CAPÍTULO 15. Golpe tras golpe
Mira empezó a sentirse dominada. El tono que empleaba estaba casi amedrentándola. No era cualquier persona. Tragó saliva y abrió los labios suavemente.
—Nos… nos hemos acostado alguna vez. Quizá podrías hablarlo con Zo…
—¿Con Zoey? ¿Te da vergüenza que lo hable contigo? —la cortó. Sonaba muy mordaz.
—…Bueno, es-es que…
—Eres tan subidita en tus entrevistas… y por tus redes —sonrió la mujer, estudiándola de arriba abajo—. Te conozco del mismo tiempo que mi hija. Te conocí el mismo día que te conoció ella en persona, cuando te unieron al grupo. Jaj… —soltó una carcajada—, quién iba a decirme que ibas a acabar metiéndole mano a mi niña.
Mira se frotó la frente y dio un suspiro, poniéndose recta.
—Si no te importa, Leah, tengo q-…
—Ya. Debo de resultarte muy incómoda ahora. Te estás poniendo como un tomate, cariño.
—Sí —se cruzó de brazos. Ella misma se notaba el ardor en las mejillas—, tienes razón, esta conversación creo que está fuera de lugar.
—No entiendo tu vergüenza —se puso en pie despacio. Disimuladamente se puso delante de la puerta, ya que veía que Mira tenía intenciones de desbloquearla—. Yo te he abierto las puertas de mi casa porque creí que eras su amiga. No sé por qué se te ha pasado por la cabeza cruzar la línea… y la estás confundiendo. Es mi única hija, Mira. Y sabes tan bien como yo que esa relación no va a durar.
—¿Podrías quitarte de la puerta, por favor?
Leah apoyó la espalda en la puerta, sin quitarle la mirada de encima.
—Primero quiero que me escuches —Mira resopló empezando a perder la paciencia. Ya llevaba demasiados días acumulando rabia con aquel tema. Era tanta la presión externa, que empezaba a creérselo. Que aquella relación era un error—. No sabes las barbaridades que escriben de ella a diario ahora que esto es un rumor… más aceptado que ignorado. Necesito que te alejes de ella en ese sentido… y que se centre sólo en su carrera. Mira, eres su amiga y así debe continuar… ella ha crecido rodeada de mujeres y está confundida. Es una etapa, se le pasará. Pero no quiero que por culpa de esto, la gente le meta esas asquerosidades en la cabeza.
—Yo no quiero perjudicarla. ¿Esos comentarios que dices? Van a estar siempre. Porque siempre ha sido así, con un rumor o con otro. No es nuevo. Estamos acostumbradas a ignorarlo.
—Estás siendo egoísta. A ella no le gustan las mujeres. La he visto babeando por sus ídolos. Hombres. Te está haciendo caso porque… bueno. Como te dije, no tiene tiempo para quedar con nadie y estáis siempre juntas. Podría haber ocurrido con Rumi, y entonces sería con ella con quien tuviera esta conversación. Así que… si me respetas un poco… y la quieres de verdad… por favor. Termina ya este circo. No sé cómo has sido capaz de tocarla.
Mira se cruzó despacio de brazos.
—¿Y por qué no le preguntas a ella qué es lo que quiere?
—Porque no sabe lo que quiere. Y tú, si tuvieras la mente más encarrilada, lo sabrías. Pero tampoco. Vais dando tumbos por ahí, con veintipocos, creyendo que sabéis lo dura que es la vida. Te queda mucho por aprender. Pero no voy a dejar que por un calentón que te ha dado estropees su reputación ante el mundo.
—Yo jamás abrí la boca. Llevo desde que la conocí en silencio y a mi bola, sin molestar a nadie. Fue ella la que dio el primer paso —se le puso más cerca, encarándola ahora ella—. Y no dudé ni un maldito segundo, ¿sabes? Porque de no ser por ella, yo jamás me hubiera sincerado.
—¿Qué más da quién diera el primer paso? Lo q-…
—Porque necesitas un poco más de contexto antes de juzgarme. No la toqué, y me… da rabia que tú me veas de ese modo. Ella es importante para mí.
Leah bufó.
—Eso tampoco importa… ¿no lo ves? ¿De verdad piensas que eso puede durar? ¿en serio? Las relaciones… nunca duran. Pero lo único que te pido es que no la confundas más. Deja que por lo menos pueda crecer más, que tenga un marido y sus hijos y entonces… ya veremos hacia qué lado echa la vista. Pero por favor, déjala tener una juventud normal.
—No estás escuchándote —Mira se desentendió con la mirada. No había forma de hacer razonar a alguien que verbalizaba aquellos pensamientos. Coló una mano tras su espalda y desbloqueó la puerta del baño. Sentía ganas de volver a salir de la casa, pero todavía tenía el sentido de la responsabilidad. Era ya casi de madrugada y siempre había algo que hacer al día siguiente. Para su alivio, Leah parecía haber terminado su incómoda aparición y cruzaba su dormitorio.
Cuando salió por la puerta y la dejó sola, Mira lanzó una almohada contra la pared, llena de rabia. Un papel quedó danzando en el aire al hacerlo. Mira frunció las cejas y lo agarró de mala gana, desdoblándolo.
—…Tsk.
Era un dibujo de Zoey. Se pintó a sí misma con un corazón en las manos. «¿Sigues enfadada conmigo?»
Mira lo dobló con más cuidado y recogió la almohada. Dio un largo suspiro y echó un vistazo a la puerta. No quería encontrarse más con Leah. Todo aquel tiempo le había sido una buena mujer y buena madre -o al menos, un concepto de madre válido- teniendo en cuenta del tipo de hogar del que ella venía. Al final, mejor o peor pintados, la realidad era que todos los padres se parecían. Descubrir aquel siniestro lado de Leah no había hecho más que profundizar una herida. Se quitó el albornoz y se puso unas bragas y camiseta limpia para dormir. Después agarró el teléfono y salió al balcón. Marcó el número de Zoey, pero no daba señal.
—¿Ya lo apagó…? —musitó, tecleándole un mensaje. No le llegaban tampoco.
Salir afuera y dar los diez pasos que distanciaban el cuarto del suyo le parecía demasiado… porque Leah iba a estar. Decidió llamarla en otro momento y se marchó a la cama. Estaba agotada. La ducha le había relajado los músculos. Al palpar su muñeca con cautela, se tranquilizó. No le dolía.
