CAPÍTULO 19. Activar un trauma
Unos días más tarde
Skatepark
Zoey estaba nerviosa. Acababa de discutir con su padre por móvil justo antes de quedar con él. Los días libres no terminaban de ser buenos.
Por lo menos la tengo a ella…
Sonrió al deslizar por las últimas fotos. Le encantaba una en la que Mira la besaba en la mejilla. Se guardó el móvil y volvió a coger su skate, precipitándose con él en la rampa. Ahora que tenía tiempo libre podía gastar horas allí sin que nadie le recriminara nada… por primera vez en años, no tenía horas. Las chicas aprovechaban para hacer planes con otros grupos de amigos, más alejados de la industria. Querían irse de vacaciones, pero aún no habían decidido dónde.
Aún es pronto para pensar en eso, tenemos la final… bueno, si es que al imbécil ese no le da por barrernos del cartel principal, dijo pensando en Ronald. Aún tenía su oferta de disculpas presente, pero no manifestó predisposición alguna. Seguía pensando en cómo hacerle pagar lo que hizo en el pasado.
Al cabo de una hora, un Ford negro aparcó en las inmediaciones. Zoey ya estaba agotada y con las piernas hinchadas por el trabajo de musculación. Agradeció no haberse lesionado. Pisó una punta del skate para agarrarlo de un extremo y trotó hacia el coche.
—¡Papá! ¡Aquí!
—Sube —dijo parcamente. Zoey se inclinó un poco a ver a través del cristal. El hombre estaba serio.
Sigue enfadado.
Se sentó a su lado y dejó el skate en la parte de atrás. Le dio un beso en la mejilla, pero el hombre apenas se movió, sólo arrancó y se incorporó a la carretera.
—¿Sigues enfadado?
—Sigo molesto. Ponte el cinturón. Vamos a que te des una ducha.
—Ah, sí —soltó una risita, poniéndose el cinturón. Dio un suspiro de cansancio y se miró en el espejo del parasol—. No suelo verte así de serio. ¿Es sólo por mí, o porque has discutido con tu novia?
—Intento comprender por qué sigues en ese plan con… tu compañera de trabajo.
Zoey tomó aire sutilmente, dándose ánimos mentales para seguir enfrentando esa conversación.
—No lo sé. Supongo que… porque me siento muy bien a su lado. Es muy cariñosa.
—Desde luego no lo parece, la he visto muchas veces en entrevistas.
—¡Ya! ¡Eso es lo fuerte! Pero lo es… es muy cariñosa —sonrió—, ¿no te gusta verme feliz?
—Eh eh, Zoey, no lo lleves por ahí. ¿Cómo puedes preguntarme eso, hija mía? —suspiró, torciendo por una de las calles. Notaba la mirada de Zoey inyectada en él, aunque no se estuvieran observando en ese momento—. Desde que te vi nacer, supe que ibas a ser siempre lo más importante para mí. Siempre. Absolutamente nada ni nadie va a cambiar que mi propósito sea verte feliz. Te lo he dicho muchas veces, no importa qué pase entre tu madre y yo. Tú eres mi mayor logro.
Zoey sonrió.
—¿Y entonces…? ¿Por qué me…?
—Creo que estás… confundida.
—¿Confundida…?
—Sí, hija, he hablado con mi psicólogo de esto también. Estás pasando por una fase temporal. Porque analicemos las cosas. Analicemos tu vida, cariño —frenó suavemente frente a un semáforo rojo, y entonces aprovechó para mirarla. Unos enormes y bellos ojos café, curiosos y atentos desde que era una bebé, le devolvían toda la atención—. Vamos a ver, Zoey… convengamos en que aunque hayas tenido una infancia buena, te metiste muy joven en la industria. A partir de los trece, ¿no? ¿cuántas veces quisiste dejar la escuela, ya no te acuerdas?
—Porque se metían con el estilo de música que me gustaba, papá. No tenía tantos amigos como crees…
—Y porque no tenías tiempo, o no sabíamos gestionarlo bien.
—Es cierto. También es cierto.
—Cuando te metiste, nos contabas tu día a día. Estabas conviviendo día y noche con otras chicas. A fin de cuentas, os tenían siempre separadas de los grupos masculinos, es normal. Y queríamos protegerte de esos niñatos que querían ser artistas como tú. Tú estabas hecha de otra pasta y lo sabíamos.
—Ya… ¿y qué tiene?
