CAPÍTULO 48. Personas polémicas
Pasó un tiempo largo. Huntrix regresó más fuerte que nunca. Imparables en su ascenso como grupo, y tras la ensordecedora noticia de que Zoey y Mira eran pareja, hubo un periodo de altos y bajos. Pero la fama y el dinero seguía multiplicándose en sus cuentas corrientes, y las entradas a sus actuaciones se vendían a los pocos minutos de ser ofertadas.
Bobby se convirtió en una piedra angular. Gracias a él, las chicas permanecían más unidas y más sanas mentalmente que los meses previos. Había una diferencia abismal entre su gestión y la de Higgins, que brilló por su ausencia en asuntos importantes. Para él, era fundamental que las jóvenes vivieran felices y que el estrés del día a día no lograra tumbarlas… o al menos, que no las tumbara con tanta facilidad. Y a pesar de que pudiera sonar injusto, sabía que una relación romántica era un peso extra en ese día a día, porque esas chicas, tan jóvenes, estaban también trabajando juntas a cada hora. Las había oído reírse, pero también discutir a lo largo de los meses. La diferencia entre una y otra y cómo se tomaban aquellos malos ratos variaba. Incluso más de lo que ellas querían proyectar. Zoey era más caprichosa, una personita con facilidad para cultivar los celos, y siendo Mira su primer amor real, había que cuidar su actitud. Mira parecía estar adquiriendo un rol materno para redirigirla.
Pero Mira tenía una nueva y perfeccionada batería. Sus ánimos habían mejorado. Su espíritu estaba sanando, así como gran parte de las brechas que arrastró ese par de años. El trabajo con la nueva psicóloga trajo consigo una amalgama de sentimientos, no todos ellos buenos. No tardaron en dar con la raíz del problema, que lejos de lo que ella misma se pudiera imaginar, ni siquiera venía de lo ocurrido con Ronald. El foco más intenso donde su personalidad adquirió aquel cariz venía del abandono de sus padres. Eso la convirtió muy joven en alguien que tuvo que madurar a la fuerza. No paró de trabajar desde que dejó aquella casa. Jamás. Sin pausa. Y sólo se había tenido a sí misma para infundirse ánimos cuando el cuerpo estaba agotado, y la mente sólo generaba pensamientos negativos. Hizo pocos amigos de verdad en su camino, pero cuando Ronald se cruzó en él y la colmó de adulaciones y promesas nacidas de su talento y lo guapa que era, incluso pese a lo malo conocido, Mira le permitió una fisura de confianza… en la que él se coló para hacer aquello. Entonces provocó que el trauma que ya tenía la apaleara aún más fuerte. Se sumó más dolor. El físico y el mental. El no poder contarlo. El haberlo contado y ver en ojos de la directiva esa expresión que ya conocía, porque la había visto en sus padres. La expresión de gente que no creía en ella… y que no iba a ayudarla.
Consulta psicológica
A la licenciada no le costó detectar el dolor que Mira tenía bajo varios escudos. Quería tratar el problema, pero era incapaz de hacerlo cuando los focos estaban puestos plenamente en el mismo. Con tiempo, y cumpliendo como Bobby le pidió, al final logró sentirse escuchada y entendió que aquella profesional preguntaba para ayudarla. Para entenderla. Para eso, debía ser sincera y abrirse.
Así que se abrió por completo. Bajo una situación controlada de regresión, la técnica conocida como EDMR. Situarla mentalmente, calmarla… para trasladarla a aquel horrible escenario. Porque en realidad, la manera más efectiva y radical de solucionar el trauma no era evadirlo… sino enfrentarlo. La licenciada logró sumirla bien en la hipnosis clínica. Mira estaba consciente, por supuesto. Aquel tipo de ejercicios no simulaba dormirla ni hacer nada con ella inconsciente. Pero logró dejarla en ese estado sumiso y receptivo que buscaba, para trasladarla al momento en el que estuvo vulnerable. Porque eso era lo que esa técnica requería. Como ya se esperaba, Mira empezó a temblar al acercarse a ese momento. Perdía el control, no podía manejarlo. Aunque eran movimientos más espasmódicos. Porque parte de ella seguía luchando por no enseñar ese lado débil.
