CAPÍTULO 21. Los borrachos y los niños…
A la mañana siguiente
Zoey había desobedecido a todos los médicos y a Rumi. Oliéndose que Mira iría a entrenar, y al no saber ninguna noticia de ella, se abrigó bien y se puso uno de sus gorros. Se maquilló tanto la nariz, que se notaba. Aún con esas, no logró ocultar del todo el moratón negruzco que tenía enfocado en el puente. Estaba hinchada todavía y el color violáceo se traslucía un poco bajo la capa blanca. Pero no podía hacer mucho más. Al ponerse la mascarilla cerró los ojos, ceñuda. Dolía. La doctora la previno y acertó: aunque los nudillos de Mira se le hubiesen clavado en la nariz, el dolor del hematoma se extendía por todo el rostro. Le dolía hasta al hablar. Y la mascarilla se rozaba justo en el puente de la nariz. Suspiró y trató de ignorarlo. Se guardó un par de objetos en el bolsillo de su holgada sudadera y un sobre, y pidió al chófer que la llevara al gimnasio donde solían entrenar. Rumi se había quedado dormida en su habitación. Allí la dejó.
Gimnasios
El gimnasio era amplio… pero la encontró. Usó su pase para desbloquear el torno y fue derecha al ala de las artes marciales. Mira estaba acompañada por Sarah. Estaban riendo mientras forcejeaban en el suelo, bajo la atenta mirada de Bernard. Se fijó en que Mira llevaba una venda compresiva nueva en la muñeca. Como iba muy tapada, trató de no llamar más la atención. Sus piernas iban muy decididas hacia la sala donde entrenaban, pero… poco a poco perdió la determinación. Estaban entrenando tranquilas, divirtiéndose. Frunció un poco las cejas, algo abatida.
¿Por qué ahora queda con ella?
La sorpresa pasó a convertirse en rabia. Y luego en un halo de tristeza. Tuvo un amago de voltearse y regresar al coche, pero… no lo hizo. Tras unos instantes, decidió bordear la sala desde el exterior. Las chicas y el entrenador estaban enfrascados en el no-gi que hacían, así que nadie la miró. Sacó del bolsillo un sobre pequeño, algo abultado. Se humedeció los labios despacio y rodeó el pasillo hasta llegar a la máquina de refrescos. Apoyó la espalda allí y se entretuvo con el móvil hasta que acabaron.
Un rato después
—Bien. No fuerces más la mano, Mira. Bien entrenado. Y tú no lo haces nada mal —señaló a Sarah, antes de darle una fuerte palmada en el hombro. Ella sonrió y tomó la toalla. Mira alcanzó su bebida energética y se acabó los restos.
—¿Quieres más agua? —preguntó la pelirrosa.
—No no, iba a pagar esto, que si no me voy haciendo el simpa…
—Hm —apuró el último sorbo y le tendió la lata vacía—, ve y tírame esto. ¿Me traes más agua a mí?
—Claro… —Sarah sonrió sabiéndose útil. Tomó sin rechistar la lata y tiró la toalla al banquito. Mira la vio alejarse y cuando ya hubo caminado hasta el final del pasillo, se apresuró a ir a la mesa de recepción.
Recepción del gimnasio
—¿Tenéis ya la equipación nueva? Me llegó el correo —habló con el recepcionista. Éste le cobró la tasa y le cedió una tarjeta nueva. Los cambios que habían en la membresía traían consigo regalos como aquel.
—Voy a por ella —comentó. Tras devolverle la tarjeta se marchó a la zona del vestuario de trabajadores. Mira guardó su tarjeta dorada en su billetera.
—¿Podemos hablar?
—… —se le heló la sangre. Volteó el rostro, casi de un respingo acobardado—. ¿Qué haces aquí?
—Yo… quiero hablar —murmuró. Con la nariz y la boca cubierta, Zoey le devolvía una mirada de reproche. Mira se perdía mirando aquellos enormes ojos color avellana—. ¿Ya no te importamos? ¿No vas a hablarme nunca m-…? Uh…
Mira llevó con cuidado las dos manos a los elásticos que sostenían su mascarilla. La pelinegra pensó en apartarse, pero su suavidad la encandiló. Lo único que hizo fue retirarle la mascarilla del rostro. Porque necesitaba ver aquello que le había hecho. Y cuando discernió la piel morada bajo aquella gruesa capa de maquillaje… la mirada se le endureció de un segundo a otro. Sin más, le volvió a poner la mascarilla y dejó de mirarla. Se apoyó en el mostrador.
—Haz el favor y lárgate.
