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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 1. Eres estúpida

BRETT Entertainment

—¿Qué te parece, querida…?

—Es lo que estaban pidiendo, ¿no? Una líder, una con un toque agresivo y la otra con un toque dulce.

—A Mira se le nota el estilo agresivo hasta en la voz. Tiene fuerza.

—¿Crees que querrá arrancar como solista a corto plazo?

—Tiene madera para ello, al menos —el hombre soltó la hoja donde se detallaban las características de la nueva integrante. La dispuso junto a las otras dos, frente a su hermana—. Míralas. Es un grupo con personalidad. Calculo que unos cinco años sí que podrán mantenerse juntas.

—Jung, me basta con tres años. ¿Las ves capaces de durar juntas tres años?

—Bueno, ya llevan dos años y van bien. Aunque Mira ha tenido algún problema con las condiciones del contrato.

Mi-sun suspiró largamente, con aburrimiento. Su hermano y el resto de la directiva tenían un criterio distinto al suyo. Ella veía en Mira -la pelirrosa- una actitud conflictiva.

—¿Y qué problema tiene la muchacha?

—Las horas de grabación en el apartamento que se les ha designado.

—No quiere que la graben durante ocho horas, sin embargo sí que quiere cobrar el equivalente —chasqueó la lengua, meneándose en la silla giratoria—. Y ella no es la cara principal.

Dae-ho siguió con los ojos la mirada de su hermana, que estaba clavada en los tres rostros impresos en papel sobre la mesa. Esas tres chicas eran, según los votos de la audiencia, las favoritas de la industria. Las querían juntas. Mi-sun observaba los ojos llenos de desafío de Mira, capaces de traspasar la fotografía de aquel informe. La mujer tamborileó con su estilográfica la foto un par de veces.

—Sé lo que estás pensando —comentó él—, porque te conozco. No te cae bien. Te recuerda a mamá.

—Haz el favor de callarte un rato —rio Mi-sun, apartando los informes de las chicas—. Bien, se les mantendrá el sueldo y las cámaras grabarán hasta seis horas. No pienso bajar ni un minuto más. Perdemos dinero.

Dae-ho asintió.

—Hay que hablar con Rumi. Es la más sensata y la encargada de actualizar los vlogs.

—Ha llegado ya, está en el comedor.

—Una cosa más —murmuró el hombre—, ya sé que Mira no es la cara principal, pero… ¿no le ves potencial para cantar en solitario? Quizá… en un formato más adulto. Más serio.

—Alguien debe ser la que inyecte la acidez en estos grupos. Esa es Mira. Si la diseccionas y la echas a una jaula a ella sola, pierde valor. La gente quiere verla con las otras dos. Si me preguntas a mí, creo que por muy bien que cante, en solitario fracasaría. Igual que Zoey.

—Ya… entiendo.

Comedor de industrias BRETT

Ya desde el pasillo, Dae-ho escuchaba los improperios. Las chicas mantenían una discusión acerca de las grabaciones.

—¿Tú te crees que yo voy a entrenar y a ducharme tranquila sabiendo que hay un colgado que tiene que grabar cada movimiento que hago?

—Madre mía, ¿cómo se te ocurre que van a grabar dentro de los baños? —rio Zoey. Rumi se cruzó de brazos y se dejó caer en el respaldo.

—Chicas, calma. Se supone que para eso hemos venido, ¿no? Para hablar con ellos. Son nuestros mentores.

—Habla por ti, nunca fueron los míos —Mira se estiró en la silla y prestó atención a su móvil.

Rumi la miró de reojo. Ya sabía que le iba a tocar ser la voz cantante en la charla que se avecinaba. Los pasos sonaron a través del rellano y las tres miraron al frente. Zoey y ella se pusieron rápido en pie. Pero la pelirrosa continuó sentada.

