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CAPÍTULO 47. Tortitas

La alarma de Mira fue la primera en sonar. Como tenía el sueño ligero, sacó la mano de la cama velozmente y la desactivó. Se le había olvidado quitarla la noche anterior, después de llegar de una gala de inauguración. Cuando la mente se le desperezó un poco, sonrió. Notaba la mano de Zoey debajo de su pijama, como siempre. Eso se había convertido en una costumbre que Zoey agarró, una costumbre que nunca abandonó. Dormían juntas todas las noches, incluso cuando discutían, pero siempre, a la mañana siguiente, sentía una de sus manos envolviéndole algún pecho.

Se volvió a quedar dormida.

Al mediodía

Mira comprendió que había llegado el día. Tras varias semanas de hacerse la remolona con el tema de su madre, fue la propia Yuna quien acabó llamándola y le pidió quedar a comer. La primera vez que lo intentó, Mira se inventó una excusa. Después, y ya con una psicóloga de por medio quien empezó a comprender y encarrilar los pensamientos de la joven, ayudó también en ese terreno. Mira aceptó quedar a… tomar algo.

«Simple, rápido, que no implique más allá que una toma de contacto, para ver cómo os desenvolvéis. Probablemente sea ella quien tenga un propósito en su conversación, ¿por qué no la dejas empezar?»

Con eso, Mira le dio una oportunidad. Yuna y ella quedaron a solas en una cafetería. Y efectivamente fue la mujer quien empezó a hacer las preguntas.

Cafetería

—He visto que… vais a retomarlo todo.

—En el documental, ¿no?

—Sí. Ese que graba tres días a la semana vuestra vida. Ahora lo vemos en casa.

—Me lo ha contado Dave. Logramos rebajar algunos días, antes… era grabar constantemente.

—Entiendo. ¿Es cómodo tener las cámaras ahí todo el día? Parece… no sé. Intimidatorio tener que hablar como si no estuvieran.

—Al final te acostumbras a ignorarlas.

Poco a poco las preguntas y los temas fueron variando y el café pasó a convertirse en algo de comer, y luego al segundo café de después de comer. Yuna quería alargar el tiempo, porque estaba descubriendo que no se estaban molestando. Se podía hablar con su hija después de todo. Y Mira ya no parecía tan fuera de sitio. Fue la pelirrosa quien en un momento dado empezó con las preguntas clave.

«¿Por qué lo has hecho después de tantos años?»

«¿Por qué quieres recuperar el tiempo perdido justo ahora?»

«Papá no ha venido porque sigue sin interesarle una mierda, ¿no?»

«Sarah no debería seguir en contacto contigo ni con Dave.»

—La denuncia salió de mi parte, evidentemente —apuntó Yuna con culpabilidad—, pero esto ha sido un shock para toda la casa y para el barrio. No es que tuviera muchos amigos esa chica, pero… se le ha ido la cabeza por completo. Jamás la vi capaz de intentar de atentar contra tu propio hermano. Parecía… bueno, sí. Supongo que no hace falta que lo aclare. Pero en el día a día, parecía su hermano de verdad.

—Ya ves que lo único que quería… era a mí.

El resto de preguntas fueron más complicadas de responder. Lejos del tema de Sarah, del que ya se encargaría la justicia, Yuna no lo tenía fácil para expresar sus sentimientos al respecto.

—Te llamé porque quiero saber cómo estás. Y porque hubo algo que me dejó muy preocupada. Aunque tú no lo creas, este cambio empezó por todo lo que me preocupo y nos preocupamos por ti.

Te preocupaba tanto, que jamás quisiste saber nada.

Se ahorró las frases acusatorias. Su psicóloga también la ayudó un poco a calmar lo primero que se le venía a la mente soltar por la boca. Su madre siguió hablando sin interrupciones.

—…pero de todo lo que pasó, se me quedó grabado aquello. Aquello que dejasteis en el aire, ese tema de lo que te ocurrió a ti. Busqué en internet y no pude leer ni dos líneas… ¿puedo saber qué es lo que te hicieron… Mira?

—Un pez gordo de la directiva quería acostarse conmigo. Eso es todo. Yo no fui la primera con la que lo intentó, estoy segura de que muchas pasaron un calvario.

—¿Y… consiguió algo ese cabrón…?

Mira parpadeó más cabizbaja. No podía mirar a nadie a la cara cuando, otra vez, surgía ese tema.

—Siempre digo que… de alguna manera sí lo consiguió. No… no llegó a… en fin. Me metió los dedos a la fuerza y ya me había pegado varias veces para conseguirlo, pero después de eso… pude quitarle.

—Santo dios —Yuna se alarmó y bajó la voz. Su tono y su expresión facial tomó otra forma. La agarró sin pensarlo de las manos, apretándolas. Mira observó sorprendida ese gesto. Entonces madre e hija se observaron fijamente—. ¿¡Me estás diciendo que ese cabrón se fue de rositas tras eso!?

—Sí. Y estoy segura de que habrá violado a muchas otras antes de toparse con nosotras de nuevo. Estoy… segura. Incluso intenté investigarlo, pero no pude ahondar. Me sentía mal hasta tecleando su nombre en internet.

—¿Qué te dice la psicóloga de todo esto?

Estas preguntas son difíciles. No puedo concentrarme sin evitar temblar.

—Ella… e-ella… a ver —trató de mantenerse serena, volvió a desviar la mirada de su madre—, estamos intentando entrar en ese tema. Pero sus preguntas me hacen tener que situarme allí, en ese momento. Y me cuesta mucho recordarlo con nitidez porque lo llevo evitando todo este tiempo. Sólo hay… fragmentos.

—Fragmentos…

Mira asintió.

—No soy capaz casi de recordarlo de forma lineal porque cada vez que tenía que recordarle me obligaba a pensar en otra cosa. Entonces sólo recuerdo lo más doloroso. Por partes.

—¿Te ha dado algún consejo… o algo?

Mira se transportó mentalmente a la consulta médica. Quizá la más importante que había tenido hasta el momento.

Flashback

Consulta médica

—¿Crees que te ha repercutido en algún ámbito más de tu vida? —Mira se quedó silenciosa al respecto. Ya era la décima sesión. Por fin, después de mucho trabajo, habían llegado al peor trauma. Aroa insistió con cautela—, quizá… ¿con el sexo, con tu actual pareja?

—Sí —dijo, en parte algo intimidada. Aquella psicóloga había sabido entenderla y manejarla bien. Se complementaron. Y es que la mujer supo leer la actitud y personalidad mordaz de Mira nada más entró por primera vez en la sala—. Todo eso, yo… no sé por qué se adueña de mi cuerpo de esa manera. ¿Cómo pude hacerle ese daño? En ese segundo, ni siquiera pensé que fuera ella a quien pegara, sólo… quería quitarla. No me estaba tratando mal en ningún momento.

