CAPÍTULO 13. Pausa publicitaria
Estudio de grabación
—Eh, no queda mal, ¿no? Repetimos. Quiero que sea con ellas dos. ¡A grabar!
Rumi había solicitado un descanso tras finalizar la primera hora. La garganta le ardía, especialmente en los falsetes. No podía llegar al exigente rango que acostumbraba. Por primera vez, era incapaz de cantar las propias canciones que componía. Como aquella mañana tenían un pequeño público de reporteros y las cámaras del programa también estaban grabando, Zoey y Mira sustituyeron su parte, Dae-ho quiso experimentar con sus voces.
—Cause I see your real face, and it’s ugly as sin —empezó Mira, con fuerza—. Time to put you in your place ‘cause you’re rotten within.
—When your patterns start to show… It makes the hatred wanna grow outta my veins.
La letra ahora parecía golpear duro en el interior de la pelimorada. Casi parecía que se la estaban cantando a ella. De hecho, podrían. Acertarían. Ya que su propia letra se le había venido en contra. A medida que las chicas ganaban fuerza en la voz, desprendían una química adicional. Algo que antes Rumi no se paró a analizar. Pero sus ojos lo vieron claro, cuando el escudo honmoon se reforzó en aquellas personas que las estaban mirando. Ellas eran cazadoras. Podían verlo con total nitidez. Mira y Zoey terminaron la secuencia y se abrazaron sonrientes, sus miradas llenas de felicidad también vieron lo mismo que Rumi.
Sólo que a Rumi no le estaba provocando las mismas sensaciones.
¿Pueden hacerlo sin mí…? El honmoon… se activa con las dos. No les falta la tercera voz.
Aquello desplazaba el plan B que Jinu le ofreció. Si ni siquiera podía cantar en solitario, estaba en el carril del declive. Caería sin frenos.
¿Por qué no puedo alegrarme por ellas?, se criticó.
—¡Agh…! —la gente se volteó ante el quejido. Rumi se palpaba el cuello, y sintió asustada que el repiqueteo de la piel volvía a dibujarse. Avanzaba. Tocó con la palma de la mano su garganta y fingió toser, ante las miradas de preocupación—. Cof… está todo bien, tranquilos. Llevo una temporada un poco tocada.
—Rumi, ¿quieres un poco de agua? —preguntó su mentor.
—No, no, de verdad. Dae-ho… hoy… ¿no teníamos una reunión con los directivos internacionales?
—Sí, pero se retrasará a después de la entrevista. ¿Todo bien?
—Sí… todo bien… —Rumi se sentía más desplazada que nunca. Sus marcas la hacían además autogestionarse. Se sentía enferma. Y empezaba a tener paranoias con quien pudiera vérselas.
Ellos no pueden verlas… las únicas que pueden… aún no se han dado cuenta. Hasta que pueda contenerlo, tengo que cubrirme bien.
La mera idea de imaginar que las chicas la dejaban de lado de una patada por ser mitad demonio la entristecía tanto, que cuando volvía a asolarla, se obligaba a cambiar de pensamiento. No sabía gestionarlo.
Programa de televisión
—¡Estáis que lo petáis! Madre mía, ¿acaso hay alguien en todo el planeta tierra que no conozca ya Golden? ¡¡Chicas, sois increíbles!!
—¡Gracias! —contestaron al unísono.
—Pero teníamos una revelación sorpresa en este programa… ¡¡los Saja Boys!!
«¿Uh?», las chicas miraron confundidas al nuevo foco que se acababa de encender. Sus rivales en la industria vecina bajaban las escaleras y tomaban asiento delante de ellas. Las chicas rieron un poco, maliciosas entre ellas antes de comentar.
—Baby, ¿has aprendido ya a cantar? En el último concierto desafinaste un poquito… —arremetió Rumi, sonriente.
—Auch. Es cierto. Debes de saberlo bien, tú que estás medio ronca ya, ¿no…?
—Tsk —chistó Rumi.
—¿¡Qué te parece una batalla de rap aquí mismo!? Vas a llorar tanto que tu madre va a tener que volver a rellenarte el biberón… —bramó Zoey, consiguiendo que el público gritara una ovación. Se estaban provocando y eso siempre subía la audiencia. Más teniendo en cuenta que era improvisado.
—¡Muahh, muahh, muahh…! —Mira y Rumi empezaron a hacerle burla, imitando los llantos de un bebé.
