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CAPÍTULO 11. El reencuentro


Sarah estaba poniéndose muy nerviosa, porque ya quedaba poco. Ya podía verla. Estaba, después de toda una década, a pocos metros de su ídolo. Mira firmaba rápidamente todo póster o foto que le ponían por delante, posaba para las fotos y pasaba el siguiente. Llevaba en cola más de seis horas para, a lo sumo, diez segundos en los que ella le prestaría atención. Y supo los días previos que quería estar divina para cuando se diesen esos diez segundos. Se gastó lo último que le quedaba en ahorros en visitar la peluquería para volver a teñirse de raíz el verde que tanto le gustaba, y se hizo unas ondas en su media melena. Como era tan blanca, sus ojeras sólo pudo taparlas con el corrector, e hizo un arduo esfuerzo por saberse guapa. Para vestir iba totalmente de negro, con pantalones cargo y una camiseta rockera oversize. Eso estaba bien para tapar las múltiples cicatrices que tenía en uno de los costados. La razón principal por la que nunca iba en bañador ni con top. Le apenaba mostrar a los demás lo débil y masoquista que había llegado a ser.

El momento se acercaba. Había risas, un agobiante estruendo de gritos, voces y música entorpeciendo el entendimiento entre los artistas y la gente. Y los hombres de seguridad prácticamente empujaban a los gritones nada más el artista firmaba, ganándose improperios.

Desde su punto de vista, las chicas se reían escuchando una rápida anécdota que contaba su fan, mientras les mostraba a un cachorrito en su mochila. Lo encontró cerca del estadio donde dieron su último concierto.

—Oh, ¡¡qué monada!! Es un bebito… —Zoey lo acariciaba por debajo del hocico. El perro agitó la cola, ladrando en su idioma.

—Deben continuar andando. Por favor —habló el guardia, tomando a la chica del hombro e instándola disimuladamente a seguir caminando hacia la otra punta de la mesa. La chica se despidió atropelladamente de sus ídolos y se fue, algo molesta.

—Ese gilipollas… —masculló Mira por lo bajo, firmando el siguiente papel.

—¡¡JAJAJAH!! ¡MIRA, QUÉ GRANDE ERES! —el siguiente grupo se partía de risa. La habían escuchado. Mira les chistó divertida.

—Que no me oiga, a ver si me echa a mí también…

—¡HAHAHAAH! ¡¡¡ERES LA MEJOR!!!

Las fotos sucedían tan rápido y con tanta ráfaga, que Rumi sentía que los haces de luz comenzaban a molestarla. Llevaban horas sin parar. Las tres posaron para varias fotos más, firmaron para el siguiente grupo y continuó el siguiente. Y así sucesivamente. Tras un periodo más, Mira soltó el bolígrafo y estiró los dedos. La muñeca le dolía ya demasiado. Se había quitado la férula en aquella quedada para no preocupar a los fans, pero estaba teniendo la consecuencia más esperable.

—Mierda —se inclinó a Zoey y le susurró—, ya me cuesta firmar, se me está entumeciendo la mano. ¡Y me estoy meando encima…!

—Les digo que paren un momento la cola —dijo Zoey, mirándola con preocupación—, ¿quieres que te acompañe?

—No, no. Ya vengo —la pelirrosa se levantó de la silla y se aproximó a un guardia. El público levantó la voz, en parte molesto porque ya le tocaba recibir su firma, en parte estresado de emoción porque Mira les hiciera caso, al verla moverse de su sitio.

—¡MIRA! ¡MIRA! ¡¡MIRAAAA! ¡MIRA, AQUÍ! ¡NO, AQUÍ! ¡ERES GUAPÍSIMA! ¡¡MIRA, JODER, DATE UN PASEO AQUÍ, AÚN NOS QUEDA COMO UNA HORA…!!

El guardia intercambió algunas palabras con ella, pero daba igual lo bajo que hablaran. Los fanáticos que estaban tan cerca gritaron desquiciados.

—¿¡¡CÓMO QUE SIGA AVANZANDO LA COLA!!? ¡GORILA DE MIERDA, SI MIRA SE VA, TIENEN QUE PARAR LA COLA, NOSOTROS QUEREMOS SU FIRMA!