—Es que en ese instante tan pequeño, tu cuerpo no distingue el pasado del presente, te activó la misma sensación, el mismo estímulo que en aquel momento desagradable, por lo que tu organismo entró en el modo de supervivencia. De lucha. La parte que funciona racionalmente se desenchufa y sólo actúa el instinto de salir de ahí. En este caso, golpeando al que en ese instante es tu… foco de estrés. No tiene nada que ver con lo que sintieras por esa persona. Es una respuesta involuntaria de tu cuerpo.

—¿Y nunca podré hacer esas cosas con ella? ¿Eso es lo que me estás diciendo?

—Poco a poco. Cada proceso tiene un tiempo.

—Es que ni siquiera me parecen cosas fuertes como tal. Son… estupideces. Agarrarme del pelo… es algo que yo sí hago con ella. ¿No es un poco contradictorio?

—Para nada. Ahí, tú estás tomando el control. En el otro caso, ocurrió sin esperártelo. Pudo haber incluso más factores que te hicieran resituarte en ese momento puntual, y tu cuerpo desactivó la parte racional. Pero eso no quiere decir que no se pueda volver a intentar. Hay que hacerlo poco a poco. Me gustaría saber, con el tema del pelo… ¿permites que alguien te lo toque?

—Ella, algunas veces. Siempre hay algo que está de fondo cuando lo noto… pero… a veces me lava el pelo. Y con ella se siente bien. La primera vez no quise dejarla.

Pero Mira sí que recordaba momentos puntuales, muchos meses después de lo de Ronald. Incluso en una ocasión, con otras amistades, uno de sus amigos le dio un tironcito de pelo de lo más inofensivo, entre risas, y Mira, entre risas más apagadas, quedó con el estómago revuelto hasta la noche.

Fin de flashback

No sé hasta dónde de explícita puedo ser con mi madre. Se siente todo tan raro… y es una chapada a la antigua.

—Está intentando entrar en ese momento, como te digo. Porque he generado algunos actos reflejos a raíz de eso, y no me he dado cuenta hasta que han ocurrido en situaciones cotidianas. No soporto que me toque el pelo un hombre… ni siquiera por error. Me paraliza. Porque él… me lo tiró muy fuerte. Y de eso jamás me olvidaré.

La mujer luchaba por no manifestar el dolor creciente que sentía con esas declaraciones.

—Mira… siento no haber estado a tu lado.

¿Qué…?

¿Qué acaba de decir…?

¿Ha dicho eso en serio?

Ni siquiera sé cómo responderle.

La pelirrosa la miró al principio sorprendida, luego, por vergüenza, trató de enmascarar toda expresión y negó levemente.

—Bueno, es igual, ha pasado mucho tiempo.

—Ya lo sé. Pero… —notó que intentaba separar las manos, pero las agarró con más firmeza—, no pretendo ser la madre del año. Sólo buscaba verte y decirte con claridad que puedes contar conmigo. Sé que no lo harás porque eres una tozuda. Simplemente… estoy. Siento lo de este tiempo.

—En… está bien —pensaba dejarlo ahí. Pero volvió a recordar otra de las sesiones, y viendo el esfuerzo que hacía su madre, ella también cumplió—. Me dolió, aunque pienses que no. Irme así y no recurrir a vosotros, y el no recibir nada de vuelta. Ni siquiera preocupación. Parecía pura indiferencia.

—No esperes mi actitud de ahora en tu padre. Él… él tiene más trabajo que hacer. Por mi parte puedo decir… que aunque sé que desde fuera parecía indiferencia, era preocupación de verdad.

Mentirosa. Así no actúa alguien preocupado.

Mira pensó nuevamente en vomitar aquello. Pero no dejó que su rabia la gobernara con tanta facilidad. Su madre siguió hablando.

—Pensé de verdad que volverías a mí. El primer año. El segundo, entendí que estaba avergonzada y que jamás podría mirarte a la cara. Lo mejor era que tú me miraras con odio. Era lo que nos merecíamos.

Mira tragó saliva. Se sintió algo débil con tanta sinceridad inesperada.

—Espero… —Mira retomó sus palabras—, que entiendas que esto me va a costar. No te voy a llamar, ni a quedar contigo todos los días. Será un trato un poco intermitente.

—Me conformaré con lo que tú decidas. Yo… sólo estaré ahí. Era lo que quería decirte hoy.

Y sin más, soltó con suavidad sus manos. Mira se quedó mirándola aún más impactada.

—Vale… pues… quiero que hables seriamente con Dave y le preguntes si de verdad quiere ser médico. Y tú serás quien enfrente esa charla con papá si hay drama por lo que él diga.

—Es algo que ya tenía en mente. Porque sé que no quiere estudiar Medicina. Pero es que se le da tan bien…

—Mamá —apretó Mira.

—Sí, sí. Ya sé. Hablaré con ellos. Primero con él.

Mira asintió.

—Otra cosa más.

—A ver…

—No me importa que hables con Zoey por teléfono. Pero te pido, te suplico, que no se os pase por la mente manipularla para conseguir algo de mí. O de ella misma.

—Mira, yo no t-…

—Porque eso sí que no seré capaz de perdonarlo, mamá. Gracias a ella es que estoy hablando ahora contigo… y gracias a ella es que tengo una psicóloga y siento que por fin estoy curando heridas. Pero que eso no te dé derecho a tratar nada, porque lo es todo para mí —negó con la cabeza—, no te lo perdonaría. De verdad que no.

—Hablé con ella porque me preocupaba su estado de salud… y sí, dejé entrever que quería verte también. Para mí ver a esa chica convulsionando así fue aterrador.

—Ya… bueno. Que quede claro.

Ambas asintieron.

—No he podido evitar fijarme en otra cosa. Tu… tu cicatriz… la que se te vio en el programa.

—Ah —Mira destapó un costado. Tenía la cicatriz allí. Una cicatriz que a ojos mundanos, era normal.

—Ponte cerca de la ventana. Hoy hace algo de sol y…

—¿Qué…? —Mira la observó, descolocada.

Descolocada por lo que su madre insinuaba. Porque eso significaba…

—Vi esos haces dorados en la cicatriz de la pierna de Zoey. Y en tu amiga Rumi cuando iba en top. Las tres tenéis cicatrices peculiares.

—Pero… lo del sol…

—Sólo quiero confirmar una tontería. Debo de estar volviéndome loca.

No. No estás loca. Tú también puedes verlo. Pero… ¿por qué?

Mira se levantó un poco la blusa y expuso su cicatriz al sol. El tejido cicatrizado, ligeramente más rosado que el resto de la piel, tenía haces dorados sólo cuando se movía. Brillaba como si hubiera purpurina allí esparcida… porque tenía cierta iridiscencia.

—¿Qué es lo que ves? —preguntó Mira, expectante.

—Creo que me vuelvo loca por momentos —dijo la mujer, sin alterarse. Miró a su hija—, veo tu cicatriz dorada. Bueno… brilla un poco. Eso quiero decir.

Mira se volvió a cubrir y se apoyó lentamente en la mesa. La escrutó.

