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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 16. Una veinteañera caprichosa


Ronald pasó un par de días reflexionando. Tenía a los ejecutivos de BRETT pidiéndole de rodillas que se replanteara la rotura del contrato firmado. Los tenía comiendo de la mano. Pero lo cierto era… que aquella niñata insolente de moños le había tocado el ego como ninguna otra mujer. Su mirada desafiante había trastocado su corazón. No le tuvo ningún miedo al encararlo.

«Poco hombre.»

Esas dos simples palabras, dichas por el susurro de una veinteañera maleducada, amenazándole de muerte… le hizo sentir algo que nadie jamás le había hecho sentir. Vergüenza. Fragilidad. Pura y dura, como si él fuera la niña. Se sintió pequeño y domado, todo mojado de chocolate como iba porque a una estúpida se le antojó tirárselo encima. Había pasado ese par de noches sin excepción imaginando cómo matarla después de someterla a un castigo ejemplar. Tenía unas ganas incontrolables de desfigurarle el rostro y marcarle el cuerpo a patadas. Y cómo no, herirla de otras formas sexuales que aquella niña ni siquiera atinaría a imaginar. Gozaba imaginando ese cambio en la mirada, de la valentía al susto más desesperado igual que ocurrió con Mira. Habían transcurrido ya dos años de aquello, y durante ese lapso hubo un par de idols más que pasaron por sus turbias manos, sufrido las consecuencias y guardado silencio por el peso de su nombre en la industria. Pero Ronald ya no tenía en estima dichos recuerdos. Eran trofeos sin brillo. Seguía sediento de mujeres jóvenes que le impusieran algún reto. Zoey le había trastocado. Y se había propuesto ir a por ella.

Despacho directivo en BRETT

Por primera vez en todo el tiempo que las chicas trabajaban como Huntrix juntas, cancelaron un día completo de obligaciones y eventos para citarlas en el despacho del mánager… junto a los mentores y la directiva. El mismísimo director de Industrias BRETT estaba sentado en la silla principal comandando el encuentro.

Las chicas fueron duramente regañadas y sancionadas. Igual que un trabajo corriente, las privaron del sueldo durante toda la semana. Zoey masculló y salió del despacho ante esa noticia, dando un portazo. Por alusiones, sólo ellas dos recibirían esa sanción, pero Mira insistió en que no trabajaría sin sus compañeras. El director, Jae, señaló la puerta.

—En el caso de Zoey, que sean dos semanas. Es hora de que aprenda a respetar a la gente que le ha dado todo.

Dae-ho sonrió, asintiendo con la cabeza. Permanecía al lado de Higgins y de su hermana. Todos en silencio.

—¿Los que quedamos en este despacho ahora somos adultos…? ¿O queda aún alguna niña respondona aquí? —preguntó Jae. Mira y Rumi se mordieron la lengua, pero se quedaron allí en silencio—. Bien. Resulta que… Ronald ha llamado. Y dice… que está dispuesto a olvidar lo ocurrido a cambio de que la joven se disculpe en persona con él.

—Ni en un millón de años ella irá sola a hablar con él —murmuró Mira, mirándolo fijamente—. Ese hombre me hizo daño. Debería… estar en la cárcel.

—Mira, ese tema… nunca se demostró ante la ley —empezó Jae—, es algo de lo que nunca se llegó a hablar porque sabemos que no tiene vuelta de hoja. No se puede demostrar ni que pasó, ni que no pasó. Hay que seguir adelante y mirar por el negocio.

—Tú lo sabías —suspiró, cambiando de objetivo. Los hermanos Dae-ho y Mi-sun se miraron entre sí. Él se encogió de hombros. Pero Mira miró seguidamente a la mujer—. A ti también te da todo igual, ¿no? Ni siquiera por ser mujer se te revuelve algo.

No esperó sentir algo. Pero sí que lo sintió. Mi-sun descruzó sus brazos y también enterró su mirada en ella.

—Pero te gusta el mundo en el que estás. Por eso te has comido el trauma hasta el fondo, ¿verdad?

¿Acaba de decir algo así?, Rumi se ofendió. Pero permaneció en silencio.

—Ts… —Mira la recorrió de arriba abajo y puso los ojos en blanco. Desistió. Jae retomó el protagonismo.

—Yo mismo hablaré con Zoey cuando no tenga tanto descaro. Si podéis comentárselo para que se vaya haciendo a la idea, hacedlo. Si quiere seguir trabajando aquí, lo hará.

Mira se frotó con más impaciencia la frente. Rumi se encogió de hombros.

—Se lo diremos, pero yo tampoco estoy de acuerdo.

—Deberíais ir las dos. Pero se ve… que su cabreo vino de lo de la fuente de chocolate. Está… en fin. Dice que podemos hacer otro anuncio, pero que sólo trabajará si Zoey se muestra arrepentida. Creo que pide muy poco.

Mira dio otro suspiro contenido, sentía fluir la rabia sólo con imaginarse la propuesta. No se fiaba un pelo de Ronald.

—¿Y qué pasará si ella no está dispuesta? —preguntó.

—Por nuestra parte… es posible que se prescinda de su contrato.

Rumi dio un suspiro, impresionada. ¿Ese era el fin? ¿Realmente merecía la pena seguir trabajando para ellos? Ya eran famosas… su música tenía tirón. Pero…

—Veremos a ver cómo lo podemos hacer sin poner en peligro a nadie —comentó, a regañadientes la pelimorada.

—Santo dios… ese hombre es importante. Sólo quiere unas dichosas disculpas. ¿Qué narices es lo que os tenéis que pensar tanto?

—Bien —prosiguió Rumi—, le repito que intentaremos pensar algo para que nadie salga perjudicado. Ni siquiera la compañía.

Mira estuvo tentada de dar otro portazo y salir, secundando a Zoey. No le agradaba tampoco la respuesta de su amiga. Pero pensó que iba a ganar más disgustos que mejoras.

—Bien —repitió él—, por fin algo de sentido común. Ahora… marchaos todos. Hablad con ella. Y esta semana entera… prescindid de la agenda. No quiero que ningún programa se haga eco y os graben. Nada de entrevistas ni entrenamientos. Tomaos… esta semana de vacaciones. No pagadas, por supuesto.

—Mira no ha hecho nada.

—Ella mantendrá su sueldo. Eso sólo concierne a Zoey… y a ti, Rumi.

—Lo acepto —dijo.

Una hora más tarde

Apartamento Huntrix

—Eh, ¿dónde está…? ¡No está en su cuarto!

—¿No? Qué raro… —Rumi buscó por el lavadero, el balcón y la cocina. Nada. Vio que Mira atravesaba el apartamento de lado a lado más agitada—. Tranquila, Mira. Seguro que ha salido a… dar una vuelta y despejarse o algo.

—No puedo… no puedo…

Rumi se asustó al verla tocarse el pecho. Corrió hacia ella y la agarró de los hombros.

—¿Qué pasa…?

Mira sufría en sus respiraciones. Pero Rumi llegó a tiempo. La miró a los ojos y pudo recomponerse antes de caer en otro ataque.

—Es que… no puedo ni imaginarme que se le acerca —resopló, mirándola preocupada—. Tú no lo entiendes. Ese perro es traicionero. Puede engañarla. Si se descuida…

—Está ciega de ira, dudo que siquiera le escuchara.

Mira se relajó un poco y sacó el teléfono. La llamó.

—¿Sí…?

—¡Zoey! ¿Cómo se te ocurre irte a otro lado sin avisar? Te estábamos buscando en casa.

—Sólo he ido a comprar la cena… enseguida estoy ahí.

—Ah… de acuerdo —Mira pudo respirar—. Ten cuidado, por favor. No es bueno ir sola por ahí… yo… estoy un poco preocupada.

—Tranquila, el chófer está ya viniendo. ¡Llevo pizzas!

Mira se permitió sonreír un poco. Suspiró al colgar.

Horas más tarde

Habitación de Zoey

Después de inflarse los estómagos con pizzas, las chicas se fueron a la habitación. Zoey se dejó caer de un suspiro en la cama y se desnudó para ponerse el pijama. De pronto sintió una mano en su cabello corto y elevó la mirada sorprendida. Mira le sonreía.

—No, yo no estoy feliz, Mira. Tengo… mucha rabia dentro todavía.

—Ya lo sé. Pero mira… —se le puso frente a las rodillas y se acuclilló, para observarla desde abajo—, eso que hiciste estuvo genial, ¡jajajajaja!

Zoey también empezó a reírse con ella. La cena había estado tranquila. La incomodidad acerca de un tema tan doloroso como era el pasado de la pelirrosa, fue tal que se evitó sobreexponerlo. Pero Zoey tenía muchas preguntas.

—Mira… ¿cómo no me dijiste algo así…? —la miró seriamente.

—No lo sé, no podía. Era un tema que tenía muy adentro.

—… —Zoey se hizo a un lado para subirse a la cama y palmeó el colchón para que la secundara. Mira se irguió y se tumbó a su lado—. ¿Cómo fue?

—¿Q… qué…?

—¿Cómo… cómo fue aquello? ¿Hasta dónde llegó? —Mira se limitó a suspirar y apartar la mirada de ella—. Ese cabrón… me va a oír —suspiró.

—Nunca nadie había dado la cara por mí como tú lo hiciste —soltó una risita, colocándose bocarriba. Zoey la miraba atentamente. Al cabo de unos segundos la alta le devolvió la mirada y sonrió con más ternura. Elevó la mano que hacía poco iba vendada—. La primera vez que me lesioné no fue en un partido de vóley. Creo que eso os dije, ¿no?

Zoey empezó a arrugar el ceño.

—Ahá, eso dijiste.

—Ya no tengo muy claro cómo fue… hay cosas que se han borrado. Cuando te pasa algo así, prefieres no ponerte explícita en los recuerdos.

—¿Te hizo Ronald esto?

—Sí, pero… ya no recuerdo bien cómo —estiró los dedos y rotó con suavidad la muñeca, como si la estudiara—. Cuando se le cayó la máscara y sabía lo que intentaba, me metió adentro a la fuerza y cerró. Forcejeamos todo el rato y en algún momento sé que yo misma sentí que me descolocaba algo —subió la otra mano a acariciarse la muñeca—. Creo que en ese momento supe que estaba jodida.

—¿De verdad no has hablado esto con nadie? Tenemos un psicólogo para algo… se supone…

—Ah —suspiró sonriendo—, no tengo el valor para enfrentarme a esa conversación con nuestro psicólogo. Cuando vi que en ESTOID nadie se molestó en siquiera investigarlo, quise enterrarlo yo también. Fingir que nunca pasó.

—¿Él llegó hasta el final?

Mira sentía trabas. Como si su cuerpo todavía rehusara a ser sincera del todo. Bajó las manos lentamente y miró al techo.

—No… no llegó. Él… —frunció ligeramente las cejas—, me tiró al suelo, me dio unos golpes y logró bajarme las bragas. Yo… n-no sabía pelear bien en ese momento, todo lo que he aprendido ha sido este par de años. Cuando descubrí mi potencial gracias a vosotras.

Zoey asintió lentamente. Se apoyó de lado, en una mano y la miró fijamente sin interrumpirla. La pelirrosa se humedeció los labios y siguió como pudo. Se sorprendió al darse cuenta que, al contarlo por primera vez a otra persona, le costaba ordenar los recuerdos. Nunca se paró a hacerlo. Nunca dedicó tiempo a recrearlo más de dos segundos, ni siquiera en su cabeza. Porque entonces la herida demostraba que seguía abierta y sin tratar.

—Me agarró del pelo. Con tanta fuerza… dios —cerró los ojos al rememorarlo—, creí que iba a arrancármelo. Me dolió el cuero cabelludo como toda la semana. Y… le costó, pero al final pudo tenerme como quería. Sé que llegó a meterme los dedos, pero entonces me volví posesa… no sé, tuve un arranque y me defendí. Le clavé el codo en un ojo. No sé cómo. Ni miré, sólo… quería escapar. Debí de hacerle daño porque estuvo un rato sin moverse. Luego le di otra patada. Y alguien en el rellano debió escuchar tumulto… porque al final desbloquearon la puerta y salí corriendo.

Zoey inspiró hondo, volviendo hacer acopio para aguantar la rabia.

—Menudo capullo, se tuvo bien merecido lo del ojo. ¡Joder, Mira! ¡Hiciste bien!

—¿Bien…? —se frotó la cara con las manos, dando un resoplido—. Parecía una maldita niña asustada, lloriqueando como estúpida sin parar… si el recepcionista no hubiese intervenido, creo que ciego y todo habría conseguido violarme. A mí ya me temblaba todo.

—No sé si lo hubiera conseguido o no. Pero te tocó —masculló arrastrando las palabras—. Esto no va a quedarse así.

—Ya ha pasado mucho tiempo para tomar represalias legales, Zoey. Para mí es algo reciente, pero para la policía esto ya… se enfría mucho.

—¿Legales? Ya le enseñaré yo lo que es respetar. Para eso no necesito a la policía.

Mira se irguió unos centímetros y la agarró de repente con fuerza, poniendo su rostro frente al suyo. Apretó la voz.

—No te estoy contando esto para que tomes tu venganza. Quédate quieta, porque si algo te pasa, no me lo voy a perdonar.

—¡No puedo dejarlo estar!

—Ya tomaré yo misma mi venganza cuando sea el momento.

—¿Y de mientras qué?

—¿De mientras…? Jaj… con eso que le hiciste, me has dado una satisfacción. Todavía puede esperar un poco.

Zoey la miró fijamente. Y después de un prolongado silencio, suspiró.

—Sí… está bien. Lo haremos a tu manera.

—¿Me lo prometes?

—Claro que sí.

O al menos eso pensó cuando lo pronunció. Se besaron y abrazaron, hasta que después de remolonear un poco, se quedaron dormidas.

Zoey tuvo otra pesadilla. Como tantas otras de la misma índole, sus padres aparecían en ella y empezaban a gritarse. Aquel trauma la acompañaría de por vida. Tendría que saber organizar su cerebro para que al menos estando despierta no la bloqueara. Pero dormida era otra cuestión. Dormida, cualquier locura parecía vívida, incuestionable. El hecho fue que soñó que Mira sufría a lo lejos. Estaba físicamente… lejos. Tanto, que se hacía pequeña y pequeña, y entonces lo único que tenía claro era que lloraba muy fuerte porque el sonido era lo único que le permitía saber su estado. Echó a correr, pero dos manos la agarraron del cogote y la tiraron a la casa familiar. Aterrizó de culo en el parqué de su salón. Sus padres la miraban como si fueran jueces a punto de arrojarle un vaso de agua fría. Pronto ella dejó de importar también. Esas personas se transformaron en bestias y se pelearon entre sí, arrancándose la piel a tiras con los dientes. Sus rostros y bocas empezaron a llenarse de sangre que salpicó en las paredes. Zoey se metió en medio agitada, tratando de separarles con los brazos. Repentinamente, todo el peso corporal desapareció y ellos también lo hicieron. Cayó de rodillas en un escenario negro. Sin nada. Algo abismal y eterno… tan profundo como plano. Allá donde mirara sólo había negrura.

Todo negro.

Sin más.

Negro.

Mira miraba algo preocupada el cuerpo de Zoey. Llevaba un rato ya balbuceando y dando suaves espasmos. El rostro lucía traspuesto, incluso en sueños. Repasó su mejilla cuidadosamente con el dedo. Poco a poco, Zoey aumentó las respiraciones hasta que abrió los ojos, que fue donde dio un gemido y se sentó de golpe.

—Tranquila… —Mira se sentó a su lado. Zoey dio un suspiro agitada y cerró los ojos, respirando rápido.

—Agh… qué asco de sueño… —luchó por controlar las respiraciones.

—¿Quieres hablarlo? —dijo, frotándose un ojo. Zoey la miró de reojo y comprendió que la había despertado.

—N-no… yo sólo… —giró el cuerpo y la abrazó enseguida, con fuerza. Mira se obligó a espabilar y la correspondió chistándole en el oído.

—No te va a pasar nada… ¿quieres que encienda la tele? —murmuró, pero enseguida la notó cabecear una negativa. Zoey se abalanzó más sobre ella y de manera repentina la mordió en el cuello. La pelirrosa dio un respingo suave, posando una mano en su espalda. No era la primera vez que Zoey despertaba nerviosa y buscaba refugio en ella. Sin embargo, los últimos acontecimientos y la charla con la madre de la pelinegra le dejó una barrera de la que no se libraba. Cada vez que Zoey empezaba a buscarla, recordaba las hirientes cosas que le dijo en el baño. Hasta el momento había logrado mantenerla a raya, a fin de cuentas Zoey le parecía poco más que una cría, sin experiencias afectivas reales. Lograba frenarla con alguna excusa tonta, luchando contra sus propias ganas, y Zoey no insistía. Pero esa vez insistía. Mira la agarró con suavidad de la mano con la que había empezado a estrujarle uno de los pechos, pero se puso tensa al sentir sus lascivos besos en el cuello. Succionó en un momento dado.

—No hagas chupetones —le susurró. Zoey se quejó un poco y la besó más despacio. Volvió a apretar uno de sus pechos. Mira se excitó, pero la volvió a agarrar de la mano. Se sorprendió al notarla moverla para liberarse—. Zoey. No.

—¿¡Y por qué no!? —elevó la voz. Mira siseó para regularle el tono.

—Relájate, no seas niña… ¡eh! —le frenó las dos manos, encerrándole las muñecas al ver que volvía a intentarlo—. ¿Así vas a reaccionar si te digo que no?

—Sólo lo hicimos de verdad aquella vez… —suspiró en su cuello—, me gustó mucho, ¿por qué no podemos hacerlo de nuevo?

Porque tu madre es una zorra a la que doy asco. Y le da asco lo que hacemos.

—Porque… tú… bueno, puede que estés confundida… ¿y que sólo acudas a mí cuando te sientes mal?

Aunque fue una pregunta, supo que había errado nada más pronunciarla. A Zoey se le cambió la expresión a una confundida y lastimera.

—Siento si es lo que te ha parecido. No me doy cuenta… —separó las manos y bajó la cabeza—. ¿Entonces no podemos?

Mira le evadió la mirada y se obligó a cerrar los párpados.

—Trata de dormir…

—Yo…

No puedo.

Se prolongó un silencio. Una suspiró. Luego suspiró la otra.

Yo tampoco podré dormir, joder. Estoy… cabreada.

En silencio, Mira abrió los ojos en medio de la penumbra. Zoey le daba la espalda, pero no estaba quieta. Se frotaba un ojo. Mira se deslizó hasta cubrir su espalda con los brazos y la besó en la mejilla desde atrás. Zoey dio un respingo y se trató de ovillar más.

—Déjame…

—¿Vas a negarme un abrazo? —musitó en una risita, rodeándole la cintura. Le susurró en el oído—. De verdad eh, eres una cría…

Zoey no perdió el tiempo y cuando oyó su susurro notó con claridad cómo el cuerpo le respondía solo: giró y le atrapó los labios con los propios, casi interrumpiéndola. Mira sintió un cortocircuito. En realidad, se sintió engañada casi por sí misma. Porque una parte de ella sabía que no tenía que tensar la cuerda. Zoey no sabía controlarse ni una cuarta parte. Y otra vez le trataba de meter mano. Esta vez, notó la presión entre sus piernas y balbuceó excitada.

Si sigue así seré yo la que no pueda controlarse.

Pero su cuerpo no respondió con la razón que esperaba; la pelirrosa llevó las dos manos a su cuerpo y en lugar de apartarla, la arrastró hasta dejarla sobre su cuerpo. Zoey se sostuvo con las manos en la cama e intensificó más el beso, excitada y recargando su entrepierna contra el muslo de la chica. Mira le clavó de pronto las uñas en la espalda, consiguiendo que la otra cortara el beso.

—Augh…

Mira desenterró las uñas, mirándola fijamente.

—¿Por qué me lo haces tan difícil?

Zoey sonrió con más picardía, ante el tenue reflejo de la luna. Tenía las pestañas mojadas.

Estaba llorando otra vez… pensó Mira. En lo único que pudo fijarse de ese rostro tan aniñado era en sus dulces pecas, su sonrisa de diablilla y las pestañas húmedas. Se le volvió a echar encima enseguida, iniciando otro beso. Mira exhaló un suspiro entre bocanada y bocanada. Se le tensó el cuerpo entero al notar que trataba de colar una mano por debajo de sus bragas. Más azorada, la agarró del antebrazo, pero se le nubló hasta el último pensamiento al sentir que la acariciaba por encima del clítoris. Dejo ceñida la mano en su brazo, sí, pero no tuvo narices a quitarla. Le gustaba. Era increíble lo rápido que podía avanzar la lujuria y comerse el resto de pensamientos. Se moría por follar con ella de nuevo y Zoey estaba poco menos que rogándolo.

—¡Ah… uf…!

En respuesta, Zoey sólo soltó una risa malévola. Le gustaba ver que funcionaba y que el tocarla la ponía nerviosa. Eso la animó.

—Sí que quieres… entonces… ¿por qué me frenas? ¿Eh? —susurró. Mira sintió con nitidez cómo los pezones se le erguían. Era ni más ni menos a causa de cómo Zoey le adentraba los dedos. No lo hizo despacio, pero tampoco sin calcularse. Mira estaba mojada y aquello sólo la calentó más. Suspiró más entregada e irguió la cabeza. Entre sus piernas Zoey tenía la mano adentrada, bajo las bragas, penetrándola con dos dedos. Se mordió el labio al ver el movimiento de su mano. Jadeó suavemente y la soltó del brazo, para llevarla mano a su mejilla.

—Ven, sigue besándome.

Zoey hundió por completo sus dedos en ella, pero dejó de hacer el vaivén. Era la primera vez que hacía aquello. Mira llevó la otra mano a la mejilla, acariciándolas a la vez, y trató de acercarla, pero Zoey se quedó en el sitio.

—¿No era que no querías…? ¿Eeeem…? —Mira frunció un poco sus cejas, respirando agitada y avergonzada. Antes de poder defenderse la menor continuó—. Estás calentita… no me ha costado nada meterlos. Waaaaah… —sacó la mano y se miró los dedos alucinada. Estaban impregnados de aquel líquido viscoso.

Mira rechinó y dejó caer de golpe la cabeza en la almohada, con las mejillas enrojecidas de la vergüenza. Pero de pronto sintió cómo la usurpaba de nuevo

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