—Cuando y donde queráis —zanjó Jinu, cruzado de brazos con una brillante sonrisa—. Eh, niñas, que no venimos de mala fe. ¡Nos invitaron! Y bueno, siendo invitados… había que traer algunos regalos. ¿Por qué no los abrís?
Tras bastidores
—Esto no estaba contemplado. ¿Por qué han cruzado las entrevistas? —preguntó Mi-sun.
—Lo ofreció el mánager de los chicos. Y yo acepté —comentó Dae-ho.
—Es peligroso, la improvisación bajo presión puede dar lugar a torpezas. ¿Y qué regalos se supone que les han traído?
—No te preocupes… ellos siguen muy bien su guion. Y Zoey también.
—Ya, ya… me parece que estás patinando. ¿Lo saben todas ellas?
—Quiero ver qué pasa.
—No me gusta la actitud que estás tomando últimamente, estás raro —se cruzó de brazos—. Normalmente eres más calculador.
—¿No te excita lo que pueda pasar? Acabo de hacer algo y quiero ver los resultados. Así que cierra la maldita boca.
—Eh —le levantó el dedo, ceñuda—, estás muy subidito. Mira, yo…
—¡¡¡Shhh…!!! Calla, que se viene.
Mi-sun le observó por el rabillo del ojo y se fijó de nuevo en el escenario.
Plató de televisión
—A ver ese regalo… ¡a ver a ver a ver! —Jinu le entregó un sobre rectangular y algo pesado a Rumi, guiñándole el ojo. La chica se esforzó en sonreír, estaban rodeados de cámaras—. Adelante, monina, ábrelo.
Rumi pensó en llevarlo por otro camino. Hacer alguna escurridiza inventiva para no abrirlo, porque tenía un mal presentimiento. Pero la presión de todos aquellos ojos mirando, el público en vivo y el propio programa transmitiéndose en directo en tantos canales y plataformas, por primera vez en años, la puso más nerviosa. Suspiró con disimulo y rasgó el papel.
Zoey estaba tranquila porque confiaba en Dae-ho. Sabía lo que había en ese regalo y ya tenía su guion aprendido.
De pronto, la cara de Rumi cambió. Zoey asintió con diversión al ver que era la foto del beso con Mira, enmarcada en un cuadro.
—¿Eso es todo? ¿Qué intentas, Jinu?
—Yo prefiero la pregunta… ¿qué intentabas tú, chiquina? Se te ve lengua y todo… ¿acaso sois novias?
—¡¡Esa foto la montaste tú!! Porque se rumorea… que se te ha visto en locutorios bien escondiditos del radar televisivo haciendo… cosas bien indecorosas con nuestras caras. ¡¡No sabía que eras tan bueno con la inteligencia artificial!!
—Eh. Detente, Zoey —apretó Abby, quitándose el gorro—. Te estás pasando.
—Pero sobre todo… no sabía que tuvieras ese tipo de pensamientos con nosotras… nos han chivado que tienes un vídeo más subido de t…
—¡¡BIEN, SEÑORITAS Y CABALLEROS, NOS MARCHAMOS A UNA PAUSA PUBLICITARIA!! —el presentador del programa mantuvo una histriónica sonrisa de oreja a oreja hasta que los cámaras indicaron que ya no estaban en el aire. Se puso serio entonces y avanzó hasta estar en medio de ambas bandas— ¿¡QUÉ COJONES ES ESTO!? ¿QUÉ HACEN?
Rumi dio un respingo al ver esa cara del presentador, ante la cual no se había encontrado nunca. Pero no era a ellas a las que gritaba, sino a los hermanos Dae-ho y Mi-sun. Jinu soltó una risotada.
—¿Y esa bomba? ¿Es cierta…? —dijo dándole un manotazo a Baby. Éste se volteó exasperado.
—Claro que no, tremendo gilipollas. ¡Se lo están inventando!
—¡Sois vosotros lo que os lo inventáis! —señaló Zoey a voz en grito—, ¿qué creías? ¿Qué ibas a destruirnos con una foto así? Sólo quieres despertar la lujuria en el fandom.
—Pero yo nunca dije ninguna mentira y esto no es IA. ¿A quién se le ocurrió decir esa chorrada? ¿Es en serio?