—La gente normal no puede verlo.

—¿Cómo es esto, las tres tenéis cicatrices doradas? ¿Es por una crema que usáis?

—Yo… no lo sé. Pero tú debes tener algo de cazadora.

—¿Algo de qué?

Supongo que de algún lado me tiene que venir lo mío. Y lo de Rumi. Y lo de Zoey.

—Nada —negó riendo—, yo también digo tonterías. Sí… es por la crema que usamos.

Apartamento Huntrix

Tras despedirse y volver a casa, Mira se echó en la cama. Era domingo, no había nada que hacer. Era el día libre de las tres. Zoey le cayó encima fortuitamente, haciéndola tener un sobresalto.

—La madre que te…

—¡Hola! —rio infantilmente y puso su cuerpo encima del suyo. Mira la rodeó con los brazos.

—Te mataré cualquier día. De verdad… tú sigue apareciendo así.

—¿Qué tal con tu mami? —se separó un poco, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Pues… bien. Sorprendentemente… bien. Hablamos mucho.

—Estuvisteis horas, sí…

—Estaba bastante pacífica. Pero le he dejado claro que no quiero que te manipule a ti para nada.

—Que siiiiii… —puso los ojos en blanco y la abrazó—. Me lo has dicho muchas veces. ¿Vas a comisión o qué?

—Cuando he sido negativa he acertado muchas veces y lo sabes.

—Oye —acomodó las posaderas sobre ella y se sentó mejor—. ¿Dónde tienes la sudadera roja?

—¿Cuál de todas?

—Cómo que cuál, la que tiene dibujitos de ovejitas —meneó arriba y abajo el cuerpo, haciendo que Mira la frenara al posar las manos en sus muslos.

—Para lavar. La llevas usando toda la semana.

—¿Olía mal…? —levantó un brazo y se olisqueó la axila—, si me ducho todos los días… ¡¡mentirosa!! —meneó más fuerte el cuerpo. Mira la frenó de nuevo de los muslos con más contundencia. Zoey la vio mover suavemente los labios, pronunciando un «Para»—, no dime, mala, ¿olía mal?

—No, preciosa, pero la ropita hay que lavarl-…

—Esa sudadera no porque siempre me la pongo estando limpita —empezó a botar de vuelta sobre ella con rapidez, cortando las palabras a Mira. Entonces la menor entendió por qué la frenaba. Sonrió con más malicia y elevó una ceja, mirándola de otro modo.

Esa cara… pensó Mira, aguantando un poco la respiración.

—¿Quieres que la saque del cesto donde están todas nuestras bragas sucias y te la vuelva a poner, eh, cochina…? Jajaja… ag.

Se le cortó el habla cuando volvió a menearse de aquel modo. Incidía demasiado en su clítoris, incluso con toda la ropa puesta. Botaba y sonreía con una cara traviesa que la enfermaba. La agarró rápido de la cintura y la elevó un poco.

—¿Qué pasa, te molesto…? —preguntó fingiendo inocencia.

—Cómo te gusta provocarme…

—¿Provocarte el qué…? —preguntó ladeando la cabeza, tratando de no sonreír. Quería parecer curiosa pero no le salía. Mira no le contestó, sólo la miraba con una sonrisa igual de traviesa—. ¿Por botar aquí? No te toco nada, ¿no? —le quitó de repente las manos y botó con más fuerza, restregando bien la entrepierna. Mira dejó de sonreír y balbuceó un gemido corto. Recuperó rápidamente la posición de las manos en las piernas.

—Anda… para.

—O… qué… ¿ehm? —suspiró. En lugar de seguir botando, empezó a agitar las caderas de adelante a atrás, haciendo el frote profundo en vertical. Mira recorrió con la mirada su delgado cuerpo. Sintió ganas de desvestirla. Y para colmo Zoey volvió a iniciar ese movimiento.

Es una maldita…

Levantó la espalda y le rodeó la cintura con ambos brazos. Zoey sonrió sin poder contener aquella felicidad, nacida de chincharla. La buscó en los labios, pero Mira se mostró seria y le separó la cara.

—Eres un bicho. Y lo sabes bien.

—Y tú… me vas a besar ahora mismo —susurró tratando de robarle otro beso, pero Mira le evadió el rostro, esperándose la jugada.

—Es que… me he dado cuenta de que lo que a ti en realidad te va a joder, es que no te haga ni caso.

—Blablabla… no te puedes resistir a lo pesada que soyAUGH. ¡Eh, Mira, no!

Mira entre risas se la quitó de encima y salió de la cama. Zoey la siguió por todo su recorrido en la casa y riendo, trató de ponerse por delante y usurparle la boca. Robarle besos a traición constantemente. Mira la evitó fingiendo que no tenía nada ni a nadie por delante, aunque no podía evitar divertirse mucho con aquellos juegos.

—Buf, qué hambre. Me voy a hacer unas tortitas con chocolate… qué pena que no haya nadie para acompañarme.

—Cómo que no, estoy yo. ¡Yo también quiero! —sonrió apoyando las manos en la encimera de la cocina—, ¿te ayudo?

—A ver… dónde está el chocolate… seguro que ese bicho me lo ha escondido.

—Oye, que es Rumi la que se come las tabletas a bocados —rio. Iba a sacar uno de los cazos para ayudarla, pero Mira la empujó con la cadera y la apartó de la encimera—, ¡eh…! He dicho que yo también quiero.

Mira canturreó algo, ya ignorándola por completo. Así que en cuanto empezó a manipular cubiertos, Zoey sonrió mordiéndose el labio y tomó una de las paletas también por el mango, impidiéndole usarla. Todo para que le hiciera caso. Mira tironeó un par de veces pero la criaja no lo soltaba, así que fingió que se le ocurría otra cosa y soltó el mango. Zoey se quedó insatisfecha, viendo con el ceño fruncido que Mira seguía a lo suyo preparando el chocolate de otra forma; partiendo trozos de la tableta y vertiéndolos en el cazo. La pelirrosa se echó su cabellera atrás de los hombros y siguió tarareando mientras batía después los huevos. Zoey se le puso justo atrás, bien pegada a su cuerpo. Era más bajita y no veía muy bien por encima de su hombro, pero a Mira le hacía gracia sentir allí su respiración… y su mirada de niño pequeño a punto de hacer alguna cábala. A la mínima que vio que metía su manita le dio una suave cachetada; Zoey se enfurruñó y la quitó rápido.

—¡Eh…! Déjame probar el chocolate.

Mira puso morritos, siguiendo con el tarareo. Mezcló todo junto al chocolate que ya empezaba a derretirse para darle un sabor más suave, junto a la leche. La mezcla empezaba a oler muy bien. Por otro lado, calentó la sartén para empezar a hacer las tortitas. Zoey dio unas palmaditas y agarró rápido el bol ya batido, poniéndoselo por delante para hacer ella las tortitas. Mira sonrió y le quitó la espátula, así que la pelinegra levantó la mano y se estiró de puntillas para agarrarla. Mira amplió su sonrisa de oreja a oreja al ver que no llegaba. Zoey se pegó más a ella y dio un saltito, enfadada ante la risita de su novia.