—Tiene que ver mucho. Al final, sólo has tratado con chicas. Siempre, los pocos hombres que te han rodeado han estado apartados y vigilados, porque… bueno, en esto tu madre llevaba razón, hay mucha gente mala, abusadores de niñas que trabajan en estos parajes. No queríamos que te pasara nada y velábamos por ti a cada rato. Repito, siempre estabas con mujeres hasta que debutaste.
—Pero nunca me gustó ninguna como ocurre con Mira. Y… también me fijaba en los chicos. Pero no tenía tiempo para…
—Lo sé. Esa es la cosa. No tenías tiempo. Para nada. Ni nadie. Sólo para tu trabajo, tu música y tus compañeras de cuarto. Al final, que yo sepa, ¿has tenido alguna vez un noviete? ¿Has quedado con alguien?
—N-no… no.
—Es normal que al final te hayas fijado en la persona con la que más tiempo compartes tu vida —puso la primera marcha y su tono se volvió más seco—, pero ahora bien. Ella no será tu futuro. Es sólo una buena amiga.
Si supiera lo que hacemos… hasta dónde hemos llegado…
Zoey no estaba acostumbrada a ocultar nada, así que nada más ese pensamiento se le materializó en el cerebro, lo vomitó.
—Me he acostado con ella —murmuró con miedo, pero con firmeza. No le quitó la mirada de encima.
—Ah sí —el hombre soltó una risotada sin poder contenerse—, ¿acaso tienes alguna experiencia con un chico? ¿Cómo se supone que dos mujeres se acuesten?
Zoey suspiró, intranquila y más avergonzada.
—No… no lo digo para entrar en ese tema. Lo digo para…
—Estás completamente confundida. Cuando mantengas relaciones con un chico, relaciones de verdad, y no esas cosas que crees que son el sexo con una mujer, sabrás de lo que estoy hablando.
—¿Y si nunca quiero probar con un hombre?
—Sí que querrás, porque te gustan. Entonces te olvidarás completamente de toda esta… pantomima, que crees que es amor. Le tienes mucho cariño y eso lo respeto.
Zoey se quedó callada varios segundos. Pero no sentía veracidad en sus palabras, por un motivo.
—No sé si voy a poder sentir lo que siento por ella… por otra persona. Esto es muy fuerte —se tocó el pecho—, no sé cómo explicarlo. Es como si… no pudiera despegármela de la cabeza, me dan hasta escalofríos. Pero escalofríos bonitos. ¿Eso tiene sentido?
—Hazme caso, Zoey. Vendrá un chico que te guste, que te enseñe otras cosas, con el que puedas formar una auténtica familia… y recordarás esta conversación en el coche. Pero lo que me preocupa ahora es lo que pueda decir la gente de ti. Las secuelas que puedan dejarte. No quiero que continúes esa relación.
No quiero que continúes esa relación.
No quiero que continúes esa relación.
No quiero… que continúes… esa relación.
Su frase se le inyectaba profundo. La voz de su padre, al igual que la de su madre, cada vez que le pedían algo… su cerebro lo tenía asociado a una orden primigenia, casi estandarizada en el cerebro desde que era una niña. Les tenía en demasiada estima para ignorarles sin más. Pero eso chocaba con sus sentimientos actuales, y de pronto, el hombre la miró alarmado al verla poner un puchero.
—¿Qué pasa, Zoey? ¿Estás llorando…?
—Mamá me entiende mejor —murmuró con los labios temblando y se secó los ojos—, quiero que me lleves a casa.
El hombre frenó el coche, desviándolo en una calle. La miró preocupado.
—Hija, sólo quiero tu felicidad. ¡Sé que estás perdiendo el tiempo! ¿Alguna vez te he dicho que pierdes el tiempo? ¡No! Siempre te he animado, porque siempre has hecho todo lo que tienes que hacer.
—No puedo dejarla, me gusta mucho, no entiendo por qué tengo que dejarla —respondió mirando hacia la ventanilla. El hombre la agarró con suavidad del hombro.
—Zoey, mírame. Eh, jovencita, mírame.
—… —Zoey le devolvió una mirada triste.
—Está bien. No la dejes si no quieres. Pero créeme cuando te digo que todo eso se caerá, como un castillo de naipes. Y entonces recordarás al viejo de tu padre. Sólo te pido que lo mantengas en privado, lejos de las cámaras, porque lo agradecerás cuando se te pase la estupidez.
