CAPÍTULO 39. No eres suficiente
Hospital privado
—Bueno… pros y contras, Zoey. Hay que volver a operarte. La reconstrucción se ha movido. Teniendo en cuenta tu último informe médico, esta operación es más sencilla. Sólo hay que desplazar un poco la rótula. El mismo desplazamiento que tuvo en la caída.
—Va… vale. ¿No se puede hacer de otro modo?
—Me temo que no. Pero esta operación no es ni por asomo la primera que te practicaron. Es sencilla y corta. Si das el consentimiento, mañana por la tarde ya estarías saliendo de quirófano.
—Lo quiero pensar…
A Mira le sorprendió esa respuesta. Miró a Zoey con los ojos abiertos y se contuvo para no intervenir en su nombre delante del doctor. El hombre se marchó unos instantes para dejarla pensar. En la habitación quedaron solas. Mira la acarició del hombro.
—No te vengas abajo, hay que hacerlo…
—No quería operarme de nuevo —se tapó los ojos con las manos. Mira siguió frotándola del hombro.
—Ya le has oído, será algo rápido… un… reajuste de tuercas.
—Con razón me dolía tanto… ya no puedo doblarla. Mierda, con lo bien que iba… —empezó a sollozar.
Mira suspiró y le dio un abrazo. Acarició sin parar su espalda.
—Vamos… quiero que estés tranquila. ¿Sabes? No creo que sea una recuperación ni la mitad de dura. Pronto estarás como hace un par de días.
Zoey se zafó suavemente del abrazo. Ya no parecía sentirse tan reconfortada. Agarró el teléfono entre lágrimas y empezó a escribir a su madre. Mira mantuvo un poco de distancia pero no cesó las caricias sobre ella. Quería que supiera que estaría, pasara lo que pasara. Al poco de mandar unos mensajes, su madre la llamó por videollamada. Zoey frunció el ceño.
—Joder… ¿por qué me llama con vídeo? —le colgó. En su lugar, la llamó. Mira permaneció en silencio—. Mamá… sí, es lo que me han dicho. Hace falta. ¡No te lo he dicho para eso!
Las oyó discutir un poco, pero no consiguió oír nada de Leah. Al poco, Zoey se despidió y colgó.
—Le mandaré la ubicación. Ahora sí que sí, que quiere venir.
—Es normal, van a operarte.
—Le acabo de decir que me operarán en tres días… pero es mentira —levantó la cabeza a Mira—. Prefiero que venga cuando esta mierda haya pasado ya.
—Está bien… respetaré la decisión que tomes.
Zoey mandó un par de mensajes más a su madre.
Más tarde, firmó los papeles que consensuaban la intervención.
Cuatro horas más tarde
En el mismo centro privado donde su hermano estaba ingresado, la directiva ofreció a Zoey uno de los mejores cuartos. Sabiendo su identidad, ni siquiera fue complicado. Mira hizo dos viajes para traer algunos entretenimientos allí, ya que no sabía cuánto tiempo volvería a pasar con ella en esas circunstancias. Lo ideal es que le dieran el alta a poco de operarla, era una intervención menor y así se lo habían adelantado los médicos. Mientras Mira iba y venía trayendo cosas, Zoey pasaba las pruebas preoperatorias y de sedación. La familia de Mira no tardó en enterarse de que esa joven estaba también allí ingresada, Yuna lo comentó… e intercambió algunos mensajes con su hija por móvil, después de casi una década de mutua ignorancia. Mira se sentía extraña respondiéndole. No sentía genuina del todo su «redención». Pero tampoco notaba ningún tipo de maldad ya en ella. Simplemente, ignorancia y narcisismo. No se sentía capacitada para perder el tiempo en ella, pero al mismo tiempo, ya le daba pereza hasta sentir rencor. Así que simplemente dejó estar la situación. Zoey era su prioridad.
Yuna y Sarah tocaron a la puerta. Mira, pensando que recibiría a Leah, ya sentía los nervios acudiendo a su cuerpo. Pero al abrir y verlas a ellas, alzó una ceja.
—Vamos a bajar a la cafetería. ¿Necesitáis algo? —preguntó Yuna. Mira se quedó de una pieza. Zoey levantó la cabecita desde su camilla.
—¡Chocolate bien caliente, eso quiero! A partir de medianoche ya no podré comer nada…
¿Será muy difícil mezclar el veneno en el chocolate?, quizá es hasta mejor. Sarah estaba sedienta. Quería bajar ya y hacerles aquel favor.