—Déjame colaborar, que si no luego no me dejarás comer…

—Buf, escucho el zumbido de una mosca, pero no la veo… —apartó más la espátula. Zoey apoyó una mano en la vitrocerámica y dio un gritito, apartándola deprisa. Mira se asustó y la agarró rápido de la mano—, ¡cuidado! ¿Te has quemado?

—Jej… trae eso —le quitó rápidamente la espátula, encargándose de verter el líquido. Mira abrió la boca, siguiéndola con la mirada.

—Eres… ogh. No sé qué hago fiándome de ti —dejó de mirarla y revolvió el chocolate. Zoey giró ya feliz las tortitas que iba haciendo, y las fue dejando en un plato. Pasaron algunos minutos y cuando ya hubo una pequeña torre de tortitas listas, apagó la vitrocerámica y se le enganchó a Mira por un costado, volviendo a abrazarla. Se puso de puntillas para besarla en la mejilla, y luego en la mandíbula. Y luego buscó sus labios, pero la pelirrosa siguió con la mirada fija en derretir el chocolate y la evitó.

—Ay… un beso… dameeeee…

—No, ahora estoy enfadada.

—Jm… —la pelinegra soltó una risilla de maldad. Volvió a tratar de besarla y Mira le evadió el rostro para seguir mortificándola. Entonces, bajó la mano. La empezó a acariciar entre las piernas. Mira le apartó rápido la mano de allí y la señaló con la varilla con la que batía, llena de chocolate. Igual que si regañara a un gato pasivo, ésta sólo miró la varilla y sacó la lengua para llevarse un poco, pero Mira puso los ojos en blanco y también se la quitó del alcance. Zoey frunció sus cejas. Aunque no le hiciera caso, se hizo hueco apartándole un brazo y la volvió a abrazar desde un lado, mirando cómo terminaba de preparar el chocolate. Fue a meter el dedo en el cazo y Mira soltó una carcajada.

—Uy dios mío, ¡eres peor que un niño pequeño! ¿Te puedes estar quieta dos minutos? Quita… quita ese dedito de ahí. Quita —le empujó el dedo con el suyo, hacia otra dirección.

—Es que tengo hambre. No me dejas ni probar el chocolate.

—Cómete una de las tortitas y cállate. Encima se te ha olvidado echarles mantequilla en la sartén.

—¿Por qué no me lo has dicho antes?

—Porque te expliqué la receta ya muchas veces y estás con la cabeza en la luna. Ahora… tocará comerse las «tortitas a la Zoey». Las más sosas del mercado.

—Se arregla con un poco de azúcar —agarró uno de los botes y Mira se lo quitó de las manos más rápido.

—¡Esto es sal! ¡¡Haz el favor de estarte quieta!!

Zoey resopló poniendo morros. Volvió la mano al cuerpo de Mira, la rodeó con fuerza y se quedó pegada a ella unos instantes más, en silencio. La pelirrosa disfrutaba también de aquellos momentos, los atesoraba. Como nunca pensó que iba a atesorar algo. Adoraba sentir sus brazos alrededor del cuerpo, sus ganas de estar con ella. Se sentía tan drogada a su cercanía, que apenas podía creerse la felicidad de un momento así. Tan cotidiano. Y cómo no… Zoey no se pudo estar quieta mucho más tiempo. Eso no estaba en su naturaleza. Volvió a acariciarla introduciendo una mano bajo su blusa. La dejó, fingiendo que seguía sin hacerle caso. Zoey recorrió su vientre con la mano, y volvió a situar la punta de los dedos en su pantalón. Mira entreabrió los labios al sentir que empezaba a abrirle el botón y le bajaba la cremallera.

—Nena… qué haces —llevó la mano al dial del fuego para apagarlo, pero Zoey la detuvo. Le susurró.

—Ah… ¿ahora sí existo? Sigue cocinando.

—No, no no no. Deja tus manos quietas. Es una orden.

Zoey protestó al sentir que Mira le quitaba las manos de las bragas. Pero no se rindió. Y se zafó con perfecta facilidad de ella y de su agarre. Volvió a meter la mano en las bragas, esta vez deslizándose por el pubis; empezó a frotarla en círculos con dos dedos. Mira se alteró de golpe. Le rodeó la muñeca con la que la estaba masturbando y tironeó hasta sacársela de allí.

—Para… —musitó más débil. Echó un vistazo por el rabillo del ojo—, Rumi puede venir.

Zoey no le hacía ni puñetero caso. Pero ninguno. Como si ahora fuera ella quien oía llover, le bajó los pantalones y las bragas hasta las rodillas a la par que se arrodillaba en el piso, y eso alarmó más a la pelirrosa. Soltó la varilla y coló una mano bajo su axila, tratando de que se levantara.

—Zoey, venga, ayúdame a cocinar. He cambiado de idea.

La chica se rio, mirándola desde abajo. Y se libró del agarre. Se arrimó y metió la boca en su vagina, lamiéndola con ganas. Mira abrió la boca y tuvo que apoyarse mejor en la encimera, del desvanecimiento placentero que le dio. Respiró más seguido y la volvió a agarrar de una mano, tirando hacia arriba.

—Levántate de ahí, joder…

Zoey le quitó la mano y cerró los ojos, hundiendo más la boca y atrapando con los labios su clítoris. Mira sorbió más nerviosa. La escuchó susurrar cálidamente entre sus muslos.

—Ya que no me dejas comer… me busco yo la comida. ¿Ves como si que soy autosuficiente? —sonrió pícaramente y se volcó de nuevo con toda la cara entre sus piernas, haciéndola dar un paso atrás. Mira no quería caer en aquella tentación. Parecía una película porno, con una mujer comiéndole el coño mientras ella cocinaba. Pero la lengua de Zoey y sus suaves succiones la hicieron enmudecer del gusto. No podía frenarla.

Nunca he podido… me pone demasiado.

Sin darse cuenta separó las piernas y comenzó un suave ondeo de caderas, acompañándola en sus lamidas. La estaba chupando también y en una de sus presiones con los labios alrededor del clítoris la hizo cerrar los ojos, soltando un suave jadeo. Sintió como una ráfaga de electricidad donde todo el vello se le ponía de punta. Entonces la agarró de la cabeza y siguió moviendo las caderas.

