• nyylor@gmail.com
  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 17. Sin respiración

Su cuerpo, ya precalentado, sólo se doblegó más. Zoey se puso cachonda al sentirlo y empleó más rapidez en penetrarla sin apartar la mirada de ella. Mira no le devolvía la mirada ya, pero respiraba tan agitada que su cuello transpirado era toda una invitación para la otra. Se le hizo hasta tierno lo nerviosa que se mostraba. Mira dejó de acariciarle la mejilla para acompañar la mano de su compañera, bajo las bragas, ante la atenta y curiosa mirada de la otra. Se tocó en círculos sobre el clítoris. Zoey retiró los dedos y se separó un poco para despojarla de las bragas, estaban en medio… y quería ver cómo se daba placer. Pero Mira paró de tocarse. El semblante sonriente de Zoey, toda expectante, la puso aún más nerviosa.

—Joder, Zoey… ¿qué miras ahora?

—Estoy aprendiendo, jope… sigue —intentó agarrarla de la mano pero Mira se le adelantó y le encerró la muñeca, tirándola de golpe sobre su cuerpo. La empezó a besar con lengua inmediatamente, casi sedienta. Zoey la correspondió con el mismo salvajismo, apretándose contra su coño desnudo, y la pelirrosa se puso cachonda al notar, con cierta ternura, que se intentaba acomodar en una dirección u otra para hallarse el mejor placer. No tenía mucha idea, pero pareció encontrarlo pronto. Zoey sintió un escalofrío y se recargó más al notar una punzada de placer en el clítoris, entonces continuó moviéndose en el mismo punto. Mira suspiró en su boca.

—¿Me dejas buscar algo…? Para un momento.

—… —Mira sonrió al no ser respondida. Zoey besaba nerviosa su mandíbula y bajó hasta el cuello, donde volvió a morderla con fuerza.

—Eh… —la sostuvo del cabello, acariciándola pero ejerciendo la presión justa para que le prestara atención—. Más suave…

Zoey balbuceó soltando su piel y se dejó llevar, volviendo a morderla, esta vez atrapando su pulgar con los dientes. La miró con fijeza y sonrió más traviesa. A Mira le excitó aquella imagen.

—Espérame un momento. No tardaré.

Zoey obedeció y la soltó. Se echó sobre la cama dando un resoplido. Tímidamente y ahora que se encontraba a sus espaldas, se metió un dedo despacio. Notaba ella misma lo húmeda que estaba, su dedo sólo lo confirmó. Mira se metió en el baño y cerró la puerta, ante la atentísima mirada de Zoey.

—¿Qué llevaba…? —susurró para sí. Sonrió divertida y se quitó toda la ropa antes de volver a tumbarse. Escuchaba el correr del agua al otro lado de la puerta.

¿Se estará lavando o algo? Joder, ¿y yo oleré bien…?, empezó a olisquearse por todas partes, se echó el aliento en la mano. Creo que estoy bien.

Se quitó toda la ropa. Según soltaba los calcetines, Mira salía de regreso con un juguete en las manos. Dejó el baúl a un lado y se acercó despacio a ella. Zoey se puso de rodillas y asomó la cabeza.

—¿Qué es eso?

—Es… un cinturón.

Zoey abrió los ojos examinando a distancia el aparato, era de dos puntas y de un color fucsia apagado que le recordó al propio pelo de su compañera. Su rostro le dio a entender a la pelirrosa que no estaba familiariza con aquello. Se lo imaginaba.

—¿Te metes eso por el coño y lo otro por el culo? Eso me parece muy doloroso —preguntó al cabo de un rato, haciendo que Mira riera en voz baja.

—Jsjsjs… bueno, habrá quien haga cosas así con esto. Pero… uno es para ti y otro para mí. Y sólo por la vagina —Zoey fue a cogerlo pero se lo ocultó rápido tras la espalda, inclinándose hasta acariciar sus labios con los propios. La pelinegra la observó encandilada—. Pero me gusta tu forma de pensar. Seguro que más adelante… eres una pequeña depravada.

Me encanta su voz grave, pensaba Zoey, tragando saliva.