Una hora más tarde
La puerta se abrió despacio. A hurtadillas la volvió a cerrar y echó el pestillo desde dentro. Se aproximó hasta la enorme cama de matrimonio y abrió despacio el edredón. Pero esta vez no fue como la primera. En cuanto Mira sintió una presencia tan cerca suya tuvo un respingo más fuerte, y jadeó del susto. Zoey le tapó la boca a la velocidad de la luz.
—¡Dios, Mira… guarda silencio…!
Mira balbuceó y quitó de mala gana su mano.
—¿¡Eres tonta!? ¿sabes que te podría haber dado un puñetazo? Coño, Zoey, tienes que parar de asaltarme así —bufó tocándose el pecho—. Casi me da un infarto.
—Hehehehehe…
Mira la miró ceñuda.
—HeheheheERES… ¡tonta!
—Sí… pero es que creí que aún no estarías dormida.
Mira resopló, algo menos acongojada ya, y se volvió a echar el edredón por encima. Le dio la espalda.
—Vuelve a tu cuarto, ¿vale?
—Mi madre está roncando y no me deja dormir. Ya se me había olvidado lo que ronca esa mujer… vamos, hazme un hueco…
—Entonces ve a dormir con Rumi. O al sofá.
—¡El sofá es muy frío…! Vamos, mueve un poco hacia allá —dijo tratando de ganar sitio a empujones. Mira se giró e incorporó un poco, empleando otro tono.
—Quiero que salgas de la cama. Ahora, y te vayas a dormir a otro lado. ¿De acuerdo? No quiero dormir contigo.
Zoey paró de jugar y abrió los ojos, mirándola algo traspuesta.
—¿Por qué me hablas así…? ¿Es por…?
—Zoey —habló por encima de ella, callándola—, quiero que te vayas.
—… pues… no me iré hasta que me digas q-…
—¿Qué coño es lo que no entiendes? He dicho que quiero que te vayas.
Zoey estaba preparada para una discusión, pero no para una reacción como aquella. Mira jamás se había dirigido a ella de esa manera tan cortante. Tragó saliva despacio y agachó la cabeza.
—Está bien —abrió las sábanas y se levantó pesadamente. Antes de dirigirse a la puerta volteó un poco el rostro—. Siento lo del programa. Sé qué eso te molestó.
Mira luchó por no seguir mirándola. Volvió a darle la espalda y cerró fuerte los ojos, tratando de convencerse de que hacía lo correcto con aquella salvajada. Se le estaba haciendo demasiado duro soportarlo. Prefería no verlo.
Al final, todos a su alrededor, sin ninguna excepción, creían que aquello estaba mal o era perjudicial, o era absurdo, o era indecoroso… todos, sin excepción. Ni siquiera Rumi abogaba por ellas. Habían pasado muchos años desde que Mira ignoraba los comentarios en las redes sociales, porque tal y como dijo a Leah, las chicas tenían indicaciones de no hacerles caso. El psicólogo les aconsejaba no leer más de cuatro al día con el fin de no interiorizar sensaciones malas. Pero interiorizadas estaban. Pesaban.
Y mirándolo con perspectiva…
Si todo el mundo lo ve mal… quizá es que sencillamente esté mal.
Después de lo que le pareció un horror, escuchó los pasos y la puerta volver a cerrarse, y ya no oyó ni un alma más. Entonces se abrumó y puso un puchero, empezando a respirar mal y a derramar las primeras lágrimas. Llevaba mucho sin llorar. Ya no lo hacía, porque nunca le había servido de nada. Pero ahora que su corazón ya no tenía más espacio para los golpes y se liberó, no podía parar. Sollozó en voz baja, tratando de recomponerse, pero el dolor en el pecho era punzante.
Al final no durmió nada.
Y después de un buen rato, suspiró cabreada y agarró el móvil. Abrió su red social principal y se fue al buscador. Tecleó el nombre y apellido de Sarah… y deslizó hasta ver en la foto de perfil a una chica de pelo verde. Se lo puso realmente fácil. Y como era de esperar, cuando abrió aquel perfil que era privado, se encontró con el botón de «Siguiendo». Sarah la seguía. Era lógico si era su fan. Claro que Mira tenía tantísimos seguidores, que ni siquiera se le ocurrió pararse a buscarlos. Miró el botón de «Enviar solicitud de amistad» y dejó el pulgar a pocos milímetros. Por algún motivo, sintió que no era una decisión trivial. Ni Mira ni sus compañeras debían hacer aquello. No eran famosas a pequeña escala, y cualquier seguimiento que hicieran podía ser estudiado por terceros ojos. A Mira le valió todo un pimiento y, después de sopesarlo unos segundos, pulsó el botón.
Industrias BRETT
—Ahora les interesa un perfume de marca compartida… en fin.
Dae-ho asintió. Lo observaba junto al mánager de las chicas, Higgins. El hombre tenía en subcontrata a los hermanos Jung, por lo que en realidad, muchas de las funciones de mánager eran de Dae-ho… él así lo permitió porque su rango de mánager les hacía ganar dinero desde que las Huntrix eran estrellas mundiales. Además, venía de unas pequeñas vacaciones. Pero Higgins regresó. El primer proyecto era un anuncio en común que se salía de la carrera musical: promocionar un perfume.
—Sí. Quieren publicitarlo con las dos bandas juntas, pero será el último proyecto antes de la final. Y bajo mi punto de vista, debería ser el último encuentro con ellos.
—Ni que quedáramos mucho con ellos… —Rumi puso los ojos en blanco. Dejó el prototipo que Dae-ho le había mostrado, un frasco en forma de tacón dorado que tenía las iniciales de las chicas. Estaba firmado por las tres. Su primo-hermano, era una imitación con la zapatilla preferida de Jinu, a la que también se hincharon a hacer publicidad. También era de color dorado.
—Este diseño es una mamarrachada —dijo Zoey entre risas, volteándolo en sus manos. El objeto se le escurrió de entre los dedos y empezó casi a bailar para evitar que cayera al suelo. Al final se cayó igualmente y se rompió en mil pedazos. Zoey abrió los ojos y miró a Dae-ho asustada, llevándose las manos atrás.
—No se os puede dejar solas, ¿eh? Ten cuidado, anda, ve con Rumi hacia el escenario, los chicos han llegado con su mánager.
—Ay… jope… ¡¡perdón!! —hizo una reverencia delante de Dae-ho y de Higgins—. Perdón, díganle al que lo hizo que lo sentimos.
—Corramos, Zoey, que llegamos como quince minutos tarde y no veo a Mira —la cogió del brazo y empezaron a trotar por el pasillo, entre risas. Higgins negó con la cabeza.
—¿Y estas por qué han llegado tarde? Mira llegó antes que ellas y luego se desapareció.
