ojos se le fueron a la mesita de noche. En el compartimento inferior y cerrado bajo llave tenía un baúl con juguetes sexuales. Llevaba más de un año sin utilizar ninguno. Se preguntaba si hacerla partícipe de las cosas que se le pasaban por la mente -y que llevaba mucho sin hacer- la asustarían como un cervatillo. No quería joderla con Zoey.

—Huh… —tensó un poco la mandíbula al sentir un agradable dolor. Zoey soltó uno de sus pezones y la miró rápido.

—¿Te ha dolido?

—No… —la calmó, acariciándole su corta cabellera. Le soltó el moño deshecho que tenía y le envolvió la cabeza con ambas manos, dirigiéndola sutilmente a su otro pecho. Zoey cerró los ojos y lo envolvió con la boca, con auténticas ganas. Mira discernió, incluso en la oscuridad del cuarto, el brillo de su lengua húmeda cuando la arrastró sobre su pezón. Eso la puso más cachonda aún. Zoey sintió cómo la segunda vez que lo lamía, éste ya estaba completamente duro. Volvió a metérselo en la boca y la abrazó fuerte, constriñendo su estrecha cintura. Se dio cuenta de que explorar más el cuerpo de Mira le estaba gustando. Su olor le encantaba. Pero eso sí que no era nuevo.

Por eso me encanta ponerme su ropa.

Sus pupilas se acostumbraron a la oscuridad. Podía ver con claridad los pechos que tenía delante, brillando por el paso de su boca. Al bajar más la mirada, tragó saliva mirando sus bragas. Quería continuar, pero no se sentía capaz.

No tuvo que decidir. Mira le levantó la cara con un par de dedos y la devolvió a la realidad con un beso más demandante. La chica balbuceó por sorpresa cuando la postró bocarriba en la cama de un empujón más seco. La volvió a deshacer de las prendas inferiores que le restaban, igual que la primera vez. Zoey se moría de la vergüenza en aquel punto. Era la primera persona que se las encontraba así con su coño. No tenía mucha idea de qué aspecto tendría para ella. Pero a Mira pareció importarle bien poco. Su despertar sexual había sido hacía ya varios años, antes incluso de tener la desdicha de generar otros traumas. Lo que vio le gustó. Zoey emitió un suspiro más cobardica cuando sintió que la mordió en la ingle.

—¡Ay!

Mira soltó su muslo de entre los dientes, pero no apartó la cara. La observaba con la malicia de alguien más experimentado que se divertía un poco. En vez de alejarse, se aferró más, envolviendo sus muslos con los brazos… hasta ceñir un poco la punta de las uñas en su carne. Zoey tragó saliva.

Ay mi madre, pero si parece que me vaya a explotar el corazón… ¡me arde hasta la cara!, pensó la pelinegra. Mira la observaba de hito en hito. Eso logró que al final Zoey chistara con la lengua, completamente intimidada. Le puso la mano en la cara.

—¡No me mires tan directamente con la cara ahí, joder…!

Mira se carcajeaba intentando no subir demasiado los decibelios. Por más que movía la cara su compañera se empeñaba en cubrirla. Y había empezado a revolverse. Al final tuvo que soltar una de sus piernas y le apartó la muñeca, volviendo a comérsela con la mirada.

—¡Mira…! Ufg… —se cubrió a sí misma la cara. La pelirrosa no le hizo ningún caso, ni contestó. La respuesta fue arrimarse más y humedecerse algunas yemas antes de comenzar a masturbarla un poco sobre el clítoris. Distanció levemente sus labios vaginales al presionar derecho e izquierdo con dos dedos, pero la chica se volvió a mover casi por espasmo, muerta de la vergüenza. Mira sonrió. Adoraba cada mínima reacción de aquel cuerpito.