—Pensaba bajar yo misma a por las cosas —Mira se deshizo de la gorra—, sólo quiero té. Rojo.
—¿Y de comer? Mira, el menú de los visitantes es mucho más pobre que el de los pacientes. Y creo que abajo tienen servicio de cenas con kimchi.
—Y qué más da.
—Siiiiii, quiere algo de comer. Le han rugido las tripas —respondió Zoey entre risas, ya sin mirarlas y atenta a su móvil.
Mira se puso colorada y echó una vista de reproche a Zoey, pero la voz de Sarah la quitó de sus pensamientos.
—Yo te lo traigo. Contra más picante mejor, ¿verdad? Te gustaba así.
—…sí.
Zoey dejó de mirar el móvil. Desplazó despacio las pupilas a la puerta.
—Te van a encantar. Yo lo he probado. ¡Confía! —exclamó Sarah, y junto a Yuna, caminaron a través del pasillo. Mira cerró la puerta y se encogió de hombros.
—Bueno. Pues esas dos locas me traerán la cena.
—¿Sabía que te gustaba el picante?
—Es normal, comíamos juntas muchas veces en el instituto. Y fuera de él —se sentó en el borde de la camilla y le acarició el flequillo. Ambas se sonrieron. Mira bajó la cabeza y trató de besarla, pero Zoey le desvió los labios. Mira sonrió susurrante—. Ven aquí…
—Ella quiere contigo…
—¿Ah sí? ¿Y qué problemas tienes con eso? Qué piensas… —la recorrió con diversión, mordiéndose el labio—, mi celosa.
—Pienso que es guapa y que te puede gustar —murmuró, mirándole los labios. Pero cuando Mira volvió a intentar besarla se echó hacia atrás. La pelirrosa bajó rendida los hombros, riéndose. En lugar de contestar enseguida, se le acercó al oído y la besó en el lóbulo, antes de susurrar.
—Tú eres más guapa… qué ganas que te tengo.
Zoey sintió un escalofrío. Sonrío más embobada, cerrando los ojos.
—¿Sí…? Yo también…
—Muchas. A cada rato —la agarró de un pecho, clavando sus largos dedos hasta que la oyó gemir por lo bajo. Zoey suspiró temblorosa y le acarició la mano.
—Esta noche quiero hacerlo, aquí mismo.
—¿Estás loca…? —Mira dejó de acariciarla, riéndose por lo bajo—. Tu piern-…
—Ya la arreglarán mañana… me duele mucho. Quiero olvidarme un rato de ella.
—Sabes que me muero de ganas, pero…
—Ya te convenceré luego. Después de que la enfermera haga su última visita —sonrió con picardía, mirándole los labios. Mira sonrió algo insegura. Pero no dijo nada.
Al cabo de un rato, Yuna tocó la puerta y trajo la cena y las bebidas.
—Mira, tu hermano dice que vayas a… ayudarle a configurar esa cosa. No sé qué juego es —murmuró Yuna.
—¿Tiene que ser ahora?
—Le diré que no, entonces.
—…
Zoey soltó una risita y agarró las bebidas que Sarah le estaba ofreciendo. Separó el chocolate del té en la mesita auxiliar. Mira se puso en pie y dejó también allí la cena, que aún estaba envuelta en papel. Miró a Zoey pero ésta se le adelantó a hablar.
—No seas tonta, ve. A mí me traen la cena en un rato. Voy a tratar de poner la tele.
Mira asintió y le dio un beso en la mejilla.
En el fondo, se sintió un poco mejor. Su hermano le estaba pidiendo ayuda. Algo tan tonto como aquello, le sentó bien. Esperó que las otras la acompañaran ya que debían dirigirse a la otra planta, pero Yuna agarró el mando de la tele y se puso al lado de Zoey, intentando configurar la tele.
—Vuelvo rápido, Zoey.
Zoey asintió sonriéndole y se quedó con las otras dos. La situación era un poco extraña dadas las circunstancias, pero ella no tenía la aureola oscura alrededor de Yuna. En realidad, la presencia que le era incómoda, muy incómoda, era la de Sarah. Mira no la tenía en estima después de lo sucedido en la casa rural, pero la realidad era que Zoey no echaba cuenta ya a ese episodio. Lo que verdaderamente la incomodaba a esas alturas, era el saber que esa chica sentía cosas fuertes por su novia. Porque lo sabía. Podía sentírselo cuando la estaba observando, o cuando tenía alguna interacción con ella. Y Zoey tenía ciertas inseguridades al respecto, porque a pesar de los años que pasaron desde el instituto, había un historial. La elección de la cena fue un ejemplo.
