CAPÍTULO 22. Será un problema
Motel La Falsa Habana No quiso toquetear las maletas porque sabía que se irían, como mucho, en tres días. Estaba agotado por la jornada inacabable. El madrugón, las horas en avión, las horas de conducción, pasar hambre como un condenado y conducir otros 50 kilómetros para por fin llegar al motel. Seguía despierto de milagro. Tuvo que despertar a Eda y ésta, un poco a regañadientes, le ayudó a sacar las maletas del coche. También ocultó el vehículo en un hueco entre árboles que pilló literalmente en el bosque colindante, pues le advirtió que en caso de que Roberta les […]