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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 36. Una persona que no quiere a nadie


Los médicos pusieron en sobre aviso a la familia de la dureza de la operación. Pero también avisaron de las posibles nuevas: Dave era capaz de respirar por sí mismo, y eso era la señal que necesitaban para permitirle abrir los ojos. La operación fue un éxito y ahora tocaba ver cómo curaban sus heridas internas para ver si era posible descartar una ostomía permanente. Viendo los buenos resultados cuando lo abrieron, los médicos fueron algo más optimistas. Eso alegró a todos, aunque los seguía teniendo sumidos en un nerviosismo. Y al cabo de cinco horas de espera, los padres y Sarah decidieron salir a comer, incapaces de soportar el hambre.

Dave se quedó con Mira. Ésta convenció a sus amigas de que no aparecieran hasta que aquel día hubiese finalizado, pues iba a ser de mucha espera y ya suficiente incomodidad había entre ellos. Pero al cabo de esas cinco horas, Mira escuchó ruidos provenir de la camilla. Alarmada y como si tuviera un resorte en el trasero, se levantó del sillón y soltó el móvil en el suelo de la impresión, sin hacerle el menor caso. Corrió hacia su hermano y se inclinó un poco a mirarlo bien. Al principio Dave estaba igual. Pero con el paso de los segundos, sus labios se movían. Los párpados también, a pesar de seguir cerrados. Estaba recuperando la consciencia. Mira sintió que el corazón se le agitaba. Sonrió un poco y lo tocó de la cabeza.

—Dave. ¿Puedes escucharme?

—M… m… mam…

—No. Soy Mira.

Hasta incluso para una persona seria como él, aquella frase tuvo una reacción cuando su cerebro la interpretó. El chico se esforzó en abrir los ojos, y se sintió muy mareado. Y tremendamente adolorido. Frunció las cejas al sentir la sequedad absoluta de la garganta.

—Ag… agua…

—No puedes beber ahora… nada de nada hasta que te quiten la sonda.

Dave parpadeó lentamente y luchó por fijar las pupilas en la persona que tenía enfrente. No podía creérselo.

Es… ella…

Su hermana. A la que llevaba casi diez años sin ver en persona. Creyó que estaba en una especie de recibimiento del cielo, después de aquel limbo.

—Est… estoy…

—En una camilla de hospital. Y no debes moverte. Acabas de pasar una operación.

—Mir… Mira… ¿eres tú de verdad…?

—Sí —sonrió y suspiró, algo temerosa aún—, soy yo.

—¿Y… cómo has… entrado sin que papá te asesine…?

—Peleando con él, cómo no —rio un poco y le tomó de la mano—. Dave. ¿Cómo te sientes? No hagas movimientos bruscos.

—…

El chico parpadeó más veces, débil y cansado. Lentamente, parecía recuperar también la ristra de recuerdos. En concreto, el único que tenía, que era la marcha de Mira hacía una década. Se quedó mirándola, y al poco, le evitó la mirada.

—Dónde están ellos.

—Han ido a comer algo… seguro que en nada están aquí. Si les aviso vendrán de inmediato, vas a darles una alegría.

—Espera un poco… —murmuró—. Descansaré un poco de ellos. ¿Qué es lo que me ha pasado?

—Bueno… lo que yo sé… es que te intoxicaste, no sé bien con qué. Y te dañó el intestino.

Entre otras cosas, completó en su cabeza. No quería ser muy brusca de buenas a primeras.

—Eh, ¿qué es esto…? ¿Qué coño…? —frunció el ceño al sentir la bolsa adherida a una parte de su torso.

—No la toques. Te acaban de operar esa zona.

—Espera, esto… esto es… —de repente se miró el cuerpo horrorizado. Él estudiaba aquellas operaciones. Sabía qué era. Y con los pocos datos que tenía, sabía por qué estaba ahí. Se puso nervioso y la miró acusatoriamente—. ¿Qué coño es esto? ¿¡¡Voy a tener esto!!?

—¡Sólo por el momento! Tranquilo.

—¿Qué coño tranquilo, Mira? —gritó, con la voz gangosa. Aún débil, estaba asustado—. No puede ser. No puede ser real. No voy a vivir con esto en el cuerpo, me niego. ¡No viviré de esta manera!

—Te estoy diciendo que es temporal —dijo más seria, irguiéndose poco a poco—. No digas tonterías, Dave, estás vivo.

—Hey…

Los chicos miraron hacia la puerta ante la tercera voz. Sarah entraba, y al verlo despierto, dio un gritito de alegría. Se acercó a él. El chico la miró aún algo desubicado.