—Ah, no entiendo este maldito chisme. Pasó lo mismo con la tele de Dave —se quejó la mujer, que luchaba contra los menús de la pantalla. Sarah intervino.
—Ve con Dave, Yuna, yo me encargo. No quiero que se le enfríe la comida a ese gruñón.
—Está bien. Sí, y que lo digas… yo te esperaré allí para comer —suspiró y le cedió el mando. Zoey abrió los ojos y tuvo un amago de pedirle que se quedara… pero reparó antes en lo infantil que sonaba. En lo estúpida que iba a parecer. Estaba exagerando las cosas en su cabeza. Cerró los labios y vio algo desanimada que Yuna cogía el resto de bolsas y se marchaba cerrando la puerta. Tragó saliva y agachó un poco la cabeza. Trató de agarrar el mando.
—Deja, yo lo intento —dijo al momento, pero Sarah ya estaba trasteando rápido entre los menús de la pantalla. Parecía entenderse con el dispositivo mejor que ella.
—No te preocupes. Ya está —al cabo, la tele emitió los primeros canales y sincronizó de alguna lista más, por lo que se quedó cargando. Al voltearse a ella le sonrió y le dejó el mando en la camilla. Se acercó a la mesita y le acercó más el chocolate caliente—. ¿Lo has probado? Yo lo probé el otro día. ¡Está riquísimo!
—Pues aún no… pero se nota que está calentito —sonrió y agarró el vaso. Al ser de un cartón especial para llevar, era grueso para proteger las manos, pero incluso así Zoey podía notar la temperatura elevada—. Gracias.
Sarah sonrió y la estudió unos instantes. Al abandonar la sonrisa de sus labios, su rostro se puso más hierático. La miró a los ojos.
—Quiero hablar contigo. Antes de que Mira venga.
Habitación hospitalaria de Dave
—Te digo que ya lo sé, ¡déjame jugar!
—Me ha gustado la demo, así que deja que me pase el primer nivel —dijo Mira, peleando un poco con Dave por retener la consola en sus manos. Al final, resultó ser que Dave ni quería ni necesitaba ayuda realmente…. ni la pidió. Sarah entró a la habitación con una sonrisa de oreja a oreja a los pocos minutos.
—Eh, tú… —dijo ceñudo Dave, señalando a la peliverde—, ¿para qué le dices que me configure los mandos? Se está rankeando las primeras partidas así como quien no quiere la cosa…
—¿No fue eso lo que me pediste antes? ¡Sabes que yo no entiendo de consolas!
Echó rápido balones fuera. Dave logró quitarle la consola a Mira de las manos y ésta, medio riéndose, se puso en pie.
—Bueno, tampoco la tenías bien configurada igualmente.
—Que sí, plasta. Pero ahora las primeras puntuaciones que hay son las tuyas… eso no puedo borrarlo de los logros.
—Jódete —sonrió.
Cuando Mira se marchó, Dave se quedó con una sensación un poco abrumadora en el cuerpo. No le había sentado mal aquella visita. Tomó aire hasta llenar el pecho y lo soltó despacio. Siguió con la mirada a su amiga.
—Sarah, ¿cómo está Zoey?
—Algo mejor, pero adolorida. Ya le llevé todo lo que pidieron —sonrió, con el rostro aliviado. Se sentó a su lado sonriéndole—, ¿seguimos jugando nosotros?
Él asintió.
Habitación de hospital de Zoey
Cuando entró, dio un sonoro suspiro.
—Qué tipo… ahora diciendo que no necesitaba mi ayuda. Que se joda, le he llenado todos los espacios de guardado para que tenga que volver a empezar y configurarla de cero.
Zoey parpadeó ante su presencia, tenía la mirada ida. Reaccionó intentando situarse.
—Ah… bueno, pero eso significa que le gustó el juego.
—Eso parece —recuperó la cena envuelta y empezó a retirar el papel—, ya se ha enfriado un poco… ¿no te traen aún la cena?
—Está allí —señaló con el mentón la bandeja que le habían traído, aún sin tocar.
—Espera, antes de empezar con eso, prueba esto.