Zoey se limitó a sorber por la nariz, sin responder nada. Él suspiró y la abrazó. Zoey le correspondió el abrazo.
Centro de danza
Al cabo de una media hora, padre e hija llegaron a la nave poligonal donde las chicas solían entrenar. El motivo era que Zoey le quería presentar su fisioterapeuta a su padre, una mujer bien entrada en años que conocía cada anatomía de cada integrante de k-pop de la región. Era la mejor pagada… por buenos motivos, y es que era sencillamente la mejor en lo suyo.
—Es Viv, la fisio de todos… me ha costado un ojo de la cara que te haya hecho hueco en la agenda hoy, papá —comentó Zoey, sonriendo al ver que se estrechaban la mano. Señaló los baños—, Viv, voy a darme una ducha y a coger ropa de mi taquilla.
—Sabes que es tu casa —dijo la mujer, y se volteó al hombre para conducirlo a la sala de masajes.
Dentro de la ducha, Zoey trató de calmarse. No le gustó la conversación en el coche, pero se maldecía por ser tan frágil y ponerse a llorar con tanta facilidad. A fin de cuentas, el hombre sólo quería protegerla, evitarle equivocaciones a tiempo. Aunque no lograra entender su pedido, sabía que no había maldad ni hacia ella ni hacia Mira.
Quizá eso es lo que más me cuesta digerir, que lo hace por mí.
Su padre había logrado convertir las sensaciones positivas que brotaban cuando pensaba en Mira, en algo amargo. También odiaba esa asquerosa versatilidad de su psique. Porque le hacía cuestionarse si ellos tenían razón… o si simplemente ella misma era fácil de manipular. Se limpió bien la cara bajo el agua caliente y se enjabonó por completo. Las Huntrix tenían servicio de comidas y aseo en casi todos los centros que trabajaban, pero Zoey seguía gastando dinero en latas de Soda-pop de la máquina expendedora del comedor. Al salir del plato de ducha, se secó velozmente y se puso ropa limpia que tenía siempre en la taquilla. Agarró con una sonrisa una sudadera sin capucha oversize de Mira. Era rosa chicle, desteñida en blanco al estilo hippie, con el símbolo de Anarchy en la espalda y un corte de mangas en el frontal. Lo acompañó de un chándal negro, zapatos de plataforma enormes y se dejó el cabello suelto para que terminara de secar solo. Al salir, la música ya se escuchaba retumbar. Otros tres grupos practicaban tras sus respectivas vitrinas y profesores. Se desvió al comedor. Allí había tres mesas grandes y una de ellas estaba ocupada por dos mujeres. Zoey saludó amablemente, aunque al pasar notó que la más joven no le quitaba la mirada de encima. Zoey le sonrió más y siguió andando hasta la máquina de refrescos. Pero puso la oreja en la conversación que se daba justo a su lado.
—No te preocupes, para este puesto tampoco hace falta mucha experiencia, a ver… lo único que tienes que ser es organizada con la agenda. Hay muchos cambios de hora y las salas tienen un contador. Y sobre todo, hay que ser discreta… por aquí, como ves, pasan muchas personas famosas.
Zoey metía las monedas lentamente, mirando por el rabillo del ojo. Entrevistaban a la muchacha de pelo verde. Era cierto que buscaban trabajador allí desde hacía un mes. Zoey se agachó a por el refresco de Soda pop y se abrió la lata. Cuando se giró, volvió a observarlas dando un buche.
—Zoey —dijo la jefa, riendo—, ¿te importa si te das otra vuelta? Me estás distrayendo a la candidata…
—¡Ah! Perdón… no voy a mentir, estaba poniendo la antena —se largó a reír.
La chica también se rio.
—Perdona… es que no todos los días una se cruza con una Huntrix.
El verdadero motivo por el que me quedé mirándote es porque llevas su ropa. Otra vez.
Zoey se despidió con la mano para no seguir interrumpiéndolas y se fue al exterior.
Comedor
—Bien… bueno, como en todos los trabajos, tendrás tu mes de prueba. Vamos viendo cómo te desenvuelves en el puesto. Cualquier pregunta que tengas, tienes mi móvil y un compañero que te formará la primera semana. ¿De acuerdo?
—¡Sí! ¡Muchísimas gracias! —se dieron la mano y firmó su contrato. Acababa de ser contratada en la mismísima entrevista; notó que la mujer llevaba prisas.