—… —Zoey se puso mucho más nerviosa de pronto. Se tapaba la cara, sí, pero no importaba que no la estuviese mirando. Mira volvió a lamerla y a chuparla. Besó su clítoris y lo cubrió con la boca, sin dejar de estimularlo en círculos, y aquello despertó en ella una excitación anormal.

Nunca me he sentido así…

Bajó una mano a su propio pecho, estimulándose. Mira ya estaba completamente enfocada y en ese momento sólo disfrutaba de comerle el coño. Cuando dejó de notar tanta tensión en las piernas de Zoey se acomodó mejor y centró la lengua en el clítoris. Zoey volvió a contraerse de placer y esta vez dejó el antebrazo tapándole los ojos. De sus labios quebró un gemido al notar de nuevo que la frotaba en círculos con los dedos justo después de usar la lengua. Mira ahora sí la observaba un poco, alternando con su coño. Estudiaba la longitud de sus propias uñas. Pero lo salida que estaba empezando a ganar la partida. Se escupió en los dedos y los deslizó sobre todo su sexo, en descendente. Dos de sus yemas notaban la blanda cavidad al tocar más abajo. Con cuidado, adentró el dedo corazón. No podía verla a los ojos, pero sí detectaba su expresión. Zoey se mordía el labio a medida que se metía en ella, y la pelirrosa podía casi sentir cómo aquella imagen se trasladaba directamente a su propio coño. Sintió claramente cómo lubricaba. Sólo con verla. Adentró más el dedo, hasta el final, y lo dejó varios segundos quieto allí.

—No me duele —adelantó Zoey, en un hilo de voz. Todavía seguía con el brazo encima. Mira asintió sin verbalizar nada y se encaramó de nuevo sobre el clítoris. Comenzó a penetrarla despacio mientras besaba y chupaba sobre su clítoris. No tardó demasiado en notar, con el paso de los minutos, que Zoey respiraba más pesadamente. Sus pechos tenían los pezones completamente erizados y veía cómo su ejercitado vientre ascendía y descendía por los nervios. Mira desconectó los labios de su coño en un suspiro, haciendo frente a su propia excitación en silencio. Le introdujo otro dedo más y al no sentirla protestar, aceleró el ritmo. Zoey la agarró del pelo para presionarla sobre su coño y eso la hizo aumentar más aún la velocidad.

—Ah… joder… si sigues así… hmg…

Mira notó que la tensión regresaba a esas piernas. Curvó más los dedos que le tenía metidos hacia arriba para estimularla en el punto G y Zoey abrió los ojos, bajando la mano a su mejilla para darle toquecitos.

—Así no… casi te meo encima…

Mira sólo la miró con la boca igual de ocupada. Sus ojos eran perversos, se estaba riendo de ella sin contestarle, porque justo entonces volvió a repetir el movimiento. Zoey gimió más fuerte y dejó caer la cabeza a un lado. Pero en realidad, justo después de que volviera a presionarla allí, la lengua frotaba con más velocidad su clítoris, y sintió que el placer regresaba con más fuerza aún. Comprendió que se acercaba al orgasmo. Jadeó palpándose un seno casi por inercia. No se daba ya cuenta. Se dio cuenta cuando Mira la secundó, agarrándole el otro pecho con muchas más ansias. Lo estrujaba con fiereza, pero nunca llegaba a hacerle daño. Esa presión tan fuerte le gustó. Aquel agarrón entorpeció sus propios suspiros y abrió la boca de a poco, respirando velozmente. Mira se excitó cuando justo después de esos suspiros tan seguidos empezó a gemir de otro modo, más agudo, y su cuerpo se tensó entero al correrse.