—No lo sé.
Sala de grabación
—Wow, ¡pero si esto es enano! ¿Aquí grabamos? —Zoey cruzó el escenario en cinco pasos. Acostumbrada a las planicies para el baile, aquello iba a ser divertido.
—¡Zoey! Deja de entretenerte y ven, que nos tienen que presentar.
—¡Voy! —corrió a ponerse al lado de la pelimorada. Frente a ellas, estaba Higgins y el mánager de los chicos, a quien por fin ponían rostro.
—Falta Mira —murmuró Rumi, mirando hacia los lados.
—¿En serio? Se suponía que ella ya estaba aquí.
—Sí, estuvo aquí. Pero no le gustaba el maquillaje. ¡Fue al baño! —gritó la maquilladora—, dijo que iba a darse ella misma unos retoques.
—¿Pero por qué cambiáis las cosas a última hora? —regañó Higgins a Rumi y Zoey. Luego se dirigió a la maquilladora—, o mejor dicho, ¿por qué las dejáis que cambien las cosas a última hora? Señor… ¡que tenemos los minutos contados!
—Voy por ella —Rumi trotó a través del pasillo y se dirigió a los aseos femeninos.
Aseos
—¿Mira…? ¿Estás en estos baños? Dime que no tengo que irme a los del otro extremo…
—Pasa.
Rumi entró. Mira se arreglaba el iluminador.
—Eh, no te pases con esa cosa. Luego se nota un montón en cámara.
—La que se pasó fue esa mujer que han contratado, parecía que iba a anunciar cómo sacar brillo a la piel —murmuró soltando una risita. Al acabar, se acercó una pestaña falsa. Rumi se apoyó en el lavabo y la estudió de cerca, ceñuda.
—¿Se te ha despegado? Deja que te ayude —acercó los dedos a sus pestañas naturales.
—Auch. Pero con cuidado, que desde aquí veo esas uñas.
—No seas quejica. Nos están esperando así que hay que ir rápido —susurró, más concentrada ya en acoplar bien la pestaña en el pegamento. Sopló suavemente—, tienes los ojos muy rojos, Mira. ¿Has dormido algo?
—Sí, algo sí. Poco.
—¿Te han echado base en la nariz? La tienes algo… enrojecid-…
—Sí, no me saques más fallos… que si no, no grabaremos jamás.
—Perdona. El toc… —le devolvió el estuche de las pestañas.
Mientras tanto, en el escenario de grabación…
Una de las cámaras -perteneciente al equipo de los Saja Boys- ya estaba filmando, pero con propósito de que esas imágenes salieran en su propio tour, pues ellos también tenían su propio programa en televisión. Higgins y sus chicas se llevaban una buena suma por aparecer esos segundos, en los que simplemente se encontraban en un plató de grabación y se daban la mano al conocerse el equipo entero formalmente. Aquellos encuentros no siempre se daban. Era como una especie de reunión entre los cabecillas de los grupos más sonados del mundo. Los Saja y las Huntrix eran la siguiente generación de K-pop, y las actitudes políticas existían. Zoey sonrió a todos. Era un saludo informal, en cualquier caso. Después de darse la mano, Zoey le sacó la lengua disimuladamente a Baby y cambió de mano. El chico la ignoró. De pronto vio que su mano era agarrada por una mano mucho más voluminosa. La pelinegra se quedó impactada al ver el tamaño de aquel hombre.
—Encantado, Zoey.
—Wao… ¡¡qué chula esa lentilla!! ¡Y eres altísimo!
Los chicos rieron y se quedaron mirando al hombre. Se trataba de un corpulento señor, de unos cuarenta y pocos, con el atractivo natural de un extranjero que se cuidaba. Tenía la barba perfectamente hecha, rubia al igual que su pelo, y uno de sus ojos parecía ennegrecido en la zona donde debería ser blanco.
—¿Te gusta…? Es de cristal.
—¿Quéeeeee…? ¿No tienes ojo?
—¡Zoey…! —la regañó Higgins, dándole un pequeño codazo. La chica se contuvo.
—Perdón…
El rubio se carcajeó.
—No pasa nada. No las tengas tan atadas en corto, la chica se ha sorprendido —se dirigió a ella—. Sí. Es de quita y pon, como en las películas. Y ya que podía elegir… ¿por qué no darle un toque ficticio? Me gusta la oscuridad.
—Sí. Aquí nuestro jefe es bien rarito —murmuró Abby, con diversión.
—Debes de medir… como cuatro metros y medio.
Otro atajo de risas. Antes de que nadie pudiera responder, la voz de Higgins volvió a priorizarse.
—Pero a ver, ¿dónde estábais? Estamos en plena presentación. Rumi, me dijiste que la traerías rápido. ¿Pero qué naric-…? ¡Si te has pintado tú también!
—Me hice unos arreglos ya que me daba el viaje… —dijo lastimera, acercándose con Mira a los demás. Empezaron a cruzar manos rápido, con pura formalidad.
—Bien —comenzó Higgins, poniéndose al lado del otro mánager—, como bien sabéis, de cara a la audiencia, el trato entre BRETT y ESTOID es… estoico, nunca mejor dicho. Siempre nos va a venir bien para los programas de debate y las redes sociales. Dicho esto, esta reunión es puramente comercial. Laboral. Venimos aquí a trabajar y todos nos trataremos con el mismo respeto —miró de reojo a los hermanos Jung, que permanecían callados en un lateral—. Nada de improvisaciones ni mensajes extraños lanzados en las grabaciones. Cada uno sigue su guion como ya os habréis ensayado. Esto será un anuncio que sólo dura unos segundos, no necesitamos más días. Ambos equipos estamos muy ocupados —dicho aquello, palmeó con fuerza el hombro del hombre alto que le acompañaba—, este tiarrón de dos metros es Ronald Gruber, mánager oficial de los Saja Boys. Es el que gestiona cada pedo que se tiran. Os dirigiréis a él con el mismo respeto que a mí. No quiero bromas ni pérdidas de tiempo hasta que el anuncio esté grabado. ¿Alguna pregunta?