—¿Perdona…? —Zoey bajó el tono, ofendida. Se le aproximó y susurró exasperada—. No voy a irme sin más. He dicho que quiero hablar… y no me iré sin hablar.
—¿Crees que hay algo de lo que hablar? ¿No te has visto al espejo? Ya está todo dicho.
—No voy a aceptar eso que le dijiste a Rumi de que… vas a dejar la banda. Eso que ni se te pase por la cabeza. Las cosas se hablan. Y ni siquiera eso me has dejado hacer.
—No me interesa lo que tengas que decirme.
—Te crees muy chulita y muy dura, ¿eh? Pero no te va a servir. Así que ve ahora mismo afuera porque te… tengo que dar algo.
—No iré a ningún lado —guardó la billetera en su bolsa y la dejó caer al suelo. Dirigió seriamente su rostro a ella y entrecerró los ojos—. Si me disculpas… estoy ocupada.
Zoey tragó saliva. La verdad era que, aunque no le descuadrara de todo la salida que estaba teniendo, la hería. Estaba siendo tosca.
—Te… te daré hasta esta noche para que me respondas al móvil. Entiendo que aún no estés preparada para hablar en persona.
—Joder —masculló por lo bajo, cabreada e impaciente. Empezó a mirar al fondo del pasillo, por donde se había marchado el recepcionista. Zoey prosiguió y tomó aire.
—Bueno, lo que decía. Te quería dar algo. Es… es… para que me perdones.
¿Pero qué dice…?
Mira frunció el ceño, contrariada y más que hastiada aún. Le estaba entregando un sobre.
—¿Que te perdone yo? ¿Estás vacilándome?
—Claro que no… —mantuvo el sobre hacia ella—, y sé que no basta. Pero… creo que entiendo lo que te pasó. No tuve cuidado… —cerró los ojos y bajó la mirada—, de verdad, lo siento mucho, yo…
—Eres… una niña estúpida —farfulló, con los dientes más apretados. Con la mirada iracunda, la estudió con fijeza y acortó distancias con su rostro. Zoey sintió aquella mirada como una cuchillada—. Tú y yo no vamos a ser nada. Tu regalo no me importa, ni tus disculpas. Voy a dejar la banda porque no te soporto, y ni siquiera me gustas en la cama. Coge tu estúpido sobre y vete. Ahora.
—…
Mira le sonrió con malicia. Le guiñó el ojo y volvió su atención al chico de recepción, que le empezó a entregar el material nuevo.
—… sé que no lo estás diciendo en serio —musitó, con la voz más temblorosa. Le dio igual que el recepcionista pudiera escuchar. Mira evitó seguir viéndola. Simplemente se las arreglaba para coger todo el material con las dos manos—, pero, te… te voy a dejar mejor unos días para que te lo piens-…
—Zoey… no me interesas ya en ese sentido. ¿No ves lo patético que es lo que estás haciendo? —la miró de arriba abajo. El hombre notó la tensión y se marchó a fingir hacer otra cosa. Mira la volvió a engullir con la mirada, encarándola—. Sólo eres una cría, no tienes ni idea de cómo funciona nada porque tu familia te tuvo siempre consentida. Sólo me ha hecho falta estar un poco más cerca de ti para verlo —apretó la voz—, me aburres. Así que vete de una vez por donde has venido… que voy acompañada y estorbas.
—¿Va todo bien? —surgió la tercera voz. Sarah caminó despacio con una botella de agua en la mano. Miraba a Zoey y a Mira alternadamente. Ésta fue quien respondió, mirando de soslayo a la otra cazadora.
—Nada importante. Vámonos.
Zoey se quedó con el sobre en la mano, cabizbaja. Aun así no le quitó la mirada de encima a las chicas. Se alejaban. Y las palabras tan dolorosas que acababa de escupirle danzaban en su cabeza, mezcladas con las de advertencia de su padre acerca de ella. Parpadeó más nerviosa. Le entró un súbito arranque de rabia y, muerta de celos, tiró al suelo el sobre. Mira tuvo un pequeño respingo y giró por inercia la cabeza. Parecía haber algo de cristal ahí metido… que se había roto. Sarah miró alucinando el sobre y luego a Zoey.
Zoey no dijo más nada. Tenía los ojos llenos de lágrimas y le echó una mirada de reproche a ambas, pero se giró y se fue corriendo.
—¿¡Qué le pasó!? Zoey… —Sarah trató de ir tras ella pero Mira levantó la voz.
—Déjala, ¡es sólo una cría mimada! —gritó, para que la oyera.