—Sigue… sigue… —se aferró a la encimera más fuerte con una mano, mientras la otra expandía los dedos sobre sus piernas. Zoey hizo un chasquido al separar sus labios mojados, y se humedeció la boca antes de meterle dos dedos de golpe. Eso la hizo abrir la boca y dar un quejido más grave. Zoey se exaltó y retiró uno, pensando que había vuelto a lastimarla. Pero no fue así aquella vez. Mira asintió con la cabeza y la instó con la mano a meterle de nuevo el otro dedo. La pelinegra obedeció agitó con más fuerza la mano contra su cuerpo y la penetró con un ritmo continuado, lamiendo sin parar su clítoris. Mira quebró un gemido al ver aquello. Le ponía ver su lengua y su cara tan bonita, lamiéndola entregada. Y por un segundo, subió la mirada hacia ella mientras lo hacía. Eso la puso colorada y apartó la mirada, pero siguió presionándola de la cabeza. Zoey balbuceó largamente y trató de meter un tercer dedo, pero el cuerpo de Mira la trabó. Insistió con más fuerza, pero frenó cuando vio por delante la mano de su novia, tocándola con suavidad.

—No, cariño, ibas bien. Más lento… sigue con dos.

Zoey separó sus labios mojados, mirando su coño con atención; dejó que Mira dirigiera su mano al principio hasta que igualó el ritmo anterior, apretando hacia atrás con los dedos curvados. La animó gratamente el jadeo de Mira, mucho más fuerte que los anteriores.

—Sigue…

Zoey volvió a cerrar los ojos y continuó lamiéndola incansablemente. Mira no aguantó más y separó un poco más las piernas. Al abrir los ojos se movió hacia la encimera y le movió el cuerpo al empujarla despacio, con las propias piernas, para así reconducirla. Zoey se acomodó con la espalda en los armarios de cocina y se sujetó a sus pantorrillas, acariciándolas. Mira suspiró más seguido y ondeó la cintura con más ganas. Las penetraciones y la lengua de Zoey no es que fueran las más experimentadas, pero más que suficientes. Mira tuvo una fuerte corriente de placer y la agarró del cabello con más contundencia. Sintió un calor más potente inundar todo su cuerpo de golpe.

—Sí… voy a correrme… —jadeó y llevó la otra mano bajo su blusa, estimulándose a sí misma uno de sus pechos. No tardó demasiado en elevar más sus jadeos y levantó la cabeza, atravesada por el orgasmo. Suavizó el agarre de su cabello y al bajar ahora la cabeza dio un suspiro ronco, calmándose. Zoey sentó el culo y estiró las piernas en el suelo, mirándola desde allí abajo. Al encontrarse sus miradas, la pelinegra sonrió juguetona mientras se repasaba con la lengua el labio inferior, relamiéndose. Mira dio otro suspiro cerrando un instante los ojos… y luego tomó aire. Se subió la ropa que Zoey le bajó y de repente la agarró desde un lateral, cargándola en los brazos. La levantó como si nada y la llevó a la habitación.

Habitación de Mira

Cuando la tumbó sobre su amplia cama, se le echó encima de inmediato. La besó con ganas, desgastándole la boca ya de inicio. Zoey se deshacía con aquella actitud. Le ponía mucho y más teniéndola encima. Mira ganó algo de distancia sólo para quitarle la ropa ferozmente. Antes de siquiera asimilarlo, la pelinegra ya estaba prácticamente desnuda. Mira frotó el largo de sus dedos por las braguitas, notando la humedad que estaba al otro lado de la tela. Introdujo la mano por debajo de ésta y presionó un dedo, que entró con suavidad, sin trabas. Zoey gimió débilmente. Y se empezaba a poner cómoda en las almohadas, pero de pronto Mira dejó de tocarla y se dirigió a la mesita de noche.

—Eh… ¡continúa!

—Eh —le tapó enseguida la boca con la mano, inclinando la cara a la suya. Se miraron con fijeza, y Mira le susurró—. Ni una sola exigencia, o me vuelvo a la cocina. Y te dejo así.

Zoey se quedó quieta y callada. Mira le guiñó el ojo y sonrió, más atrevida. Le dio un toque en la nariz antes de separar la mano de su rostro. Zoey tuvo que concentrarse para no toquetearse ella misma, porque sentía ganas. Pero Mira esta vez tenía también muchas ganas. Como acababa de tener un orgasmo, intentó tranquilizar la mente para no traicionarse a sí misma y hacerle daño. Le apetecía ser bruta, pero tenía que dejar de comportarse como un animal. En eso pensaba mientras la seguía devorando con la mirada y se ajustaba las correas del strapon. La mujer tan guapa que la estaba mirando bajó la mano, frotándose entre las piernas. Ahora la miró con el labio mordido.

—Eres peor que un niño descubriendo que tiene pilila —dijo entre risas, agarrándola de las manos enseguida. Se las apartó de allí y tiró para acercarla al borde de la cama. Le dio un beso suave y la agarró de las caderas, volteándola despacio al separarse. La colocó en cuatro y Zoey volvió a morderse el labio; miraba por el rabillo del ojo. La pelirrosa se escupió en la mano y la frotó entre sus muslos, deleitándose con la imagen de sus nalgas.

—Buf…

Zoey suspiró excitada y apoyó la cabeza, pero a la mínima que Mira sintió que se estaba tumbando la recolocó como quería, sin permitirle bajar los brazos. Ajustó la punta del dildo en su cavidad y apretó con la cintura, pero enseguida sintió su contracción. Se puso algo nerviosa al notar que no le entraba y que apretaba las manos en las sábanas.

—Espera…

—¿Duele…? —dejó de avanzar. Zoey no le respondió. Se quedó callada, simplemente sintiendo. Le sorprendía comprobar que las sensaciones no fueran las mismas que cuando Mira la penetró cuando estuvo tumbada bocabajo, hacía ya un tiempo. Las caricias de su novia sobre ambos cachetes la relajaron un poco. Mira empuñó mejor el juguete y frotó con la punta sus labios vaginales. Volvió a penetrarla lentamente y de a poco, situó las manos en su pequeña cintura, jalando. Zoey emitió un jadeo al sentirla tan profundo, y balbuceó adolorida al sentir un último empujoncito, con el que el abdomen de su novia ya rozaba su espalda. Se lo había metido todo. Mira se echó sobre su espalda y la besó en el hombro, trasladándose también a su oreja. Pero a poco de calmarla, se fue poniendo recta y comenzó a embestirla despacio.

—Auh…

Al apretar un poco el ritmo Zoey notó que la penetraba hasta el fondo, y aunque la primera sensación fue dolorosa, enseguida sintió que se dilataba de golpe con la siguiente embestida. Era como si su sexo se abriera solo, aunque notaba la piel tirante todavía. Y el choque los cuerpos se hacía sentir más en la habitación. Un gemido repentino, más lastimero, hizo que Mira perdiera los papeles del todo y empezara a follarla con más violencia y rapidez, sujetándola de la cintura. Le ponía un montón ver la cara enrojecida y el pelo agitado de su novia, botando igual que sus pechos cuando le daba. Al tomar aquel ritmo Zoey se excitó mucho más y empezó a jadear con más fuerza. Su cuerpo cambió drásticamente de sensaciones. Al placer absoluto.