—Sarah…

—Chico, ¿¡estás bien!? ¿Necesitas algo? Ay dios… qué bien verte despierto, hay que llamar a tu madre —Sarah le abrazó. Mira estuvo a punto de separarla de un manotazo al ver cómo se le tiraba. Pero su hermano no pareció sentirse molesto. Eso le llamó la atención.

—Me siento mareado… pero bueno. Espera un poco… me van a agobiar.

—Están muy preocupados, terminó la operación hace muchas horas… deja que les llame, ¿vale?

—Es… está bien.

Mira siguió con la mirada tanto a Sarah, como la expresión de su hermano. No le hizo falta ver más de tres segundos seguidos para leerle. Sarah empezó una llamada en el pasillo y entonces, se cruzó de brazos despacio. Le miró.

—No sabía que te gustaba.

—¿Qué…? —de pronto recuperó algo de color en el rostro. Mira sonrió un poco.

—No soy quién para decirte nada. Pero… le gustan las chicas también.

Se puso algo más serio.

—Ya lo sé. Y también sé quién le gusta.

¿Uh…?

Mira entonces detectó en él una expresión sombría. Esa ya le sonaba más. Pero él no pareció hacerse mala sangre.

—Pero es igual. No tiene oportunidades con esa persona… porque es una persona que no quiere a nadie.

¿Habla… habla de mí…?

Me da igual lo que diga.

Me da igual lo que suelte por la boca. Me importa que sepa la verdad.

—Pero a ti sí que te quiero, Dave. Y espero… que aunque luego te recuperes y sigas pensando lo que ellos puedan decirte de mí… yo… —agachó la cabeza y trató de serenarse, ahora no quería perder los nervios—, siempre intenté mantener un contacto contigo. Creo que me bloqueaste de alguna app, pero…

—Bueno, Mira. Estaba harto ya. También te digo que me las quité todas en cuanto los exámenes se pusieron difíciles.

—Dave… —sonrió irónica—, no me hacías ni puñetero caso…

—…

—…

—Tú… no sabes lo que es vivir con ellos.

—¿Ah, no? —dijo cargada de ironía.

—No. No sabes lo que fue aguantarles… el cambio que hubo cuando te largaste. Y créeme… he tenido motivos para guardarte rencor. Por dejarme solo en ese nido de…

—No había una maldita semana en la que no tratara de contactar contigo. Me bloqueaste.

—Haberlo seguido intentando. Haber venido.

—¿Qué…? Dave, estaba trabajando muy lejos…

—Al principio… me obligaron a bloquearte. Pero luego te lo quité, y no llamaste más.

—Dave…

—Entonces te volví a bloquear. Y cuando te vi triunfar… entendí lo ocupada que estabas. Ya nos habías sustituido a todos.

—Eres mi hermano —fue sentándose en la butaca de su lado lentamente. Le miraba con fijeza—. Jamás podría olvidarme de ti. Sabía que me guardabas rencor. Cómo lo sabía…

—Te lo repito. No sabes lo que es estar en esa casa todos los putos días. Pero… tú estás muy bien ahora, ¿no? Te he visto en varios anuncios. Cuando ellos no apagan la tele o cambian de canal al ver tu cara. Podrías haber venido por mí, Mira. Alguna vez.

—Sabes cómo salí de esa casa. Aunque fueras pequeño, lo viste. Papá me golpeaba.

—Ya… —chistó la lengua—, ¿a quién crees que volvieron esos golpes cuando te fuiste? ¿Eh? ¿Mira?

—Papá… ¿te…?

—No. A mí no.

El silencio la hizo reflexionar en lo que ese chico le estaba insinuando.

—¿Qué…?

Dave se avergonzó y dejó de mirarla.

—Sólo fue una o dos veces. Ya no lo hace. Mamá quiso dejarte volver a casa. Pero él… se volvió como loco. Una vez la pilló con tu número de contacto en el móvil y casi le partió el plato en la cara. Y yo… yo nunca he podido… en fin.

—No puedo creerme lo que me cuentas.

—No digas… no digas que yo te lo dije.

—Es que no puedo creerme que haya sido capaz de levantarle la mano a mamá. Nunca lo hizo antes.

—Decía que tú le desquiciaste. Ahora está yendo a terapia. Para gestionar la ira y todo eso. Por suerte, el resto de golpes ya no fueron hacia ella. Lo paga cada dos por tres con muebles de la casa. Sarah le ha visto alguna vez contada. Pero tampoco tiene ni idea.

—Si no eres feliz en esa casa, Dave… yo puedo proporcionarte otra. Ellos también tienen dinero, pero sabes de sobra que no lo harán. No te darán libertad.

—Yo… hablaremos otro día, ¿vale…? Estoy muy cansado —bajó la mirada a aquella bolsa que tanto asco le daba. Rechino los dientes—. Qué asco, joder.

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