CAPÍTULO 14. Asalto en el baño
Skatepark
—Zoey. Zoey… ¿me oyes?
Zoey dio un respingo cuando sintió una mano en su hombro. Se quitó los cascos y miró hacia arriba. Era Rumi.
—Hey —cerró su libreta de golpe, guardándola en la mochila. Sonrió un poco—. ¿Va todo bien?
—Bueno.
Rumi exhaló un suspiro y se sentó a su lado. Miró a su alrededor. Ya estaba atardeciendo, así que los skaters se habían marchado. Reinaba el silencio en aquel enorme parque. Zoey le había dicho que estaría allí aprovechando que tenían una tarde más desahogada.
—Sí. «Bueno.»
—¿Cómo están las cosas entre Mira y tú?
—Bueno… —repitió, haciendo que ambas rieran—. Pensé que ella sabía todo aquello que Dae-ho quería preparar, pero no era así. Creo que le molestó que yo actuara de ese modo, pero… no sé. Tampoco me lo ha dicho. Está en su mundo.
—… —Rumi se abrazó las piernas y dio un suspiro largo—. Tampoco puede recriminártelo. Por cierto, tus papis. ¿Recuerdas que esta noche…?
—Es la única noche libre que tenemos. Mi madre se ha enterado, y no debía enterarse —suspiró desbloqueando su móvil—. Le dije que mi padre venía aquí a cenar.
—Uhm, ¡sí! Ya lo sabemos. Ah… bueno, no sé si Mira te lo dijo, per-…
—No me lo dijo, pero la vi recogiendo sus cosas y salir. No me dijo adónde.
—Ah, es una tontería en el fondo… —resopló—. Ahora van a actuar como dos desconocidos cuando tus padres han venido ya varias veces a comer.
—Pues sí, pero por separado.
—¿Hablaste con ellos de la foto…?
—Ellos sí saben la verdad. Saben que la foto es real. Y que ella me gusta. Mi padre dijo que quería venir a cenar para hablarlo, y mi madre… —suspiró lanzando el móvil al suelo, que salió rebotando y se agrietó en la pantalla. Rumi la miró sorprendida.
—¡Zoey…!
—¡Ella quiere venir también! ¡Y es porque sabe que está él! Joder, Rumi… se va a joder todo. Ellos no pueden estar juntos, siempre quieren joderse. ¡Es un no parar! Me… ahoga… —se llevó las manos a su propio gaznate, suspirando. De pronto las lágrimas empezaron a surcarle las mejillas—. Esto es horrible… ¡¡ahora no quiero que venga ninguno!!
De la nada explotó a llorar. Rumi estaba impactada. Nunca la había visto así. Se apretó contra ella y la abrazó.
Le llevo sólo dos años… pero siempre ha sido la pequeña…
Zoey se deshacía en algunos lloriqueos, pero logró sosegarse. Al final se transformó en un hipo, y luego, lentamente, se calmó. Siguieron abrazadas. Zoey cortó la respiración un instante. Sorbió por la nariz y parpadeó, más analítica, mirando al infinito. Rumi habló.
—Entonces tendré que preparar el número de la policía en el móvil para cuando tus padres se estén asesinando, ¿no? —rio levemente, frotándole el hombro. Zoey no le respondía. Le llamó la atención su silencio, y al dirigir la mirada a ella, efectivamente, Zoey la observaba de hito en hito. Con mucha fijeza—. Sabes, Zoey. Te quiero… más que a nada en el mundo. Siento si algo de lo que he hecho estas semanas os ha perjudicado. A veces… las cosas no salen como uno piensa.
—¿Crees que mis padres están contentos conmigo? Eso… me quita el sueño muchas veces. Quiero que estén orgullosos, pero al mismo tiempo…
—Por supuesto que sí —la interrumpió. Le tocó la nariz y volvió a sonreír—. Haré tortitas. Eso les encanta a los dos…
—Sí, a ver si no la escupen en el plato del otro…
—Eres afortunada por tenerlos a los dos con vida —musitó, acariciándola del flequillo—, siempre que sufras… recuérdalo.