Zoey se chocó con varias personas antes de lograr la salida. Mira no pudo evitar esta vez seguirla con la mirada. Lo último que la vio hacer es casi chocarse con un vehículo y lograr a tientas abrir la portezuela. El vehículo era uno de los chóferes que trabajaban para las Huntrix. Suspiró largamente.
Menuda cabronada. No puedo creer que haya podido hacerlo.
—Ve al coche, ahora me acerco —musitó Mira.
Ya lejos, Sarah observó cómo recogía el sobre del suelo y se lo guardaba. Muy a su pesar, tuvo que darle la espalda para entrar al parking subterráneo.
Mira se puso en una esquina fuera del recinto. Abrió la solapa del sobre con un par de dedos, mirando hacia dentro. Al parecer, añicos de cristal que minutos antes habían sido algún tipo de figura, ya sólo le indicaban que los hechos tenían consecuencias. Había algo similar a purpurina dorada entremezclada con las esquirlas. También había una carta. Con cuidado de no cortarse, la agarró y desplegó.
«Para mí, eres esto. No quiero perderte por un error. Por favor, no cometamos otro.»
Sarah la notó extraña al regresar al coche con ella. Dejó la ropa deportiva nueva en la parte de atrás y luego tomaron asiento. Mira apretó ambas manos en el volante.
—Bueno, ¿te dejo en tu piso?
—¡Sí! ¿Por qué no te vienes? Deja que te invite a algo —sonrió Sarah.
—Quiero ducharme yo también primero.
—No hay problema, dúchate en mi casa. ¡Te prestaré mi ropa! ¿Quieres? Y luego, ahm… ¿eh, te gustan los chupitos? Mi… ¿Mira?
Mira parpadeó, sacudiendo la cabeza.
—Sí, está bien.
—Estás ida… ¿quieres… quieres hablar de algo?
—No, joder, Sarah. ¿¡No vas a dejarme respirar!?
—…
—…
—…
—Te llevaré a casa. Estoy muy irascible —dijo secamente, arrancando su BMW.
La chica asintió con la cabeza, sin verbalizar. Entendía que había una frágil línea entre ser simpática y ser pesada, y por ninguna razón podía permitirse saltar al lado de… «ser cansina». Pero sentía su oportunidad cerca. Muy cerca. Atestiguó cómo mandaba a la mierda a su compañera de banda, sin embargo… la vio recoger el sobre y escondérselo. Y eso no le gustaba.
Ella no me ha visto. No sabe que sé que lo recogió. Pero la vi. A lo mejor puedo quitárselo y no sospecha de mí… algo me dice que mejor no dejarla leerlo.
Se puso muy nerviosa de pronto. Mira la estaba tocando.
—Perdona… no quería hablarte así. Estoy nerviosa. Ella… trajo una carta.
Mierda, entonces ya lo leyó.
—Descuida… lo entiendo. Es que como no sé mucha información… tampoco quiero parecer insist-…
—Tú… tú… —apretó la mandíbula, tratando de mantener la calma—, no digas nada. De este tema y de lo que has visto. Déjalo. Ni me lo menciones.
Dios… está cabreadísima… parece que me quisiera pegar.
—Está bien, Mira.
Casa de las Huntrix
Nada más oyó la llave girarse en la puerta, Rumi se puso en pie de un salto, aún con su tostada en la mano. Vio a Zoey entrando atropelladamente y levantó la voz.
—¿¡CÓMO DEMONIOS SE TE OCURRE SALIR ASÍ SIN AVISAR CUANDO LOS MÉDICOS TE HAN DICH-…!? ¿UH…?
Zoey la abrazó con fuerza, respirando agotada. Lloraba. Rumi miró su tostada y luego a ella, y la cubrió con el otro brazo.
—…
—¿Qué pasa…?
—Fui a buscarla… estaba entrenando con su amiga del instituto.
—Zoey… esto no puedes hacérmelo más —soltó la tostada y la agarró con suavidad de los hombros. Se había quitado la mascarilla de la cara y sus lágrimas se habían cargado gran parte del maquillaje—. Aaay, chiquita, qué voy a hacer contigo… ¿por qué fuiste?
—Le quería pedir perdón, maldita sea… me ha mandado a la mierda…
—¿Cómo que a la mierda…? —la acarició del pelo. Zoey se limpió unas cuantas lágrimas al sobarse con la manga. Sólo se hizo más daño.
—Empezó… —sorbió por la nariz— empezó a decirme que era una niña estúpida y que no vamos a ser nada… y… que la banda la deja porque no me aguanta.
—¿Qué…? —Rumi se preocupó. ¿Cómo coño ha sido capaz…?