—Vas a tener que responder si es verdad o no en un juzgado, porque de un modo u otro podemos denunciarte por lo que estás haciendo —recriminó.
Mira observaba a Zoey en silencio. Respondía casi al segundo, como si se esperara cada frase que salía de Baby. Sin embargo, los chicos lucían confundidos. Abby estaba con el ceño fruncido y discutía en voz baja con Jinu. A él, sin embargo, no parecía importarle nada un bledo. Seguía riéndose.
—Déjalas que continúen con el espectáculo. Parece que está ensayado por parte de Zoey.
—No me gusta el tono que está utilizando. Vale que es un programa que termina en franja nocturna, pero… la imagen de Zoey y de Baby… —susurró el presentador, pero de pronto un enfadado Dae-ho surgió al lado, asustándolo.
—Déjala —masculló. El presentador no vio nada, pero Jinu sí vio el destello morado en sus ojos, fugaz.
—Espero que sepas lo que estás haciendo con tus chicas —musitó el presentador, alejándose.
Aún en sus posiciones sentadas, Rumi se dirigió a Zoey y le susurró.
—¿Qué se supone que hablaste con Dae-ho de esto?
—Esto justamente. Que dijera lo de la IA.
—Y cómo no te diste cuenta de lo ridículo que se ve… desde fuera —masculló, intentando mantener un tono susurrante. La regañó—. Joder, Zoey… tenías que habérnoslo consultado.
—Deja que arregle mi cagada a mi manera —farfulló sin despegar la mirada de los Saja Boys—, estoy harta de estos imbéciles, me caen mal, y han hecho esto para herirme. Les pienso humillar hasta el final.
—Baja dos marchas antes de decir algo más fuera de lugar…
—Rumi, tú estás al margen de esto. No te afecta de manera directa. Pero a mí y a mi familia sí, y no sé cómo han sido capaces de sacar esto así a la luz. Estoy segura de que fueron ellos los que mandaron la foto a la industria…
Mira no las escuchaba bien porque susurraban entre sí, pero tenía una desazón encima que se alimentaba a cada segundo. Miraba a los Saja y sentía asco. Y escuchaba a Zoey…
…y también lo sentía. Es más. Sentía que se estaba descomponiendo.
—Ahí viene… —Rumi se separó y cerró los ojos un instante, intentando calmarse. Los cámaras volvían a colocarse. Pero tanto ella como la pelinegra vieron por el rabillo del ojo que Mira se ponía en pie y se descableaba los micros.
—Eh… ¡que vamos a estar en el aire! Señorita.
—Paso —susurró quitándose el pinganillo. Lo lanzó a la butaca.
—No puedes pasar.
Al voltearse, casi choca con Dae-ho. Mira se puso recta y le miró de arriba abajo.
—No me encuentro bien.
Zoey se puso en pie y trotó hacia los dos.
—Eh. Lo estoy haciendo bien… ¿no, Dae-ho…? —preguntó preocupada. Al mirar a su amiga, tragó saliva—. Mira, esto es lo mejor, ellos quieren hundirnos y quién sabe por dónde van a llevar el tema si les dejo hablar.
Mira no le respondió. Ni siquiera la miraba. Volvió a dirigirse al mentor.
—¿Puedo irme ya?
—No. No puedes —zanjó secamente, aguantándole la mirada. Zoey miró despacio a Dae-ho.
¿Por qué contesta de ese modo?
Mira pareció tantear la situación. Pensó si debía mirar por el grupo o por ella misma.
—Siéntate, Mira —siguió apretando él—. Esto es lo mejor que podemos hacer… dado que las dos la habéis cagado hasta el fondo.
Zoey dio un pequeño paso atrás, frunciendo las cejas.
—Esto… esto es lo mejor —se autoconvenció—. Si estás tan seguro de que la audiencia no puede entenderlo… tú… tú gestionas bien estas cosas. ¿Verdad?
—¿¡Pueden volver a sentarse de una vez!? —exclamó el presentador. Pero tras él los Saja Boys también abandonaron sus sillas.
—Eh, jefazo —interrumpió Abby—, acaba de llamarnos nuestro mánager. Está preocupado viendo los comentarios del programa. Quiere que nos demos el piro o habrá repercusiones de otro tipo.
—Dile a ese grandullón que desde el principio el que mandaba era yo.