Zoey tragó saliva y asintió. Resopló más fuerte y estiró el brazo a su móvil reventado. Rumi también suspiró y le frotó el hombro.
—Encima creo que me lo he cargado… buf.
—No, sigue funcionando… a ver —lo agarró y lo desbloqueó. La pantalla parpadeó varias veces hasta que se estabilizó. Rumi hizo una mueca con los labios—. Bueno, más o menos. Lo arreglaremos. Porque… Zoey… —la miró—, algunas… algunas cosas todavía tienen arreglo en esta vida, ¿sabes…?
—… sí.
Se dieron la mano para ayudarse mutuamente a levantar. Zoey tomó aire y se acercó con el pie el skate. Pisó con la puntera y lo agarró.
—Llevabas bastante sin practicar. Me alegra ver que aprovechas el tiempo.
—Quería practicar, pero al final… me puse a componer y se me fue el santo al cielo —se cargó la mochila—, Rumi, vamos a estar cenando con mis padres en la casa. No me dejes sola. Me voy a bloquear en cuanto empiecen a discutir.
—Trataremos de que no ocurra nada.
Apartamento Huntrix
La cena fue más calmada de lo que esperó, pero Zoey tuvo todo el rato el corazón en el puño. Afortunadamente, Rumi sacó temas sin parar y luchó porque aquella velada fuera soportable. La tensión bajó.
—Estaba muy bueno, cielo… ¿has cocinado tú? —preguntó Leah.
—En realidad casi siempre pedimos a domicilio… pero no lo ha parecido, ¿no? —miró a Rumi y las dos se echaron a reír. Rumi miró a la parte de atrás, no muy lejos estaba la enorme cocina.
—Ahí están todos los envases…
—¿No tenéis un cocinero aquí? —murmuró el padre. Era más serio y escueto para hablar. En realidad, la pareja adulta estaba muy incómoda. Se evitaban la mirada.
—A veces sí. Pero… casi nunca podemos comer aquí. Creo que ni siquiera hemos usado toda la vajilla… hay cosas sin estrenar.
—Pues lo que es la vida del rico, cariño —dijo lo último con retintín. El hombre la miró seriamente, pero le evitó la mirada y se dirigió de nuevo a su hija.
—¿Es cierto lo que me has escrito, hija? ¿Estás… con una mujer?
Rumi aparcó las risas poco a poco. Esa era la pregunta que todos en aquella mesa temían. El tema finalmente llegó.
—No estamos en una relación formal. Pero sí nos queremos… y…
—Desde luego debes de haber perdido el norte con tanto post y tanta… fama. ¿Es esto lo que es ahora trending topic, o esas tonterías que decís los jóvenes? —la interrogó.
—No, en realidad… nació de mí decírselo. Ella no sabía nada.
—Eso es lo de menos —convino—, pero no me gusta por dónde está yendo todo esto. Y tampoco me gusta lo que leo de ti en algunos comentarios.
—Pensé que tú serías un poco menos retrógrado. Eres el que se crio en Estados Unidos, joder.
—¡Relaja esa boca, Zoey! —la regañó. Zoey se mordió la lengua y agachó la mirada. Se estaba poniendo nerviosa demasiado rápido.
De pronto la cerradura de la puerta chasqueó. Alguien giraba su llave. Rumi miró alarmada el reloj de pared.
¿¡Ya son las once!? ¿Cuánto llevamos aquí comiendo?
Zoey miró acongojada la puerta. De la que efectivamente, entró Mira. Rumi tomó el mando y se puso en pie.
—Mira, hay cena para ti… aunque pensaba que no venías —arrastró las últimas palabras mientras caminaba a su lado por el pasillo. Le cuchicheó en el oído—. Te dije que venían los p…
—Ya lo sabía. Me lo dijo Zoey. Pero es tarde y quiero madrugar.
—Ve a saludarlos… no pases de largo, ¿quieres?