—¡Se ha pasado un montón! No pienso dirigirle más la palabra…
—Ven aquí —la volvió a abrazar. Se apenaba al sentirla tan compungida.
¿Por qué se empeña en rematarla? Coño, esto ya se fue a la mierda. ¿Y ahora qué…?
Piso de Sarah
Ya iban por la cuarta tanda.
—Bueeeeeno, bueno… y esta vez yo brindo por haber pasado de la pesada de mi madre POR PRIMERA VEZ EN AÑOS.
—Chin-chín por eso.
Alzaron ambas sus vasos de chupito y se lo bebieron de un saque. Mira agrió la expresión al tragar. Extendió el brazo para coger la botella y leyó el etiquetado.
—Qué… ¿muy fuerte para la rockerita? ¿Sólo la cuarta ronda y ya vas tiritando, eh…? —vaciló Sarah, quitándole la botella. Enseguida sirvió otra tanda.
—Cállate. Esto sigue estando igual de asqueroso que la primera vez—se frotó un ojo, medio riendo—, eh, me toca a mí elegir la siguiente.
—Touché.
—Vamos a cambiar la dinámica. En vez de buscar cosas por las que brindar… tengo una pregunta para ti.
—Dispara.
—¿Por qué fue ahora que decidiste buscar trabajo aquí? Podía ser en otro lugar… o con otra gente. La gente de este barrio es un poco imbécil.
—Ohm. Creo que no estoy lo suficientemente borracha para contestar a eso… —ambas sonrieron. Mira se lo cargó hasta el borde y señaló su vasito con las cejas.
—Entonces bebe primero y contesta después.
—Oh, vamos, acabas de cambiar las reglas ah-…
—¿Y qué? Es un juego… donde la excusa es preguntar. El objetivo, beber.
Y el mío, emborracharte. Pero tienes un maldito aguante de caballo.
—Va… —se preparó y se lo bebió de un movimiento rápido, tosiendo después—, agh…
—Hahahaha… está fuerte —le sirvió de nuevo. Sarah señaló su vaso.
—¡Te toca!
—¿A mí? Ni siquiera me has respondido.
—A ver… —se concentró para elaborar alguna mentira rápida. Era difícil con la nebulosa que el alcohol propició en su cerebro la última media hora—. Si te digo la verdad… surgió una oferta de trabajo en una cafetería no muy lejos del centro de danza. Peeeero, echaron mi currículum para atrás.
—Demasiado lejos. Hay que coger avión para venir aquí.
—¡Es la verdad! Es que estaba loca por irme, me daba igual que fuera en el culo del mundo.
—Jm… —Mira balbuceó, no sabía si creerla. Pero le concedió un tanto y se acabó de un buche su chupito.
—Me toca —le quitó la botella y sirvió de nuevo—. Dime… ¿qué sientes realmente por Zoey?
—… no, no, no, eso no.
—¡Eso sí! ¿Por qué no puedo saberlo, acaso es un secreto de Estado? ¿Morirá la población de medio mundo si me lo desvelas o qué?
Mira respondió con una pequeña carcajada que evidenciaba también su estado de embriaguez.
—Ah, paso. Pregunta otra cosa.
—Si no vas a responder… eso equivale a tres chupitos.
—¿Estás tarada? ¿Quieres que me reviente el hígado? —preguntó riendo.
—¡Anda ya…! Si no bebéis nunca… lo sé porque lo has dicho en tus entrevistas. Chica sana. Métete eso hasta el fondo, anda.
Mira titubeó y se aproximó el vaso, parpadeando. Le costó fijar la mirada en el contenido. De fondo estaba Sarah riendo.
—Bueno… allá va —se metió otra más entre pecho y espalda. Sarah aplaudió un par de veces, pero se lo llenó de nuevo. Mira soltó un eructo enorme.
—¡¡Joder!! ¡JAJAJA! Me has asustado y todo.
—Porque no has escuchado los de Zoey… es un rinoceronte.
—¿Sí? —mantuvo la sonrisa, aunque que la nombrara ella no le agradaba—, venga, bébelo.
Mira tragó saliva y frunció sus cejas, concentrándose en el chupito nuevo. Ya empezaba a tener sus dudas de si aquello no le pasaría una fea factura a la mañana siguiente. Estaba totalmente ebria. Bebió sin pensarlo demasiado, soltando el vaso de golpe sobre la mesa.
—No beberé en un rato o vomitaré. Me… me toca —se apoyó en su mano mirándola—, ¿mis padres… mis padres te hablan de mí?
Oh…
Sarah trató de ponerse seria.
