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CAPÍTULO 40. Ardor de celos


Unos cuarenta minutos más tarde, Mira sintió estimulaciones, y acabó despertando. Se puso muy nerviosa al ver que era Zoey lamiendo y besándole el cuello despacio. Le costó un poco desperezarse del todo. Cuando lo hizo, Zoey la usurpó de nuevo bajo las bragas. Mira emitió un suspiro quebrado más pronto que tarde, no estaba preparada para recibir una masturbación. La noche la encendía. Cuando se sintió dueña de todo su cuerpo, despertando del todo, gimió al recibir el primer dedo. Esta vez Zoey se estaba tomando la molestia de ir más tranquila, pero de nuevo, estaba yendo sin su permiso. Mira se obligó a cerrar los labios y tragar saliva, parpadeó para buscar su mirada. Zoey le sonrió y bajó a su cuello de vuelta, chupándolo. La mordió.

—Ah… —Mira jadeó por lo bajo y volvió a tragar saliva. La agarró del antebrazo suavemente, pero Zoey sólo se detuvo cuando el ángulo que quería encontrar en su vagina se le empezó a dificultar. Entonces dejó de tocarla, se incorporó un poco y le bajó las bragas y el chándal. Mira susurró agarrándola del brazo.

—Eh…

—Sh… lo estás deseando. ¿Crees que no noto lo mojada que estás?

Mira se avergonzó. Pero por otro lado, sólo se enojó más. Empleó mejor el agarre y le quitó la mano de allí. Zoey no tardó en protestar y comenzó un pequeño forcejeo; Mira se sorprendió y su tono fue menos amigable.

—Para. ¡Ya!

—Es eso, ¿no…? Me estás mintiendo. Yo ya no te gusto nada…

Mira se calmó. Estaba cachonda y cabreada casi a partes iguales. Y Zoey no paraba de sollozar… llevaba desde que regresó a la habitación con aquella conducta lastimera.

—Cariño… ¿podemos hablar como adultas…? Deja de llorar, Zoey…

La chica sólo miró a un lado, con las manos atrapadas por las de Mira, pero no podía retener las lágrimas. Caían con una facilidad alarmante. Y también odiaba eso. Porque no había parado de hacerlo, y claramente se sentía ya como una niña tonta y endeble.

¿Por qué está tan triste…? No lo entiendo.

—No hago nada para que pienses esas cosas —susurró con su voz grave, tratando de calmarla. La acarició de la mejilla pero Zoey se zafó una mano y la apartó.

—¡¡¡Me estás rechazando!!! —le gritó, haciendo a Mira dar un respingo. Gritó lo suficientemente fuerte para que la escucharan en las habitaciones vecinas. Al parecer, estaba tan colapsada que ni siquiera le importaba llamar así la atención. Pero le acababa de gritar en la cara. Y Mira la miró seriamente.

—Estás a un solo grito… de… —empezó. Pero no pudo acabar la frase.

Está sola. No puedo elegir este momento para darle una lección. Mira contuvo el resto palabras. Zoey lloraba, pero su mirada lucía desafiante.

—Ella me lo dijo… me dijo… que lo hicisteis. Así que me mentiste.

—Esa zorra te mintió, y por no querer decírmelo, has estado sufriendo estas horas por nada.

—Ya te lo dije la otra vez y me dijiste que NO.

—¡Porque es la única verdad, que NO!

—No se me ocurre otro motivo para que no pares de rechazarme. Sabes que te quiero… y estás todo el rato echándome a un lado.

—¿Acaso no te demuestro que te quiero? ¿Es esa la sensación que tienes de mí?

—No me lo demuestras lo suficiente —lanzó, limpiándose con el camisón las lágrimas. Se repasó tan fuerte la cara que se la enrojeció. Estaba airada—. No te estoy pidiendo nada que dos novias no hagan.

—Las novias están para cuidarse, Zoey —posó una mano en su rodilla vendada—, ¿de verdad crees que no te lo estoy demostrando? —la pelinegra saltó de nuevo y le quitó la mano de la pierna.

—No. No por completo.

Mira la miró, internamente algo dolida. Sí que había estado a su lado desde el instante uno en el que volvió al apartamento, tras su primera operación. No la dejó sola casi ni un minuto. Todas las cosas que se le pasaban en ese momento por la cabeza para darle una lección, le parecían duras. Simplemente por las circunstancias.

No puedo dejarla. Pero está totalmente equivocada en todo lo que piensa.

—Siento que no te haya parecido suficiente.