Zoey negó con la cabeza, fingiendo que su atención estaba por entero en la televisión. Estaban dando las noticias. Mira separó los palillos y probó un poco, aún sin condimentarlo como a ella le gustaba. Dio el visto bueno y le acercó el plato, pero Zoey alejó la cabeza.
—No me apetece, te gusta muy picante.
—Voy a echarle más picante, por eso… si quieres un poco.
—No, es igual. Cenaré lo que me han traído, pero ahora no tengo apetito.
—Está bien. En ese caso te esperaré —dejó a un lado la comida y se sentó en la butaca de su lado. Agarró su té—. He venido lo antes posible… la imbécil de mi madre te dejó sola con Sarah, y sabes que no me hace gracia.
Zoey tuvo un escalofrío. A ella tampoco le gustó quedarse a solas con ella.
Por culpa de eso, sabía que no pegaría ojo esa madrugada. Acababa de desquiciarla del todo.
—¿Pasa algo, pequeña…? —preguntó Mira más suave, tocándola del hombro—, ¿pasó algo con ella? Voy ahora mismo… y le cruzo la cara.
—Es… no, no es eso. Olvidémosla.
Mira se quedó unos segundos en silencio, analizándola bien. Algo le pasaba. Zoey no sabía mentir. No podía ocultarle nada. La acarició de la mejilla, pero antes de posar las yemas, Zoey chistó entristecida y frunció las cejas.
—No estabas así cuando me fui. Así que… antes de que pierda los nervios, dime por favor qué te ha hecho.
—Para nada. Ella… no ha hecho nada —adquirió un tono más firme y la miró a la cara—; la operación me aterra. Y… y… lo que te dije antes, ¿podríamos…? Ya sabes…
—No, no sé… —la miró atentamente—, ¿podríamos qué?
Zoey suspiró y le quitó el té de la mano, más brusca. Mira abrió los ojos.
—Pues a qué me voy a referir. A que follemos. Quiero hacerlo.
—Eh, eh, eh… mi té… —rio tratando de alcanzarlo. Zoey lo dejó en la mesita del otro lado de la cama, junto al chocolate. Mira se volteó a ella—, ¿y desde cuándo tienes esa boquita tan sucia…?
Zoey sonrió un poco y la agarró de la cara, empezando un beso apasionado ya de entrada. Mira cerró los ojos y se dejó llevar, gustosa al notar la fuerza de su lengua. La estaba buscando con ganas, y si seguía así, no tardaría en encenderla. Zoey deslizó las manos con rapidez hacia su chaqueta, se la quitó por los hombros y sin perder un segundo le metió la mano en el escote. Mira sintió una fuerte corriente placentera cuando se apropió de uno de sus senos por encima del sostén. Sin esperar, adentró mejor la mano, tirando de su pezón. Mira desconectó los labios de ella, suspirando. La agarró de la mano.
—Tranquila… no vayas tan rápido.
Zoey la miró sólo un instante, y ni siquiera le respondió. Volvió a iniciar el mismo beso y recuperó el magreo sobre sus pechos, esta vez con las dos manos. Sólo separó la boca un segundo para susurrarle.
—Súbete a la cama conmigo, no te quedes ahí sentada.
Mira realmente tanteó la idea. Estaba algo encendida, sencillamente de sentir su predisposición. Pero había algo que no terminaba de convencerla, y ya no se trataba sólo del estado de su rodilla. Era ella. Estaba rara. Al besarse ahora, Zoey entendió la quietud de la pelirrosa como una evasiva a lo que le acababa de pedir, por lo que la agarró del cuello de la camiseta y la instó a levantarse. Mira no cedió. La agarró de ambas manos y rompió el beso.
—No voy a subirme, porque… creo que hay que esperar.
Zoey soltó una risa, corta y cargada de ironía. Bajó las manos.
—¿A qué?
—A que estés bien. Ya sabes a lo que me refiero. Así que no seas caprichosa.
—¿No vas a hacerlo conmigo…?
No supo por qué, pero su pregunta sonó a un tanteo. Mira se mantuvo.
—Podemos besarnos todo lo que quieras —se le arrimó de nuevo, acariciándole el mentón con un nudillo—, pero no quiero que cualquier movimiento te pued-…
—Pero quiero hacerlo, y tú también quieres. ¿Por qué me estás diciendo que no?
—¿El cabreo te dejó sordita? Te estoy diciendo el por qué.
