CAPÍTULO 10. El castigo de Yurp
Hitch esperó veinte largos minutos, pero Marlowe no apareció. En el jardín del último cuartel apenas había luz entrante a esas horas tardías. La puerta del lugar siempre estaba abierta, y su interior abandonado desde hacía décadas. Ya no tenía utilidad militar ninguna, pero nadie se había ocupado de hacer nada con aquella construcción apartada. Cuando atravesó finalmente la puerta vio una fina línea de humo ascender de uno de los rincones. Su vista se acostumbró a la oscuridad lentamente, a medida que vio la figura de Yurp, que se sacaba el cigarrillo de la boca. —Hitch, perdona mi falta […]