—¡ESO…! ¡PAREN LA COLA! ¡PREFIERO ESPERAR, LLEVO AQUÍ HORAS, PERO SU FIRMA ME LA LLEVO!

—¡SÍ, NOSOTROS QUEREMOS HACERNOS FOTOS CON LAS TRES!

El bullicio elevó tanto los decibelios que Mira tuvo que dar un paso atrás cuando una de las chicas trató de agarrarla. El guardia apartó la manita de la chica en cuestión y la devolvió a la cola de un empujón.

—¡Volveré deprisa, es sólo un momento!

—¡¡TE ESPERAMOS, MIRA!! ¡CORRE!

El hombre fingió que la conversación con Mira no pasó. Pidió autorización para seguir avanzando la cola, y entonces, cuando se dispuso a hacerlo, una chica de pelo verde y el grupo que la seguía se puso en pie de guerra.

Desde el inodoro donde trataba de hacer pis, Mira oía el jaleo. Se mosqueó, porque su cabeza ya le advirtió de que aquel segurata haría lo que le diera la gana, ignorándola. Algo en su mirada y su expresión se lo decía. Parecía tener un radar preciso para dar con hombres gilipollas. Se mosqueó tanto que el cuerpo se le tensó y hasta le costó poder orinar.

Unos momentos después

—¡¡Hijo de puta!! ¡Pondré una denuncia! —chilló la joven, echada tras la cuerda roja que delimitaba la cola de espera y las mesas. Ella y los dos grupos siguientes fueron apartados tras generar escándalo. El motivo era ni más ni menos que no querían avanzar si Mira no estaba.

—¡Aquí dice claramente que nos encontraríamos con las tres! ¿Dónde está mi dinero de vuelta? ¿Eh? —se quejó otro muchacho.

—Por no hablar de que son entradas únicas, de aforo limitado. Coño, ese imbécil… nos la va a pagar. ¿Dónde se pone por aquí una reclamación al recinto?

—Eh… y esa… ¿¡es Mira!?

Sarah abrió los ojos impactada. Mientras todos ellos seguían gritándole al vigilante, otro jaleo parecía suceder a pocos metros, mientras Mira se peleaba y gritaba con los guardias para despegarse de las mesas. El equipo de seguridad se alarmó: ninguna de las Huntrix ni de los Saja podía salirse de las delimitaciones del recinto como ella lo estaba haciendo, porque ponían en riesgo su propia integridad. El público fanático del k-pop podía ser peligroso. Rumi y Zoey se pusieron en pie también siguiendo a su compañera, pero Mira les hizo un gesto con la mano para que no la secundaran. Las chicas se miraron entre sí y se sentaron lentamente. EL jaleo era inmenso y una buena parte del público se precipitó hasta chocar con el resto de vigilantes: trataban de llegar a Mira. Ésta seguía acercándose sin mirar atrás al grupo que acababa de ser echado.

Sarah contempló excitada y tensa de emoción que se estaba acercando. De frente, decidida. El último obstáculo fue el propio gorila que les echó. El hombre la frenó despacio del hombro, pero se leía en la expresión de Mira que estaba enfadada, y comenzaba a discutir con él.

—¡¡Joder, chicos!! ¡Que viene hacia aquí!

—¡SEH! ¡Le está mandando a la mierda a ese cerdo!

—¡DÍSELO, MIRA, DÍSELO!

Tras un cruce más envalentonado, Mira le dejó con la palabra en la boca y se volteó en dirección a los grupos.

—A ver —agitó un rotulador negro, sacando la lengua— ¿¡quién quiere mi firma!?

—¡¡YO!!

—¡YO…!

Volvieron a hacer una pequeña cola improvisada ahí mismo, lejos de tanto gentío. Sarah se colocó la última estratégicamente. Quería ser la última. Pero ahora la cola sí avanzaba más rápido, y se estaba poniendo mucho más atacada de los nervios.

Relájate… la conociste… y acabas de ver que sigue siendo la misma… tiene un par de ovarios y enfrenta a quien sea, como siempre. Es tu chica.

Se acercaba. Se acercaba otro poco más. Y otro poco más. El corazón le iba a explotar.

—Rápido, Mira, te esperan allí tambié-…

—Estás amargado, eh… ¿no estás viendo que aquí estoy ocupada! ¡Lárgate ya! —le hizo un deje con la mano sin mirarle y siguió firmando.