—¡ESE MOTIVO ME DA IGUAL! —le chilló de pronto, haciendo que Mira cerrara los ojos en un acopio de paciencia. Sonrió, exhalando un suspirito.
—Te voy a dejar pasar esa porque sé que estás un poco irascible con esto —entonces la miró más fijo y ennegreció el tono—, pero no vuelvas a gritarme. No es la primera vez que te lo pido. Ya vale.
—Yo… yo… —apretó los dientes, notaba que la energía que acababa de echarle en forma de grito le volvía del revés. Un mazazo negativo. Zoey desplazó un poco el culo para hacerle hueco y tocó esa parte de la camilla—. Túmbate…
—Me tumbaré, y dormiré ahí si quieres, pero ¿puedes entender que me da miedo que te hagas daño? O hacértelo yo, por moverme mal durante la noche. Es una camilla de hospital…
—Sí, sí lo entiendo, ven.
Mira entreabrió los labios para seguir. Pero Zoey estaba empeñada. De pronto recordó las palabras de Rumi, diciéndole que no la dejara ser caprichosa. Zoey evitaba en ese momento mirarla y se dio cuenta rápido de por qué. La conocía lo suficiente como para saber cuándo estaba conteniendo el llanto. Así que tomó aire y se deshizo de las zapatillas. Con cuidado, se tumbó en la camilla con ella. Zoey esperó a que estuviera a su lado y la atrajo de nuevo de la cabeza, uniendo los labios con los suyos.
Dios… qué difícil lo pone siempre…
Mira continuó despacio su beso, tratando de concentrarse sólo en eso. Aunque concentrarse sólo en eso le hacía flaco favor si pretendía no ponerse cachonda. Zoey buscó encaramarse más, volteada hacia ella, pero al elevar la rodilla para apoyarse mejor notó un pinchazo y dejó de besarla, conteniendo la respiración. Mira luchó para no perder los papeles.
—¿Ves…? Ve con cuidado, o me bajo.
—N…n-no… sigamos —murmuró atrapando su boca. Mira se puso nerviosa al sentir que le invadía la entrepierna miserablemente. No le dio ningún tipo de pudor meterle mano por debajo de la ropa, que no era más que un chándal que le facilitaba el trabajo. Zoey se concentró mejor y, respirando agitada, la masturbó por el clítoris con la mano, gimiendo en cada beso. Mira abrió la mano para frenarla, aunque acabó agarrándose al soporte de la camilla con fuerza, reteniendo así el placer.
Qué estoy haciendo… pensó, algo malhumorada. No tengo ninguna convicción, y ella lo sabe.
—Zoey… —empezó, pero la pelinegra le volvió a comer la boca. Siguió aquel adictivo beso. Zoey siguió con la velocidad y sin más preliminares le trató de meter de golpe dos dedos. Mira tuvo una fuerte impresión, no estaba preparada y le hizo daño. La agarró como una flecha y le sacó la mano de allí, apretándole le muñeca—. ¡Haces daño!
Zoey la miró mortificada. Era lo último que quería. Ya le había despertado un trauma anterior, lo que le faltaba era que cuando más la necesitaba, por culpa de su propio estrés, acabara haciéndole daño.
—Perdón…
—¡No, joder! ¿Qué coño te pasa? —le soltó la mano de mala gana y tuvo que taparse la cara para contenerse.
Ese dolor no me gusta nada, joder. Me recuerda a cuando él los metió.
Pensó que iba a largarse llorar, pero la sensación de angustia, por milagro, aquella vez se desvaneció antes de llegar a materializarse. Mira pudo regular su respiración a tiempo y dándose unos segundos, tomó aire varias veces más. Hasta que fue capaz de mirarla. Iba a regañarla. Pero no pudo. Zoey estaba deshecha y compungida y sólo derramaba lágrimas, mirando a otro lado.
—Perdón… no quería hacerte…
—Me imagino que no. Pero te estoy diciendo que no vayas rápido, porque no me gusta. Me has hecho daño… dos veces.
—Sí… lo siento… —se limpió los pómulos, pero tan pronto lo hizo más lágrimas discurrieron velozmente por sus mejillas. Mira la miró afectada.
—Dime qué te pasa… ¿tienes miedo? ¿Es por la operación?
Zoey levantó la cara más sulfurada, y habló enfadada.