—… bueno. A decir verdad… —soltó una risa suave, un poco más intimidada—. No es que haya prestado mucha atención a estas cosas. No he tenido tiempo de ponerme a buscar, o inform…

—Vamos poco a poco. No te preocupes por lo que sabes o no sabes.

—Sí —le sonrió dulcemente antes de recibir un beso. Este fue suave. Mira la tanteó un poco antes de volver a erguirse, dejando el strapon a un lado de la cama. Se quitó las prendas que le quedaban hasta quedar desnuda como ella y la agarró de la cintura, moviéndola algo más hacia atrás. Mira gateó un poco echándose sobre su cuerpo y dio besos suaves en su esternón. Zoey se apoyó con los codos dejándola hacer. Tenía la mirada puesta de refilón. Entendió rápido al echarle un poco más de lógica. Aunque por algún motivo, dio por sentado que Mira no querría meterse nada. Lo achacó a sus traumas. Y sin embargo, le sorprendía y le llamaba más la atención verla con eso metido. Quería ver cómo se lo introducía.

«Smoch…»

Cerró los ojos y tensó el abdomen cuando sus besos fueron en los pezones. Suspiró totalmente cachonda.

—Lo quiero probar ya —insistió la menor, suspirando al ver a Mira lamerle y chuparle uno de los pechos. Era excitante. Mira susurró sobre su pezón, soltándolo de un chasquido labial.

—Deja que te tantee un poco, no sé si estás preparada para ese tamaño —adentró la mano entre sus muslos, frotando todo el largo sobre los labios vaginales. Sentía la pequeña protuberancia del clítoris al hacerlo y se encendió al oírla balbucear excitada. Estaba mojada. Eso la mojaba automáticamente a ella. Se acercó con la otra mano el cinturón con el doble dildo, que ya estaba limpio, y acarició la punta de menor tamaño entre sus labios. Primero quería ver si podía soportar el diámetro sin dolor. Empujó despacio al hallar la abertura, pero se sorprendió al ver que el dildo se adentraba con facilidad en el cuerpo delicado de Zoey. Ésta dio un suspiro, respirando más nerviosa. La agarró de la muñeca y Mira frenó.

—¿Te duele?

—Hmg… creo que no…

Mira asintió y besó su ingle, retomando la penetración. No le costó hacerlo hasta el final. Entonces pudo ejercer un vaivén lento. Zoey estaba tan tensa como cachonda. Y era una sensación un poco extraña. Mira continuó unas repeticiones más y luego retiró el dildo para darle algo de descanso. Se irguió sobre ella, llevando la mano a su mejilla. Zoey le sonrió sin decir nada. Se dedicó a mirarla y nada más; la pelirrosa se colocó despacio la punta del dildo y ajustó las correas a su estilizada figura. Agarró de la mesita su lubricante y mojó el juguete con la mano. Repitió lo mismo con Zoey, que se meneó gustosa al volver a sentir que la estimulaba. Pero Mira comenzó a frotarla más rápido en círculos y se puso más nerviosa. Dejó caer las piernas estiradas y la cabeza en el colchón, jadeando. Mira frenó, mirándola con deseo, y se lamió la mano para continuar. Le adentró despacio tres dedos, contemplando que la chica tensaba un poco las piernas pero le permitía el paso. No notaba signos de dolor en ella, o de molestia. Así que con eso le bastó para decidirse. Suspirando de placer, dejó de masturbarla para encerrarle los pechos con ambas manos, estrujándolos con algo de fuerza. Zoey gimió más agudo, cerrando los ojos. Estaba totalmente receptiva a cualquier roce que le hiciera. Le encantaban sus tetas, eran bonitas. Zoey tenía la zona pectoral cubierta de pecas y su cara, tan bonita gimiendo, le trastocó los pensamientos; llevó su índice mojado a sus labios y Zoey lo encerró con la boca, chupándolo sin siquiera pensarlo. Eso terminó de poner a cien a su compañera. Suspiró ya sin poder aguantarse más. Retiró el dedo de su boca y la agarró de los costados, moviéndola hasta situarla más arriba en el colchón para tener ella más espacio. La agarró de las corvas para abrirle las piernas y situó el dildo en el centro de sus labios vaginales, descendiendo enseguida las caderas. Zoey gritó al sentir que la abría más rápido con aquella cosa y estuvo a punto de cerrar las piernas, pero Mira apretó el agarre para dejarlas como quería. Se irguió unos centímetros para poder recargarse y comenzó a penetrarla. Zoey volvió a jadear más largamente y levantó la cabeza, mirando hacia abajo ceñuda. Mira detuvo un momento las embestidas y la soltó de las piernas, para situar los codos a cada lado de su cabeza. La besó en la mejilla para tranquilizarla. Pero estaba muy cachonda. Apenas atinaba a saber cómo no estaba dándole como una enferma, casi parecía un ejercicio para calmarse a sí misma. Quería follarla más fuerte. Zoey suspiró retenida y la acarició en la espalda. Mira la agarró de la cara con una mano y le metió la lengua en la boca, besándola con posesividad. Enseguida volvió a embestirla con más cadencia. Zoey contribuyó en el beso hasta que sintió que los impactos dentro de ella alcanzaban un punto tremendamente placentero. No sabía si era el ritmo que agarró o la curvatura que hacía justo al final con la cadera, pero de pronto, Mira lo hizo más fuerte y lejos de dolor, sintió como si la estimulara justo donde quería. No podía controlar sus jadeos, porque cada vez que la golpeaba con su cuerpo era como si tocara ese punto intenso dentro de ella que le daba tanto placer y se le escapaba un suspiro de gusto. Mira dejó de besuquearla y también gimió en su oído cada vez que se chocaba. Le llegaba bien profundo el dildo también a ella, e incluso por esas, notaba que no era suficiente. Se separó de golpe y flexionó sus largas piernas, arrodillada. Agarró a Zoey de la cintura con las manos y volvió a metérsela fuerte, haciéndola temblar y gemir por el nuevo impacto. Zoey empezó a tener las mejillas muy rojas. No podía pensar en nada más que en lo que tenía por delante. Mira agarrándola con ese dominio de la cintura mientras le daba así…