Mira temía esa escena. Había regresado lo más tarde que pudo pero aquellos señores continuaban allí. En realidad… sentía pavor por enfrentar sus caras, al ignorar hasta qué punto Zoey había sido sincera con ellos. Ella también sabía que sus padres no eran precisamente los más cuerdos ni los más modernos. La voz de Zoey, más cantarina, la despertó de aquellos pensamientos.
—Ven, Mira… —sonrió y le tendió la mano. Cabeceó hacia la mesa—, ven a saludarles. No pasa nada —murmuró lo último.
Mira sintió que se ponía nerviosa. A su pesar, se dejó conducir y llegó hasta el enorme salón. Verles la hizo tragar saliva.
—Hola, Leah… ahm… señor… —inclinó un poco la cabeza. Los padres tardaron demasiados segundos en reaccionar. El hombre, con quien había compartido alguna que otra risa en el pasado, ahora estaba hierático, como su ex mujer. Mira sentía que se azoraba por dentro—. Eh… ¿todo bien por aquí?
Leah tenía sentimientos encontrados. Pero… lo que había estado leyendo en las redes sociales acerca de aquella relación no era bueno. Habían puesto a parir a Zoey, dado que su reputación quedó en entredicho. Al parecer, la broma de la AI no estaba siendo muy bien acogida. La gente hablaba. Señalaban que si el beso era legítimo, entonces la participación en el programa de Zoey fue deplorable y calculada. Nada que ver con la imagen de naturalidad que las chicas siempre dieron hasta el momento. A partir de ahí, los comentarios se ennegrecían. Leah no podía soportar aquel tipo de acoso internauta. Pero había algo que todavía soportaba menos, y estaba compartiendo mesa con él. Tenía que ponerse de parte de Zoey.
—Mira, ¿cómo estás? ¿De dónde vienes tan tarde? ¡Te vas a congelar!
—Ah… no, estoy bien —Mira se petrificó unos segundos cuando la coreana la abrazó. Correspondió enseguida, y por lo menos sintió el alivio de saberse aceptada por su parte. Zoey sonrió, notablemente nerviosa. Y su padre, quien no habló más, tuvo la poca simpatía de volverse a sentar en lugar de acercarse. Zoey sintió aquello como una dolorosa puñalada y agachó sin darse cuenta el rostro. No podía hacer mucho más. Ella había sido sincera con los dos…
Por lo menos mi madre sí la respetará. No… no necesito más, dijo para infundirse calma a sí misma.
—Ese hombre de ahí es un imbécil —indicó Leah. Mira se volvió a sentir incómoda.
—Es igual. Estaban cenando, ¿no? Por favor, acaben.
—Es más imbécil lo que tú estás haciendo, ¿a quién quieres engañ…?
—¡Bueno! —Rumi dio una palmadita sonriendo y se puso en pie de golpe—. Se hace tarde, de hecho… es bastante tarde. ¿Por qué no traemos el postre?
—Sí, mejor —masculló Zoey.
—¿Has cenado, Mira?
—Sí, he comido algo por ahí. Gracias —sonrió a la mujer. Se ajustó mejor la mochila al hombro y caminó hacia su dormitorio.
Una hora más tarde
—Bueno, familia… ya es de madrugada… ¿quién se queda a dormir?
Los padres de Zoey se miraron entre sí pero apartaron rápido la mirada.
—Yo, por supuesto —se adelantó la coreana. Se acercó a su hija y le dio un beso en la mejilla—, dormiré con mi niña. Tú, vete ya, que no has hecho más que incomodarlas a las tres.
—En otro momento que te pille más libre… hablaremos, hija —comentó el hombre, toscamente. Zoey lo siguió con la mirada. No estaba acostumbrarlo a verlo tan lúgubre. Sospechó que tenía una mala noticia que darle y que la aparición de Leah sólo le hizo contenerse.
—Te acompaño al coche, papá. ¿Estás seguro de que quieres conducir? Te puede acercar nuestro chófer donde prefieras y mañana traerte de vuelta. Es muy tarde.
—No molestes a ese muchacho. Le vi antes, es un chaval. Si le puedes decir que se vaya a casa, díselo.