Van a acabar riñéndola… no quiero que la echen. Zoey se sintió apenada por unos segundos. Dae-ho no sólo había sido el causante directo de que ellas pudieran tener un sello discográfico, sino también de su mejoría física y mental los últimos meses. Más que un mentor, resultaba para las chicas un confidente. Una mano que se sentían seguras de tomar en términos laborales. Pero Mira no llevaba tanto tiempo en la agencia de talentos como ellas. Había causado polémica al ser despedida misteriosamente del cartel principal de su anterior grupo, donde también conformaba la segunda voz. Había sido echada de ESTOID Studios, agencia que al igual que BRETT, cazaba talentos jóvenes para convertirlos en estrellas.

—Chicas… oh, vamos, Mira, ¿ni siquiera vas a saludarme? —preguntó Dae-ho con cariño, abrazando a las otras dos chicas. Se puso frente a ella y le tendió la mano. Mira caviló un poco, pero se puso en pie lentamente. Medía casi lo mismo que él. Eso, sumado a la profundidad de su mirada, imponía bastante. Estrecharon la mano y Dae-ho sonrió más—. Me alegra mucho que te lo hayas replanteado y hayas venido. ¿Te convenció Rumi, a que sí?

—Pues sí. Pero no vengo a doblegarme. No dejaré que un cámara esté ocho horas en nuestro apartamento. Ya lo permití en la otra agencia y no teníamos privacidad.

—No hay ningún problema —se apresuró a responder, con calma—. ¿Cuántas horas al día consideras razonable que esté el equipo de grabación en casa?

—Ninguna. No quiero que vengan.

—Mira… —Rumi dio un paso adelante, tratando de calmarla. Pero se dirigió enseguida al instructor—, hemos venido a hablarlo. Ella… está dispuesta a dejar que esté unas cuatro horas diarias. Es lo que hablamos. Verdad, ¿Mira?

—Supongo —masculló a regañadientes.

Dae-ho sonrió.

—Espero que entendáis… que las grabaciones no son todos los días. Sólo cuatro días a la semana, por supuesto, a veces grabarán durante otras actividades de vuestra agenda, por lo que el tiempo se pasará rápido. No siempre es en casa. Pero… la cadena quiere ver cómo son vuestras vidas durante esos cuatro días a la semana. Esas niñas de ahí fuera os idolatran ahora mismo. Todo lo que se ha planificado es para que el horario cuadre y sea lo primero que vean al salir del colegio. Para que vuestras ventas se disparen, que conozcan vuestras habitaciones, vuestros productos de belleza…

Zoey suspiró y se cruzó de brazos.

—¿Y si lo compensáramos con vídeos exclusivamente hablando de todo eso? Tengo una estantería sólo dedicada al merchandising.

—Eso es muy artificial… en la época en las que estamos, las chicas se dan cuenta de que estamos publicitando —murmuró Rumi con preocupación.

—¡Exacto! —chilló él, poniéndose en medio de las chicas. Rodeó los hombros de la pelimorada con un brazo—. Rumi ha dado con la clave, y era lo que os intentaba explicar mi hermana. En fin, todo está que explota con tanta IA y tanto anuncio en cualquier serie… y en cualquier página… en este negocio tenemos que ser los mejores. Por eso sólo tenemos a las mejores —abrazó con el otro brazo a Zoey, quedando él en medio. Miraron de frente a Mira—, esas chicas quieren algo que tú tienes ya de por sí, Mira… naturalidad. Se mueren por verte. Quieren parecerse a ti.

Mira suspiró y también se cruzó de brazos. Alternó la mirada en sus amigas. La dejó en Zoey unos segundos. Ésta le sonrió.

—¿Lo intentamos el primer mes y a ver qué tal…?

Mira abrió la boca para responder, pero Dae-ho se le adelantó.

—Pero no pueden ser cuatro horas. El mínimo es de seis. El estudio no se permite menos.

—Bueno. Supongo que… —frunció el ceño. Las chicas le pusieron ojitos y acabó rodando los suyos—. Hecho. Maldita sea.

Apartamento del grupo Huntrix

Zoey fue a hurtadillas hasta la puerta de la habitación de Mira. Era raro que estuviera entreabierta, pero las últimas semanas fueron tan agotadoras para todas, que se estaba convirtiendo en algo ocasional que al llegar de las coreografías se ducharan y fueran directas a la cama. Esa noche no sería así. Mira no estaba dormida, sólo deslizando la pantalla del móvil, aburrida.