Voy a llegar…

Mira por su parte se deleitaba viendo cómo le botaban los pechos. Ahora que no estaban con los cuerpos pegados, ver cómo disfrutaba y su cuerpo respondía bien a sus atenciones sólo la hizo ser más violenta. Le levantó unos centímetros el cuerpo al agarrarla más fuerte de la cintura y se empujó más fuerte y rápido contra ella, llenándola hasta el fondo en cada embestida. Zoey se puso nerviosa y no llegó siquiera al minuto. Le vino un estallido de placer a los pocos segundos con aquel ritmo y abrió la boca, jadeando cada vez más rápido y agudo. Se aferró con las manos a los antebrazos de Mira, que seguía observando fascinada cómo su cuerpo botaba a cada empujón. Sintió cómo le clavaba sus uñas y al final quebraba un gemido. Mira suspiró excitada al ver que el dildo salía más húmedo y algo blanquecino. A causa de la fuerza empleada, pequeñas gotitas le salpicaban en sus propios muslos. Su niña se estaba corriendo. Zoey gimió una última vez, aguda como una cría rota. Tenía los pezones totalmente duros. Mira frenó un poco, acalorada y sudando. Veía que su amiga parecía estar aniquilada, con la vista mareada. No reaccionaba de otra manera que no fuera respirando como si hubiese sido ella la del mayor esfuerzo físico. Sonrió vacilona y la soltó de las caderas, pero no para darle un descanso realmente. Sacó el dildo de su apretado coño, que salió tal y como esperaba, viscoso y cubierto de diminutos rastros blancos. Le metió tres dedos de golpe, haciéndola poner los ojos en blanco y gemir de nuevo. Zoey le frenó agarrándola de la muñeca, pero enseguida la oyó chistar.