—Eso lo siento yo —apretó Zoey, con la voz herida.

—Todo lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro —dijo, poniéndose recta. Ahora apretó el tono, ya con menos paciencia—, no voy a estar reeducando a una cría constantemente, porque no confíes en mí. Sé que metí la pata, pero te estás pasando. Y no voy a tener sexo contigo en estas condiciones, porque… en el fondo, hasta con eso te estoy malcriando.

—¿Malcriando, Mira? ¿Estás de coña? ¿¡Crees que tengo cinco años!?

—Ya sé que no. Pero… mira esto —sacó una mano de sus brazos cruzados, señalándola con ella—, mira todo este drama. Me estoy preocupando por ti. Y me estás exigiendo —entonó la palabra—, que follemos, porque de lo contrario significará que no te estoy demostrando lo que siento. ¿En eso vas a convertirte? ¿Ese tipo de novia vas a ser? —chistó una risa sin ganas—, ¿de verdad crees que vas a tener algo de mí así? Vas a conseguir que me aburra.

—…

Tenía pensado hablar hasta que oyó esa palabra. Sintió tal rabia en el cuerpo de ver reflejada en sus frases todo lo que Sarah había dicho, que tuvo ganas de gritar. Se encolerizó del todo. Mira tomó aire y trató de controlarse, por enésima vez. La señaló con el dedo.

—No malinterpretes mis palabras. No estoy diciendo que me esté aburriendo. Pero… todo esto… —negó con la cabeza—, he dejado a chicas por mucho menos de lo que te estoy aguantando. Zoey, me estás gritando.

Zoey lanzó su teléfono móvil con mucha fuerza, y le dio en la pierna a Mira. La pelirrosa dio un respingo y la miró más sorprendida tras ese ataque, y se fijó en el móvil con la pantalla rota.

—¿Eso también te parece normal?

Zoey tembló echándose a llorar con mucha fuerza. Mira negó de nuevo con la cabeza, mientras se palpaba la pierna. Le había tirado el móvil con ganas, y ahora estaba reventado en una esquina de la habitación. Zoey lloró sin parar, desconsolada. Mira tomó aire y se le acercó con cautela, pero le habló con la misma seriedad.

—No voy a consentirte porque sigas llorando. Me duele mucho verte así, pero vas a tener que cambiar.

—¡No lloro para que me consientas, Mira, vete a la mierda!

—¿Puedes parar, por favor? ¡Ya…! Ya. Venga, Zoey —se sentó en un lado, pero ya con cuidado. Zoey estaba muy volátil.

—Vas a dejarme, ¿no? Quieres dejarme.

—¿Pero te escuchas…? ¿Te estás oyendo?

Zoey se mordió el labio inferior en sus sollozos, herida. Negaba sin mirar a ningún punto concreto. Sintió la mano de Mira en su pecho, seguido de su susurro. Estaba intentando tener un acercamiento.

—Respira… por favor. Estás muy alterada.

Y efectivamente lo estaba. Ahora que no había gritos ni llantos fuertes, sólo escuchaba su embravecida respiración. Zoey sentía pena por sí misma y rabia por lo que escuchaba. Pero lo siguiente que oyó, logró una mejora.

—Y no voy a dejarte. Pero quiero que entiendas que lo estás haciendo mal.

—Yo no te estoy pidiendo nada que dos novias…

—Ya me lo has dicho. No sabes decir otra cosa, porque no entiendes ni lo que estás pronunciando —le elevó la cara con una mano—, me apena vert-…

Zoey reaccionó peor todavía, empujándola y volviendo a gritarle.

—¡¡Yo no quiero darte ninguna pena, entiendes!! Ni a ti ni a nadie. A mí no vas a compadecerme, Mira, eso te lo prometo. Sólo quería estar contigo, porque me siento ya como una mierda, pero si tan malcriada y tan manipuladora soy, ¿¡por qué no te vas con tu amiguita del alma!?

—CONTRÓLATE, ZOEY —levantó la voz señalándola y se le puso al lado—, no se trata de darme pena, se trata de que entiend-…

—¡¡SÍ ES PENA!! SÍ ME TIENES PENA. Y TODAVÍA TE DAS EL LUJO DE TRATARME COMO A UNA NIÑA. ¿Te crees mejor que yo?

—No. No es eso —intentó abrir la boca pero Zoey volvió a gritarle.

—¿¡Te crees que me gusta estar en esta situación!? Dependiendo de ti para todo. Porque un loco me partió la pierna… ¡¡ni siquiera sé si podré volver a bailar!! ¿¡Estoy pidiéndote algo demasiado duro para ti, Mira…!?