Ronald paseó la mirada por las chicas, una a una. Por supuesto, Mira no cruzaba ni un instante la mirada con él. Como si no existiera. Se lo esperaba. En lugar de divagar con ella, pensó en las jugosas noticias que se habían disparado tras aquella fotografía. Y miró a Zoey. Le gustaba lo que veía. Tenía esa mirada entre angelical pero pícara, la había visto en muchas otras mujeres jóvenes. Él ya rozaba los cuarenta y dos años. Así que para él, las tres muchachas eran poco más que adolescentes. Pero incluso en ese tramo de edad tan alejado del suyo, le gustaba recrearse. Zoey le gustó. Podía intentarlo. El sólo hecho de imaginarse que le podía hacer daño, transformaba su cuerpo en un estímulo… un estímulo que debía controlar. Zoey era muy bonita. Tenía una sonrisa limpia y encantadora, y unos ojazos enormes. Sus pecas le aniñaban la expresión. Además, tenía cierta debilidad por las muchachas con el pelo negro y las coreanas… Zoey era de nacionalidades mixtas. Y notaba la influencia coreana en sus ojos, por grandes que fueran. Hecho su análisis, ya su cabeza siguió por la línea de la lujuria. Con disimulo, le estudió los pechos. Eran más grandes que los de Mira. Tenía más muslos y era más pequeña, al tocarla de aquella mano tan femenina y suave sintió ganas de partírsela. Entonces recordó excitado que no era la primera mano que rompía. Mira también había sufrido su fuerza bruta en carnes. Esto le sacó una malévola sonrisa.
—Bien, pues si ya están todas las cosas claras… ¡a trabajar!
—¡Vamos! Ja… estos Saja… ¡van a lamernos el…!
—¡¡Zoey!! —Rumi la abrazó y le masculló—, ¿qué café has tomado por la mañana…?
Tres horas más tarde
—Bien, es suficiente por ahora… ¡DESCANSO, TODOS A COMER!
—Dioooooos, RAMEEEEEEN…
—Creo que no hay ramen.
—¿Quéeeeee…? —Zoey miró a Rumi apenada. Los Saja y el resto de su equipo se juntaron en la misma sala de convivencia, ocupando casi todos los asientos.
—Eh, ¡Zoey! ¿tú querías ramen? ¡¡Aquí hay!!
Zoey tenía los palillos en los dientes. Levantó la cabeza y se volteó al oír aquello. Se los quitó de la boca y se puso de puntillas, atinando a ver quién le hablaba a lo lejos. Era Jinu.
—Jo, ellos tienen ramen y nosotras no… ¿por qué?
—Hicieron un pedido para que llegara a esta hora. Pero no te preocupes, Zoey, hay para todos —comentó Abby, que se había acercado a ellas. Le señaló con la cabeza el grupo—, ¿vienes?
—Bueno, a probar un poco.
Rumi y Mira miraron un poco atónitas cómo Zoey se marchaba a aquellos asientos. Pero Mira se centró rápido en su teléfono móvil. Rumi suspiró y le puso por delante los fideos instantáneos.
—Bueno… supongo que no te apetece unirte a la comitiva, ¿no?
—Por supuesto que no —farfulló, sin mirarla. Se puso unos auriculares e ignoró la comida. Rumi le dio un toquecito en el hombro para que la mirara.
—Ehm… no me dejes comiendo sola. Vamos con ellos. Están todos allí.
—No, no quiero.
—¿Qué mosca te ha picado…?
—Quiero escuchar música tranquila… no me pasa nada —dijo, tratando de calmar su propio tono. Rumi pareció creerla a medias. Pero se arrimó más a ella.
—Bueno, está bien. Pero me quedaré aquí contigo. ¿Qué estás escuchando?
—Rock. Por cambiar un poco.
—Hm, ¿puedo…?
Mira asintió y le permitió un auricular. Los compartieron y escucharon algo de música. A Rumi logró distraerla tras unos minutos comiendo, pues se entretuvo con el móvil.
—¿Viste? Eso es porque yo sé actuar, no como tus chicos… son todos malísimos…
La voz de Zoey lograba llegarle a los oídos, difuminada entre risas, la distancia y el eco de otras voces. Mira parpadeó intentando enfrascarse en los vídeos del móvil que estaba viendo, pero no había forma. Porque parte de su cerebro estaba todavía sobresaltada, incluso cabreada, por lo que le tocaba vivir aquel día. Estaba alerta por si Zoey necesitaba algo.
Las cosas se habían complicado. La noche anterior acababa de mandarla al cuerno y echado del cuarto. Y Zoey no le había dirigido la palabra por la mañana.
Me lo he buscado. Está bien. Pero…
De pronto parpadeó y sus pupilas se empequeñecieron. Ronald estaba tocándola. En el pelo. Parecía hacer hincapié en algo de su peinado, el moño, las hebillas, y todo ello en un atolladero de risas. Mira sintió que hasta el propio aire que respiraba la ahogaba. Y de la nada, un sudor frío volvió a su columna vertebral. Como un recordatorio de aquel día.
—No me echo nada, en serio… bueno, la peluquera semanal que tenemos es la que nos hace todo el tratamiento… por eso brilla tanto —comentaba la pelinegra. Mystery, Ronald y hasta el idiota de Jinu parecían estar atendiendo aquellos consejos de cuidado capilar.
—Lo tienes muy bonito. Eh, fuera de bromas, ¿qué peluquera es? ¿Está por el barrio que vivís? Porque si me pilla cerca, me la tienes que presentar. A ver si le pides a ese capullín de Higgins que deje de librar él y te dé un día libre.
—Ah… ¿le puedes convencer tú…? Por favor, a mí no me escucha.
Rumi despegó la mirada de su pantalla, riéndose. Acababa de ver un vídeo de perros contra gatos y quería mostrárselo a Mira. Pero cuando la miró estaba con la mirada fija en lo que ocurría en la otra estancia.
—¿Qué hablan esos tan importante que tienes la oreja puesta, hm…? —se quitó el auricular—. A veces la envidio, ella es tan feliz… como si nada, haciendo bromas con esos bobos. Eeeeen fin —le dio un pequeño empujoncito en el hombro—, cambia la lista, esta ya no me gusta tanto. Mira. Eh, ¿Mira…?
Horas antes…
—¡Maldita sea! ¿Pero cómo esta niña nos viene a decir ahora que se olvida del móvil? Va a llegar tarde —exasperado, Higgins marcó el número de teléfono de Dae-ho y le puso en situación, Zoey llegaría algo más tarde porque se acababa de dar media vuelta. El móvil parecía no funcionarle bien y se descargaba todo el rato. Aun así, por poco que durara encendido, no era bueno que anduviera sin él. —Chicas, ¿podéis ir a apurarla? Parece que llevara ahí siglos.
Mira ni se movió del coche. Rumi puso los ojos en blanco y se bajó.
—Id yendo vosotros, me da que estas dos ahora no se hablan —dijo algo cabreada, fruto del estrés—, me bajo yo. Mira, entretenles… o diles algo. No sé.