—¡PLANCHA…! —la pelinegra tomó carrerilla y se le tiró encima. A Mira casi le da un infarto al recibirla de golpe en la espalda.

—¡…! Joder… Zoey, casi te mato —se puso la mano en el pecho y giró el cuerpo. Zoey se partía de risa.

—Casi te meas primero… ¿qué haces, qué miras? ¿Sigues enfurruñada? —se tumbó bocabajo a su lado y se asomó a la pantalla del móvil. Mira le dejó ver.

—No. Sólo miraba algunas sudaderas, ah… tú… ¿ese pijama es mío?

—Nooo… —Zoey sonrió de oreja a oreja como una niña y se apresuró a sentarse sobre la cama con las piernas cruzadas. Mira se incorporó un poco y le dio un tironazo en la manga, haciendo que la tela sobresaliera de las manos de la chica—. Ah, no tires. Lo vas a dar de sí.

—Chs… te queda enorme. No pides permiso ya, ¿no? Lo coges del tendedero y te lo pones sin más. Eres una ladrona.

—Es que me has creado una necesidad que no tenía… los tuyos son más calentitos… —se abrazó a sí misma.

Mira le sonrió un poco. Pronto, a ambas les sonó al mismo tiempo el teléfono.

—Es Rumi —Zoey rodó hasta volverse a poner a su lado—, ¡no aceptes! Aceptamos la videollamada con el mío —le dio al botoncito y estabilizó el móvil con el cabecero, hasta que la cámara las enfocó a las dos— ¡Rumi!

—Os estoy haciendo compritas para que no os quejéis luego de que no hay nada. ¡Zoey, te zampaste toda la chocolatería!

—Tenía la regla… —puso pucheros—. ¿Has comprado papitas?

—Sí, sí, mira esto… —Rumi les transmitió el carrito que llevaba. Estaba atestado de bollería, bolsas de patatas y otros fritos y, en una capa sepultada por más golosinas, carne y verduras.

—Qué valor que tienes yendo tú sola… ¿seguro que no te ha reconocido nadie ahí?

—Yo también tengo ganas a veces de desconectar —suspiró la pelimorada. Volvió a activar el modo selfie. Como muchos en la zona, iba cubierta hasta las cejas. Tenía guardabocas, una gorra de visera discreta y el cabello recogido en un moño—. Pero creo que una niña pequeña se me ha quedado mirando en la entrada. Ya se fue con sus padres. Jaja, le tomaba la mano a la mami, pero me miraba así como con sospecha…

—Eh, espera, vuelve a enfocar la cesta. ¿Y las papas aromáticas? ¿Eh? ¡dónde están!

—Sh…. Baja un poco los decibelios, Z, que la gente de mi alrededor te oye… —musitó Rumi agachándose frente a la cesta. Bajó la voz a un susurro—. ¿Qué narices son las papas aromáticas?

—Las que están aderezadas con orégano, pimentón… vinagre… son las que le gustan a Mira. Ay, qué poquito nos fijamos…

Mira sonrió, no había hablado durante la llamada. Miró de reojo a Zoey. Y de pronto ella también le miró con aquellos ojos enormes, sonriendo con maldad y agitando sus pies.

—Es que a mí también me gustaron, por eso me las comí todas.

—Ya me di cuenta —respondió la pelirrosa. La despeinó con la mano. Zoey rio y volvió la atención a la pantalla.

—Bueno, niñas —Rumi se alejó a un rincón del supermercado—. Os llamaba por algo más. Pronto hay una fiesta promocionando la marca de la colecció-…

—¡¡GERANIAL!! ¡Es la marca Geranial! ¡Waaaaah…! Tengo unas ganas…

Mira suspiró y abrió el calendario de eventos.

—Es verdad… ya no queda nada.

—Nuestro mánager nos traerá la ropa a las seis. Esa noche, después del photocall vienen las entrevistas y luego la inauguración del pub.