—No, Mira, no es por la operación, necesito hacerlo contigo… ¿qué no entiendes? Quiero que te acuestes conmigo… ahora —con las manos temblorosas la agarró de nuevo del cuello de la camisa. Mira se dejó tirar hasta que sus rostros quedaron unidos. Pero antes de obedecerla susurró.
—No puedes hacerme chantaje con esto. Tú… eres mi debilidad.
—Ah, sí… eso dices —sorbió por la nariz y negó—, no te creo una mierda.
—¿Cómo…? —Mira parpadeó preocupada—, claro que sí. Lo daría todo.
—Todo… —la interrumpió, siseando una risa malograda—, ¿y seguro… que no te gusta otra persona…? ¿O que podría llegar a gustarte?
—No, Zoey. Me estás cabreando, ¿sabes?
Zoey dio un manotazo al mando de la tele, que cayó de un estrépito. Se giró hacia el otro lado para hacer como que se dormía. Mira la tocó con el dedo del hombro.
—Gírate.
—Déjame en paz…
Zoey se quebró de nuevo, sollozando mientras le daba la espalda. Mira no sabía cómo actuar, pero estaba fuera de sitio. Como si la hubiesen llevado a un terreno donde no conocía nada de su alrededor. No la entendía. Al final, y como era de esperar, verla y oírla llorar la comenzó a afectar de más. Sentía ella misma ganas de llorar. Tenía que aguantar. Se le pegó desde atrás e hizo pequeños masajes en su cintura. Le susurró en el oído.
—Escucha… te prometo que me muero de ganas. Lo haremos pronto.
—Quiero hacerlo… ahora… y tú… no sé en qué estás pensando.
Mira la abrazó por completo con uno de sus brazos.
—Estoy pensando en ti. No en mí.
—Si pensaras en mí… y en lo que tú misma quieres… no me harías esto.
—¿Podemos dejar ya de hablar de esto? Me está preocupando verte así. Te pasa otra cosa.
Zoey se giró hasta quedar bocarriba. Mira trató de mostrarse algo más seria. Aquellas últimas intervenciones eran un ejemplo de manipulación. Zoey no era así, pero era ya la segunda vez que la veía de esa guisa.
Y… no le contestó.
Pasaron los segundos, los minutos…
Pero no hablaron más.
Zoey se quedó dormida en algún punto.
Pero Mira ya no pudo. Dándole vueltas a las intervenciones, al lenguaje corporal. Sabía que aquella chica que tenía al lado era Zoey. Que los demonios no replicaban bien a las cazadoras. Tenía una tristeza enorme, estaba herida y no había cosa más tortuosa que ver llorando aquel rostro. Ahora, la miró descansar largo y tendido. Y la acarició del flequillo con cuidado. En mitad del sueño profundo, se veía hermosa.
—Ha sido esa imbécil… algo te ha dicho, ¿verdad? —susurró sin fuerza, para ella misma. Pero sabía de alguna manera que Sarah estaba involucrada, a fin de cuentas se quedó a solas con ella. Pero igualmente, ¿por qué esas reacciones?
Momentos antes
Sarah dio un largo resoplido. Tenía pavor con Mira delante. Pero a solas con Zoey, incluso pese a lo que esa chiquilla era capaz de hacer estando ilesa, sentía que tenía mucho mejor el control de la situación. ¿El motivo? Podía oler su inseguridad… ya que ella misma era una persona insegura. Cuando Zoey conoció el aspecto de Dave aún en coma y se quedó callada al verla… esa situación ya se lo dijo todo. Podía estar un poco más a sus anchas. Mientras la televisión terminaba de sincronizar los últimos canales, miró por el rabillo de ojo a la pelinegra. No la miraba. Estaba gacha con la vista en su móvil. Sabía bien lo feliz, despierta y parlanchina que era porque se había visto ya muchos documentales de las superestrellas. Así que sabía también lo incómoda que la hacía sentir en esos instantes.
—No te asustes. Sólo quería hablarte un poco de tu situación con Mira.
—… —Zoey separó con dificultad la mirada del teléfono. La miró sin decir nada. Sarah dio otro resoplido.
—Todo esto es una situación de estrés para ella más grande de lo que crees. Sé que a lo mejor no lo parece porque nunca la has visto así, pero… el tema de su familia… de su pasado. Créeme, que lo tengo bien conocido. No viviste aquello junto a ella.
—¿Te refieres al hecho de que se lleve mal con ell-…?