Qué gusto…

Era extraño pasar de la incomodidad al placer más voraz cuando le daba con más fuerza… en un lapso tan ridículo de tiempo. Casi parecía contradictorio, pero en su cuerpo, así era casi siempre. Era como si la necesitara con esa rudeza para llevarla rápidamente al cielo. En aquel encuentro además, el ascenso al primer orgasmo estaba siendo insultantemente fácil. Zoey, al no tener más experiencias sexuales previas, concebía aquello como una especie de devoción. Estaba conociendo la mejor parte del sexo y con la persona indicada.

Mira sonreía al escucharla gemir. Zoey sólo gritaba así de agudo cuando ya le estaba costando resistir… por el placer del orgasmo a punto de caerle. Aceleró más las embestidas, atrayéndola de la cintura con más velocidad y se mordió el labio inferior al hincarle el strapon rápidamente.

—¡Ah…!

Cómo me pone oírla jadear. Es tan guapa.

Tuvo un buen calambre que atravesó su columna entera. Zoey agachó sin querer la cabeza y apretó más las sábanas, porque la fuerza de la pelirrosa casi que la empezaba a deslizar hacia adelante. Jadeó con fuerza cuando llegó al orgasmo, y la contracción interna de su vagina mientras Mira seguía con aquella velocidad le dio tanto placer como dolor. Mira no podía parar, porque al poco ella también llegó. Gruñó más roncamente, excitada al ver lo húmedo que salía el dildo del interior de Zoey. La había agarrado tan fuerte, que al retirar las manos con la que envolvía su cintura tenía la marca de sus dedos. Volvió a meter y sacar el dildo con la mano, sonriendo al acariciarlo y ver lo gangoso que estaba. Se lo metió de un empujón más seco, provocando un grito nuevo a Zoey. Mira aún disfrutaba de los últimos resquicios de placer al metérsela hasta el fondo, la presión era increíble cuando lo hacía. Zoey lo resistió unos segundos, pero al poco adelantó el cuerpo y cayó de bruces en el colchón, respirando rápido y agotada. Una fina capa de sudor le perlaba la espalda.

—Agh… me has cansado…

Joder, pensó Mira al oírla. Qué rápido. Qué polvazo.

—Creo que podría echar veinte como este… —hinchó las mejillas al resoplar, muerta del gusto. Se desenganchó el strapon y enseguida le separó las piernas a la pelinegra, pegando el coño al suyo. Frotó ambos clítoris, haciendo que Zoey se alterara y posara una mano en su pierna.

—Espera… en serio, estoy agotada —balbuceó, suspirando fuerte. Mira asintió y se tumbó algo más abajo, quedando sobre sus pechos. Los amasó con las manos y pasó la lengua por uno de ellos, envolviendo el pezón con la lengua. Zoey se excitó de golpe con esa imagen. Mira saboreó ambos pezones hasta dejarlos erguidos, luego dio un último suspiro antes de acomodar la cabeza sobre su pecho. Ahí escuchó el tronar de la agitada respiración. Sonrió.

—Ya te escucho… y eso que sólo has puesto el culo.

—Ogh… —la abrazó desde abajo riendo—, son muchos meses ya en cama, sin entrenar absolutamente nada… no puedo ni subir tres escalones sin cansarme —la besó en la cabeza y susurró—, además, ¿crees que no tengo que hacer fuerza para aguantar esos empujones?

—Si soy yo la que te tira hacia atrás… —musitó divertida, incorporando de nuevo medio cuerpo. La agarró de la cintura con las manos, juntándolas al presionar ambos lados hasta casi envolverla con ellas. Y la chocó en el coño dos veces, con fuerza. Se mordió el labio, mirándola cachonda—. Quiero hacerlo más. ¿Puedo?

Zoey asintió, un poco drogada por la situación. La recorrió de arriba abajo.

—Y puedo… ¿hacerlo yo contigo?

Mira volvió a tumbarse sobre ella, retomando pequeños besos por uno de sus senos. Habló entre beso y beso.

—Sí. Claro que puedes.

—¿Sí…? Genial… ¿qué postura te gusta?

Mira chupó delicadamente uno de sus pezones. Al soltarlo, empezó a agitar la lengua arriba y abajo para volver a estimularlo. A Zoey se le nublaron los pensamientos tanto al verla como al sentirla.

—Re… responde… —insistió.

Mira sonrió enseñando los dientes, sin dejar de lamer… ahora mirándola. Sólo paró cuando Zoey se cubrió el seno con una mano, interfiriendo. Mira la miró con diversión y se puso pensativa.

—¿Siendo la que recibe? Am… todas —ladeó la cabeza—, bueno, no. Todas no. Esta que acabas de hacer tú me cuesta un poco.

—¿Te duele?

Nunca le conté ese detalle, supongo. Sabe que me tocó y que me tiró del pelo, aunque… cuando le di el puñetazo a ella, esa postura también fue una de las causas.

—Me pone mucho, pero a veces me trae ese mal recuerdo.

—¡Oh…! —Zoey la miró preocupada—, no, no, olvidémosla, hay muchas más. Esa no.

—No quiero olvidarla. Sólo tengo que… ¿gestionarla…? De otra forma. Porque sí que me gusta —llevó una mano a su flequillo, acariciándolo con los dedos—. Me gustaría que te pusieras encima y ya está, por ser tu primera vez. A mí me pone a mil metértela así… —sonrió y le quitó despacio la mano de su pecho, abarcándolo de nuevo con la boca. Zoey cerró los ojos más excitada todavía. Le palmeó el hombro suavemente.

—Vale… pónmelo, ya estoy lista.

—Deja que te ponga el dildo por el otro lado. Así tú también notarás la penetración.

Ambas se irguieron sobre la cama. Zoey gateó hasta el borde de la misma, observando con atención cómo Mira insertaba una polla sintética de menor tamaño por la cara interna del strapon. Ya lo habían usado antes de aquella forma, aunque esta vez el dildo pequeño era otro. Mira la empujó a la cama con una sola mano, haciendo que Zoey la mirara con las cejas alzadas. La menor le tendió la mano.

—Dámelo, ahora voy a ponérmelo yo.

—Ya lo sé… —la pelirrosa se acomodó sobre ella con el brazo estirado hacia la mesita de noche. Extrajo del cajón un sobre con lubricante y envolvió con la mano el pequeño dildo, dejándolo listo. Acto seguido lo situó entre las piernas de Zoey, jugando con aquel glande a frotarlo entre sus labios vaginales. Zoey apretó los dientes, conteniendo más gemidos. Bajó ella misma la mano y situó mejor el juguete, hasta metérselo. No sintió sino más placer aumentado. Mira sonrió y se incorporó un poco para subir las correas y adaptarlas al tamaño de sus nalgas y caderas. Zoey empezó a desternillarse de risa.

—¿Me veo bien? ¡Ahora soy como un hombre!

—Claro… todos los hombres tienen penes de color fucsia, ¿no lo sabías?