—Bien, bien —dijo sin más.
En realidad, Mira había logrado dormir algunas horas. Pocas, pero fueron al menos de sueño profundo. Mientras entraban en el almacén enorme donde estaban todos los escenarios de rodaje, se preguntaba qué tipo de sorpresa les tenía Dae-ho. Conoció de la marca y el perfume justo cuando entró a la sala de convivencia, donde el equipo de los Saja Boys, su mánager y otros implicados de la industria ESTOID las aguardaban.
—Sólo traigo a una, las otras dos chicas vienen en camino… una dice que el móvil no le arranca —comentó Higgins—. Os presento a Mira… aunque bueno, luego serán las presentaciones formales…
—¡Venga ya! Mira. Pero si yo la conozco perfectamente. Pero bueno, ¿cómo estás? Qué gusto volver a verte —se giró.
Mira no podía creer lo que vivía. No necesitaba ni siquiera que se girara para saber de quién se trataba, pero en cuanto lo hizo y le dijo aquello, fue como un escopetazo. Un escopetazo que la dejó paralizada.
—Hola.
Su cerebro priorizó el lugar donde se encontraba en aquel momento y con quiénes. Los Saja Boys estaban ahí mismo, así como el resto de su equipo… y del propio equipo de Huntrix. Era una reunión de altos cargos. Y su cerebro logró hacerla pronunciar el hola.
—Es un poco lacónica, bueno, si ya la conoces… no se lo tengas en cuenta —rio Higgins, a lo que el austríaco le siguió el chiste.
—Seh, bah, no pasa nada. Estás trabajando con una auténtica profesional, debes saberlo. No la pierdas. En nuestra compañía… bueno, ya sabes. Algunos son un poco estúpidos y no saben valorar bien a sus estrellas. Estás con tu mejor aprendiz, créeme.
—Ella vale un montón, lo sabemos. Y no, no la dejaremos escapar.
Ellos hablaban y reían. Mira seguía paralizada. La segunda vez que el tipo cruzó los ojos con los suyos, vio el ojo negro y artificial que le afeaba ahora el rostro. Debía sentirse bien, a sabiendas que fue ella la que le dejó ciego de aquel ojo. Pero por algún motivo…
—Mira, espero que te estén tratando bien, ¿eh? Si no ya sabes… fiuf, te robamos y vuelves aquí. Este siempre será tu hogar.
—¡Calla, hombre…! ¡No os la daremos ni en un millón de años!
Más risas.
…
…
Ni siquiera podía sentirse satisfecha por eso. El ojo podía recordarle que hasta el ser más alto y corpulento era vulnerable. Eso debía hacerla sentir empoderada y fuerte por el taconazo que le metió. Pero en lugar de eso, cada vez que su pérfida mirada se cruzaba con la propia, sentía más y más angustia. Y no podía evitarlo. Porque esta vez, y lo supo con total certeza, le iba a suceder. Volvieron las respiraciones. El cuello empezó a inflamarse, la mente a cerrarse en banda, el corazón a agitarse.
—Voy un momento al servicio, ¿por dónde está…?
—En ese pasillo, monada —señaló Jinu, guiñándole el ojo. Mira salió de la sala.
Aseos
Cerró a tientas el pestillo y fue rápidamente al lavabo. Accionó el agua y se mojó las manos. Su cuerpo tuvo una especie de convulsión breve, que no fue más que una contracción de la espalda y un escalofrío tan fuerte que creyó que iba a partirle la columna. Entonces abrió la boca y sus respiraciones se volvieron mucho más sofocadas, sintiendo que no lograba respirar. Se apoyó temblando en el lavabo y luchó por vencer aquella horrible sensación, pero ya no podía. Antes incluso de sollozar ya se estaba ahogando por la hiperventilación.
¡Dios mío! ¡Voy a morir…! ¡Voy a morir de verdad…! ¡Van a entrar y a encontrarme muerta!
—¡Ggh…! —se palpó el cuello y se miró al espejo. Lloraba, pero ni siquiera podía sentir sus lágrimas. Sólo estaba atemorizada porque sentía que perdía el control. Si antes temblaba, ahora su cerebro no trabajaba bien. Logró sacar el móvil del bolsillo, pero no llegó a marcar a nadie. Tropezó agarrada al lavabo y se rindió, dejando caer de golpe el cuerpo al suelo. Apoyada contra los azulejos de la pared, se desbordó en una nueva oleada de ansiedad. Volvió a sentir que se iba. Que se quedaría allí, lánguida para siempre por un colapso.
Pero…
Los minutos transcurrían.
Tenía el corazón como loco. Las respiraciones desbocadas, sus hombros subían y bajaban muy rápido.
Transcurrieron más minutos.
De a poco, la laringe pareció espaciarse. Sus músculos dejaban lentamente de contraerse. Muy poco a poco. Por fin, después de lo que le pareció una horrible eternidad, las respiraciones dejaron de escucharse tan embravecidas. Según su corazón también se calmaba, notó las náuseas y los hormigueos en las piernas… y lo sudada que estaba. Estaba agotada. Sollozó de nuevo, con los labios temblorosos y el rostro enrojecido. Sintió que una de las pestañas artificiales se le despegaba por las lágrimas y caía sobre su camiseta. La recogió y sorbiendo por la nariz varias veces, se impulsó agarrando el lavabo para volver a ponerse en pie.
¿Y ahora…? Él está ahí… justo ahí… no quiero verle…
Cerró los ojos y espiró suavemente. Sabía perfectamente que no estaba bien. Lo notaba en su cuerpo. Tampoco entendía cómo ver a Ronald después de dos años le podía provocar algo así. El conjunto de su mirada y su tono de voz, tan campechano y falso, le dio arcadas. Su ojo de cristal, en lugar de recordarle su valentía, sólo le recordó que sí. Que era real… que ella había pasado por aquella mierda. Claro que sí.
Se tocó la zona pectoral. Temía por su propia salud después de semejante sobresalto.
Mi cuerpo me acaba de traicionar. Creí que eso estaba más que superado.
Se inclinó al lavabo y se lavó enteramente la cara. Procedió a maquillarse de nuevo. De pronto, la barra de notificaciones sonó y encendió su pantalla. Mira trataba de dibujarse ella misma la raya con cuidado, pero aún le temblaban los dedos. Vio por el rabillo del ojo que Rumi le avisaba de que ya estaban cerca. Al terminar con un ojo, tomó un pañuelo y se sonó la nariz. Tiró el papel y quitó el pestillo de la puerta. Tras estudiarse frente al espejo, supuso que no tenía tan mal aspecto… teniendo en cuenta lo que acababa de suceder. Terminó de maquillarse y buscó el iluminador en su kit.