—El resto de documentos se te mandarán por email. Y bueno… dale las gracias a Patrick. Realmente nos hacía falta una persona con urgencia, pero a este lugar no puede entrar cualquiera. Preferimos que sea por recomendación… —desvió la mirada hacia las vitrinas donde los famosos estaban practicando sus pasos— … por razones obvias.
Mira habló con su amigo Patrick. Me ha conseguido este puesto. Qué fácil funcionan las cosas cuando tienes un nombre…
Horas más tarde
Casa Huntrix
—Confío en ti. Pero… ¿estás segura de que no deberíamos hablarlo con ella?
—Por el momento es mejor dejarlo así. Sé que sufre —susurró Zoey, paseando un dedo por el cuello de la pelirrosa. Estaban abrazadas en el sofá. Acababan de ver una película, pero otro tema las tenía distraídas. Un tema que tarde o temprano tendrían que enfrentar con Rumi, y que Zoey prefirió guardar.
Mira resopló y cogió el mando a distancia. Miró la hora en el móvil y decidió apagarla.
—Oye —rezongó la pelinegra—, ¿no vemos nada más?
—Son las dos de la madrugada.
—Espera que consulte mi calendario de mañana… —se miró la palma de la mano y abrió la boca riendo; se la mostró—, ¡ajá! ¡Nada!
—Sh… pero es malo que trasnochemos tanto. ¿No te das cuenta de que cada vez nos levantamos más tarde? Desaprovechamos las mañanas.
—Y aprovechamos las noches… rawrr… —la atacó en el cuello, mordiéndola con suavidad. Mira sonrió perversamente, mirándola de reojo.
—Pero mañana yo sí que tengo que madrugar —musitó, apartándola con suavidad de su cuello—. Le dije a Patrick que me preparara una de las salas. —Zoey puso una mueca.
—Ni que se nos fuera a olvidar bailar… —se le acercó a la boca, pero Mira distanció la cara con un gesto divertido.
—De hecho sí. Has mejorado en el skate y empeorado tus pasos, porque ya vas sin ganas.
—Aaaay, deja de meterte conmigo, estoy disfrutando mis días libres… —se zafó para rodearle el cuello con los brazos. La besó en la mejilla y se quedó allí—. Mira…
—Qué…
Zoey bajó la cara a su cuello de nuevo y la agarró de la mano. Se la condujo a su entrepierna, pero Mira se liberó antes.
—Eh… —se quejó la menor, molesta, separándose de su cuello—, tócame un poco…
—Tú has perdido la poca inocencia que te quedaba —dijo entre dientes, sonriendo maliciosa—, no haré eso, porque si empiezo…
—Jejeje… venga… un poco —la agarró de la muñeca pero Mira se zafó más rápido.
—Voy a la cama. A dormir —sonrió echándola a un lado. Zoey suspiró enfurruñada y la siguió pesadamente. Caminó tras ella.
Dormitorio de Mira
Cuando se acostaron, Zoey la atrajo del rostro y volvió a besarla jugosamente. Mira balbuceó sorprendida y le siguió el beso, aunque sabía qué tipo de beso era aquel. Se encendió inmediatamente por dentro. Zoey le encendía muy rápido aquel fuego. Era fácil caer en la tentación, porque estaba aprendiendo… y porque le costaba quitarse de la mente su cuerpo siendo penetrado con la violencia de las últimas veces. Mira emitió un suave gemido al sentir que le metía un dedo casi sin pensárselo, a traición. Le acababa de meter la mano en las bragas como si nada. Zoey soltó una risita. Estaba húmeda como se imaginaba.
—Jope, es que siempre dices que no… y sí que quieres.
Mira suspiró, con la boca seca. Se relamió y luchó por abrir los ojos, ya algo drogada. Pudo dominarse y la agarró de la muñeca, frenándole el vaivén.
—Claro que quiero… pero… ¡…!
Zoey apretó un segundo dedo, que también entró resbaladizamente. Mira se excitó de inmediato, y dejó de ejercer presión en su muñeca. La dejó. Zoey usó la otra mano para levantarle la blusa del pijama y exponer sus pechos, ambos con los pezones erizados. Mira se contrajo de placer al sentir sus suaves chupetones en uno de ellos.
—Vale… vale… —suspiró.
—Haremos cositas, ¿hmmm…? —pidió infantilmente.