—Yo tengo más estilo —se mordió el labio entre risas. El dildo que se erguía entre sus piernas no era pequeño. Zoey lo empuñó con la mano y se puso rápido en pie, trotando hacia el espejo de cuerpo completo que había en la habitación. Se miró por todos los ángulos y finalmente lo soltó, moviendo un poco solamente las caderas para que el falo se ondeara en el aire. Se volvió a carcajear al ver cómo el pendulaba de un lado a otro—. Qué risa, fu…

—Eh —levantó un poco el tono, sentándose en el borde de la cama. Le indicó que se acercara al mover el dedo índice hacia ella—, ven, ven aquí. No te me distraigas.

Zoey regresó a la cama y junto a Mira, avanzaron más al centro del colchón. La sostuvo de los hombros e inclinó el rostro para besarla. Mira seguía muy cachonda. Hervía del gusto al notar su lengua juguetona, había aprendido mucho a su lado. Y es que el despertar sexual de Zoey había sido por completo a su lado. Cada cosa llevada a la práctica. No podría soportar jamás que Zoey hiciera aquello con otra persona. Y más de una vez había tenido horribles pensamientos creyendo que querría probar también con un hombre. Su entorno la empujaba y la convencía para ello cuando tenían ocasión. Ignorar esos pensamientos le costaba. Pero ayudó la predisposición que tenía en ese momento cuando la agarró de las tetas, apretándolas con los dedos. Mira la sostuvo del rostro y la alejó un poco.

—Cuando vayas a meterlo, hazlo despacio —murmuró en sus labios. Zoey asintió y volvió a cerrar los ojos, metiéndole la lengua y saboreándola sin pausa. Ambas se pusieron a tono con ese morreo. Zoey no dejó de estrujarle los pechos con las manos, hasta que tanta estimulación tuvo sus frutos. Al separarlas de allí concluyó pellizcando débilmente ambos pezones, haciendo que Mira tomara aire profundo. Zoey la besó en la mejilla justo después y la tumbó sobre la cama. Y enseguida se situó entre sus largos muslos. Se quedó unos segundos mirando hacia abajo y bajó finalmente la mano al largo del juguete, buscando la entrada vaginal. Empujó con las caderas y Mira sorbió saliva, conteniendo una mueca de dolor. Bajó la mano junto a la de ella y la frenó delicadamente.

—Primero lubrícalo, como he hecho yo contigo.

—Sí, perdón —retiró el dildo y buscó con la mirada el sobre que usó Mira previamente. No tuvo que buscar nada. Mira le tendió uno entre dos dedos, que parecía igual que el envoltorio de un condón. Zoey lo cogió y trató de mordisquearlo, pero el condenado no se abría. Lo separó y miró con el ceño fruncido, estudiándolo desde todos los ángulos. Al morderlo por segunda vez salió el líquido disparado de golpe por todas partes. Se quedó con el sobre mordido entre los dientes y los ojos abiertos de par en par. Mira explotó a carcajadas.

—¡¡¡Tendrías que verte ahora mismo la cara!!! ¡Jajajajajaja…!

Zoey apretó lo que restaba en el sobrecito y cubrió con él el glande sintético con la mano, mientras la observaba con una sonrisa maliciosa.

—No te rías de mí…

—Es que… eres tan tierna… pero tan virgencita…

Volvió a acercar su entrepierna y condujo la punta a su coño. Al empezar a apretar Mira tomó aire, tratando de evadir del todo sus risas. Ella notaba bastante la presión. No le costaba darse placer a sí misma, pero sabía por experiencia que cuando era otra la persona quien ejecutaba el control, a su cuerpo le costaba más ceder. Parte de ella, aunque ínfima, estaba siempre algo alerta. Y Zoey quería hacerlo bien, aunque su torpeza estaba. No la estaba apretando en el ángulo correcto y comenzaba a dolerle. Zoey se dio cuenta de que no entraba y lo sacó. Probó a introducir un dedo, con el que ya se conocía mejor el camino y el ángulo. Éste entró, pero se sorprendió de lo contraída que estaba. Subió la mirada a su cuerpo y se centró en sus ojos. Mira observaba con atención sus movimientos allí abajo. Retiró el dedo despacio y se volcó sobre ella, acaparando toda su atención.

—Cuando eres tú quien lo utiliza, me deshago… porque te estoy mirando hacerlo.

—¿Ah sí…? —sonrió la otra. Zoey le condujo el mentón hacia ella y la besó, largos segundos. La respiración de Mira se alteraba por instantes. Cuando Zoey se distanció, Mira la observaba totalmente drogada.

—Sí.

Bajó la mano de nuevo y situó mejor el dildo entre sus labios vaginales. La cavidad estaba ligeramente orientada hacia abajo, tenía que enterrarse un poco. Al adelantar las caderas sintió un suspiro agitado de Mira y cómo tensaba el abdomen, pero su cuerpo le dejaba paso. Zoey abrió los labios, dando un pequeño balbuceo en el oído ajeno. No esperaba el placer que devolvía el juguete, ya que también se penetraba con aquello. Y más teniendo en cuenta la contracción. La abrazó desde arriba y onduló despacio las caderas, embistiéndola despacio. Mira estaba tensa y lo sentía, pero su cuerpo sí respondía. El dildo la dilataba a cada nueva embestida. Cuando Zoey la mordió en el lóbulo de la oreja fue como si la llevaran al cielo repentinamente, se relajó, excitada y notó como entró hasta el fondo, lo que le dio mucho placer y una agradable tensión en los músculos. Gimió. Zoey dejó su oreja y dio varios besos suaves sobre sus labios, mientras se ponía cómoda en esa postura. Era mucho más cansada de lo que creyó y costaba llevar un ritmo, incluso si éste era sosegado. Mira gimió débilmente entre beso y beso, al sentirla hasta el fondo en todas las penetraciones. Zoey acomodó la cara en su cuello y expandió las manos bajo la almohada, aferrándose a la funda para poder impulsarse mejor. Estaba cachonda, con la piel encendida de calor, y más cachonda se puso aún al sentir las manos de Mira. Con una la acariciaba de la espalda, pero la otra apretaba con saña una de sus nalgas cada vez que se metía en ella. Siguió embistiéndola adquiriendo un ritmo más veloz.

—Sí… así me gusta —pronunció en su oído, apretándola del culo. Zoey gimió al disfrutar profundamente cada embestida. La besaba del cuello sin detenerse, y Mira dio un suspiro y deslizó la palma de la mano por su espalda hasta acariciarla de la cabeza. Zoey respiraba más costosamente según pasaba el tiempo, y Mira no tardó en notar cómo su piel blanca volvía a sudar. Zoey se dio impulsos más fuertes, casi empujándola con golpes de cadera, y la agarró con fuerza de un pecho. Mira quebró un jadeo empezando a contactar con el clímax, cuando justo la pelinegra paró los movimientos, respirando exhausta. Buscó penetrarla de nuevo, pero no aguantaba ya el ritmo, y la vio con movimientos más imprecisos. Mira se relamió los labios y la detuvo—. Siéntate. Apoya la espalda en el cabecero.