—¿Mira…? ¿Estás en estos baños? Dime que no tengo que irme a los del otro extremo…
—Pasa.
Rumi entró. Su amiga se arreglaba con el iluminador.
—Eh, no te pases con esa cosa. Luego se nota un montón en cámara.
En la actualidad…
—Mira, eeeeooo, Mira… —movía la mano frente a su nariz. La pelirrosa parpadeó rápido y se situó—. OHHH, JODER, ¡están trayendo una fuente de chocolate con nubes! Dios dios… qué hijos de… y la acaban de poner en la mesa de ellos. Eh, ¡Mira!
—¿Qué pasa?
—No no no, qué te pasa a ti. Te has quedado embobada. Cambia de lista, esta me va a explotar los oídos.
Mira se quitó el auricular y susurró.
—¿Podrías decirle a Zoey que venga?
—¿Estáis peleadas? ¿No puedes ir tú misma? —se rio, comiendo sus fideos.
—Es en serio. Y es urgente. Dile que venga. Yo no quiero acercarme a esa gente.
Esa gente…
Rumi miró a su amiga y devolvió de nuevo la vista a «esa gente». Vale que la relación con los Saja era deplorable y que eran todos un atajo de gilipollas. Pero, ¿de verdad no podía acercarse? Debía ser un asunto más serio.
—Voy.
Al cabo de un rato, Rumi regresó junto a Zoey. Ésta no parecía tan amigable como segundos atrás. Se cruzó de brazos y levantó una ceja observando a Mira.
—¿Va todo bien?
—No —Mira bajó el tono y se cercioró de que no había nadie oyéndolas. Estaban solas en esa estancia—. Siéntate.
—No. Qué es lo que quieres.
—Eh —Rumi le chistó, haciéndole un gesto con la mano—, parece importante. Sienta el culo.
—No me siento cómoda aquí. Pero si os preocupa que me ría con ellos, simplemente dejaré de hablarles.
—¿Cómo que no te sientes cómoda aquí? ¿Habéis discutido y ahora ya se acaba el mundo o qué? Zoey, tu grupo somos nosotras —le espetó.
—Ya. Sí. Un grupo muy familiar, sobre todo este último mes.
—¿Qué mosca te ha picado?
—A mí ninguna. Bueno, hablad rápido, qué pasa.
Mira suspiró, aún no había abierto la boca. Parecía que iba a tener que hablar con una niña malcriada, porque seguía allí en pie.
—No hables con ese tipo. Es… un mal tipo. Eso es todo.
Rumi se pegó más a Mira y bajó el tono. Miró al otro grupo con reticencia.
—El del ojo, ¿no? Da un mal rollo…
—¿Y por qué no? —apretó Zoey.
—Te estoy diciendo que no es un buen hombre. Y se está arrimando demasiado.
—¿»Arrimando»? ¿Pero de qué vas? Sólo estamos charlando.
—Sólo te estoy previniendo. Puedes regresar si es lo que quieres, pero no dejes que se crea… que le caes bien.
—¿Piensas que quiere hacer lo mismo que BRETT y robarnos a Zoey? —Rumi se echó a reír—, eso sería divertido. A Higgins le daría algo.
—Cielos, ¡no! ¡No tiene que ver con eso!
Zoey se mantuvo un rato callada, estudiando la expresión de Mira.
—Vas a tener que decirme qué es lo que pasa. ¿Por qué es un mal tipo?
—No creo que sea el momento ni el lugar para hablarlo… —la pelirrosa volvió a mirar a los lados y suspiró—, sólo créeme.
—No voy a creerte —dijo más duramente, retándola con la mirada— hasta que me hables con una verdad completa… y no a medias.
¿Se está refiriendo a algo que le dije anoche?, Mira trató de recapitular. Pero no daba con la tecla. No tenía la cabeza en su mejor momento. Al mirar a Rumi, también parecía estar preocupada. Sus dos amigas la miraban fijamente. Rumi abrió los labios dispuesta a hablar, porque Mira parecía incapaz.
—Te ha hecho algo, ¿verdad?
Mira bajó un poco la mirada. No podía partirse ahí, ni en ese momento. Pero iba a pasarle si tenía que pronunciar algo en referencia a… «eso». Zoey bailó la mirada entre sus amigas y fue descruzando los brazos lentamente.
—¿Qué pasa…? Mira.
—Ese hombre, Ronald, intentó violarme. Casi lo consigue. De… de alguna forma… sí que lo consiguió.
Zoey abrió los ojos y su mirada fue el reflejo de la sorpresa más inocente.
—¿Q… qué…?
Rumi volvió a mirar al hombre y frunció el ceño.
—¿Ese cabronazo? ¿Cómo que casi lo consigue, Mira? —sonrió, nerviosa—, más te vale ser clara porque quiero salir pitando de aquí.
Mira cerró los ojos un instante y tragó saliva. Se sintió como si tragara una pelota de acero, luchando por espantar a sus diablos.
—Yo también pensaba que era inofensivo al inicio y que quería ayudarme. Se pasaba las semanas alegando lo guapa y talentosa que era, que iba a ofrecerme un contrato mejor… cuando consiguió quedar conmigo a solas, trató de…
—… —Zoey la miraba de arriba abajo, sumida en la pena. Ahora se sentía horriblemente mal.
—¿Por qué no dijiste nada? —preguntó Rumi.
—Lo… lo dije. Pero en ESTOID es un pez gordo. Nadie quiere tocarle un pelo. Hubo un conflicto de intereses y al final, BRETT se enteró de que forcé la baja en la empresa y se dio mucha prisa en hacerme una oferta. La tomé.
Zoey comprimía los labios, con rabia. Habló.
—¿Y cuándo pensabas decirnos algo así? ¿cuándo pensabas decirme que dejaste TÚ a ESTOID, por algo así?
—No pensé que tuviera que hacerlo nunca. Porque implicaría tener que volver a revivirlo.
—Está muy bien que hayas tenido la valentía de contárnoslo —murmuró Rumi, tocándola del hombro—. Pero debiste haberlo dicho antes. Ahora míranos. ¿Qué hacemos con esta situación?
—Trabajar y acabar. Cuanto antes lo hagamos, antes estaremos en casa. Es lo único que quiero… —dijo con la voz temblando. Zoey se apenó más al verla empezar a llorar. Pero eso no hizo sino acrecentar su fuego interior. No podía casi moverse del asco y la rabia que sentía. Las vio abrazarse y siguió inmóvil. Al final, sólo dio un suspiro.