—Sí, sí —suspiró cachonda. Se mordió el labio. Zoey retiró un momento los dedos de ella y sacó de debajo de las sábanas el mismo juguete con el que Mira la había penetrado otras ocasiones—, eh, ¿has registrado mis cosas?
—Tú sabes el pin de mi móvil y nadie te dice nada… —dijo con diversión. Mira arqueó una ceja.
—Porque tienes el mismo desde hace dos años… lo usas en mi cara.
—Pues tú esto lo usas en otra parte —le chuleó riendo, a lo que Mira dejó caer la cabeza riendo—. Te vi a hurtadillas guardando la llave… vas a tener que cambiar de escondite.
—Lo haré, maldita ladrona. Me quitas la ropa y luego los juguetes.
Zoey se rio y soltó el strapon a un lado. Esa vez se había dado a la labor de investigar un poco. Había mirado más vídeos lésbicos al respecto. El tiempo libre lo invertía algunas veces para informarse y preguntarse cuáles eran los gustos de Mira. Zoey se hizo a un lado y le empujó la cadera a tientas, instándole sin palabras a que se diera la vuelta. Mira no correspondió a su demanda, mirándola con una sonrisa. Entonces Zoey bajó los besos por su vientre, y luego lamió muy cerca de su montículo. Eso hizo que Mira se pusiera tan caliente, que se sintió nerviosa. Casi como si fuera ella la nueva. Se había imaginado muchísimas veces la boca de Zoey entre sus piernas, y deseaba verlo. Pero nunca se lo pidió, porque la consideraba todavía una principiante que podía asustarse. No pensaba pedirle lo mismo que ella le hacía por si aún no se sentía preparada. Zoey le miró el coño unos segundos y lo acarició con el largo del dedo antes de aproximarse y dar una lamida. Mira soltó un suspiro fuerte, de excitación. Tragó saliva. Su cuerpo estaba famélico porque siguiera. Lo deseaba con todas sus fuerzas. Pero en el último momento, Zoey se alejó y la volvió a instar a que se girara.
—Ponte al revés… porfa.
Mira sonrió y obedeció, más sumisa. Lo que Zoey no era capaz de verbalizar en su deseo era que la quería ver a cuatro patas. Una vez posicionada, sintió una corriente de placer con el frotar de sus dedos. Pero se dio cuenta de que algo no iba bien. No era al cien por cien placer. Abrió lentamente los ojos, encontrándose de frente con la madera del cabecero. No le gustaba. No le gustaba dar la espalda, ni tener madera de frente, porque entonces recordaba el tirón hacia atrás que le dieron. Y la imagen de la puerta. Un jalón brusco…
No…
Mira parpadeó agachando un poco la cabeza. De pronto Zoey le introdujo el mismo par de dedos y Mira se sorprendió mucho al sentir que le dolía. No atinaba a saber por qué en el instante, en el segundo que ocurría. Pero la incomodidad estaba y casi no parecía natural. Zoey hundió más los dedos y emitió un gemido de incomodidad, removiéndose.
—¡Eh, no te muevas tanto… así no puedo…! —Zoey la sostuvo del pelo para reconducirla, y entonces ocurrió. Mira se giró salvajemente, como una pantera, y su cuerpo propulsó una respuesta igual de animal. Zoey recibió un puñetazo que la lanzó fuera de la cama y la hizo darse un golpe en la cabeza. Mira abrió los ojos, aún con el puño en alto, y casi pierde el resuello. La mano le tembló instantáneamente, y su respiración volvía a ser aquella. Aquella tan insufrible, rápida, desacompasada. Empezó a boquear fuera de sí, asustada al ver lo que acababa de hacer. Zoey tirada en el suelo se ovilló muy despacio, tapándose la nariz con ambas manos. Cerró los ojos con fuerza, gimiendo de dolor.
—Es… er… y-yo…
—…
Zoey empezó a lloriquear, muerta de dolor. Mira vio histérica que una línea de sangre salía por debajo de sus manos, le acababa de romper la cara. Le había pegado muy fuerte. Se subió la ropa y temblando se le acercó, acuclillándose a su lado. La tocó del hombro, pero Zoey no hacía más que sollozar, gimiendo de dolor. Y la sangre empezó a fluir sobre la moqueta.
—¿¡Qué coño pasa!? —una tercera voz malhumorada se escuchó al otro lado de la puerta—. Eso se escuchó raro de cojones, voy a entrar.