—Claro. Claro que sí. Pero poco.
—¿Y qué dicen…?
—Eso son dos preguntas…
Mira la observó algo más seria. Se rascó la cabeza.
—Si bebo otro más de esos… me desmayaré. Me está dando sueño.
Sarah asintió, aceptándolo. Justo en ese punto la quería. El punto perfecto entre somnolencia, desinhibición y nostalgia. Dejó su vaso y la botella a un lado y se sentó a su lado en el sofá.
—Te aman mucho. Pero son gente tan estricta que… bueno, ya sabes… pero que sepas que te tienen todos los días en la cabeza. Y creo que en el fondo… se alegran por ti, Mira.
—Ya, fijo —chasqueó la lengua, irónica. No la miraba. Pero Sarah hizo que la mirara, al tomarla delicadamente de la mejilla. Aquello tomó a la pelirrosa por sorpresa. Pero estaba ya bastante ida. Se miraron fijamente durante un segundo, pero Mira se sintió extraña y desvió el mentón—, yo debería irme…
—No es buena idea. Ahora ya no —musitó, y no detuvo su caricia. Colocó mejor la mano, y le giró con suavidad el rostro a ella de nuevo. Mira la siguió con la mirada—, ¿Por qué no te quedas?
Mira titubeó sin llegar a pronunciar nada. Su mente no pensaba con ninguna claridad, y fue ahí que se dio cuenta de lo completamente ebria que estaba… desde hacía rato. Al mover sólo un poco el cuerpo, el cerebro le dio vueltas.
—Quizá pueda llamar a un taxi —susurró, agarrándola del antebrazo. Así, le apartó despacio la mano de la cara—, Sarah…
—¿Que por qué vine? Empecé viniendo porque conseguí una entrada para la firma de los Saja… y la tuya —susurró cerca de su boca. Se alegró de ver que Mira no reaccionaba. Le miraba los labios, de pura impresión por su cercanía… eso era una buena señal. Le acarició la mejilla de nuevo y bajó el pulgar a su labio inferior—, eres tan guapa…
—… —Mira parpadeó mirándole la boca, pero luego ascendió a sus ojos y sintió algo de vergüenza—. Yo… no soy buena para nadie —balbuceó. Pero Sarah le agarró el rostro con más firmeza.
—Cada quien sufre lo suyo y actúa como… buenamente puede —acarició con la yema su labio inferior. Mira cerró puntualmente los labios; entonces Sarah se le arrimó más hasta rozar su nariz—, y sé que eres buena. Estás siempre pendiente de los demás… pero deja que yo te cuide.
Se acercó más hasta probarla de los labios. Le dio un beso suave. Se asustó al principio: Mira apartó débilmente la boca. Pero no con la suficiente entereza… y Sarah lo sintió. Presionó sus labios contra los ajenos, esta vez con más precisión. La oyó suspirar. Mira la agarró de un hombro y la apartó, abriendo los ojos despacio.
—Sarah, yo debo irme al hotel… esto… no quiero que…
—No vas a volver allí estando así, Mira. Me niego —la acarició de la cara—, por favor. ¿Podrías escucharme…? O más bien… —se sentó más cerca y volvió a besarla.
Mira cerró los ojos y cedió al contacto. No movía apenas los labios, porque parte de ella ni siquiera se creía lo que estaba haciendo… o dejándola hacer. Sarah la recorrió con las manos suavemente, y ajustó una mano a su cintura. Entonces se sintió pletórica… cuando empezó a responder. Mira ladeó suavemente la cabeza y la besó con más ganas.
Sí… sí… ¡SÍ!
Después de esto, no volverás con esa tontita. Y yo jamás te traicionaré.
Sarah se quitó rápido la chaqueta que llevaba y situó las manos en el cuello de Mira, acariciándolo mientras la besaba. Sus lenguas se conectaron, y oyó cómo a la pelirrosa se le aceleraba la respiración. Sarah separó un instante su boca y se dirigió al cuello largo de su compañera. Lo besó despacio.
Ya eres mía.
Se excitó al oír el suspiro tenue que salía de sus labios. La estaba poniendo cachonda… genial. Lo estoy haciendo bien. Sólo me ha costado… qué, ¿siete chupitos? ¿ocho? ¿O lleva más…?
Mira estaba en una nube. Sarah la mordió levemente, en el cuello, y eso le dio un escalofrío agradable… que la transportó directamente a otra escena. Con otra persona. Incluso sumamente ebria como estaba, con la somnolencia y la excitación en el cuerpo, pudo colocar las manos en los hombros de Sarah. La distanció poco a poco.