Otro corro de risas cómplices entre sus fans. El hombre se ahorró poner gesto alguno, pero la chica no le caía bien. Era el tipo de famosa que, según él, se la tenía bien creída. Deseó que cualquier loco apareciera y la secuestrara. Pero al final recordó que era su trabajo y que sólo en un par de horas más iba a finalizarlo.

Finalmente, Sarah dio un paso al frente. Era la única que asistía sola. Y ahora que la tenía en frente después de tantos años, sentía los segundos ir mil veces más despacio. Las manos le temblaban. Los labios también… los ojos no eran capaces de centrarse en su cara. Y al hacerlo sólo una fracción de segundo, sintió que le perforaba el corazón. Era altísima y muy guapa. Increíblemente guapa. Se agitó.

—Hola, me gusta tu pelo —le sonrió amablemente—, ¿qué te firmo?

—Es… yo… esto —le tendió temblando un poster enrollado.

Mira sonrió más y retiró la goma, desplegando el póster. Lo hizo rápido, y dedicó un segundo a mirarlo.

—Anda… pero si es de… estos que son a doble cara. ¿¡Qué!? ¿tienes a estos pájaros al otro lado…?

Las risas se volvieron a dar de fondo, de algún fan que todavía la seguía oyendo. Sarah miró tímidamente el póster. Era cierto que había escogido uno a doble cara. Por un lado estaba la firma de los componentes Saja, por cuya mesa ya había pasado. En el otro, estaban las Huntrix. Mira soltó una risa malévola y la miró con chulería.

—Imagino que será este lado el que se verá en tu pared, ¿eh…? Porque s-… si no… —se entrecortó un poco—…

—…

—¿Sarah…?

¿¡QUÉ!? Me reconoce.

Qué estoy diciendo… claro que me reconoce. Dios, tengo que serenarme. Parezco tonta, ¿pero por qué no puedo conectar palabras? Dios…

Qué vergüenza… pensará que soy subnormal.

—Perdona —dijo al cabo de unos segundos, al no recibir respuesta. Soltó una risa y destaponó el rotulador—, te confundí con otra persona.

Eso la hizo decaer el ánimo un poco. La chica tragó saliva y fue un poco más valiente.

—Mira, soy yo… pero no pensé que me recordaras.

—…

Mira volvió a fijarse en ella. Ahora la estudió mejor. El recuerdo de sus facciones no la traicionó. Había llovido mucho desde entonces, pero su marca en la nariz de piel más clara… sabía que la conocía. Parpadeó un par de veces y sonrió.

—Íbamos a clases en… —prosiguió Sarah.

—Tonta, ¡claro que me acuerdo de ti! Dios… es que… no esperaba verte aquí. ¿¡Qué haces aquí!? —rio más fuerte.

—Pues ya me ves… escucho tu música. Y veo tus bailes. Has mejorado un montón.

Mira no supo cómo sentirse. Aquella situación se le salía por completo de algo que esperara. Casi se sentía idiotizada. No pudo evitar quedarse mirando a Sarah varios segundos, antes de reaccionar repentinamente.

—¿Has seguido practicando? —dijo, animadamente.

Su voz es tan bonita… la tiene más grave. Escucharla en persona, hablarme… uf.

—S… sí… bueno, lo dejé hace ya años. Seguí un poco y luego lo dejé.

Mira asintió despacio. Seguía sintiéndose extraña. Sarah había sido su mejor amiga hasta mediados de secundaria. Aunque había un sentimiento amargo aún por cómo acabaron las cosas.

¿Y ahora se pega esta espera para que yo le firme? Dios… no entiendo cómo funciona el mundo.

Mira se relamió el labio inferior y carraspeó un poco, situándose. Puso con cuidado su propia mano bajo el póster y firmó usándola como apoyo. Después taponó el rotulador y se lo volvió a enrollar antes de entregárselo.

—Mira… eh… antes de que vuelvas… ¿crees que podríamos hablar un poco?

—¿Uh…? —se puso recta, mirándola sorprendida.

—Es que… bueno, no sé si lo sabes, pero uf, mi vida cambió mucho. Jajajaja, sé que es ridículo que te diga yo esto teniendo en cuenta cómo estás tú ahora, per-…

—Mira, hay que regresar ya —insistió el guardia, volviendo a interrumpir la charla. Mira le ignoró.

