CAPÍTULO 46. Un nuevo comienzo
Unos días más tarde
Complejo BRETT
Después de mucho papeleo -entre el que se encontraba la renovación de los contratos de las tres jóvenes-, se acordó la visita de las Huntrix en la industria. Tres hombres trajeados, entre los que se hallaba Jae, le dieron la mano a las artistas. Jae, director de cada operación con idols que se cocía en su organización, les explicó que tenían prevista fecha de inicio de toda la agenda con relativa normalidad el mes siguiente. Zoey estaría bajo lupa debido a que aún tenía sus rehabilitaciones, pero al estar casi recuperada de la operación de garganta, le urgía que retomaran los conciertos aunque no contuvieran coreografía. Así pues, tras la firma de los contratos y la toma de contacto con nuevos contactos, les presentó al que sería su nuevo mánager. Esa vez, cumpliría los roles de representación y de mentor. Es decir, Jae esperaba que aquel hombre fuera el confidente de las chicas para que no solo las guiara en su trayectoria profesional, sino también evaluar sus estados psicológicos, saber cuándo y qué persona podía tratar sus altibajos, mantener al tanto a la directiva de cómo era el día a día de todas ellas… y no tenía chica tarea por delante dados los últimos acontecimientos.
—Este chico es joven en esta industria, pero pese a ello… creo que es la mejor opción para vosotras. Sin más, espero que lo tratéis bien y que pueda salir de aquí una buena relación laboral… y por supuesto, mi intención también es que se convierta en un buen amigo.
Espero acertar esta vez, estas chicas me hacen ganar demasiado dinero. Las requiero unidas. Él es joven, con poca experiencia. Pero tiene ganas, buena formación y es amistoso.
Bobby Corey hizo una pequeña reverencia y seguidamente les ofreció la mano a las tres.
—Me llamo Bobby, chicas. ¡Encantado!
Por turnos, le dieron la mano. Rumi sintió, algo aliviada, que ese contacto le transmitía cosas mejores. Lo mismo ocurrió con Zoey y Mira… aunque Bobby por su parte, al dar la mano a esta última, sintió mucha fuerza. Bobby solo sonrió más.
—¡Estás fuerte!
—Jm.
Mira no le contestó. Rumi le dio un pequeño codazo, entonces la pelirrosa sonrió un poco mirando al chico.
—No la cagues —completó, pero Zoey le dio el codazo por el otro lado—, ¿eh?, ¿qué dije?
—Ay, no le hagas caso… estamos encantadas de tener un nuevo representante —exclamó Zoey amorosamente.
Bobby sonrió.
—Chicas, tengo muchos planes para vosotras… y nada será aprobado si no pasa por vuestra autorización primero. ¿Estamos? Y mi primer plan es… que hablaremos estos días poco a poco… pero esta agenda impuesta… —tomó el ipad y deslizó la pantalla. Estaba plagada de planes «provisionales» que Jae tenía previstos—. Esto… es… demasiada sobrecarga de trabajo ahora mismo. ¿Lo habéis leído?
—Sí —Rumi dio un paso adelante y se fijó en la pantalla—, no quería comentarlo en voz alta aún… dado que era todo muy incierto desde el fallecimiento de Higgins. Pero…
—Me ocuparé de los pormenores. Creo que hay que aplazar la grabación del documental. Vuestros fans lo comprenderán.
Las chicas parpadearon y se miraron entre sí. Zoey sintió que un peso se le quitaba de los hombros. Pero ninguna se animó a decir nada frente a Jae. Rumi estaba tan acostumbrada a ser cuadriculada y cumplir con su deber, que tampoco dijo nada. Jae se removió incómodo y se acercó a Bobby.
—A ver, Bobby… nosotros hablamos anteriormente que necesit-…
—Hablaremos entre nosotros ahora. Por hoy, sólo quería conocer a las chicas.
Se instauró un silencio. Las chicas evitaron saltar de alegría ahí mismo para no quedar mal frente al director.
Al cabo de un rato, se despidieron y marcharon.
Jae frunció el ceño y cogió el iPad de manos de Bobby.
—¿Por qué has hecho eso? Ya te dejé bien claro que…
—Jae, confía en mí. Zoey no puede entrenar. He hablado con su rehabilitador.
—Pero debe cantar.
—¿Debe? Está afónica. ¿No te das cuenta? ¿Acaso no conoces su voz? Porque yo sí.
Jae cerró el pico varios segundos. Resopló, disconforme.
—Necesito que generen dinero.
—Pueden generarlo sin necesidad de espectáculo con tanta demanda física. Tengo preparados otros proyectos. Ese explotador que tenían asignado antes…
—…pero él hacía ganar dinero.
—Calma —le centró la cabeza con las manos, mirándolo con fijeza—. Estas chicas ya valen oro, hagan lo que hagan, tendrán una interminable cola de interesados detrás —se puso serio—, pero no voy a forzar a una chica que se está recuperando. Y tampoco voy a forzar el caerles bien. Mira tiene mucho más trabajo psicológico por delante del que parece.
—¿Qué…? Ah. Te refieres a su rebeldía innata. Es un poco prepoten-…
—Me refiero a lo que le pasó en ESTOID —dijo ya sin mirarle, tecleando en la pantalla táctil. Buscó la noticia que perseguía la incomodidad de Jae desde hacía dos años.
—»Rumores de… abusos físicos y acoso sobre la superestre…»
—Nada de eso está demostrado —le cortó rápido—, basta ya con ese tema. Ella ya lo dejó atrás. Hagamos lo mismo.
—Qué poca empatía tienes —dijo más fríamente. Bloqueó la pantalla y abrazó el ipad—. Está tocada hasta la médula. Y en realidad, se le nota en los detalles. Observa un poco más allá y lo notarás. Pero no te preocupes. Yo cargaré con estas gestiones —lo tranquilizó señalándolo con la mano—, pero lo haré a mi manera. Ni siquiera sé cómo se le pudo ofrecer un contrato de las características que le ofreciste a poco de esa noticia, en fin… se ha obligado a dejar atrás esas heridas y a trabajar sin parar. Me interesa conocerla.
—Sí, eh… pues ten cuidado. Parece que odia a los hombres —dijo entre dientes. Bobby alzó las cejas.
Cómo iba a ser de otro modo, tratando con imbéciles como tú. No saco nada intentando hablar contigo, porque sólo te interesa el billete.
—Descuida, como te dije… yo me encargaré —sonrió falsamente, para agradarle.
Bastaba con que Jae le creyera. Y Jae le creyó despreocupado.
Porque le importaba poco la salud mental de las chicas.
Tres horas más tarde
Centro de rehabilitación
—Cariño… ¿estás bien? —Mira se inclinó a la camilla donde reposaba Zoey. Estaba sudando y su rostro era la viva imagen del dolor reciente.
—S-sí… sí… —sorbió por la nariz, tratando de controlar la respiración.
Me parte el corazón cada vez que la veo pasar por estos calvarios… Mira suspiró adolorida, y puso la mano en su rodilla. Se inclinó más y la besó en los labios. Zoey la miró algo afectada.
—Es que a veces parece que me duele a peor…
—No, mi vida… es que la corriente que te dan es mayor y los ejercicios más exigentes. Es buena señal.
—Qué… ¿qué me llamaste…?
—…Nada.
—Sí, repítelo —sonrió en sus labios—, creo que ya me siento mejor.
Se sonrieron, antes de volver a besarse. El móvil de Mira vibró en su bolsillo. Pero ésta alargó el beso, hasta que sintió que la mano de su novia le sacó el móvil.
—¿Quieres cogerlo? —sonrió Mira, fijándose en la pantalla—, ¿quién es?
—Es… el nuevo. Bobby.
—¿Por qué me llamará a mí…? —Mira agarró el móvil, más curiosa. Desbloqueó y se puso recta, poniéndoselo en la oreja—, Bobby, ¿necesitas algo?
—¡Hola! Mira, no quiero molestarte. ¿Puedes dedicarme un momento?
—Si es breve sí. Estoy acompañando a Zoey en…
—¡Sí, lo sé! Perdona. Te puedo llamar más tarde.
—No. ¿Qué pasa?
—Bueno… he estado siguiendo un poco algunos escritos viejos que tenía Higgins en sus archivos. Os hacía un seguimiento un poco… pobre.
Mira chistó, irónica.
—Bueno, con él hablábamos poco, tenía el tiempo dividido entre nosotras y otros grupos.
—Lo sé. Bien, he calibrado la opción de cambiaros a todas el psicólogo. Pero por supuesto, esto hay que consultároslo. ¿Qué te parecería?
—¿Qué más da eso?
—Busco una mejor gestión del trabajo en el que estáis. Por lo que estoy entendiendo de lo que leo… la que mejor llevaba los altibajos era Zoey.
Mira caminó afuera, saliendo de la salita donde Zoey se estaba tomando un respiro. Habló más bajo, interesada por el rumbo de la conversación.
—Eso es porque creo que era la única que tomaba en serio esas sesiones.
Era lo que imaginaba, pensó Bobby.
—Mi idea es asignaros uno diferente. Uno… especializado para cada mente. ¿Qué te parecería?
—Yo no puedo decidir por el resto. Si me preguntas a mí en lo personal, me da igual.
—Está bien. Pero… me gustaría que te implicaras poquito a poco en esas sesiones.
Mira permaneció callada durante algunos segundos. No entendía bien el punto al que buscaba llegar, pero Bobby prosiguió.
—Creo que puedo ayudaros a gestionar mejor no sólo la fama, si no vuestra manera de pensar. Sois muy diferentes entre sí… y el anterior psicólogo se centraba sobre todo en el tema de la fama y cómo tratar de no perder el coco en el proceso.
—Ajá. Haz lo que quieras.
—No. Yo no haré lo que quiera. Me interesa mucho tu estado de salud mental. Y el de tus compañeras. No será algo obligado. A mí… me gustaría mucho, claro está. Porque yo sí creo en ti. Y sé que lo que….
—Sé por dónde vas —interrumpió ella, ya a la defensiva—, no es necesario. Trabajo yo sola en eso.
—Muy bien —Bobby no perdió el tono tranquilo—, sin problema. Pero, antes de que lo descartes del todo… ¿qué tal si lo intentaras un mes? Por probar.
—…
Otro silencio. Mira se apoyó lentamente en la pared. Bobby dio un pasito más.
—Si la respuesta va a ser un no, al menos… ¿puedo saber por qué?
—Ese es un tema que me cuesta tratar —convino.
—A veces necesitamos alguna herramienta extra para encabezarlo de otra forma. Por supuesto, la herramienta hay que querer comprarla primero. ¿Me explico?
—Oye, ¿qué más te da? Eso no afectará a mi rendimiento, bastante bien lo saben los de la industria.
—No estoy hablando de tu rendimiento. Si no de tu salud mental.
—Ya —apretó los labios, con más frialdad. Sentía de alguna manera que aquel desconocido estaba desnudándola, y no terminaba de gustarle. Pero sabía a qué se debía aquello. Él mismo terminó de materializarlo, como si leyera su mente.
—Sé que te sale desconfiar de un carca pesado como yo que ni te conoce, «qué sabrá este tonto»… y sé que a lo mejor esto no significa nada para ti. Pero sé también las secuelas que puede arrastrar todo esto en tu vida, porque… bueno. Mi hermana lo pasó.
—¿Que pasó el qué…? —tentó ella.
—La engañaron y se aprovecharon de ella en su trabajo. Estuvo dos años más en la misma empresa… pero no acabó de la mejor forma.
Y no me gustaría que tú acabaras igual, completó en su cabeza. Aunque eso no se lo dijo.
—Podría pensarlo —dijo después de un rato—, pero es un tema… que yo…
—¿Sí…?
Otra vez. Se me traba la lengua. No puedo hablar de esto sin sentirme como una mierda.
El pecho le dio una señal. Leve, pero ardiente. El trauma hablaba desde su interior, daba igual cuánto luchara por taparlo. Estaba ahí. Al final pudo arrancar.
—Es un tema del que me cuesta hablar. Nadie me creyó.
—La gente indicada y que tenía que creerte en ese momento, no te creyó. Pero yo sí.
—Aun así, no creo que pueda hablarlo así de la nada. Me… —tomó aire, controlando su respiración—, me cuesta. De verdad. Es más, voy a colgarte. Porque se me está poniendo mal cuerpo.
—Tú siempre vas a tener la última palabra. Esto… es sólo una proposición. No se hará nada que tú no quieras. Siento si te he hecho sentir incómoda. Valóralo, Mira… por favor.
Mira le colgó sin responder a eso último. Notó, con un deje desagradable y sucio, que las respiraciones se le alteraban nuevamente.
Es una puta maldición. ¿Por qué soy tan débil?
—Mira… ¿me ayudas…?
—Sí —esa voz venía del otro lado del biombo y Mira barrió drásticamente aquel dolor de su mente. No quería desmoronar frente a Zoey. La ayudó a levantarse, ya que siempre que finalizaba una sesión de rehabilitación estaba muy adolorida. Pero no importaba cuánto tratara de disimularlo. Zoey la miró con preocupación.
—¿Estás bien…? —ascendió una mano a su mejilla—, tienes los ojos…
—Sí, estoy bien —se apresuró a decir, ayudándola a ponerse el abrigo. Zoey la retuvo con las dos manos y le hizo mirarla.
—¿Qué era esa llamada, algo grave?
—Todo bien. Parece que… el tal Bobby quiere que vayamos a un psicólogo más especializado.
—Ah… —la acarició y se tornó pensativa—, ¿especializado en… traumas?
—Ha estado leyendo de lo que me pasó. Y las anotaciones de Higgins —tragó saliva.
—¿Pero por qué estás así? ¿Te hizo sentir mal?
Sí. O no. ¿Qué es lo que me ha hecho sentir mal de él…? Mira vaciló y respondió casi balbuceando.
—No es por él, es… ha sido… su interés en verme bien. No sé. Ha tocado ese tema de una manera que me ha hecho sentir… ah, no me mires —rio apartando la mirada de ella, pero Zoey no apartó sus manos, volvió a dirigirle el rostro hacia ella. Sonrió con ternura y apartó con la yema del pulgar una lágrima furtiva.
—Tu cuerpo habla solo —susurró Zoey—, y yo también sé que lo necesitas. Pero… ninguna va a obligarte.
—¿Crees que puedan solucionar algo de verdad…? Yo… no sé si…
—Creo que sí. Porque en cuanto tomé en serio al que tengo, me ayudaba bastante. Él… no podía evitar mis pesadillas, ni mis celos… pero hizo mucho trabajo con mi paciencia con el tema de mis padres. He tenido algún que otro ataque cuando ellos discutían. Lo gestiono de otra manera ahora.
Mira negó suavemente con la cabeza, sin mirarla.
—No sé si estoy dispuesta a hablar de eso. Me hace sentir vulnerable.
—Porque lo tuyo… implicó tu cuerpo, ¿sabes? —Zoey tomó aire, preocupada. La miró fijamente—, es normal que te sientas así… es tu templo. Claro que duele y choca cuando alguien se toma la libertad de… en fin. No voy a decirlo.
Mira se desmoronó ahí mismo. Zoey se sintió mal, como si se hubiera expresado de mala forma. Retomó las caricias en sus mejillas, y le levantó el rostro.
—Lo siento si te hice sentir mal…
—No, tú… no tienes la culpa de nada —murmuró algo deshecha.
—Este tipo de cosas no suelen ocurrir sin violencia de por medio —a Zoey se le desprendió una lágrima, pero no le importó. Estaba centrada en animarla, y no dejó de acariciarle las mejillas—. Así que sí. Es un trauma. Considero que deberías ir. Pero no tiene por qué ser ahora si no te sientes preparada. Y aunque decidas finalmente no hacerlo… no me importa. Yo estaré ahí.
Zoey la besó. Aquello relajó las pulsaciones de Mira, quien ya había roto en lágrimas. Asintió sin más, y luego se abrazaron.
—Nunca te separes de mí —la oyó decir en su cuello. Zoey sonrió.
—Ya vendrá alguien mejor que yo… entonces me darás una super patada y…
—No podría —separó un poco, limpiándose las lágrimas. Susurró en su boca—, te amo.
—Yo también te amo.
Después de otro beso, Zoey la miró con fijeza.
—Y… espero que no te enfade. Pero… me escribió tu madre.
—¿Mi madre?
—Quería saber cómo estaba… en fin. Ella me encontró en aquel estado. Se le vino a la mente y me preguntó que cómo iba de la voz.
—No me enfada —sonrió y la acarició del flequillo—, por lo menos de ti se acuerda. Pero no, no me enfada en absoluto.
—Ella… quiere quedar con nosotras. Dice que no quería hablarte a ti porque ibas a rechazarl-…
—Eso sí me molesta —agravó el tono de repente, cortándola—, no, Zoey, ¿por qué recurre a ti para eso? Que tenga ovarios y me llame. Yo lo hice, ha pasado de mí toda la vida.
—¡Vale! Tranquila… no quedaremos.
—No es por quedar. Es porque es manipuladora.
—Es que creo de verdad que está preocupada por ti, pero como tú dices es una orgullosa y no quiere decirlo.
—Ajá, sí. Y te utiliza a ti como conducto. ¿Pero qué le pasa?
—¿Y es tan horrible…? Quiero decir…
—No quiero que te utilice. Porque te ve buena, y te va a manipular.
Zoey paró de hablar. Asintió despacio, sin discutir.
—De acuerdo. Le diré que no.
Mira estaba preparando la recarga para seguir discutiendo… pero Zoey no prosiguió con aquello, lo cual la sorprendió. Cada vez que el tema de sus padres salía a relucir, era intransigente. Le calmó que Zoey no insistiera, aunque por otro lado, sí que la hacía pensar. Su madre estaba tratando un acercamiento de manera unilateral… por primera vez.
¿Estaba de verdad dispuesta a rechazarla?
Era su herida la que la hacía hablar así, rápida y cerrada. Suspiró.
—No le contestes nada… por el momento.
—¿Uh?
—Dame algo de tiempo. Voy a hacerte caso con lo del psicólogo. Ah, y no querré psicólogo. Quiero una psicó-logA.
—De acuerdo —sonrió más y se colgó a su nuca con los brazos—, ¿crees que Bobby es un buen tipo?
—Ni idea —murmuró indolente. La poca fe que le tenía a los hombres en general la hacía ni replanteárselo. Rodeó la cintura de Zoey—, vayamos a casa.