—Cuando te calmes, volvemos. Sólo queda una hora. ¿Crees que podrás? —preguntó Rumi.
—Por supuesto que sí —dijo rápido la pelirrosa, quitándose enseguida la humedad de los ojos.
Escenario
Después de comer hasta reventar, los Saja se unieron al resto del elenco. Algún gracioso no paraba de tirarse eructos a espaldas de las muchachas, para molestar al personal, pero cada vez que alguien se giraba, «no fue nadie». Rumi no hacía más que acumular la misma rabia que en su interior tenía Zoey. Mira, a pesar de haber revelado su pasado, en aquel meollo seguía sintiéndose fuera de lugar. Ni siquiera tenía ganas de ponerse a repartir hostias. Sólo pensaba en la hora avanzando, el anuncio terminado y llegando a casa para no volver a encontrarse a ninguno de ellos hasta la final. Con suerte, en la final habría tantos preparativos donde ellas eran las protagonistas, que no tendría tiempo para cruzárselos. Los camerinos estarían en puntas opuestas del recinto.
Y pensaba en todo aquello hasta que frente a ella, las figuras de Ronald y Higgins volvieron a ser protagonistas. Ronald le sacaba dos cabezas de altura al otro mánager, y tapó su voz. Levantó las manos.
—Hay que estar prevenidos, ya sólo quedan dos escenas más. Rumi y Jinu se pondrán delante de la cámara. El director quiere que gobernéis el primer plano y que el resto…
Higgins observó por el rabillo del ojo que Zoey se apartaba del grupo y se tomaba un break para beber agua. Le pareció de mala educación que lo hiciera durante la explicación de su compañero, así que con cierto disimulo se aproximó a la fuente de chocolate tras la que estaba y le susurró.
—No te alejes tanto, Zoey, o no te enterarás de la explicación.
—Já. No quiero oírle. Y estoy cansada. ¿Cuánto llevamos aquí?
El hombre arqueó una ceja.
—No te estará contagiando Mira su actitud rebelde, ¿no…? No me asustes. ¿Va todo bien?
—Quiero irme ya —dijo, arrugando el vasito de plástico dentro de la mano nada más acabárselo. Higgins frunció el ceño.
—No queda nada, Zoey. Luego iremos todo el departamento a tomarnos un helado. La empresa invita.
El austríaco echó la vista atrás. Justo al lado de la gran fuente, Zoey le miraba con fijeza… y un deje de rabia. No sabía ocultarlo bien.
Mira te ha contado cosas, ¿no?, pensó con su halo de enfermiza diversión. Estoy seguro. Me tienes un asco inconcebible.
Volvió la vista al frente y siguió dando instrucciones junto al cámara. Higgins la agarró del brazo y la instó a moverse.
—Vamos, ya nos ha visto aquí.
Zoey se zafó enfadada.
—No quiero seguir grabando.
—¿Se te ha olvidado que tienes un contrato que cumplir, señorita?
—No me puedes obligar a trabajar con alguien que no deseo.
—Sí, sí que puedo. Estás obligada por contrato. ¿Qué demonios te ocurre, Zoey? —la regañó, pero tratando de no levantar la voz. A la pelinegra no le agradó aquella contestación. Iba a hablarle, cuando otra mano la agarró suavemente del hombro.
—Zoey… vamos a trabajar —era Rumi. Su mirada denotaba que la entendía.
—¿Por qué…? —musitó apenada—. No es justo…
Higgins miraba a una y a otra.
—¿Qué es lo que no es justo?
Rumi se armó de valor mirando a su mánager. Bajó más aún el tono de voz.
—Ese hombre hizo daño a Mira en el pasado, no merece estar aquí. Ni ella tener que escuchar sus directrices. No estamos a gusto y queremos irnos. ¿No pueden cerrar los Saja el anuncio a solas?
—¿Pero de qué diantre me estáis hablando? Esto es TRABAJO. Me estáis demostrando que seguís siendo niñas. Los problemas fuera del trabajo, allí deben quedarse. Volved ahora mismo las dos a hacer vuestro trabajo. Es mi última palabra. Y luego hablaré seriamente contigo, muchachita.
Zoey se mostró tan sorprendida como consternada. Rumi, dando un resoplido, contuvo su propia rabia y la agarró de la mano.
—Vamos —le susurró, tratando de llevarla de vuelta. Zoey se quedó muchos segundos devorando a Higgins con la mirada. Tantos, y tan austeramente, que el hombre notó la incomodidad de la cobardía tensándole los músculos.
¿Qué… qué coño se cree esta cría? Les triplico la edad y van de estrellas, como si no me lo debieran todo a mí y a Dae-ho.
Miró de reojo las cámaras que no pertenecían al anuncio en sí… sino al programa de televisión que documentaba la vida de las chicas día y noche. También estaban allí y temía que se vieran públicas aquellas contestaciones.
Zoey finalmente volteó con pesadez. Rumi creyó tenerla bajo control.
Pero no era así. Tuvo un respingo cuando sintió el destello de las dagas sin-kal a su derecha. Abrió los ojos desmesuradamente y se asustó. Zoey lanzó tres de ellas, que cruzaron cortando el aire los dos metros que las distanciaba del soporte de la fuente. Al impactar, multitud de gotitas de chocolate aterrizaron sobre la enorme espalda del austríaco y de Mi-sun, cortando la explicación del rubio.
—¿Pero qué coj…? —Jinu cortó su propia pregunta, al ver lo que pretendía su adversaria. Los Saja dieron un paso atrás, impactados y alucinando, ya que una gran sombra empezó a crecer tras Ronald. Rumi abrió la boca de pura impresión, al igual que Higgins, cuando atestiguaron cómo la enorme fuente de chocolate se precipitaba los dos metros que medía en dirección al mánager de los chicos.
—¡¡Cuidado!! ¡CUIDADO…!
Los demonios Saja se apartaron al prevenir el despropósito. Zoey acababa de rajar con precisión magistral el principal soporte del que pendía la fuente, y calculó muy bien dónde iba a caer. Ronald se giró alertado por los demás y recibió de lleno la balsa de chocolate fundido en la cabeza, envolviéndolo por completo cual donut recién pasado por su cobertura. Él mismo notó el peso de la espesura, seguido de un baile involuntario que tuvo que hacer para evitar resbalar.
Todo él, absolutamente en cada pliegue que definía su ropa, estaba embebido en chocolate. Cuando el baño acabó, todos dieron el segundo sobresalto al oír el impacto del metal cayendo al piso y embarrando todo de más y más chocolate.