—Sarah, ahora mismo no puedo quedarme mucho rato. Tengo muchas cosas que…

—Ya, está bien —la cortó sonriente y negó rápido—, lo sé. Pero… eh. Siento lo que pasó. Quería decírtelo.

Uh.

A Mira le hubiera gustado no saber a lo que se refería.

Pero lo sabía, claro que lo sabía. Porque eso sí que lo recordaba incluso con más nitidez que el rostro de Sarah. El cómo le dio la patada para cambiar de grupo social, porque estar con ella le suponía hacer frente a las burlas. Mira supo perfectamente a lo que se refería. Y lo más lamentable era que se sintió mal cuando se lo recordó. Recordó cómo le pidió no juntarse más para bailar tras las clases, y después, cómo se cambió de pupitre sin avisar… para no volver a hablarle más.

—Tranquila —dijo lo más pronto que pudo resituarse—, éramos… niñas.

—De verdad que lo siento. Por eso, si pudiera hablarte un poco más cuando hayas term-…

—No, no podré. Lo siento.

—De acuerdo —dijo, sonriendo con tranquilidad—, gracias.

Mira se quedó mirándola unos instantes, cuando Sarah ya se había dado media vuelta. No insistió, ni le puso ninguna cara… ni dijo más nada. Aceptó aquello como quien le daba la hora y se marchó pacíficamente junto al resto del grupo.

¿Ha venido sola?

—Mira, vamos, la gente está ya muy nerviosa esperando que regreses.

Mira no le peleó más al hombre. Se dio la vuelta y caminó a las mesas, no sin volver a mirar atrás otra vez. Sarah se alejaba del bullicio caminando hacia la salida.

Qué sensación más rara me ha dejado, joder.

De vuelta en las mesas, Mira encendió el modo automático en su cerebro e hizo un esfuerzo por firmar sin poner ninguna expresión de dolor. La muñeca la tenía muy jodida. Y la tendría peor por la mañana. Había llegado un punto en el que ya no podía rotarla lo más mínimo sin sentir un pinchazo. A pesar de estar sumida en el trabajo, ver a Sarah y renegar de su compañía le había supuesto algo raro. Además, cayó más tarde en la cuenta de que sólo se llevó su firma en el lado de las Huntrix… y no las de Zoey y Rumi.

Horas más tarde

Apartamento Huntrix

—Dios, estoy reventada… ¡no puedo más! —Zoey se anudó el albornoz tras su ducha y así mismo se tiró en plancha sobre Mira, haciéndola dar un respingo en el sofá.

—Joder, Zoey… qué susto.

—¿Qué haces…? Has estado más de una hora con el móvil, eh… sabes que lo tenemos prohibido.

—Nada, me ha pasado algo raro en la firma. He… visto a una antigua compañera de clases.

—¡Wah! ¿De verdad? ¿Es esa? ¡A ver…! —estiró el cuello para ver mejor la pantalla, pero Mira se rio quitándoselo de la vista—. Aaaaah, ¿¡ves lo que jode!? ¿Ahora qué? ¡Trae aquí, que le voy a dar like en TODAS SUS FOTOS, TRAE AQUÍ! —peleó con ella en broma, haciendo que Mira se partiera de risa.

—Qué podrás hacer tú, con esos bracitos tan cortos… ¡¡EH, AU!! ¡PARA! —se desternilló de risa cuando ahora era ella quien empezó a hacerle cosquillas en el abdomen. Mira se revolvió y dejó el móvil bloqueado en el sofá, le trató de bloquear los brazos. Zoey también reía, y luchó con ella en broma hasta subirse a sus piernas. Se sentó encima y de repente la empujó con la frente, haciéndola apoyar la cabeza en el sofá. Se miraron fijamente sólo unos segundos. Zoey cerró los ojos más tranquila y la besó en la boca. Mira se agitó un poco al no esperárselo. Eso la relajó de inmediato, como si fuera una cura diaria. Además…

…aún no estaba acostumbrada a esa faceta natural de Zoey. Cerró los ojos y le siguió el beso, correspondiéndolo con más necesidad.