—Sarah. Discúlpame. Pero no puedo.
—¿C… cómo?
El sonido de un móvil sonando las hizo girar la cabeza. Era el de Mira. Sarah tomó más distancia y tragó saliva. Se arregló el pelo y trató de centrar la mente. Mira se puso en pie y trastabilló, casi torciéndose un tobillo. Eso las hizo reír a las dos. Iba como una cuba. Casi arrastrándose, alcanzó la mesita y contestó la llamada.
—¿Quién eeeeeees…?
—Mira. Qué estás haciendo —Mira parpadeó un poco y estudió la pantalla del móvil. Era Rumi.
—Ah, ¿qué pasa…? ¿Qué quieres?
—¡¡Estás borracha…!! ¡No me lo puedo creer!
—¿Quién está borracha…? Hahahaha…
—Estás descerebrada del todo. ¿Quieres destruirte? ¿Eso quieres?
El cambio de tono, exasperado por parte de su amiga, hizo que Mira pasara de la diversión al cabreo en un segundo.
—¿¡A ti qué mierda te importa!? Tú no has vivido… ¡¡¡NADA DE LO QUE HE VIVIDO YO!!! —le gritó al móvil, y le cortó la llamada.
Sarah casi queda sorda.
Rumi volvió a llamar. Al mirarla, Sarah se dio cuenta de que Mira respiraba más rápido. Se había cansado al gritar. Se levantó y fue a su lado.
—No tienes por qué responderle. ¿Te está cuestionando?
No contestó. Su móvil volvió a encenderse. Mira dio un profundo suspiro y volvió a descolgar.
—ÓYEME…
—Ya sé que no es mi vida. Y que por lo visto tampoco me incumbe. Pero espero que madures y te replantees un poquito las cosas antes de herir a la gente que te quiere.
Mira la escuchaba atentamente. Miró de reojo a Sarah y sin decirle nada, se giró móvil en mano hacia la pequeña terraza. Sarah entendió ese gesto como un indicativo de que no quería que la escuchara.
Terraza
—¿Está ahí contigo?
—No está aquí —contestó Rumi. Oyó que Mira suspiraba.
—El pasado me persigue, no sé cuántos ataques de ansiedad he tenido este último tiempo. No estoy equilibrada y a la vista está. Mañana a primera hora cancelaré mi contrato y…
—Mira… que me da igual el contrato —la cortó—, ¿cómo has podido decirle todas esas cosas a tu amiga? ¿Sabes con qué cara me ha venido?
—Era lo necesario.
—¿¡Lo necesario para qué!?
—Para… que se aleje y no me eche de menos. Porque, si no… sólo estoy jodiéndola.
—Has tenido un error. Por tu trauma, algo que… algo que se puede tratar. Se puede gestionar. Ella lo entendió a la primera, ¿¡por qué tú no!?
—Ay joder, ¡¡le rompí la nariz!! ¿Crees que un par de lloraditas con el psicólogo va a hacer que me sienta mejor por lo que hice? ¡No puedo ignorarlo! Le hice… daño…
Sarah se movía silenciosamente tras la pared. Su piso era pequeño. La terraza también, y ni siquiera hizo falta pegarse mucho para escucharla. Mira estaba a poco de quebrarse. El alcohol facilitaba todas aquellas emociones.
—Le has mucho más daño hoy… con lo que le has soltado. Esa decisión…
—A veces hay que tomar decisiones duras.
—Mira… pareces tan insensible a veces. En fin, yo…
—¿Qué? —apretó—, ¿¡qué más tienes que decirme!? ¿Para esto me has llamado?
—Te llamaba porque quería asegurarme de que no te había perdido. El grupo ya… llevaba tiempo roto. El honmoon ni siquiera se fortalece cuando canto. Y en gran parte es porque no confiamos las unas en las otras.
—Ja. Y no será… ¿porque eres lo que eres…?
A Rumi se le heló la sangre.
¿Lo sabe…?
—¿De… de qué hablas…?
—Cómo voy a confiar en ti… si tú nunca has confiado en nosotras. ¿Creías que ibas a ocultarlo eternamente?
Rumi apretó el tono.
—No sé qué es lo que crees saber. Hablaremos en otro momento… cuando estés sobria y no eches fuego por la boca.
—No cambiaré de idea… con respecto a nada.
Rumi se planteó el colgarle sin respuesta. Pero hubo algo más que quería dejarle claro.
—Que sepas que le has hecho mucho daño. No quiere volver aquí. Ha tenido que venir su padre a buscarla.