—Me refiero a todo, cariño, a todo —la cortó, con un tono más alto. Fingió que seguía comprobando los canales. No la miraba—. Con ellos nunca tenía del todo el control en nada. Yo me imagino que por eso está tan sulfurada ahora… no sé. La veo más nerviosa que nunca.
—Es normal. Se trata de su hermano.
—Pero es que no sólo hablo de eso. Te lo estoy diciendo, que no oyes. —Su antipatía cortó el habla a Zoey, que se la quedó mirando—. Hablaba de algo más allá. Tú… no sabes ni por dónde te viene el viento, ¿no?
Zoey sintió un golpe más. La estaba tratando, ya sí de forma directa, como a una estúpida. Y tuvo el shock propio de recibir esas palabras. Ya sintió aquello antes cuando le preguntó soberbiamente que si sabía el nombre de sus padres. Pero ahora dio otro paso más, porque de pronto Sarah se volteó a ella y la miró fríamente.
—Entiendo que quiera estar con una chica como tú, porque quiere algo que pueda controlar aunque sea un poquito —la miró de arriba abajo, soltando una media risa—, yo flipo. Me cuesta creerlo, con lo paradita que tienes que ser. Tú eras virgen, ¿a que sí?
Zoey apretó con fuerza la mano en su propio móvil. Pero no podía hablar, porque estaba bloqueada. Alucinaba. Sarah siguió mermando su paciencia aún más.
—Es por cosas como esa que se aburrirá de ti. No tienes nada que enseñarle… ni creas que lo vuestro va a durar. Te echará unos polvos más porque ella es como es. Ya sabes. Se le nota, ¿no? Un alma… más salvaje —rio de la forma más inocente que pudo, dadas las circunstancias. Y el calibre de las palabras que estaba pronunciando—. Es que como no le des caña, te va a dar una patada, corazón. En fin. Ponte las pilas, anda. Si la pierna te deja —entonces le dio vilmente la espalda, privándose de la cara traspuesta que Zoey estaba empezando a poner. Susurró con la intención de ser oída—, sino tendré que volver a follármela.
Zoey sentía que la achantaba demasiado. Nunca jamás nadie se había dirigido a ella de esa manera, y por supuesto, el shock la dejó sin palabras varios segundos. Demasiados. La pena le acudió a la cara, pero primero, habló más cabreada.
—Tú no te has acostado con ella.
—¿Uh, cómo? ¿Eso te dijo? —alzó una ceja y la miró con una expresión totalmente incrédula—. No me lo puedo creer. No esperaba que negara eso. Buf… —resopló volviendo a mirar la tele—, no sé. A lo mejor todavía no quiere perderte. Pero vamos. Que niegue algo que pasó…
—Se ve que entonces debiste decepcionarla.
Auch.
Sarah hizo frente a la primera puñalada verbal. Zoey tardaba, pero no pensaba ser el saco de golpes.
—Mira, Zoey, yo… lo creas o no, siempre he sido seguidora vuestra. No tengo ninguna intención de…
—Es que no sé cómo tienes el morro de decirme que si soy virgen o que si ella es un alma salvaje y que s-se va a… —hablaba rápido, alterada, pero tembló su voz de repente, y se odió por empezar a desmoronarse. Sarah, por contraparte, se sintió muy grande viéndola así.
—No, corazón, es que no quiero que sufras tontamente. ¿No estás viendo, joder? ¿Es que no ves que no le vas a ser suficiente?
Já… mira cómo llora…
Zoey se retiraba las lágrimas, rápida y nerviosamente.
—¡Vete! —le gritó—, ¡ya, vete!
—Me voy. Me voy, tranquila. No quería hacértelo pasar mal.
—Y una mierda, ¡¡vete de una vez!! ¡¡Vete!!
—Madre mía… —rodó los ojos y le dejó el mando de la tele en la mesita. Miró de reojo el chocolate.
Espero no haberle cortado las ansias que tenía del puto chocolate.
Se marchó, y cuando fue dejando atrás la habitación, sintió muchísima adrenalina disparándose. Zoey se había puesto muy nerviosa, fue un espectáculo intenso y a la par… relajante. Aunque se sintió decepcionada. Pensó que iba a contestarle con más mala baba. Ahí se dio cuenta de lo destruida que estaba. Volvió a la habitación con Dave y Mira.
Con suerte, para cuando ella vuelva la niña ya se habrá bebido el veneno.