Rumi abrió de una patada, con la espada Seigeum en sus manos. Soñaba con demonios, tenía pesadillas con ellos, hablaba con ellos y los veía a todas horas, ya estaba martirizada. Los golpes nocturnos no le gustaban porque la hacían creer que estaban ahí al lado. Pero al ver lo que ocurría, la soltó al suelo y dio varios pasos adelante. Se impactó. Miró a sus amigas.
—¿Qué pasa…? Zoey, ¿qué te pasa…? —se agachó a su lado. Mira no podía articular las frases.
—No… no quería… yo… —se llevó la mano al pecho, alertando a Rumi.
—Mira, qué coño pasa. ¿Estás bien?
Mira cerró los ojos, perturbada, y dio otro salto, corriendo a calzarse. Se puso la chaqueta temblando como estaba, y lo siguiente que Rumi oyó a los pocos segundos fue un portazo. Se volvió a Zoey y le acunó la cabeza con cuidado, ayudándola a erguirse.
—Zoey… déjame ver —Zoey se negaba a enseñarle la cara. Le dolía como el diablo y también veía la sangre cayendo de entre sus manos—, no me cabrees, por favor. Déjame ver.
Temblando, la joven abrió las manos. Tenía la nariz doblada y empapada de sangre. Además, ésta no paraba de fluir, a cada nuevo sollozo que tenía. Rumi chistó con la lengua.
—Vale, tranquila… llamaremos a nuestro médico de urgencias, ¿vale…?
Zoey asintió, con los ojos embebidos en lágrimas.
Un rato después
Después de pedir asistencia, Rumi trató de localizar a Mira por cuarta vez. La pelirrosa le colgaba sin parar el teléfono.
—Mierda, no me hace caso… ¿puedes de una vez decirme qué pasó?
Zoey se abrazaba las piernas en el sofá. Tenía dos bolitas de papel con sangre en los orificios nasales. Pero de pronto el timbre sonó, y las chicas decidieron aplazar la charla.
El médico inspeccionó las heridas y le redirigió el tabique, en una quiropráctica muy dolorosa con la que Zoey volvió a llorar. Rumi la abrazó de inmediato y se quedó en el sofá con ella, frotándole el hombro. La miraba de hito en hito.
—Mañana a primera hora se le hará una radiografía para descartar fracturas. Creo que de momento, con esto será suficiente. No tome más de las que le indico —musitó escribiendo el recetario y dejando algunas pastillas para el dolor—. Esta noche será dolorosa, mañana afinaremos un poco mejor para que pueda descansar.
Tras una breve charla, el hombre concluyó su visita. Rumi asintió a todas las recomendaciones.
Luego, regresó con su amiga al sofá.
Tras un largo rato donde la acompañó en silencio, Zoey dejó de llorar. Se palpó con cuidado la nariz. Rumi observó entristecida que un hematoma estaba comenzando a crecer en mitad de su rostro.
—Intenta no tocar mucho, sé que duele —Zoey asintió sin más, no había hablado demasiado—. ¿Puedo saber ahora… cómo fue todo?
—Ella… se asustó y me dio un puñetazo. Supongo que la culpa es mía, porque…
—No, no es tu culpa. ¿Cómo ha podido agredirte así? Joder… ella no tiene ese tipo de reacciones.
—Porque no me di cuenta y… creo que le activé un trauma.
—No me parece un motivo suficiente, ¿sabes? Mira con qué fuerza te ha dado… —volvió a chasquear la lengua al verla y la acarició de la mejilla—, en fin, hablaré con ella. Tampoco me gusta que le dé un ataque y salga así como loca. Cielos…
—Ahora la trataré de llamar… en cuanto deje de sangrar.
—Ya está parando —le dio más papel y la ayudó a retirarse los que estaban con sangre de los orificios. Zoey se limpió con extremo cuidado y tiró el papel sucio a la basura. Tomó su móvil y llamó a Mira, pero ésta le desvió la llamada incluso antes de dar el primer tono. Lo que significaba…
—…lo tiene apagado —dijo preocupada, mirando la pantalla.
—Vamos a intentar dormir, Zoey. Sé que estás alterada pero ya es muy tarde.
—No podré dormir con este dolor igualmente.
—Vas a acostarte y a tratar de dejar los ojos cerrados. Tendremos que madrugar para la radiografía.