Rumi estaba boquiabierta. Los Saja también -Jinu se aguantaba la risa como buenamente podía-. Higgins estaba de repente asustado. Asustado al no saber cómo actuar. No podía defender aquello de manera lógica. Mira se quedó con los ojos abiertos, también alucinando.
Ronald se mantuvo aquellos siniestros segundos con los ojos bien cerrados. No podía abrirlos debido a lo que pesaba el chococolate en sus finas pestañas.
—Me gustaría saber… a qué coño esperáis para traer alg-…
—Yo te ayudo —interrumpió Rumi, agarrando la primera botella de agua que vio. La apretó con fuerza y una oleada veloz salió dispara a su cabezón, despeinándole en una cresta el cabello rubio. Ahora todo él tenía una franja medio limpia. Estaba ridículo. Zoey empezó a reírse cada vez más alto.
Y Rumi, llena de nervios y acojonada por lo que acababa de hacer, la secundó.
Y Mira.
Y los Saja.
Y los cámaras de televisión que tenían sus dispositivos apagados.
Y los cámaras del documental diario de Huntrix que grababan sin parar. Con sus dispositivos enfocándole de lleno. Encendidos… y grabando.
Empezaron a carcajearse sin poder evitarlo, sin parar, hasta que de pronto, un golpe seco los calló a todos.
—QUE TODO EL MUNDO SE META EN SUS CAMERINOS. ESTO NO VA A PASARSE POR ALTO. SE APLAZA LA GRABACIÓN. Que alguien ayude a Ronald a asearse. Moveos, ¡¡YA!! Y dile a ese maldito equipo que graba a las chicas que APAGUEN LAS MALDITAS CÁMARAS Y NO EMITAN ESTO O LO PAGARÁN TODOS MUY CARO.
Venía de Dae-ho.
El equipo técnico se puso a trabajar de un salto, azorados y cabizbajos. Zoey fingió que iba a recoger la fuente, y al pasar cerca de él, le susurró.
—Cuando te pille solo, te voy a cortar el cuello. Poco hombre. Acuérdate de lo que te digo porque te lo digo de v…
—¡Zoey! —Zoey alzó la mirada algo acobardada al vérselas con Rumi. Ésta la observaba ceñuda y le hizo un gesto para que se levantara—. Vámonos. No hables con él.
Las chicas se alejaron. Zoey volvió a voltear la cabeza desafiante, pero él ya no la estaba mirando. Al poco, guiaron a Ronald hacia otra estancia para que pudiera quitarse el chocolate. Los chicos desaparecieron por el mismo pasillo. Y de pronto, en la sala sólo quedó el equipo de BRETT.
—Esto… no tiene ningún sentido. ¿En qué diablos estabas pensando, Zoey? ¿Te has vuelto completamente loca?
Zoey hizo morritos mirando a otro lado, de brazos cruzados. No atenía a reproches. Pero para sus adentros, sabía muy bien hasta dónde había metido la pata con su carrera. Incluso, acababa de desvelar que iba con armas punzantes por ahí, usándolas como si nada y preocupando a humanos corrientes. Se le iba a venir un merecido chaparrón… y no sabía cómo de escaldada iba a salir.
—Ya la regañaré yo. Por favor, no se lo tengas en cuenta… esto de lo que nos hemos enterado es fuerte —trató de mediar Rumi, pero Higgins vociferó.
—¡¡NO IMPORTA EN ABSOLUTO!! ESTO NO PUEDE SER. ¿SABES CUÁNTO PODER TIENE RONALD EN LA INDUSTRIA? Dios santo… esto… puede ser un punto de no retorno, y nos costó conseguir la colaboración. Había millones en juego. Ahora no sé qué ocurrirá con el anuncio… ni con nada. ¡¡Maldita sea!!
—¿Podemos empezar a hablar de lo importante? —preguntó la pelimorada ya más cabreada—. Porque escuchándote, empiezo a creer q-…
—LO IMPORTANTE ES LA INDUSTRIA. ¡¡¿QUÉ NO ENTIENDES?!! ¿Y vas a venir tú a regañarla a ella… cuando tú has colaborado en la humillación? ¿Crees que eso no lo hemos visto? ¿Qué sois, dos colegialas con ganas de ir dando capones por ahí? ¿Qué clase de ejemplo de respeto y educación le estáis ofreciendo a la industria rival?
Mira se sentía de alguna forma culpable. Pero tenía que reconocer que aquella escena le dio una gran satisfacción. Ver a sus amigas actuar como lo que eran… parte de ella. Sintiendo su dolor y actuando con la determinación que ella no pudo. La hizo sentirse acompañada de verdad.
—No puedo ignorar lo que pasó y seguir con ese mierda al lado como si no ocurriera nada —chilló Zoey.
A Higgins se le trabó la respiración al escucharla. Las cámaras del programa Huntrix grababan. Harto y sin redimirse, agarró rabioso el foco de la cámara y empujó al muchacho que la sostenía, haciéndolo dar un paso atrás.
—Dijimos antes que no se graba. ¡¡Fuera!! ¡Y todo esto más os vale cortarlo!
—¿Qué es lo que te da miedo, jefe? —apretó Rumi ceñuda—. ¿Por qué ni siquiera has preguntado lo que le hizo a nuestra compañera? ¿Eh?
—¡Eso! —Zoey se le acercó. Y miró a Dae-ho—. ¿Y tú? Te lo he confiado todo. ¿Acaso… los dos sabíais algo?
Aquello hizo que Mira parpadeara. Mirándolos expectante.
No, no puede ser…
Higgins se mordió el labio, claramente indeciso. Cometió el error de mirar a su compañero. Pero Dae-ho fue más veloz.
—Claro que no. No sabíamos nada. Hicimos una oferta por Mira porque nos gustaba su voz y su estilo, pegaba con el vuestro.
Se hizo un silencio. Las chicas los miraban. Y ellos también las observaban. Higgins suspiró. Pero antes de que nadie volviera a intervenir, el director del anuncio irrumpió en la sala.
—Se cancela el anuncio. Ronald quiere hablar con vosotros dos en privado. Las chicas pueden marcharse ya, no se grabarán más escenas con ellas.
Las Huntrix se miraron. A las tres las recorrió una amarga sensación. Era como si hacer lo correcto se hubiera sentido horrible, y su parte joven y esperanzada con el porvenir que tenían de repente tomó un color grisáceo.
Pero algo había seguro en el corazón de las tres.
No se arrepentían.