Mira evitó seguir gritando a su nivel, y sus palabras eran continuos baldes de agua gélida. Zoey iba a seguir increpándola, pero sus pupilas se fijaron mejor en la pelirrosa. En su expresión facial. Mira ya no la miraba, sólo se abrazaba a sí misma. Le temblaron los labios, pero antes de decir nada, prefirió guardar silencio. Zoey tragó saliva y se frotó las mejillas mojadas.

—Necesito relajarme. Pero cada vez que me dices que no, sé que vas a cambiarme. Es algo que sé —murmuró más taciturna.

—No, Zoey, yo…

—¡Cállate! —la asustó, eliminando de nuevo la cercanía que Mira intentaba—. ¡Ni siquiera… ni siquiera has sido capaz de venir enseguida cuando me caí! Querías… regañarme. Eso sí lo hiciste. Es lo primero que te sale hacer.

Durante todas aquellas intervenciones Mira logró evitar romper a llorar, que era lo que había querido hacer desde que le lanzó el teléfono. Y pudo hacerlo. No era la primera vez que podía enmascarar esos sentimientos de vulnerabilidad. A coste de estar tensa y profundamente intratable, pero por lo menos, Zoey no tendría que vivir esa parte. Si se machaba enseguida, entonces no haría sino darle la razón. Tenía unas ganas locas de marcharse de allí en ese momento y que nadie la buscara, hasta que se calmara. Pero no iba a dejarla sola. Sabía perfectamente de dónde nacían todas esas inseguridades y a pesar del trato que estaba recibiendo, tenía fe en que podía hacerla entrar en razón. Pero no lo haría desde una posición de pareja. En algún momento, más calmadas, le diría con la poca entereza que le quedaba que debían romper. Tragó saliva sin decir ni una palabra, y sólo se movió para buscar el teléfono. Zoey había sido la última en gritar, y todavía tenía mucha tristeza y adrenalina pululando por su cuerpo. Contempló cómo Mira recogía el móvil y lo trasteaba para ver si seguía funcionando. Algo que la sacó completamente del sitio fue ver que no le dijo más nada. No interactuó, no habló. Le dejó el móvil en la mesita y carraspeó un poco, tomando asiento en el otro lado de la habitación hospitalaria. Mira se colocó los auriculares inalámbricos y se puso algo de música, tendiéndose en el sofá. Zoey la siguió con la mirada.

El no hablar ni tratarse por rato tan largo, hizo en ella un cambio. Pasado el momento de sulfuración, ya no estaba tan atacada de los nervios. Su mente podía trabajar de manera más calmada, con más racionalidad. Se descubrió horrorizada repasando algunas de las cosas que le había dicho. Ella jamás había hecho daño a nadie. Había tocado un límite cuando recordó dolida cómo le lanzaba el móvil por pura rabia. Además… lo hizo porque quería. Lo sopesó medio segundo y decidió lanzárselo. No podía compararlo ni de lejos con lo que ocurrió cuando Mira le dio aquel puñetazo, fruto de su trauma. Zoey suspiró y agarró su móvil destrozado. La pantalla táctil parecía seguir funcionando, pero estaba llena de grietas. Cuando quiso entretenerse con algún reel, ni siquiera podía verlo bien. Ni leer los mensajes bien. Soltó de golpe el móvil de vuelta en la mesita y movió un poco el vaso de chocolate. Casi se le vuelca, pero se dio prisa y lo agarró a tiempo. Unas gotitas fueron a parar fuera, justo en la madera de la mesita. Mira la miraba de reojo desde el sofá.

Para colmo, es de madrugada. La operan dentro de unas horas.

La pelirrosa siguió atenta a su móvil. Estaba desahogándose por mensajería con Rumi, relatándole por encima todo lo que estaba pasando y cómo Zoey había saltado cual gata cuando se negaba a algún capricho. Rumi no desaprovechó la oportunidad para recordarle quién era la que estaba en camilla. Mira puso los ojos en blanco y miró de nuevo a Zoey. Estaba chistando aburrida, volviendo a dejar su móvil roto en la mesita. Se quitó los auriculares y levantó del sofá.

—Apago las luces si quieres. ¿No quieres dormir un poco antes de la intervención?

—No voy a pegar ojo.

Mira dejó el móvil en la misma mesita, al lado del de Zoey. Y se dirigió a ella.

—¿Estás más calmada?