—Está hasta las dos… hoy… por nuestro día libre. Se supone que está descansado —comentó Rumi, estrechando la mano con él para despedirse. No hizo gran ceremonia al respecto. El hombre se puso el abrigo, besó a su hija en la coronilla y se marchó. Zoey se quedó mirando la puerta.
No he podido casi hablar con él… está raro.
—¿Mira estará aún despierta? —preguntó Leah.
—No lo sé —Rumi miró la puerta cerrada de su dormitorio, al final del pasillo. Un enorme póster de «Keep Out» frenaba a los incautos visitantes que venían—. Es muy probable que sí.
—¿Es muy atrevido si entro a darle las buenas noches?
—Déjala tranquila, anda, mamá. A lo mejor está dormida ya.
Rumi ayudó a Zoey y a la mujer a recoger todos los platos. Lo cierto era que ninguna acostumbraba a lavarlos. La mujer se remangó la blusa.
—Voy a lavarlos rápido. Zoey, date una ducha y a la cama.
Rumi y Zoey se rieron mientras se alejaban.
«Esta mujer… ¡se piensa que sigo teniendo doce años!», la escuchó soltar por el pasillo. Las chicas desaparecieron por sus respectivas habitaciones.
Nada más terminar de fregar, Leah miró la puerta de Mira. Al tener un baño incorporado y ya haber cenado, supuso que era la guarida perfecta de cualquier joven que no quería socializar. No le hacía falta salir para nada. Se secó las manos con el trapo y caminó hacia ella. Tocó un par de veces con los nudillos y pegó el oído, pero sólo escuchó unas notas musicales empañadas por el grosor de la puerta. Debía de tener la música alta. Giró lentamente el pomo y abrió un poco.
—¿Mira…? ¿Puedo pasar?
Nadie le contestó. Cuando asomó un poco la cabeza comprendió por qué. Mira estaba con la música puesta, no tan alta como creía, pero al aproximarse al baño vio que el secador de pelo con el que se peinaba era ensordecedor. La chica se sobresaltó cuando vio otra figura acompañarla en la puerta del baño.
—Coño… ¡ah, eh, quiero decir…!
Leah partió a reír.
—Tranquila, hija. Es que no me oías… pensé que te estarían comiendo los ratones. Esa cosa hace mucho ruido.
Mira se cerró mejor el albornoz, un poco avergonzada. Odiaba que entraran así en su habitación, ninguna de sus amigas lo hacía. Pero era la madre de Zoey y las circunstancias eran cuanto menos, difíciles. Apagó el secador y lo dejó a un lado antes de comenzar a cepillarlo.
—¿Quieres que lo haga yo? Tienes el pelo larguísimo.
—No, no hace falta —murmuró, sonriendo un poco—. ¿Necesitabas algo?
—Pues… en realidad… sí. Quería hablar contigo.
Mira paró un segundo de cepillar, pero se obligó a retomarlo.
—Bien… —frunció las cejas al verla cerrar la puerta del baño y echar el seguro. Eso la puso mucho más nerviosa de lo que esperaba. Le traía malos recuerdos. Inspiró hondo y terminó de desanudar su pelo. Al girarse, Leah estaba sentada y sonriente sobre la tapa del inodoro.
—Bueno. Esto… no es fácil de decir, ni como amiga ni como madre. Supongo que llevas tiempo acostándote con mi hija, porque estáis en la edad. ¿Estoy en lo cierto?
—… —Mira alucinaba de verdad. Alucinaba tanto, que lo primero que le salió fue una media risa nerviosa.
—Dime —la miró más fijamente—, ¿te acuestas con mi hija?
La pelirrosa empezó a entender lo difícil que era encarar a aquella tipa y responderle. Tenía fuerza en esa mirada. Lo que le estaba preguntando estaba fuera de lugar, y lo hacía a puerta cerrada. Mirándola con la fijeza de un lobo. Sintió ganas de mentir.
—Eh… a ver…
—Cielo. Estás ya muy grande. Te estoy preguntando si te follas a mi hija.