CAPÍTULO 32. La sonrisa agonizante
Mansión Kozono Tres días habían transcurrido desde que Reika sufrió aquello a las puertas de su casa. Le costó mucho tomar la decisión de volver a casa de Nami, algo le decía que era el último lugar al que debía ir, pero Byto estaba allí y tampoco se fiaba de los cuidados que le estuviera dando. Sabía bien que el hecho de no traerle el perro era la forma de arrastrarla hasta allí. Ninguno de los dolores corporales que tenía había amainado en absoluto. Tomó la decisión de destinar parte de sus ahorros a una citología para evaluar los daños, […]