Zoey no reconocía en Dae-ho a su mentor. Algo raro estaba en él. Suspiró y se llevó la mano a la frente. Al voltearse vio que los jóvenes también se quitaban los micros. Oyó la voz de Mira a sus espaldas.
—¿Ellos sí pueden irse y yo no?
—Vuestro mánager no está aquí ni el suyo tampoco. El que siempre está con vosotras soy yo. Y con respecto a ellos… yo soy su responsable.
—¿Cómo pretendes continuar este circo? ¿Eh?
—Te estoy diciendo que te sientes, Mira. Siéntate.
Mira abrió un poco los ojos. Ahora sí que realmente estaba sorprendida. Dae-ho jamás se había dirigido a ella de esa forma. Se le quedó mirando sin moverse ni un centímetro. El tipo cruzó miradas con ella… y el hombre detectó algo fuerte hundírsele en la boca del estómago cuando la enfrentó con los ojos. Las pupilas de la chica parecieron inyectársele en la piel. Dio un paso atrás, sintiendo un escalofrío.
—Bueno… —reculó—, si quieres irte, puedes hacerlo. Pero quedará raro en el programa. Zoey, ¿me esperas un momentito?
Mira se les quedó mirando según se alejaban para hablar en privado. Una de las esteticistas le preguntó si quería retocarse el rubor, pero la pelirrosa negó.
—Señorita, deje que le ponga los micros de nuevo… me están riñendo… por favor.
Mira asintió escuetamente, ya cabizbaja. Dejó que volvieran a prepararla.
—Lo siento, sé que quiere irse —dijo la muchacha preocupada mientras volvía a rodear su cintura con uno de los cables. Al cruzar la mirada un instante con ella sus manos pararon de trabajar—, ¿quiere… ir al aseo o algo así?
Mira negó con la cabeza.
Un rato después
En primer plano de las pantallas de televisión aparecía Zoey con una expresión maléfica y engreída.
—¿Qué se creían esos Saja Boys? Cómo les encanta los romances… de hecho… ¡¡vamos a vender fotos de tooooooodos nosotros!! Pero eh, no de esta guisa… —puso la mano cerca de la boca, como si contara un secreto a cámara—, eso se lo dejamos sólo al amoroso de Baby… ¡recordad, chicos, podéis crear vuestras propias fotografías personalizadas con cualquiera de nuestras caras en la siguiente aplicación, sólo tenéis que…!
Un rato después
Plató
—Bien… eso es todo por hoy.
Las cámaras se apagaron y el programa se dio por concluido. Las luces más potentes que alumbraba las cabezas de las chicas se apagaron y quedaron sólo unas tenues. Zoey dio un suspiro, estaba cansada de gritar. Era el primer «anuncio» que no disfrutaba grabar. Porque todo se sustentaba en una estúpida triquiñuela. Rumi aún sostenía la foto enmarcada que lo acababa de iniciar todo. Y Mira, que ni siquiera había intervenido en el resto del encuentro, ya estaba de nuevo en pie quitándose los cables. Fue la primera en abandonar el plató.
Dos horas más tarde
Apartamento Huntrix
—Pues al parecer… Mira se ha ido a su cita mensual en la estética… —hablaba animadamente Rumi frente a las cámaras.
Habían regresado a casa después de aquella entrevista por la tele, pero en algún punto y sin previo aviso, Mira salió de la casa. Los cámaras tenían cierto margen permitido para hacer sus preguntas, con el objetivo de condimentar un poco lo que grababan en el documental de sus vidas. Pero ni Rumi ni Zoey tenían ni idea de adónde marchó, así que debían improvisar.
—¡Con razón la descarada no nos cogía el móvil! —reía Rumi frente a la cámara—. Sí, aunque os cueste creerlo, es la que más al día tiene el temita este de las uñas, y la estética en general… es muy presumida. ¡Y luego dirá que no! ¿Verdad, Zozo? —le dio un codazo. Zoey pareció reaccionar, aunque estaba obnubilada con otros pensamientos y ya muy cansada.
—Eh… ¡sí! ¡Tengo ganas de ramen!
Rumi quitó un poco la sonrisa.
Joder, va cada una a su bola. Zoey está más dormida que despierta y ni se entera.
Pero antes de que entrara en pánico, vio que los dos cámaras que las grababan se reían tras sus lentes. Parecían estar tomándoselo con comedia. Así que soltó otra risilla y se rascó el cuello.