—¿Es necesario que vayamos a esa discoteca? —preguntó Mira.

—Anda, no seas aguafiestas —Zoey golpeó con un hombro a su compañera—, lo pasaremos bien. Y podremos bailar con pasos libres… tengo unas ganas… ya ni recuerdo lo que es eso, sin que alguien me cronometre o me corrija cada movimiento.

Rumi se daba cuenta, desde el otro lado de la pantalla, que Mira seguía algo taciturna. Siempre que una conversación no le agradaba, su enfado podía prolongarse por horas. Sabía que no le gustaban las condiciones del contrato que acababa de firmar, pero… ¿qué otra cosa podía hacer? La música era la vía que tenían para desempeñar su trabajo, y la fama era un catalizador ideal para mantener vivo el honmoon. Cuando la conoció, ella misma notó cómo con su participación la cúpula se reforzaba. Las tres juntas eran una bonita simbiosis a espaldas de la población. Tenía que seguir siendo así.

—Estaremos sólo hora y media —zanjó Rumi, haciendo que sus amigas la miraran—, ni un minuto más. Lo suficiente para algunas fotos, probar los cócteles que han bautizado con nuestros nombres y bailar un poco. Tenemos que estar descansadas para los entrenamientos matutinos.

—Bueeeeeeno, bueno —Zoey tomó el móvil y se levantó de la cama—. Ven pronto, anda, tenemos hambre. ¿Tienes al chófer ya por ahí?

—Sí, descuida.

Cortaron la videollamada. Zoey apoyó la espalda en uno de los armarios y empezó a ver reels ahí mismo. El sonido de los mismos hizo que Mira se recostara de lado y le chistara.

—¿Es eso lo que creo que es…? Deja de mirarlo.

—Ah, ¡es que lo hacen genial! Mira esto…

—No quiero verlo, ya bastante tengo con escucharlo. No le regales visitas a esos bobos.

Zoey se carcajeó y volvió a dejarse caer de golpe en el borde de la cama. Le enseñó la última actuación en vivo de los Saja Boys.

—¡Mira!

—Oggggh, dios, ¿pero es que tú no escuchas? —Mira le quitó el móvil de pronto, poniéndose en pie—. Quién te gustaba. El cabezón ese de Mystery, ¿no?

—¡Eh, Mira! ¡Devuélvemelo! —corrió tras ella. Mira rio abriendo el perfil del chico y deslizó rápido el dedo por sus publicaciones.

—Uuuuuh, mira cuántas fotitos… ¿crees que con tanta fan se dará cuenta si le das me gusta a TODAS las publicaciones?

—¿¡Qué haces, te has vuelto loca!? ¡¡Ni se te ocurra!!

—¿Que no…? Mira cómo lo hago —levantó el móvil y giró la pantalla en su dirección. Pulsó el corazón y la chica se puso a gritar. Saltó sobre la cama para alcanzarla.

—¡¡¡ESTÁS LOCA, MIRA!! ¡DAME EL MÓVIL! ¡DAME, DAME! Con solo un Me gusta puede pasar desapercibido, per-…

—Pero tantos no, ¿no? Más que nada, con todos los seguidores que tienes… ¡¡ellos sí se darán cuenta!! Mañana serás trending… —empezó a reírse con maldad mientras abría una y otra, pulsando dos veces en cada foto. Los grititos de su amiga ahora empezaron a ser más desesperados.

—¡¡Mira!! ¡Voy a enfadarme! ¡Ya está bien…! —de un salto agarró el móvil y tironeó con ella hasta que se lo quitó. Pasó por las publicaciones de Mystery, viendo horrorizada que estaban con el corazón en rojo—, ¡eres…! ¡No me hables!

—Te dije que no quería escuchar su música en mi habitación. Te está bien empleado —cerró de un portazo.

Zoey se fue airada corriendo a su habitación, ya no tenía ganas de ir a la gala de esa noche. También cerró de un portazo. Tú qué sabrás… de quién me gusta o no. Eres estúpida.

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