CAPÍTULO 4. El lago de Shiganshina
Parecía estar soñando entre algodones hasta que abrió los ojos. Cuando lo hizo y fue dejando lentamente el sueño atrás, su cefalea fue enraizando más y más en su cráneo, como si acabaran de dar un golpe con un atizador. Soltó el aire incómoda, volviendo a cerrar los ojos. —Te traeré una gasa más fría, Annie. La voz era inconfundible. Annie abrió los ojos rápido de la pura impresión, tenía la vista algo mareada pero pudo ver cómo una cabeza de pelo corto y rubio le daba la espalda y acuclillaba sobre un cubo de agua. Era el inconfundible cuerpo […]