—Fuf, si te vieras esa cara… —Mira la penetró con los tres dedos varias veces, disfrutando de la cara de placer que ponía sin querer, aunque no decía nada. Zoey hizo un esfuerzo hasta para tragar saliva y tratar de resituar su mente después de semejante orgasmo. Pero Mira la agarró de una pierna y se la cargó encima del hombro, igual que cuando se la folló sin nada, y sin esperar volvió a embestirla, dejando caer todo su peso al atravesarla. Zoey gimió llena de placer, estaba algo más contraída. Mira sabía follar, fue en lo único que pensó antes de confirmarlo, cuando le encerró el muslo con las dos manos y lo usó para dirigir mejor la penetración. Volvió a retomar las penetraciones salvajemente. Normalmente, tras un orgasmo, Zoey solía necesitar un descanso. Había algo distinto esa vez, donde todo era nuevo. Aunque la primera le dolió un poco, al recuperar ese ritmo tan veloz su interior volvió a responder de la misma y exacta manera que antes de tener el clímax: se calentó, el dildo incidió en esa parte que le acrecentaba el placer a pasos agigantados, y de la nada se puso nerviosa al notar que se encaminaba al segundo orgasmo. Con una rapidez que incluso la asustó. Estaba agotada y el corazón le iba a cien, pero otra vez la mente se le nublaba por el gusto. Además sus sentidos se agudizaban cada vez más. Con aquella nueva posición y lo mojada que estaba el cinturón hacía un sonido al impactar contra ella y eso también la excitó. Mira cerró los ojos. Estaba muy cansada, la espalda le sudaba, pero no podía parar porque estaba llegando también. Clavó más las rodillas en la cama para darse sujeción y le encerró el muslo abrazándolo con los dos brazos. Zoey gritó de placer con cada embestida que le sacudía. Mira le enterró las uñas en el muslo y suspiró más afectada. Empezó a entrecortársele la respiración y poco a poco se le aceleraron los suspiros. Zoey tapó esos suspiros con un gemido repentino mucho más agudo, revolviendo el cuerpo entero. Casi lloraba del gusto. Mira jadeó con su voz más grave y tuvo un orgasmo escuchándola. Sonrió divertida al sentir cómo la pierna que le tenía atrapada temblaba sin poderlo controlar, parecía que estaba frente a una chica multiorgásmica. Su temblor era como un espasmo que no se paró. Zoey agarró y retorció las sábanas, aplicando allí todo ese placer mientras gemía, cada vez más calmada. Mira parpadeó despacio, continuando con las embestidas en un ritmo ya lento, pero hasta el fondo. Al cabo, dirigió una mano al dildo y se lo sacó para acariciarle los labios con él. Zoey sólo temblaba sin parar y reaccionaba con gemiditos cortados. Había una aureola mojada bajo sus cuerpos.

—Te has corrido un montón…

Zoey no le respondió. Recuperaba las respiraciones sin saber aún ni qué le había ocurrido. Nunca había sentido algo así. Respiraba sin parar bocanadas de aire con los ojos cerrados. Mira sonrió bajando su pierna y le frotó el coño con la mano un rato más, disfrutando al ver sus temblores involuntarios.

Una hora más tarde

Creo que ha sido… la mejor noche de mi vida. Pero hasta incluso esto puede mejorarlo.

Mira no podía dormir. Estaba demasiado feliz, pero parte de su cerebro seguía en alerta. Como si no se lo mereciera. Después de follar de aquella forma, Zoey se le quedó dormida encima. No era para menos… cuando se le coló en la cama ya estaba cansada. Había algo regocijante en tenerla encima dormida, no sabía desmenuzar las palabras correctas en su cabeza para describirlo. Pero supo que estaba enamorada de ella. Ya el simple hecho de verla disfrutar en el sexo la engrandecía, la hacía sentir que servía para más cosas en el mundo que para cantar y destrozar demonios. Pero tenerla pegada, piel con piel, sintiendo la opresión de su pecho cada vez que respiraba, su aroma… ser consciente de eso la hacía sentir cosas mucho más inexplicables.

Dios, tengo ganas de volver a tocarla… pero también quiero que descanse.

Al final se contuvo. Y trató de dormir. Pero no podía. Los pensamientos se volvieron oscuros. Relamió despacio sus finos labios y volvió a observarla. Le acarició la cara.

¿Y qué podemos hacer? Tu madre no lo va a aceptar. Tu padre ni siquiera acepta lo que eres. Y tú no eres como yo, tú… sufres con su opinión.

Abrazó con cuidado su cuerpo mejor y recorrió su espalda desnuda con la mano.

No quiero amargarme. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *