CAPÍTULO 31. Nadie va a quitarme esto
Tres semanas más tarde
Cada día fue un reto. Zoey y Rumi la colmaron por completo de atenciones las veinticuatro horas, y acostumbrada a ese trato, Zoey pudo olvidarse de su herida principal: la que Mira le había dejado. Aquello por fin parecía borrarse. Porque Mira era enteramente para ella ahora, y no había momento en el que no la tuviera a su disposición. Eso le gustó. Desde por la mañana con el desayuno, hasta ver películas, series y reels juntas y ser acompañada a todas las visitas al médico. Jugaban a juegos y cotilleaban de los nuevos documentales que se televisaban. Y lo que más atesoraba: no había noche en que no durmieran juntas. Había desarrollado una especie de necesidad primaria. La necesitaba para dormir, también para calmarse cada vez que tenía una pesadilla nocturna o cada vez que una llamada con sus padres volvía a ponerla nerviosa. Siempre sabía que por lo menos, pasara lo que pasara, Mira estaría a su lado.
Las tres necesitaban esas vacaciones. El día en que a Zoey la autorizaron para desplazarse excepcionalmente en muletas y apoyar el pie sólo para actividades muy puntuales, como ducharse, fue la final televisada del que iba a ser su gran acontecimiento en sus carreras. En lugar de aquello, y tomándoselo con filosofía, se hicieron palomitas y miraron el programa las tres juntas. Los Saja Boys habían desaparecido desde el incidente que implicó la muerte de Ronald. Las Huntrix, debido a la baja repentina de Zoey, no participaron. Eran los dos grupos con más papeletas y ninguno haría aparición.
Cómo es la vida eh, pensaba Rumi. Tiempo y tiempo ocultando sus marcas, que ahora vivían hasta en su rostro. Le daba igual. Tiempo y tiempo invertido en horas de estrés, forzar una motivación desgastada en más deporte y ensayos para que el día de la final ni los Saja ni ellas -los principales del ranking y claros ganadores según las apuestas de la zona- ganaran un centavo. Le importaba todavía menos. Estaba tranquila. Podía disfrutar de todo aquello y respirar tranquila. ¿Cómo no me he quedado calva con el estrés que tenía? Tengo la felicidad aquí mismo. Se echó otra palomita la boca y disfrutó del espectáculo televisado. Ninguno de esos idols, pensaba con un deje de narcisismo cómico, está a nuestro nivel.
—Ah, ¿por qué de verde? ¡Odio el verde! ¡Les queda fatal! —Zoey tiró una palomita al plasma. En ese momento, uno de los grupos concursaba y todos sus trajes eran de un verde sofocante, incluyendo el tinte falso del pelo. Eran un grupo controversial—. Mystery hacía mejor ese giro.
—¿Dónde andarán esos mierdas? —comentó Mira, con la boca llena. Giró la cabeza hacia Rumi masticando—. ¿Tú no sabes nada?
—Qué va… —miró de reojo su móvil. De un día para otro, Jinu no dio más señales de vida… ni los suyos. Pero sabía que seguían por ahí. No habían desaparecido del todo. Había notado la esencia de Jinu cerca. Para el mundo, los chicos tuvieron que «irse de viaje repentinamente, por motivos de peso». Pero las chicas se olían que había una fuente demoníaca hasta en la prensa, después de lo que acababan de vivir. Porque ahora sabían que existían contratos con demonios por parte de un sector de la población. Y eso sí que había sido desmotivador.
He sido una tonta, creyendo que sólo nosotras podíamos saber lo que eran. Tenían una ventaja desde el inicio. La población humana hace negocio de cualquier cosa… y con cualquiera.
—¡Oooooh, mira esas botas! —dijo Zoey ante un primer plano del calzado de otro grupo de chicas. Éstas en concreto sí que las conocían, eran amigas laborales. Zoey se encaramó demasiado y notó un pinchacito en la rodilla. Se la palpó en una mueca de dolor y se volvió a apoyar en el respaldo lentamente. Mira le dio un toquecito en la mejilla con el dedo.
—Bueno, ya va tocando darse… «el baño».
—Ah, sí —se carcajeó Rumi—, el baño.
—El baño… —Zoey soltó una risita mirando la puerta de su habitación—. Me da pereza. ¿Lo dejamos para mañana?
—Ayer me dijiste lo mismo y mira —la rascó en la espalda, haciendo que Zoey tuviera algo de cosquillas. Al sacar la mano y mostrársela, soltó una risa maliciosa. Tenía algo de roña bajo las uñas—. ¡Guarra!
Zoey se partió de risa y la empujó. Rumi sonrió mirándolas. Había atestiguado el amor que se tenían aquel tiempo. También otras cosas que no le hicieron tanta gracia, como el hecho de que Zoey supiera -no sabía si a espaldas de Mira o no- sus dígitos de desbloqueo de móvil. La había visto usarlo para cambiar una canción por otra y nada más cuando era ese dispositivo el que estaba conectado al estéreo del apartamento, pero… Rumi a veces pensaba que esos detalles eran algo malsanos. Recordó que Mira también conoció en el pasado el PIN de desbloqueo de Zoey cuando le hizo la broma pesada con los likes a Mystery, así que lo dejó estar y prefirió no inmiscuirse. La de cosas que podían ocurrir en sólo tres semanas. Demasiadas, así que prefería centrarse sólo en las buenas. Las dos habían cuidado de ella como si fuera su niña mimada, pero Mira ejerció un papel más completo. Estaba para cada mínima cosa que había necesitado, había aparcado el deporte y toda agenda, social o laboral, para atenderla. La industria no les recriminó nada, era evidente que tras las muertes tan sonadas de su mánager y mentor, y todo lo ocurrido en aquel pueblo abandonado, las exigencias de unas vacaciones largas para acompañar la baja de Zoey fueron concedidas. Tenían todo el tiempo libre que no habían tenido en años.
—Bueno… yo me voy a dar una vuelta. He quedado con mi tía en la cafetería de siempre.
—Ve con cuidado.
Rumi asintió sonriendo y se quitó los restos de palomitas del jersey antes de abrigarse.
Una hora después
Baño interno de la habitación de Zoey
Zoey había adelgazado un kilo. Mira lo notó en sus brazos y por supuesto, en la pérdida de musculación de ambas piernas. La mañana pasada su médico le retiró definitivamente la venda compresiva y se notaba a la vista que la rodilla aún estaba curando, y tenía varios hematomas. Mira la ayudó a meterse en la amplia bañera de agua caliente, ya hasta arriba de espuma. Le lavó el pelo como había estado haciendo todo aquel tiempo en el lavamanos. Le había cogido el punto y ahora disfrutaba más haciéndolo que al principio.
—Tenías que haberme llevado con Celine también, hace un montón que no hablamos…
—Cierra los ojos. Y… no estás todavía para tanto trayecto en coche. La última vez yo no fui —comentó Mira.
—¿Cómo que no fuisteAAAAAAAHHHH? —justo levantó la cabeza cuando Mira le echaba el balde de agua en la cabeza, aclarándola de golpe. Zoey cerró los ojos y oyó de fondo su risa—. ¡Que estaba hablandooo!
—Hahahaha… te dije que cerraras los ojos —dejó el balde a un lado y agarró la esponja llena de gel. Empezó a frotarla en la espalda y por todas las partes del cuello—. Sabes que esto sí que lo podrías hacer solita, ¿no…? —hizo una pausa, exclamando al poco—. Sí que te hacía falta un baño ya, sale el agua gris.
—Hehehehehe. Tú tenías que mantenerme limpia…
Se rieron mientras la otra la aseaba. Después de frotar bien las zonas a las que Zoey no llegaba, configuró en el panel de la pared los chorros laterales para que volvieran a llenar la bañera en lo que el agua sucia se iba por el desagüe. El agua caliente volvió a salir a mucha velocidad, y Zoey se reposó en uno de los laterales, con los ojos cerrados.
—Ah… qué bien… siento el cuerpo dormido.
—Yo también llevo un montón sin darme un baño de estos…
—¿Te das cuenta? Tenemos una bañera enorme y ni la usamos.
Mira asintió, terminando de enjuagarle la cabeza. Ya estaba limpia. Se sentó en el piso y se apoyó en un lado de la bañera, mirándola con una sonrisa.
—Avisa cuando quieras salir, antes de que te arrugues como una pasa.
—Sí, sí… —murmuró, poniendo cómoda hacia un lado la cabeza. Mira sonrió más, negando con la cabeza. La miró con cierta maldad oculta, pensando en echarle agua encima.
—Ni se te ocurra dormirte.
—Que no.
La pelirrosa bajó la atención a su cuerpo sumergido. Aunque… al hacerlo sus pensamientos cambiaron. Cuando solía asearla, al haber estado tan dolorida las veces previas, ni se le pasaba por la cabeza imaginarla de otro modo. Porque lo principal en esas ocasiones era que ella no sufriera. Pero ahora, en la calma y el silencio, mirándola y oyéndola respirar sin dolor después de tanto, reparó mejor en su desnudez. Los pechos redondos y erguidos de Zoey estaban bajo el agua, ya que la bañera era alta. Pero podía verlos. Cuando siguió con la mirada hasta su cuello, y luego a sus ojos, se ruborizó. Zoey la miraba con picardía, y una sonrisa de oreja a oreja.
—Eh… ¡yo no…!
¡SPLASH!
Zoey empezó a carcajearse al dar un manotazo y empaparla. Mira se puso en pie rápido y dio pasos atrás mirándose sorprendida la ropa pegada.
—¿¡De qué vas…!? ¡¡Me has mojado entera!!
—Hehehehe… sí, vas a tener que cambiarte de ropa —se apoyó remilgadamente en la bañera, sonriente—, quítatela.
Mira juntó los labios en una sonrisa igual de malévola. Zoey era igual que una niña molesta, pero era imposible no reírse cuando estaba con esa actitud.
—No, es igual. No es tanto —comentó para picarla, aunque no llegó ni a reírse cuando recibió una enorme oleada de agua encima, mucho más exagerada. Fue tal el baño, que abrió la boca impactada, elevando los hombros. La mojó entera.
Ahora sí, de forma literal. Había un charco bajo sus pies. Mira respiró sonoramente, calmando sus nervios y abriendo despacio los ojos. Sonrió bajando el tono de voz al verla desternillarse.
—Mírala ella… cómo se parte de risa…
—Jjjjjj… ¡jajajajajajajajajaja!
—Ja-ja-ja…
—¡JAJAJAJA! ¿Qué, sigue sin ser para tanto…?
—Eres una mala perra… —agitó las manos para soltar agua. Tenía la ropa pegada totalmente al cuerpo. Resopló acercándose a la bañera y le tendió los brazos—. Anda, deja de jugar y sal de la bañera.
Zoey seguía riéndose cual canalla, agarrándose a ella. Mira la sostuvo con extremo cuidado. Temía que resbalara. Zoey puso una pequeña mueca de dolor al sentir cómo la elevaba.
—¿Bien…? —preguntó Mira. Zoey relajó un poco la expresión y se concentró en el rostro de su amiga. Alternó la mirada entre sus ojos preocupados y sus labios, y sonrió un poco.
—Sí… ya no duelen —se agarró mejor a ella hasta apoyar tímidamente el pie correspondiente a su pierna operada. Aprovechó para pegarse mucho más mientras la miraba, hasta que aplastó las tetas desnudas contra las de Mira. Obviamente la más alta se percataba. Zoey se insinuaba cada vez que tenía oportunidad. Las noches anteriores, incluso antes de serle retirada la venda, ya había tratado de tocarla. Aunque ahora Mira sentía cómo se comprimía totalmente mojada… la pelinegra se acercó a sus labios y cerró los ojos, comenzando a besarla. Mira correspondió casi llamada por un acto natural. Apretó la boca contra la suya y le introdujo la lengua, hambrienta. Zoey se activó de inmediato con aquello. Normalmente, Mira no solía alargar aquello demasiado y estaba aburrida de que la acabara siempre frenando con el motivo de su recuperación. Ladeó la cabeza para intensificarlo más todavía, enlazando su lengua con la suya sin pausa y acariciándola del cuello. Mira se obligó, a los pocos segundos, a separar sus labios. Susurró mirándola fijamente.
—Para un momento. Te vas a helar.
—Uy, sí… estoy helada, mira lo helada que estoy —susurró antes de volver a meterla la lengua, con más autoridad. Mira balbuceó hacia sus adentros, sintiendo cómo se le despertaba la llama de nuevo. Bajó las dos manos por su espalda, hasta sus nalgas, y las aprisionó más contra sí. Zoey tuvo que agarrarse de nuevo a sus hombros para no tropezar—. Vamos a la cama.
—… —Mira parpadeó, excitada como estaba, tuvo que tragar saliva. Aflojó la presión en sus nalgas y se mordió el labio inferior—. Tápate con el albornoz… y deja que me cambie de ropa. O enfermaremos las dos.
Zoey sonrió juguetona y asintió.
Habitación de Zoey
Echada a un lado de Zoey, tenía medio cuerpo sobre ella. No había parado de degustarle la boca desde que se tumbaron en la cama. Zoey se deshacía del gusto cada vez que la pelirrosa jugaba con su lengua, se ponía muy cachonda. Era por todas aquellas veces que se la imaginó. Ver el sueño hecho realidad la transportaba a un remanso de calma y de lujuria. Además, Mira era por naturaleza una persona más dominante. Aunque estuviera todo el rato controlándose, se le notaba. La acariciaba con fuerza, y sus besos…
Me encanta que no me aparte. Por fin…
Cada vez que un beso acababa Mira la volvía a comer, y cada vez estaba más echada sobre ella. Zoey de pronto notó que colaba la mano entre las solapas de su albornoz para cubrir y estrujarle un pecho. Aquello la hizo ronronear, sonriente. Más caliente se puso.
—Hmg… —suspiró en su boca, sintiendo cómo Mira le acariciaba un pezón. Le acunó la cara con las manos y, respondiendo de inmediato, volvieron a unirse en un beso apasionado. Mira se recargó un poco más, comprimiendo la zona del tórax. Zoey parpadeó en mitad del beso, algo molesta. Aquello la sacaba de quicio, sólo esos estúpidos dolores podían desconcentrarla. Y ni por asomo quería abrir la boca para quejarse… porque Mira iba a parar. Quería que siguiera. Quería…
La besó más rato, hasta que el dolor y su importancia se le evaporaron de la mente. Por completo. Zoey separó más los muslos sin darse cuenta. Paró de besarla sólo un instante y susurró.
—Quiero que lo hagas con el cinturón… como la otra vez.
Mira le miró la boca, drogada. Aunque la proposición la llamaba, calibró si podían hacerlo. Zoey detectó que estaba mirando de soslayo otra vez su pierna y la atrajo de las mejillas—. Ponte ese que tiene el dildo por ambos lados…
Mira la miró con fijeza. Parpadeó unos instantes pensativa, aunque luego frunció un poco las cejas…
—¿Cuándo te enseñé ese juguete?
—Lo abrí yo. Sé dónde guardas la llave.
Mira la miró sorprendida y le acarició de la mejilla.
—¿Has estado registrando mis cosas?
—Sí… ¿te molesta…?
—Prefiero que me preguntes. No me importa que cojas la ropa, pero…
—Está bien, lo siento. Pero los juguetes… ya los he visto todos —confesó, con la cara más enrojecida.
—Claro que sí… tienes un lado sucio, ya me había dado cuenta.
—Jm… ¿sí…?
—Sí, eres muy curiosa —sonrió y la mordió en el labio inferior. Zoey se excitó.
Mejor no le cuento que estuve tocando los botones de todos para ver cómo funcionaban.
—… —suspiró.
—Enseguida vuelvo.
Le guiñó un ojo y la dejó en la cama. Agarró su baúl y Zoey tragó saliva, mirándola marchar. Se moría de ganas. Ya estaba sonriendo con malicia de lo que se le pasaba por la mente, cuando de pronto, el móvil de Mira volvió a vibrar sobre la mesilla. Elevó un poco la cabeza para leer la pantalla. Era un número desconocido.
—… —la pelinegra miró al baño. Mira aún no volvía. Sin hacer ruido, lo agarró y se quedó mirando la pantalla. Descolgó.
Al otro lado oyó un llanto que intentaba pronunciar frases.
—Sé que me oyes… ¡por favor, yo…! *ininteligible* …te juro que jamás quise hacer daño a nadie, somos amigas y tienes que perdonarm…
Zoey colgó de inmediato, sin pronunciar una sola palabra. Aquello la hundió un poco. Aunque no se le entendía bien con tanto gangueo y voz compungida, estaba claro que era Sarah llamándola desde otro teléfono.
Está intentando acercarse de nuevo…
Tuvo un grave sentimiento dentro, de pura preocupación. Desbloqueó el móvil y borró la llamada.
Minutos después
Mira regresó con el juguete ya colocado alrededor de su cintura. Era de doble punta. No le costó demasiado introducirse el lado que le correspondía con lo cachonda que estaba. Cuando llegó de vuelta a la cama, le echó una miradita a Zoey de complicidad. Ésta se quedó mirándola unos segundos seria, pero luego sonrió un poco.
—¿Ha vibrado? —preguntó antes de tumbarse, alargando la mano hacia su móvil. Zoey negó con la cabeza—, ah, me habrá parecido.
Al desbloquearlo no tenía ninguna llamada perdida. Dio por sentado que fue su imaginación. Se subió a la cama y regresó con ella, abordándola desde arriba. Se tomó una pausa para sostenerse sobre las rodillas y levantarse la ropa. Llevó las manos atrás y se quitó el sujetador frente a Zoey. Eso encendió a la menor. Siempre la estaba manoseando, pero llevaba tiempo sin verlas. Mira era preciosa, la mirara por donde la mirara. Tenía un cuerpo de escándalo, largo y fino, y unos pechos firmes y bonitos. Tragó saliva volviendo a excitarse de a poco. La llamada que acababa de contestar sin su permiso, en su móvil, la había distraído demasiado. Hizo darle vueltas a algo que no quería, así que tomó la potestad de borrarla y no contarle nada. Trató de erguirse pero Mira se apresuró a devolverla a la cama. Se situó entre sus piernas y se apoyó con los codos, dejando a Zoey en medio. Le susurró mirándola con una sonrisa.
—No vayas a hacer nada brusco. No seas tontita, que vas muy bien hasta ahora.
Zoey asintió, haciéndole caso. No verbalizó nada. Sólo deseaba, casi de manera suplicante, que continuara. Necesitaba sentirla, sentir su cuerpo y su calor, y que estaba con ella. Que eso que estaba pasando estaba, de hecho, ocurriendo. La agarró de la nuca para recuperar esos besos llenos de saliva y de ganas, casi chocando con ella. Mira se dio cuenta de su intensidad y cerró los ojos, complaciéndola. Era ella la que tenía que tener cuidado. No podía aplastarse contra ella, ni hacerla desplazar la pierna en recuperación. Se odiaría si por culpa de sus ganas de follar, acababa haciéndole daño. Y sabía perfectamente que cuando estaba muy cachonda empezaba a perder las formas. No podía hacerlo. Zoey gimió al sentirla piel con piel, rozando el dildo contra su pubis. Pero Mira no se quedó allí. Se comenzó a deslizar hacia abajo, besando su abdomen.
Ah… eso también me gustó mucho… pensaba Zoey, llena de nervios y excitación. La agarró del pelo con ganas, pero Mira frenó y lentamente, le encerró esa misma muñeca. Mirándola desde allí.
—No hagas eso, ¿vale?
—Perdóname… soy estúpida… —dijo dolida, abriendo enseguida la mano.
—No, no eres estúpida —le sonrió. Zoey sonrió notablemente nerviosa.
No tiene la culpa. No quiero que se sienta mal, pensó la pelirrosa.
—Perdona, Mira… —repitió.
—Estoy perfectamente bien —la tranquilizó y besó su mano. Y no la dejó pensar más. Centró su atención en su vientre y su coño y ladeó una sonrisa. Empezó a besarla tiernamente en el bajovientre, deslizando los dedos. Zoey respiraba despacio, pero profundamente. Sintió uno de sus besos muy cerca de su clítoris y aquello le valió que todo poro de su piel se pusiera de punta. Mira bajó algo más los besos, por su muslo… y siguió hasta la rodilla. Besó allí con más mimo, justo encima de la cicatriz de la operación. A Zoey aquella imagen le pareció muy íntima. La estaba besando en su herida, y susurró.
—Verás que se recupera antes —susurró sonriente antes de trasladarse a su vagina. Acarició el clítoris con el pulgar arriba y abajo, sólo una vez antes de pegar la lengua. Zoey agarró la almohada con fuerza, reprimiendo allí la excitación. Mira repitió esos movimientos longitudinales con la punta de la lengua, poniéndola nerviosa, y de pronto hundió la boca entera, chupándola despacio. Zoey gimió. Deseó que se quedara allí hasta que le provocara el orgasmo, pero Mira parecía querer sólo estimularla y le salía situarse la mano ella misma para tocarse también. La pelirrosa volvió a gatear hasta situarse sobre su cuerpo. Zoey la seguía con la mirada ya embobada, sin hacer nada. Tenía una mano situada casi por inercia sobre su coño, moviendo los dedos sin siquiera pensar que lo hacía. Mira le retiró suavemente la mano hacia un lado y buscó una postura cómoda. Se lamió los dedos y los dirigió hacia su cavidad, buscando comprobar cómo estaba. Los dedos le entraron. La chica estiró más el cuello, en un suave y tierno espasmo al sentirla adentro. Mira pensó en las ganas de marcar ese cuello que tenía. Echó un breve suspirito y apretó más la mano hacia arriba, logrando penetrarla con los dedos hasta el fondo. Zoey abrió los labios, dando un jadeo pequeño. Mira se alimentaba de esas imágenes. Podía estar viéndolas el resto del año sin aburrirse. Comenzó un vaivén lento donde sacaba los dedos del todo y volvía a introducirlos hasta el fondo, buscando dilatarla. Zoey cerró los ojos y echó la cabeza a un lado, suspirando bajito. Mira continuaba penetrándola a aquel ritmo lento, mientras con la otra mano abría del todo las solapas del albornoz para ver su precioso cuerpo, blanco como la leche y con aquellos bonitos senos. Pinzó un pezón con un par de dedos, logrando estremecerla con otro espasmo.
—… —la pelirrosa se mordió con más fuerza el labio, apretando un tercer dedo dentro de ella. Zoey frunció un poco las cejas, pero su cuerpo cedió enseguida—. Lo haces muy bien… —se tendió más sobre ella, besándola en la mejilla—. Me encantas.
Zoey balbuceó, entregada. Aquello debía ser el paraíso. No creía que existiera algo mejor que aquel plan. No era posible. Tragó saliva, muerta de excitación como estaba, y gimió suavemente al notar que apretaba el ritmo. Mira tenía los dedos largos, así que la notaba profundo. Pero su cuerpo no ofrecía ninguna resistencia. La escasa barrera física que la frenaba era la misma que le daba el punto de placer justo. Esa presión. No hacía sino dilatarla más. Y aunque Mira tuviera un papel más activo, disfrutaba aquello en la misma medida. Adoraba verla disfrutar. Porque veía en Zoey una expresión aniñada con todo lo que le hacía, debido en primer lugar a su falta de experiencia. Sentía algo en ese hecho que la encendía más. Y cuando empezó a tener gemiditos más rápidos, le retiró los dedos. Ésta abrió los ojos, en una expresión de reproche.
—No los quites…
Mira no le respondió. Se acomodó mejor sobre ella y bajó la mano al dildo, situando la punta entre los labios vaginales. Ahora ella también tenía la otra parte metida. Se sentiría tan bien aquello que estaba a punto de hacer, que incluso poniéndose manos a la obra, ya estaba fantaseando. Al situarse como quería y conducir el dildo, comenzó a apretar la cadera contra ella.
—Hmg…. Au… —Zoey soltó un quejido y bajó la mirada. Mira la secundó y pegó la frente con la suya, mirándola desde arriba. Sin decir nada, comenzó a besarla. Y la agarró de un pecho, frotándolo mientras su cadera seguía empujando. Zoey cerró un poco más fuerte los ojos, pero su cuerpo tuvo un cambio cuando logró introducirse del todo aquel juguete en el cuerpo. Se agotó, sus respiraciones se escucharon más fuertes. Mira comenzó el vaivén de su cadera, relamiéndose los labios y dejando estos entreabiertos al sentir cómo el placer se le devolvía cada vez que era la que penetraba. Estaba pensado justo para eso. Y Zoey estaba apretada, lo que intensificaba más el placer para ella. Pronto la postura le empezó a ser algo cansada, al no poder separar más los muslos para enterrar bien las rodillas y darle más fuerte. Debido a que la pierna derecha de Zoey debía estar recta. Mira la besó antes de tomar distancia y la agarró de la otra, flexionándola hasta atrás y recargando contra ella los golpes de la cadera. Zoey gritó de placer ante la nueva velocidad, mientras su cuerpo volvía a botar. Mira se drogaba, viéndola del rostro y sus pechos agitarse por los empujones. Bajó gimiendo a su cuello y la besó con más territorialidad, mordiéndola. Zoey soltó un quejido más lastimero al notar con la fuerza que la succionaba de la piel en uno de los mordiscos. Mira alejó sus dientes sólo cuando no pudo contenerse más y la sostuvo de la cintura, ayudándose así a chocarse mientras la bajaba, para sentir con más violencia las embestidas también en su cuerpo. Zoey observaba desde abajo lo roja que se ponía, además, lucía nerviosa por el frente que hacía a la excitación. Levantó las manos a sus tetas y las estrujó, haciendo que Mira gimiera. Sus movimientos se volvieron más cortantes y bruscos, y en uno de ellos, Zoey notó que temblaba, agitada contra ella. Mira se echó de nuevo sobre su cuerpo y siguió empujándose contra ella, buscando enterrarse hasta el fondo todas las veces. Estaban las dos muy cachondas, la piel les ardía. Mira se puso atacada al cabo de unos segundos con aquel ritmo, y una de sus manos fue a parar a la nuca de Zoey. La sujetó allí para darse sujeción y seguir hundiéndose en ella con la rabia con la que lo venía haciendo, porque justo ahí fue cuando empezó a correrse. Zoey se excitó al oír sus gemidos, con esa voz tan grave y sensual que tenía. Era extraño y glorificante verla de aquel modo, tan fuera de sí por la excitación. Mira lanzó un bufido más calmada, y aminoró la velocidad de sus golpes. Su respiración era temblorosa, débil.
—Te quiero… —susurró Zoey, logrando alterarla del todo. En respuesta, Mira sólo la miró con fijeza y la besó. Otro beso largo, desgastándose mutuamente la boca. Mira recargaba más veces la cintura, adentrándose en ella. Al distanciar sus labios, susurró nerviosa.
—Te tenía muchas ganas, Zoey…
—Y yo a ti… qué rabia no poder moverme —se jactó, entre suspiros. Mira remoloneó con ella en el cuello, dándole otro mordisco.
—Ya te muevo yo —susurró. Zoey se encendió más al escucharla. En el fondo, era lo que deseaba. Estar convaleciente tenía alguna que otra ventaja… y ésta en concreto le estaba gustando. Mira salió de la cama y se quedó de pie cerca del borde. Atrajo el cuerpo de la pelinegra con facilidad hacia ahí también, y le metió de golpe dos dedos.
—¡Ah… uf…! —los pezones se le erizaron, temblando al sentir los dedos de Mira en su interior. Mira la observaba con fijeza, los labios semiabiertos. Tenía esa perfecta cara autoritaria que Zoey estaba descubriendo que le ponía muy cachonda. Nuevamente, parecía sólo testearla con los dedos. Porque de pronto se los sacó y los chupó, antes de agarrar con más mimo una de sus piernas. No tocó la operada. Pero sí cruzó la sana por delante al ponerla de lado. Y situó la punta del dildo en su entrada nuevamente. Esta vez, al hincarse contra ella, no cedió tan fácilmente. Zoey cerró los ojos y se tensó, cerrando la mano sobre las sábanas. Dio un quejido más doliente al sentir que la abría así. Pero no era lo único que le dolía. El estar con la cintura girada para estar de lado tenía su lado negativo, y era que al tensarse, incluso al respirar fuerte, las costillas se le resentían.
—¿Te duele? —preguntó Mira, retirando la punta del dildo, pero manteniéndolo posicionado con la mano.
—No… no duele. Es…
Mira se inclinó a su rostro. Manteniéndola como estaba, llevó las manos a sus muñecas y las abrió a ambos lados, dejándole los brazos extendidos. Musitó en sus labios.
—¿Te duele así menos?
—Un poco menos…
—Así respiras mejor. Pero… no voy a seguir si te está doliendo.
—Deja que sea yo quien decida.
—No. Aquí decidimos las dos. No quiero que aguantes nada de dolor. ¿Estamos…?
Zoey asintió un poco, aunque en secreto, a regañadientes. Mira le dio un beso suave y sin distanciarse de su boca bajó la mano, volviendo a encabezar el dildo en su apretada entrada. Le costó hundirse en ella, ya que tenía los muslos volcados hacia un lado y apretados entre sí… aunque Mira se retorció del gusto al empujar. Dio un suspiro fuerte al metérselo entero. A la mínima que agarró un ritmo, Zoey empezó a gemir suave en sus labios. No tardó en retomar las embestidas más fuertes. Esta vez sonaron más, al golpear sobre sus nalgas. Mira se quedó echada varios segundos sobre su cuello, besándolo tiernamente, pero no era tierna de cintura para abajo, y Zoey tembló del gustó al cabo de poco tiempo, agarrándose a sus escápulas.
—Sí… sigue…
Mira sonrió maliciosa y paró de golpe, quitando sus manos de su cuerpo. Se puso recta y le sacó el dildo, maravillada al ver lo húmedo que salía. Zoey dio un suspiro de pura impaciencia, ya estaba enganchando el ascenso al orgasmo y se lo había quitado. La pelirrosa extendió una mano en su nalga y apretó con la yema del pulgar uno de sus pliegues vaginales, separándolo hacia arriba, abriéndolo. La excitación de Zoey respondía ahí, su coño dilataba, aunque también se contraía un poco cuando le exploraba la cavidad con ese mismo dedo. Al poco lo retiró; le metió tres dedos de la otra mano y la penetró con fuerza y rapidez de pronto, volviéndola a hacer entrar en el placer puro. La chica cerró las manos y se puso más nerviosa, su cuerpo emitía chasquidos líquidos, un sonido que jamás oyó antes, y le puso más aún los pelos de punta. Pero la violencia de esos movimientos sólo la excitó más y más, y más… hasta que una de las piernas empezó a temblarle involuntariamente. Iba directa al orgasmo. Mira paró de nuevo cuando detectó que iba a llegar. Entonces Zoey le dio una patada en el muslo con la pierna sana, cabreada.
—¿¡Qué haces…!? ¡No pares más…!
Le contestó con una maliciosa risita y alzó una ceja. Recuperando la postura cercana a su rostro, Mira puso el índice en los labios para sisearla.
—Sh. ¿O qué? ¿Qué va a hacer una cojita contra mí…?
—Que te den… me acabaré yo sola si vuelves a hacerlo.
—Ni que eso no fuera a darme placer… —la molestó, antes de morderla en la oreja. Zoey tuvo que aguantar un segundo la respiración al sentirla. Bajó por su propia cuenta una mano al dildo y se buscó penetrar, ante la atenta mirada de Mira.
Estoy enferma. Hasta verla hacer eso me pone, pensó desubicada. Pero trató de pensar más racional. Estaba haciendo un esfuerzo físico innecesario.
—No te muevas estando tan girada, anda, deja…
Le relevó la mano. Zoey emitió un gemido cuando le encontró, con más facilidad que ella misma, la cavidad. Era cierto que no podía tentar mucho a la suerte con los movimientos. Al hundirse entró como la seda hasta el final, lo que le dio un pico de placer y se volvió a agarrar a Mira de su espalda. La pelirrosa se puso manos a la obra, movió la cabeza echando su espesa cabellera a un lado y apretó los puños en la cama. Así fue cómo se sujetó para embestirla con fuerza. Zoey apretó las manos ante la nueva rapidez. Su cuerpo cedió de inmediato, sin trabas. A veces Mira la envidiaba cuando la miraba disfrutar con aquello a esa velocidad. Ella necesitaba más tacto, al menos por lo general. Pero cuando estaba tan ida y excitada, sin embargo, no le salía ser angelical con ninguna compañera sexual. Explorar y descubrir que a Zoey le gustaba así era increíble. No le costó ningún trabajo discernir en esa carita cuándo se iba a correr, porque solía poner la misma expresión, y gemir de la misma forma débil. Le empezó a enterrar más las uñas y la arañó en la espalda, haciendo que Mira se chocara más fuerte y bajara sus dos manos cruzadas a la piel de la cadera de Zoey, para mantenerle las nalgas quietas mientras se daba contra ella. Zoey se retorció y arrastró un gemido más agudo, rota de placer. Mira sonrió escuchándola. La melodía podía cambiar, pero siempre la dejaba igual de satisfecha cuando sabía que salía de esos labios. Se corrió, y entonces su expresión pasó de ser de excitación a cansancio puro, luchando contra las respiraciones. La dejó relajarse pocos segundos. Soltó un quejido breve cuando Mira la puso bocarriba al abrirle las piernas, ya con más suavidad. Ponerse con el torso recto volvió a dolerle, igual que cuando le puso las piernas de lado. Pero hasta ese dolor se sentía diferente cuando todos sus músculos se tensaban y relajaban aún por su reciente clímax. Cerró los ojos… y juntó los labios para soltar aire lentamente. Sintió los labios de Mira en su mandíbula, los paseaba sólo para rozarlos.
—Eres preciosa.
Y yo muy feliz. Nadie va a quitarme esto, respondió en su cabeza. Por fuera, aún respiraba agitada.