—Eeeeeh… Zoey, ¿qué te parece si les hacemos de comer al equipo nosotras? Y así enseñamos nuestro plato estrella a los que nos ven.
Zoey cabeceó antes de perder el poco resuello que le quedaba. Un cámara soltó una pequeña risita al enfocarla mejor: se acababa de quedar dormida en directo, con la boca entreabierta. Rumi la zarandeó hasta despertarla.
Dos horas más tarde (de madrugada)
Había sido un día duro con todas las letras. Las tres cayeron como troncos y roncaron en sus respectivas camas. Las tres recibieron tantísimas notificaciones aquel día debido a lo ocurrido, que Higgins, su mánager, les instó no buscar ninguna noticia ni dar ningún feedback a nadie. Zoey violó esa norma y leyó las notificaciones más importantes: las personales. Las familiares.
«Hija, casi me da un infarto pensando que tú… en fin. Ten cuidado con eso, por favor, tu imagen es importante. Que no la sexualicen ni la manchen.»
Sólo aquello bastó para crearle una sensación tan horrible, que volvió a desencadenarle las pesadillas. Rara vez eran pesadillas soportables. Siempre había un punto en el que la chica sentía tal ansiedad que le costaba el sueño. No fue diferente. Se revolvió en la cama y despertó de golpe, en un gemido pequeño. Se ahogaba. Su madre volvía a matarse y le pedía ayuda, llena de sangre. Zoey dio una exagerada bocanada de aire y se sentó en la cama, tapándose el rostro. Estaba tan alterada que no podía gritar ni tampoco llorar. Tenía el cuerpo tenso, casi a punto de estallar de los nervios. Aquello era lo que describía a su psicólogo como el significado de la palabra terror. Llena de miedo, vigiló la habitación. Era tan grande y oscura, que el miedo la atravesó y la hizo saltar de la cama, presionando el interruptor de la luz. La luz trajo un alivio corto. Esa vez, el terror no la estaba abandonando tan fácilmente. Trató de recordar las respiraciones, la técnica… pero de pronto un ruido externo, cercano a la ventana, la desconcentró y perdió el hilo. Suspirando por los nervios, abandonó la habitación. Sus piernas caminaron solas hasta el cuarto de Mira, ni siquiera le importó invadirla sin llamar en mitad de la madrugada. Le costó abrir su puerta porque dejaba el pestillo ligeramente echado y la puerta rozaba antes de permitir la entrada al visitante. Casi jadeando, abrió las mantas y coló el cuerpo dentro de la cama, abrazando a la pelirrosa por la espalda. Mira tuvo un susto y balbuceó con las cejas fruncidas, girando un poco la cabeza. Dio un resoplido de exasperación.
—No entres de ese modo… ya te dije que algún día puedo responder mal, me asustas.
Mira notaba su propio corazón acelerado, pero al reconocerla se calmó enseguida. Se alertó al ver a Zoey tan tensa. Se le pegaba como una lapa y la abrazaba con fuerza. Al sujetarla del brazo notó los agarrotados músculos. La menor apretó los dientes y no dijo nada, sólo la abrazó más fuerte y se hundió en su cuello.
Y así pasaron largos segundos…
Mira no sabía cómo sentirse. En parte, ya estaba decepcionada. No le gustó aquel día ni la forma de actuar de Zoey a merced de Dae-ho. En realidad, hubo un instante en que tuvo ganas de apartarla cuando la asaltó en la cama. Trató de hacerlo al empujarla disimuladamente de la cintura, pero Zoey se puso igual de nerviosa que si le quitaran algo indispensable y se le abalanzó al cuerpo otra vez, temblando más.
—¿Qué haces…? Abrázame…
—Quiero que dejes de hacer esto.
Zoey pareció recibir un golpe con aquello. Parpadeó angustiada y se separó un poco, sólo para encontrarse con su cara. Frunció el ceño, enfurruñada.
—¿Por qué?
—Yo también he tenido un mal día. Y prefiero estar sola.
Fue contundente, pero sufrió al ver su mirada de confusión. Mira prefirió apartar la mirada.
—Yo…
—Quédate a dormir aquí si quieres. Pero que sea la última noche.
¿Por qué me odia…?, Zoey apoyó poco a poco la cabeza en la almohada, sin quitarle la mirada de encima.
—Vale… no te tocaré —murmuró apenada.
A ambas les costó pegar ojo.