—Como si fuera una niña del colegio. Ella por lo menos tiene unos padres que se preocupan. —Rio irónica, más alto— ¡Y que me odian, claro, porque soy lesbiana! Y también tiene una amiga estupenda, que estará siempre a su lado. Haz el favor de cuidarla… y por mi parte, podéis olvidarme.
—Nosotras no vamos a olvidarte. Sólo espero… que cuando se te pase toda esa mala hostia ella quiera seguir hablándote.
—Mejor si no quiere hacerlo. Será todo mucho más fácil.
Rumi negó con la cabeza y le cortó. Mira hizo un gruñido de rabia mirando la pantalla.
—Mira…
La pelirrosa se giró, encontrándose con Sarah. Se apretó el móvil en la frente.
—Me marcho —avanzó rápido hasta el interior.
Salón
Mira cogió su chaleco, pero antes de ponérselo Sarah se interpuso y la tomó suavemente del brazo.
—¡Espera…! Espera… relájate…
Mira soltó su móvil de mala gana en el sofá. Sarah trató de abrazarla, pero notó su reticencia nada más acercarse, Mira levantó las manos.
—Sarah… ¿Sabes qué? Se te ve buena. No quiero joderte a ti también. Así que… deja que me vaya.
—No te estoy pidiendo nada. Sólo… que te relajes. Respira hondo, por favor… —Mira pretendió dejarla, pero… la chica volvió a acariciarla de los brazos. Se le arrimó y la miró fijamente—, ¿no te das nunca un respiro? Es lógico que acabes alterada… si no descansas. Hazme caso sólo un par de veces, anda. Así, coge aire…
Mira la repitió, algo ceñuda. Cuando respiró por la nariz sin pausa, se sintió algo mareada. En realidad, era su organismo tan solo recordándole cómo estaba. Con los efectos del alcohol pululando intensamente en ella. Soltó el aire largamente, junto a Sarah. Repitieron una segunda vez.
Sarah dibujó una sonrisa al expulsar el aire la segunda vez; Mira estaba algo menos tensa. Susurró.
—Así por lo menos… le das un poco de tregua al cuerpo. Bien —la acarició de un brazo. Mira no se movió, sólo permaneció cabizbaja—, yo no sé qué te traes con ellas… pasáis mucho tiempo juntas… es normal que haya discusiones.
—Es un poco más complicado —terció Mira, más calmada.
—Estoy segura. Pero… cuando uno salta así, es porque ya ha aguantado demasiado. A… a mí el psicólogo sí que me ayudó en un momento de mi vida. Yo también estaba irascible… y yo… no rompía platos, pero… me clavaba heroína.
Mira parpadeó aún sin mirarla. Ya conocía aquello, porque su contacto se lo facilitó. Pero… se estaba abriendo. Y ahora, después de mucho tiempo, sentía que podía volver a recibirla como una amiga. Lo que le contaba era algo muy personal.
Ninguna volvió a hablar.
Claro que Sarah tenía alguna que otra intención oculta tras aquella revelación personal. Ese dato era real. Verídico. Pero nunca se le ocurrió que exponer su drogadicción con Mira fuese a resultar. A priori, era algo que espantaba a la gente. Hasta que entendió que, en Mira, todo era muy diferente. Podía confiar en ella. Incluso podían ser mejores amigas otra vez.
Pero yo no sólo deseo eso, pensó Sarah, comiéndola con la mirada. Mira trastabilló de un segundo a otro, y Sarah le indicó que fueran a la cama.
—Vamos a dormir. Estás que no te tienes en pie y pretendes volverte sola…
Mira sintió como una losa la borrachera que tenía encima. Y ahora no era algo bonito ni divertido. Tenía sensaciones negativas martirizándola… otra vez. No dejaba de pensar en las palabras de Rumi, en la expresión de tristeza y rabia que Zoey tuvo cuando tiró el sobre.
Ese sobre… ese mensaje… decía de no volver a cagarla y la hice reventarlo contra el suelo. Así de irónica es mi vida ahora.
Sarah volvió a tocarla del rostro. Acarició su mejilla. Mira la miró con atención y la tomó de las muñecas.
—Sarah… escucha, yo…
—No, escúchame tú. No voy a pedirte nada, ya te lo dije. Sólo quiero que estés bien. Y ser un lugar de… descanso. ¿me entiendes? Porque te he estado viendo y… no tienes esa relajación —aunque Mira intentó disimuladamente bajarle las manos, Sara volvió a acariciarla en las mejillas. Sobó con los pulgares sus pómulos, y fue deslizando poco a poco hasta su cuello, donde masajeó. Sonrió calmada al verla cerrar los ojos—. Vamos a dormir, ¿sí?