Zoey respiraba cansada, porque lo estaba. También estaba excitada. Pero obedeció a Mira porque la expectación de lo que ella tenía que decirle o enseñarle siempre era superior. Y tampoco se sintió defraudada con lo que vino a continuación. Mira se frotó con la mano su propio clítoris y tras lubricarlo un poco se le subió encima, acomodando el dildo en su cavidad. Oyó la respiración contenida de Zoey al sentársele encima; le incidía profundo gracias a su peso. Mira se pegó a ella y la besó, mientras agitaba de pronto de forma veloz su cuerpo para follarla. Los sentones hicieron que Zoey interrumpiera constantemente el beso, totalmente ida. Se le pusieron los pezones duros y sólo le salió acariciarla de la cintura mientras ella bajaba el cuerpo con esa violencia. Mira la agarró de la cara y le metió el pulgar en la boca, y Zoey cerró los ojos mientras jadeaba, chupándolo. Pero no llegaba a succionar siquiera, tenía el placer totalmente concentrado en su propio sexo. De golpe y tras varios sentones fuertes, uno de ellos la trastocó de punta a punta y gimió más agudo, y Mira supo que se estaba volviendo a correr. Incluso con su peso encima, notó cómo una de sus piernas tenía algún temblor involuntario.

—Muy bien… me encanta que te corras mientras te follo fuerte —murmuró la pelirrosa, disfrutando al oír los débiles jadeos brotar de esos labios. Los besó. Zoey acababa de quedar inutilizada tras tanto placer. Ya no tenía más fuerzas. Pero gimió al notar que Mira se agitaba de nuevo sobre ella, esta vez arrastrando las caderas de adelante a atrás con la misma fiereza. Cuando llegaba al orgasmo, Zoey se mordió el labio. También la ponía cachonda ver a su novia nerviosa, con las cejas fruncidas y bajando la mano a estimularse con más velocidad. Bajó de golpe una última vez y agachó la cabeza, suspirando hondo.

Al acabar, también se echó de golpe sobre la cama. Rodó hasta quedar al lado de Zoey, cuyo abdomen aún se movía arriba y abajo, con fuerza. Mira sonrió de lado con maldad y empuñó el dildo, empujando hacia abajo y forzando una curvatura que estimulara el punto G de la menor, cosa que logró inmediatamente. Zoey gritó riendo y la apartó, entre jadeos.

—Ya… no puedo más… estoy agotada.

—Yo también. ¿Cuánto llevaré sin hacer nada? —suspiró—, como dos semanas o así.

—¿Qué…? —Zoey perdió la sonrisa. Mira se abalanzó sobre ella con rapidez.

—Que es brooooma…

—No, Mira, eso no —la empujó de mala gana, pero Mira la agarró deprisa de ambos brazos y la apretó contra la cama. La miró fijamente.

—Perdona, perdona. No era más que una broma. No seas tontita… llevo a dos velas desde que tú me tocaste. Te he echado tanto de menos…

Subió una mano a su mejilla, que logró tranquilizarla de a poco.

Tengo que tener más cuidado, pensó la pelirrosa. Zoey dio un suspiro más largo, dejando salir la renovada preocupación. Pero al final sus palabras lograron repararla. Mira la volvió a besar en la boca.

—Siempre vas a ser la única para mí —murmuró, dándole múltiples besos en la mejilla, en la boca, en el cuello—. No tengo más sitio en el corazón… que para ti. Así que… —paró a mirarla con una sonrisa—, no me dejes nunca.

—No… y tú tampoco. Sufriré mucho.

—No pensemos en cosas tan feas.

—No, yo quiero saber… ¿qué pasaría si yo me fuera con otra persona? —Zoey la miró con fijeza, acariciándole un mechón de pelo—, creo que no te puedes hacer una idea de lo que jode algo así…

—Creo… que me deprimiría —se echó a un lado y quedó bocarriba, mirando al techo—, oh, sí. No creo que pudiera levantar cabeza.

—¿Sí? ¿Tanto bien te hago? —preguntó con una sonrisa. Mira la observó con una pequeña sonrisa.

—Sí.

—¿No me cambiarías nada de nada de nada…?

—Nada.

—Ay, no seas mentirosa… vamos, con sinceridad. ¿Qué me cambiarías?

—Nada —respondió con una sonrisa—, te quiero con todo. El pack entero.

—Vale, ¿y si te obligara a decirme algo que cambiar…? —se apoyó en la mano y la miró de cerca. Mira tomó aire.

—Tu inseguridad. Pero no por mí. Por ti —a Zoey se le cambió un poco la cara, a una expresión de curiosidad—. Creo que las veces que más te he visto sufrir es porque no te crees cuánto te quiero.

—Yo… —suspiró más seria y se puso bocabajo en la almohada. Mira se giró un poco hacia ella y la besó en la cabeza.

—Pero sé que vas a mejorar. Algún día te darás cuenta de tu propio cambio. Y cuando mires hacia atrás… sonreirás.

Mira se le acercó más y la atrajo hacia sí, casi arrastrándola hasta quedar con el cuerpo de la pelinegra sobre el suyo. Le quitó ella misma el cinturón. Zoey curvó un poco más su sonrisa y buscó su boca, pero Mira la detuvo. Al mirarse, alzó las cejas y susurró.

—Y aunque a ti no te lo parezca, a mí también me da miedo que encuentres alguien mejor.

—No creo que haya gente como tú, Mira. Tan guapa, tan… madura y tan todo. Tienes tanto talento…

—Tienes el mismo o más talento que yo… y eres mil veces más guapa.

—No seas mentirosa —rio por lo bajo.

—¿Crees que miento? ¿quién tiene más seguidores en…?

—Rumi. En todas las redes.

Mira puso los ojos en blanco con diversión.

—¿Y la segunda…?

—¡Eso ya no importa, yo no quiero ser la segunda! ¡Nunca! ¡Con nada ni nadie!

—Millones y millones de chicos con cara bonita quieren meterte el pene —la vaciló con las cejas alzadas.

—Y a ti los dedos hasta la garganta. Y me dan más miedo esas mujeres…

—A mí… me gusta cómo me los metes tú —susurró con diversión. Zoey se enrojeció, un poco intimidada.

—Ya… ya… p-puedo mejorar…

—Ya te lo dije —se mordió el labio y subió un poco la cabeza, enterrando las palabras en su oído—, con todo el pack. No me importa la perfección. Me pone mucho cómo me lo haces. Y cómo eres… en todo.

Zoey soltó una pequeña risa, más nerviosa. Se le trabó la expresión al sentir cómo las manos de Mira le apretaban fuerte las nalgas. Habló intimidada.

—Deja de decirme cosas así, me dan ganas de volver a hacerlo…

—Sólo estoy esperando a que te recuperes un poco… —le pellizcó un glúteo, haciéndola chillar. Entonces empezaron a reírse.

(Denle like al vídeo que lo he editado yo y no les cuesta nada.)

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