—Joder… —Rumi paró en seco al encontrarse con esa imagen al salir de su dormitorio. Se tapó los ojos—, ¿¡por qué no os vais a un hotel!?

Las chicas pararon de besarse. Zoey se puso tan colorada que se levantó del sofá y corrió al cuarto cerrando la puerta. Mira la siguió con la mirada y no pudo evitar reírse. Rumi suspiró cruzándose de brazos.

—Oye, lo digo en broma, pero… esto… nos pueden pillar y…

—Déjalo, Rumi, anda. Ve a dormir. Pareces… pareces mi madre —alcanzó el móvil, aunque aún tenía una sonrisa tonta en los labios. Se levantó.

Rumi puso los ojos en blanco.

Habitación de Zoey

—¿Has venido aquí a esconderte?

—Me da vergüenza que Rumi nos vea así —dijo sin mirarla, hablando bocabajo sobre la cama.

—Ya —sonrió y se tumbó a su lado. La tocó con el dedo en el hombro y le puso el móvil cerca—. Mira. Mira esto.

Zoey se quitó el flequillo de la cara y miró la foto. Era Mira junto a una chica. Mira aún tenía su pelo castaño, un pelo virgen. La de al lado era una chica mona, con las mejillas sonrosadas y cubiertas por pecas. A pesar de que su piel era blanca, tenía una mancha aún más blanca en un lateral de la nariz. Pero en términos generales…

—Se parece a mí —dijo con el ceño fruncido—, ¿esa es tu amiga?

—Sí… esta… fue una chica a la que me declaré cuando tenía catorce años. Dios, estaba tan distinta hoy… me impacté un poco, sabes.

Zoey volvió la mirada a la foto, más analíticamente. En ella, Mira lucía tan jovencita que casi parecía otra persona. Su rostro había madurado en la actualidad. Se giró hasta quedar bocarriba.

—¿Qué te dijo?

—Quería hablar conmigo. Me chocó bastante con eso. Y creo que vino sola.

—Ten cuidado, Mira. La gente… a veces no es lo que crees. A lo mejor tenía malas intenciones.

—No sé —Mira bloqueó el móvil—. Pero ahora me he quedado con esa curiosidad. ¿Qué podría decirme alguien a quien no veo en diez años?

—… —Zoey la miró al rostro, atenta. Cavilando en silencio una respuesta. Ninguna de las que le salía a flote le gustaba. Mira dejó de mirar al infinito y se concentró en ella. Rio.

—¿Qué pasa, y esa cara?

—Tienes que gustarle —murmuró—, si no por qué iba a estar allí haciendo tanta cola…

Eso pensé, pero creo que necesitaba oírlo de otra boca. Qué ridículo es el mundo. Funciona con ironía.

—Ya…

—¿Y ella? ¿Te gustó cuando la viste?

—No pensé en nada de eso. Pero… me dijo que lo sentía.

—¿Qué lo sentía por qué?

—Me declaré cuando éramos niñas… y me dio la patada —soltó una risa—, nunca más volvimos a hablar, en fin… ella me sentenció socialmente en ese curso. Me costó lo mío levantar cabeza, supongo que por ser la primera chica que me gustaba.

—Waah… y ahora es ella la que se quiere declarar, seguro. Qué miedo. ¿Vas a contactarla?

—No —frunció las cejas, riendo—, no, el pasado… es mejor dejarlo bien atrás. Y realmente no puedo culparla por lo que hizo. En la adolescencia uno pasa mucha mierda, no todo el mundo la soporta igual. Ella no soportaba el rechazo de los demás.

—Ya bueno, a ningún niño le gusta recibir bullying, pero… ¡a veces hay que imponerse!

—No todos saben hacer eso. Con trece años, con catorce… uno se deja llevar. Y los que siempre estamos rebelándonos y dando guerra, nos sentencian como unos apestados. Entonces ya nadie quiere conocerte ni jugar contigo —Mira sonrió algo nostálgica—, pero… es que… cuando ella se marchó, la noté apenada. No sé. Y me hizo sentir mal. No entiendo por qué me sentí así.

—Ya… te recordó cosas feas —Zoey soltó un resoplido—. En fin. ¿Qué nos tocaba mañana?

—Tengo que mirar el calendario, pero los de grabación también estarán.

Ambas suspiraron.

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