—Está bien… sí.
Esa llamada me ha jodido, coño, ya casi la tenía.
Dormitorio
—Te dejo algo de ropa de pijama, métete en la cama.
Mira se quitó la sudadera y los pantalones y se recostó sin más sobre la cama. Cerró los ojos. Cuando Sarah se giró para darle la ropa, se quedó pasmada mirándola. Se excitó un poco al ver su cuerpo. Sus largas piernas, su pelo sobre el colchón… y su cara de marmota, con la boca abierta.
—Eh, ¡eh…! ¡Ponte la ropa, te vas a enfermar! Aquí refresca mucho —la zarandeó del hombro. Mira parpadeó y se removió buscando a tientas la ropa con la mano. La agarró y casi como un zombie, se la puso.
Tengo que espabilarla, mañana por la mañana no lo verá todo igual.
Sarah se posicionó más cerca, tumbada a su lado. Cuando Mira se dejó caer de golpe sobre el colchón, empezó a acariciarle la mejilla con las puntas de los dedos. La pelirrosa dio un breve respingo.
—Quiero dormir.
Sí, dormir… quiero verte hacer de todo, menos dormir.
Mira dejó de sonreír de manera inmediata al sentir sus nuevas caricias. Una mano de Sarah se ajustaba a su costado. Mordió con suavidad el lóbulo de su oreja, tensándola de golpe. Mira la agarró de la muñeca, rodeándosela con cuidado.
—Para… voy muy pedo.
—Ah… ¿y qué dicen de los borrachos y de los niños, te acuerdas…?
Mira tragó saliva. No le retenía la muñeca con fuerza, así que su amiga pudo meterla sin problemas por debajo del camisón. La piel se le erizó, pero sintió un instinto natural mucho más fuerte que todas sus atenciones. Porque por más que pudiera estar cómoda en aquel momento, y el alcohol le nublara mucho el juicio, había algo que Sarah no era capaz de satisfacer. Algo primordial. Y lo sintió mucho más fuerte cuando abrió los ojos y la miró al rostro. No era el que quería ver.
La gran satisfacción que Sarah tenía se fue por el retrete cuando notó, ahora sí, cómo le ceñía la muñeca con más fuerza. Mira respiraba sonoramente y la miraba agotada, con las cejas fruncidas.
—Te he dicho… que pares. No insistas.
—No quieres que pare… —murmuró remolona, echándose sobre ella. Tan pronto como Mira la sintió encima la empujó con menos cuidado, volcándola de golpe de nuevo sobre la cama. Se levantó, mareada como estaba, y cogió su ropa. Sarah se agitó—. Perdona… ¡perdona! Si tanto te incomodé, no te tocaré más. Pero es que… no he podido evitarlo… —se sentó en el borde de la cama a su lado mientras Mira se anudaba los cordones. Estaba bastante seria—, ¿qué pasa, no te gusto nada…?
Mira terminó de atarlos de un movimiento seco y puso recta la espalda lentamente, girando el rostro hacia ella.
—Lo siento… pero… no me gustas de esa forma.
—Eso no es cierto —dijo afectada—, me has… dejado acariciarte, te estaba gustando.
Porque por un momento me has dicho lo que quería oír. Maldita sea… casi me dejo llevar.
Sarah volvió a acariciarla de la mejilla, tratando de dirigirle el rostro hacia ella. Mira se resistió y no la miró.
—Estoy enamorada de otra persona.
Sarah le soltó la cara, notablemente cabreada.
—Ah, sí. De Zoey, ¿uh…? Pero tú misma has dicho que es como una cría.
Mira arqueó las cejas, mirando a un punto de la habitación y asintió.
—Claro que lo es para varias cosas. Pero tiene un gran corazón. Y yo…
—Ella no sabría entenderte, a la larga. Habéis vivido vidas muy diferentes antes de cruzaros en BRETT.
Mira no concedió más respuestas. Se limitó a frotarse los ojos, y buscó su teléfono ya en pie. Trastabilló otro par de veces mientras se dirigía al salón.
Sarah sentía ganas de llorar. Había sido todo un completo fracaso. Intentó controlar su expresión facial y corrió tras ella.
—¡Espera! De verdad, no intentaré nada. Pero me sabe mal que salgas estando tan ebria, te puede pasar algo…
—Descuida —Mira sonrió escuetamente y abrió la puerta—, gracias… por… acompañarme hoy.
Y se cerró la puerta sin ningún tipo de despedida más. Sarah estaba completamente enrabietada.