—…

Así que no quiere hablar. Genial.

—Voy a ducharme. Te… te quiero, ¿vale? —la tocó de la cara suavemente, pero Zoey no le respondió. Al levantar sus ojos a ella, la vio poner un puchero, pero se recompuso rápido y alejó la mano. La pelinegra abrió la boca para hablar, pero Mira se encerró en el baño.

Después de un rato oyendo el agua correr, Zoey cerró los ojos y dio un largo suspiro.

Se está alargando todo esto demasiado. Estoy harta de estar convaleciente, pensó mirando su rodilla. Se fijó en la cicatriz. No había detectado aún esos haces dorados que sus compañeras describieron con respecto a sus heridas.

Seguro que Rumi sólo se lo inventó para hacerme sentir bien. A lo mejor ni siquiera tengo poder alguno. Ni ayudo a nadie con el honmoon. El poder debe de tenerlo únicamente Rumi, y lo mío es sólo una ilusión que me hice por cantar a su lado. No creo que yo valga tanto.

El móvil de Mira se encendió. Tenía notificaciones de Whatsapp. De… Sarah.

«Es mejor que se lo digas tú. Pero si no se lo dices tú lo haré yo, jajaja»

¿La había desbloqueado? Joder. Ya ni lo recordaba.

En cualquier caso, se le encendieron las alarmas. Agarró el móvil tan abruptamente que casi se le cae de las manos. Cuando trató de deslizar la pantalla, el aparato solicitó reconocimiento facial. Así que tuvo la primera barrera. Zoey tuvo el acto infantil de buscar una foto suya en su propio móvil y enfocarla en el dispositivo, pero como sospechaba, no funcionó. Se puso más cómoda con el móvil de Mira entre las manos. Ahora que ya no le reconoció el rostro, las notificaciones habían bloqueado el texto predictivo. Zoey podía ver que alguien le escribía en Whatsapp y que tenía notificaciones en otras apps, pero el teléfono ya no daba más información que esa. Trató de pensar algo. Al volver a intentarlo, el móvil volvió a denegarle el desbloqueo al no reconocerle el rostro. Esta vez, solicitando a cambio un PIN. Zoey sabía que eran seis dígitos, y recordaba cinco… pero claro, no tenía nueve intentos para ir probándolos todos. Trató de marcarlos y se quedó dubitativa ante el último, haciendo un gran repaso mental de las veces que le había echado el ojo. Se mordisqueó el labio inferior.

Si pruebo al azar sólo haré el idiota… tengo que hacer memoria.

Tuvo un recuerdo momentáneo y probó suerte. Incorrecto. El dispositivo le devolvió un mensaje de advertencia: si fallaba repetidamente, se bloquearía la tarjeta. Zoey dejó despacio el móvil en su lugar y trató de olvidarse del asunto. Pero ahora que ya tenía esa espina dentro, cada vez que el móvil sonaba en un nuevo mensaje empezaba a perder los nervios. La poquita serenidad y alivio que aquel «Te quiero» le había traído empezaba a disiparse. Porque era totalmente incapaz de desprenderse del trauma a que Mira volviera a cambiarla por ella. El móvil seguía sonando. Zoey no podía leer más texto predictivo. Se maldijo. Agarró el mando de la televisión y le subió el volumen para tratar de distraerse.

Pasó algo de tiempo y Mira cerró ya la llave de paso. Los ojos marrones de Zoey regresaban al móvil cuando sonaba. Así que fue incapaz también de prestar atención a lo que daban por la tele. Su mente no dejaba de traerle recuerdos de todas las veces que había visto a Mira desbloqueando el teléfono. Tuvo un recuerdo más sólido y nocturno, en el backstage antes de una función. Era para el programa de televisión de Blertash. Tuvo una corazonada y agarró deprisa el teléfono, ovillándose hacia el otro lado para dar la espalda a la puerta del baño. Tecleó el número… y falló.

¿Qué…? Era ese…

Era ese.

Se quedó mirando la pantalla estupefacta.

Quizá era este número.

Repitió el código, cambiando el último dígito, ante el cual el teléfono se desbloqueó inmediatamente. Zoey se dirigió sin perder un segundo a la app de Whatsapp. Justo cuando la ventana de chat cargó y la pulsó, el estruendo de la puerta abriéndose casi la hace dar un brinco del susto. Metió a la velocidad del rayo el móvil bajo la almohada, sin pensar. Uno nunca pensaba en opciones lógicas cuando estaba bajo ciertas circunstancias. Mira tenía un pijama puesto junto a una sudadera. Se estaba quitando los pendientes de las orejas mientras caminaba hasta la mesita.

—Se me olvidó por completo quitármelos. ¿Quieres que te ayude a asearte ahora?

—Estoy bien así.

—Aprovecha que puedes moverte aún un poco y así vas limpita a quirófano. ¿No quieres? —dejó la toalla a un lado y le ofreció las manos—. No me seas cochina.

—No, quiero dormir… —bostezó ignorando sus manos. Mira las bajó dando un suspiro. Pero pronto se le fue la atención a la mesita.

—¿Has visto mi móvil? Lo estaba escuchando, me han tenido que escribir.

—Ah… no, no tengo idea… musitó con la boca pequeña, haciendo que miraba a los lados. Al no ubicarlo, Mira empezó a buscarlo activamente. Zoey se puso nerviosa, no podía creer la mala suerte que tenía. Acabaría descubriéndola. Mira le dio la espalda y se acuclilló frente a las bolsas que trajo del hotel, rebuscando entre las cosas. Pero hacía aquello por no pensar un poco. Al hacerlo sólo un poco, recordó perfectamente que sí lo había dejado al lado del de Zoey.

Además, el móvil no ayudó a Zoey. A mitad de búsqueda, y justo cuando la pelinegra trataba de dejarlo en el cajón de la mesita mientras Mira no tenía visual, sonó otra notificación. La pelirrosa vio cómo Zoey movía hacia atrás las manos en una actitud sospechosa.

Dime que no he visto eso.

No le dio tiempo a guardarlo en el cajón. Lo seguía teniendo en las manos, bajo las sábanas. Mira se incorporó lentamente y se dirigió a ella.

No sabe mentir. Ya está agachando la cabeza.

Zoey miraba al suelo con su ceño fruncido. Cuanto más se acercaba Mira, más apartaba la vista. La pelirrosa la acarició del mentón, haciendo que al final la mirara.

—¿Has visto mi móvil?

—No —murmuró.

Mira suspiró y sin quitarle la vista del rostro dirigió la mano bajo las sábanas. Zoey se removió nerviosa y volvió a apartar la mirada cuando Mira sacó el teléfono… al desbloquearlo, estaba frente a la conversación con Sarah. Aquello último Mira no se lo esperó. La miró con otra expresión, y devolvió la mirada a la conversación que tenía abierta.

«Este Dave… vale que tenga vicio con el jueguito, pero se está pasando, lleva como seis horas seguidas. Creo que a estas alturas sólo te haría caso a ti, dile que deje de jugar!»

«Si no se lo dices tú, se lo digo yo, jajaja»

Mira releyó aquellos estúpidos mensajes, que no tenían otra intención sino sacarle charla a ella. También miró el resto de conversaciones, pero no parecía que Zoey hubiera abierto ninguna más.

—No quiero que vuelvas a hacerlo —atajó, mirándola seriamente—, ¿me has entendido?

—Sí.

¿De qué sirve que le dé todo lo que quiere si sigue desconfiando de mí?, la cabeza de Mira empezó a llenarse de rabia otra vez. No quería reventar contra ella. Pero odiaba ese tipo de personas. Odiaba que miraran sus conversaciones. Ahora acababa de enterarse de que Zoey sabía los dígitos de desbloqueo, y fue ahí mismo que se fue a Ajustes para cambiarlos.

—Cualquier cosa, pero leer mis conversaciones privadas no —añadió, mientras tecleaba otro PIN. Zoey reaccionó a la defensiva.

—¿Pero tú sí puedes entrar a la cuenta de un amigo y darle Likes como loca?

—Eso fue distinto.

—¡No, no lo era!

—¡Vale! —resopló—, tal vez no era distinto porque usé tu PIN… pero jamás leí ninguna conversación privada.

—¿Por qué te habla? —preguntó enfadada, señalando con el mentón el teléfono—. Tanto que no la tragas… y ya la has desbloqueado.

—Hasta hace muy poco mis padres no querían actualizarme ninguna información de Dave, así que tuve q-…

—¿¡Y por qué no me lo dijiste!? ¿¡¡Por qué me lo ocultas!!?

—Zoey —bajó más el tono para alertarla de los decibelios que ella estaba empleando—, paso de esto. Grita tú sola.

—No me has respondido —le evitó nuevamente la mirada. Mira la observó con fijeza. Pensaba en cómo dar palabras a los pensamientos que tenía en mente. Y debatía si hacerlo en ese momento era lo mejor.

—Apenas puedo reconocerte —murmuró—, jamás me habías gritado. Y ahora no paras de hacerlo.

—Y tú no me habías ocultado nada. Que yo sepa.

—No pasa nada, pequeña, está claro que si no nos entendemos y no confías en mí debemos romper. No hace falta que haya gritos de por medio, ¿vale? Lo haremos pacíficamente.

Zoey no se esperaba aquella reacción en un tono tan sereno. Se puso mucho peor. Como si el cuerpo le pidiera aire. Mira agachó de nuevo la cabeza. Y la pelinegra habló con la voz más quebrada.

—N-no, espera. Es… está bien… si-siento haberte mirado el móvil…

—No quiero que la relación se convierta en celos e inseguridades. Te quiero mucho, pero hay cosas que no puedo ni voy a permitirle a nadie.

—Ella te escribió… —explicó más atropelladamente, nerviosa y desesperada. Agarró a Mira del brazo—. Te escribió y no pude evitar sentir que me ocultabas algo. La tenías bloqueada, ¿qué quieres que piense? Tenías que habérmelo dicho…

—Mira Zoey, yo ya ni recuerdo si te lo dije o no. Puede que se me pasara, porque yo también he estado sometida a estrés. Pero de ahí a mirarme el móvil y gritarme… por no hablar de esa actitud, y de todo lo de hoy. Wow… Me has sorprendido. Entiendo que no tengas experiencia en las relaciones, pero no vas a conseguir nada con una pataleta.

—¡No es…! —empezó, pero reculó enseguida el tono—, no es una pataleta, me pasa eso porque me siento mal. Pienso que vas a cambiarme por ella… como ya hiciste.

—No fue como lo tienes en la cabeza. Pero aun así… reconozco mi culpa, y no hay día que no me arrepienta de lo que te dije. Porque ahora estoy viendo lo que causé en ti. Pero…

—Cuando estás cerca de mí es diferente. Siento que puedo controlarlo. Pero cuando te alejas no. Y cuando la veo a ella… es todavía peor. Es que ni siquiera puedo ver que te escribe.

—Pues vas a tener que trabajar en eso. Porque hoy es por Sarah, mañana será por otra persona.

—¿Y no es más fácil que dejes de hablarle si me está molestando?

Mira divagó al ver su expresión. Sus ojos marrones, totalmente preocupados. Supongo que tampoco debería extrañarme su reacción. Su vida… no ha sido la mía en absoluto. Lo mire por donde lo mire, es más inmadura.

—No puedo hacer eso con cualquiera que se te cruce en la cabeza.

—No… claro que no… yo sólo me refiero a ella.

—Ya —forzó una sonrisa.

Hubo un silencio. Zoey no lo aguantó.

—¿Puedes dejar de hablarle?

—No le hablaba, es ella quien me busca, y créeme que le corto el rollo rápido, pero es muy pesada. Pero mira, Zoey —se acomodó mejor a su lado—, ¿qué pasará entonces con otras amigas?

—Es ella la única que me molesta.

—Ahora mismo… es la única que parece que se lleva bien con mi hermano. Creí que podía estar un poco más cerca de él. Es lo que te expliqué antes.

—Nunca te ha hecho falta tu familia para ser feliz.

Mira soltó una incrédula risilla.

—No… en realidad… mi familia habéis sido vosotras. Rumi y tú.

—Y no te hace falta más, ¿verdad? ¿O sí?

¿Me lo está preguntando de verdad?

—Vamos a ver… —se dejó caer en un lateral de la camilla, frotándose la cara. Llevó antes la mirada al reloj de pared—. Te operan en dos horas, Zoey… no hemos dormido nada.

—Ella… antes aquí… —empezó, indecisa, pero dio una pequeña sacudida—, es… ya no es por celos solo. Está mal de la cabeza.

—Pf, eso ya lo sé. Pero esto es temporal.

—No es temporal porque ella está ligada a tu familia y a tu hermano. Y… me ha dicho unas cosas… —empezó a respirar mal.

—No quiero regañarte más, pero tenías que habérmelo soltado todo. Ahora resulta que te ha dicho más cosas. Porque quizá nos habríamos ahorrado el puto mal rato que me… —que me has hecho vivir, estuvo a punto de soltarle. Se serenó al verla romperse. Otra maldita vez—, el mal rato. Y voy ahora mismo a amenazarla. Ya no quiero que se te acerque ni que te mire —se despegó pero Zoey la agarró mucho más fuerte, reteniéndola.

—No… no vayas. Déjalo. Deja… deja que estas horas esté tranquila.

Mira tomó aire profundamente.

—Ella no tiene derecho… y tú no te dejes meter pajaritos en la cabeza. Coño, Zoey, demuéstrale que eres más lista.

—No esperaba algunas cosas que me soltó —se excusó, tratando de sosegarse—, es de verdad muy mala. No sé cómo llegó a ser tu amiga.

—¿Por qué te las crees?

—Porque… me cuadra. Yo nunca soy suficiente.

Mira se quedó de una pieza. La frotó de un hombro, hablándole más calmada.

—¿Qué…? ¿Es en serio?

—Tú aquel día… sólo lo confirmaste. Para ti fue un momento o una forma de «librarme de algo peor», pero para mí fue horrible. Horrible, Mira.

—¿Tú te liaste con Mystery?

—¿Qué…? ¿Qué dices…?

Mira sonrió.

—Es fácil hacer dudar a uno cuando escucha cosas hirientes… cuando más herido está. Ella también lo intentó. Pero cuando lo pensé bien, supe que era mentira. Ni siquiera te lo pregunté… nunca. Ella está desesperada porque le haga caso.

—¿¡Te dijo eso la muy…!?

—Ahá. Me lo dejó entrever.

—Me va a oír a mí, ya verás —se destapó las sábanas, pero Mira la recondujo con facilidad a la camilla y la volvió a tapar.

—Quieta.

—¿¡Quieta!? ¡La voy a sacar de la cama de las mechas! —se revolvió contra Mira, pero ésta la chistó y la volvió a controlar. Cuando se miraron, Mira suspiró.

—Zoey… yo no sé qué te ha dicho. Y me estoy controlando para no ir yo misma a soltarle un bofetón. Lo que quiero que hagas ahora es que te calmes en la camilla… y estaré aquí mismo cuando te despiertes.

Zoey fruncía el ceño, ahora con un enfado distinto.

—Es que es increíble. La muy puta…

—¿Qué has dicho…? —Mira no pudo evitar soltar una risotada.

—Buf. Nada.

—¡Jajajajaja! Has dicho puta…

—Es una mala víbora, dios.

—¿A que jode cuando alguien se inventa algo de ti? —se le puso cerca—, yo no te cambiaré, Zoey. No es por ella. Es por ti. Me tienes ganada. Pero…

—… —la chica la miró más atenta.

—Tienes que trabajar en algunas cosas. Eso no era mentira. Me has lanzado el móvil… y eso no lo esperaba. Y no es por ser llorica pero me lo has lanzado fuerte.

Zoey la miró llena de vergüenza. Ni siquiera pudo inventar nada para excusarse.

—Yo…

—Además, no te hace ninguna falta manipularme para que yo quiera acostarme contigo. ¿Acaso te crees que no tengo que hacer un ejercicio de relajación para contenerme?

Zoey ya no respondió a aquello. Sus inseguridades no la dejaban situar su conducta como algo tan equivocado. Pero había palidecido del susto cuando Mira dijo la palabra impronunciable. Romper. Y al cabo de unos segundos de silencio, sólo en eso pensaba.

—No me dejes…

—No quiero que me pidas que no te deje. Quiero que trabajes en lo que te he dicho. No quiero que me grites más de esa manera. Te lo advertí y te lo has pasado por el forro, has vuelto a hacerlo. Porque no sabes controlarte.

Sin respuesta. Sólo jugaba con la tela de su camisón de hospital. Mira suspiró, recorriéndola con la mirada.

—Haz el favor… y descansa ya.

—¿Me traes algo de beber?

—Te van a anestesiar.

—Tengo hambre… y sed…

—Cierra los ojos y a callar, que la sed te viene de no dejar de chillar y patalear.

Zoey se volvió a tapar, ya le dolía el trasero de estar postrada en una camilla… aquella pesadilla parecía eterna, daba igual con la perspectiva que la mirara. Estaba harta. Trató de obedecer y se quedó quieta mirando la tele.

—Bajaré a por un descafeinado… vuelvo enseguida.

—¿A la cafetería de abajo? ¿Encima dándome envidia?

—Vuelvo enseguida… de verdad. Dame sólo unos minutos.

Necesito tomarme una pastilla. Mira llevaba años sin tomárselas, recurrir a ella de vuelta no era grave, o al menos no según su médico. Pero necesitaba calmar los nervios. Porque incluso aunque hubiera pasado un buen rato de la discusión tan fuerte con Zoey, la situación la tenía más alterada de lo que quería proyectar. Sarah le había despertado una rabia similar a la que sentía cuando pensaba en Ronald, y eso iba directo a su salud mental como una puñalada. Aquella chica de pelo verde, que una vez fue su mejor amiga, ahora había despertado del todo los demonios internos. Y sentía ganas de querer abollarle la cara de un puñetazo. Bajar a la cafetería abierta veinticuatro horas que estaba al lado del hospital sólo era una excusa para tomarse la pastilla sin que Zoey la viera, pero también aprovechó para pedir ese descafeinado.

Exterior

Mira necesitaba algo de aire frío. Pensó, en soledad y con más realismo, lo que había ocurrido aquel último tiempo. Zoey tenía la edad perfecta para joderse la mente y adquirir actitudes deplorables, actitudes que podían llevarla por mal camino. Mira había aprendido con muchos palos a ir por una senda buena. También había tenido incontables impulsividades de las que se arrepentía. Ella también había tenido conductas tóxicas con alguna ex. Pero no tenía la falta de confianza en sí misma y en su valía como le ocurría a Zoey. Si la dejaba cometer errores tan básicos, sólo la estaba guiando mal.

Pero no puedo llevarle la contraria cuando está llorando. Soy incapaz. Y encima con la pierna jodida. Me muero de pena al verla.

¿Pero cuándo he aguantado que alguien me grite? Literalmente, nunca. Ni siquiera lo aguanté de mis padres. Ni de mis jefes. De nadie.

Paró frente a la cafetería y pidió un café descafeinado caliente.

—Mira…

La pelirrosa volteó un poco el rostro y se encontró con la indecible. Mantuvo los nervios a raya y agarró el café dirigiéndose a una mesa cualquiera. Se sentó en la silla, rezando porque la otra chica no se sintiera invitada. Sarah se le acercó despacio.

—Ah… ¿podemos hablar?

—Creo que es mejor que te largues.

—¿Te dijo Zoey lo que hablamos?

—¿¡Te puedes ir!? —Mira se puso en pie de golpe, gritándole. Los clientes de las mesas de al lado la observaron con susto. Sarah elevó un poco las manos.

—S-sí… está bien. Está bien.

Sarah se marchó, y sólo cuando dio varios pasos alejándose, fue cuando la pelirrosa se dio cuenta del grito que acababa de dar. Otro espectáculo más.

¿Cuánta paciencia se cree que tengo esta imbécil? Dios…

Mira se volvió a dejar caer en la silla dando un resoplido. Esperó un instante y tocó con los dedos el vaso, aunque aún quemaba… y pasaba algo más. Notó cómo los dedos le temblaban.

No puedo cuidarla así. A punto de darme un puto ataque de ansiedad a la mínima que me tocan el coño. ¡Parece que tengo que tener paciencia con todo el mundo!

Hospital

Yuna daba vueltas y vueltas por el pasillo de su planta. No había conseguido dormir porque una horrible sensación la despertó de madrugada. Dave estaba bien, su marido se había calmado… pero no podía negar lo que su cuerpo le transmitía. Oscuridad y apremio. Como incitándola a actuar ante una inminente ola de sufrimiento que se avecinaba, y que no sabía cuándo iba a romper. Sospechaba de dónde podía venir ese dolor. De su hija. Y no pudo evitar dirigirse a la planta. Vio que en plena madrugada Mira salía de la habitación con el abrigo en la mano y que al poco, Sarah la secundaba… una Sarah que había estado la última hora guarecida en ese pasillo. A Yuna le pareció poco menos que enfermiza su actitud ya a esas alturas. Suspiró y trató de no pensar demasiado en ello. No le desagradaba que fueran amigas, pero al mismo tiempo, le generaba una incomodidad. Porque ahora era Sarah la que prácticamente vivía en su casa en sustitución de Mira, y ver cómo la idolatraba enrarecía la situación.

Cuando las dos se marcharon, Yuna esperó un tiempo prudencial. Pero la sensación oscura no hacía más que crecer y crecer. La ola iba a romperse en algún momento y estaba al borde. El remolino y la espuma empezaban a generarse y el tsunami iba a arrasarlo todo, pero no sabía cómo, en quién ni por qué. Y como la alteración en un cuerpo tan sensorial como el suyo era atroz, no pudo dejar de dar idas y venidas en el pasillo. Se mordió las uñas.

Y de pronto lo oyó.

Un estruendo. Duro y corto. Claramente violento.

Provenía de la habitación de Zoey. 

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