Sólo de escucharla, Mira había llegado a ese pico de excitación que también avecinaba su orgasmo. Y aunque no desembocó en uno, se sintió pletórica. Jamás le había pasado que se hubiera puesto tan encendida por provocar un orgasmo a otra mujer. Excitada y nerviosa, bajó una mano a su propio coño, verificando la gelatina que tenía allí abajo. Estaba tan lubricada que el dedo se le resbaló solo hacia dentro. Tragó saliva y recuperó la postura que había mantenido antes, con las rodillas sobre el colchón. Respiraba agitada mientras agarraba a Zoey de un brazo para situarla como quería, algo más en diagonal en la cama, y se cargó una de sus piernas sobre el hombro. Zoey aún respiraba agitada, dejándose dirigir, entre sofocos.

—Ah… —gimió más fuerte. La estimulación era aún muy alta y Mira acababa prácticamente de golpearla con el pubis, en su búsqueda de la postura que deseaba hacer. Cruzó ambas vaginas y se inclinó sobre ella, recargando todo su peso en los primeros empujones. Sus sexos se conectaron y deslizaron entre sí, aunque el disparo de placer fue cuando logró frotar con fuerza el clítoris contra el de Zoey. Ésta vio cómo a Mira se le volvía a transformar la cara y a raíz de ahí la embestía cogiendo un ritmo. La puso cachonda aquella imagen. Se había fijado en Mira muchas veces, pero siempre con ropa puesta. Y era ahí mismo, con la luz de farolas lejanas entrando por el ventanal, que veía lo tonificada que estaba y cómo se le marcaban los músculos cuando arremetía contra su cuerpo. Además, le puso cachonda sentirse bajo esa territorialidad. Mira prácticamente le clavaba las uñas en el tobillo para mantener la pierna sobre su hombro, pero con la otra la sujetaba del hombro, y que estuviera dejando caer su peso para aplastarle el pubis la hizo sentir muy guarra. Al cabo de unos minutos de restregarse sin descanso, Mira dirigió sus ojos a ella y la empujó más fuerte, mordiéndose el labio inferior.

Zoey sintió con cierta felicidad egoísta, que iba a tener otro orgasmo. Y no estaba haciendo gran cosa, en realidad, aquella postura estaba agotando a Mira. Pero no se detenía ni un segundo. Cuando más cansada la veía, la oía gruñir y acelerar de nuevo. Hasta que algunos gemidos más tímidos brotaron de su boca. La pelinegra notaba lo nerviosa y cachonda que debía estar, porque se diera cuenta o no, la tenía sujeta con fuerza. Apenas podía mover el cuerpo, sólo recibir sus golpes y frotes. Mira gimió más débilmente y frunció las cejas, empezando a correrse en ese roce. La mordió en la pierna, era lo que tenía más cerca de la boca en ese instante. Zoey exclamó un grito más ahogado. Ese sí le hizo daño.

Un daño que no le importaba nada. Para cuando aquella fiera desenterró los dientes de su carne dio un resoplido, agotada. Estaba sudando. Zoey también suspiró. Aún notaba la fuerza de las caderas ajenas usurpándola en la entrepierna, dándose los últimos retazos del gusto antes de separarse. Mira la besó en el gemelo antes de agarrarle el tobillo y bajarlo.

—Creí que te iba a dar algo… ¿sabes? Te estabas poniendo colorada… —murmuró Zoey, elevando los brazos hacia ella. Mira se le tendió encima, aún entre suspiros de cansancio. Le buscó la boca y comenzó un beso con lengua, cargado de amor. Mira estaba poco menos que pletórica. Estaba muy pillada de Zoey, y acostarse con ella sólo se lo había terminado de confirmar. Zoey correspondió cada beso que le dio.

Al cabo de un rato más largo, el sudor se había secado en el cuerpo de ambas chicas. No se habían movido de aquel abrazo. Mira se limitaba a respirar y sentir la respiración de Zoey. No hablaban. Hasta que, con la cabeza algo más despejada, la pelirrosa no pudo contener la preocupación.

—¿He sido muy brusca?

—No. Bueno… un poco, pero creo que me ha gustado —dijo con una risa más pícara. Mira sonrió y la miró de cerca.

—Mañana hay que madrugar un montón…

—Of… ¡cállate…! 

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