Aquel fue, con diferencia, el peor día en aquella consulta. Abrió los ojos asustada, respirando azorada, y cómo no, sumida en otro ataque de ansiedad. Aquella vez con la psicóloga de su lado pudo controlar mejor su fisiología corporal.
—Tranquila, Mira, es la primera vez. Pero necesito llevarte ahí. Necesito llevarte ahí para hacer que tu cuerpo deje de reaccionar de esta manera. Ya no estás en esa situación de peligro, ¿entiendes? Así que… es lo que queremos hacer entender a tu cuerpo. Obviamente la primera vez no iba a ser fácil.
Mira no deseó volver. La había hecho llorar con una facilidad ridícula. No entendía por qué su cuerpo reaccionaba de aquella manera. Pero hablando con sus amigas, la convencieron de regresar.
Dos días más tarde
Consulta psicológica
—Es que no entiendo por qué me pongo de esa manera. No puedo entenderlo —dijo frotándose los ojos—, hay chicas que han pasado cosas muchísimo peores… a mí sólo… en fin. No es que quiera restarle importancia, pero…
—Fuera lo fuerte que fuera, causó en ti algo fuerte. Si no, no te estaría provocando todas estas reacciones. El corazón se te acelera inmediatamente y tus manos tiemblan.
—Es que me cuesta revivirlo.
—Esa es la principal diferencia que hay que hacer entender a ese cerebro —la señaló, animadamente—, lo estás recordando, no reviviendo. Pero tu cerebro lo sigue asimilando a encarnarlo. A vivirlo en primera persona. Y es normal, pero es un recuerdo. Y un recuerdo no puede ni debe provocarte en la actualidad la sensación extrema de peligro.
—¿Esto… tiene algún tipo de solución? Porque… la semana pasada… yo… yo…
—Esa sesión iba a ser difícil, es la primera vez que nos metemos tras tu caparazón. Está todo blando y receptivo en un trauma, cuando se toca… el cuerpo se pinza. Lo sabíamos… tu cuerpo sigue reaccionando a ese recuerdo como si estuvieras en la situación de lucha. O de huida. Tu cerebro tiene ya el patrón aprendido, no lo «traduce» con racionalidad. No le importa que ya no te encuentres ahí y no estés sufriendo en ese momento… tu mente se comporta como si te estuviera pasando. Y ahí es donde entramos nosotras. Tenemos que modificar esa respuesta. Hacer que cuando te acuerdes, tu cerebro no piense que está en peligro, sino… «sólo es un recuerdo. No tiene sentido reaccionar como si estuviera en peligro, porque no lo estoy. Esta respuesta es antinatural. Innecesaria». Y no sólo eso. Convencerte de que es así. Pero para eso necesito llevarte allí. Si no te ves capaz… claro que podemos intentar hacerlo de otra forma. Pero esto funciona, Mira. No haré absolutamente nada sin tu consentimiento.
Mira asintió, cerrando los ojos. Suspiró más largamente.
La conversación aquella tarde, sin embargo, no incluyó el mismo ejercicio. Aroa se limitó a hacer otras preguntas.
—¿Recuerdas cómo fue esa noche? Cuando viste que la directiva no creía en ti, y te fuiste esa noche a casa…
Mira no se había parado a pensar en aquello. Todas esas semanas estuvieron un poco en blanco, así que tuvo que hacer un doble esfuerzo para acordarse. Tragó saliva y se puso a reflexionar.
—Bueno, yo en ese momento trabajaba en otro grupo… con otras dos compañeras. Pensé en decírselo, de hecho. Pero al final, lo dejé en que… «intentó algo conmigo». Una de ellas me dijo que con ella intentó quedar, pero que le dio calabazas enseguida y que la dejó en paz.
«Intenté seguir preguntando para… bueno, intentar sonsacarle si llegó a ser igual de acosador, pero su actitud no parecía indicarlo. Y ya habían pasado unas cuantas horas… me sentía tan avergonzada de todo lo que me pasó que no quise arrastrarlas a ese asunto. Ellas también tenían mucho trabajo del que ocuparse, estábamos todas siempre hasta arriba. Las… dejé en paz.
Cuando me metí en la ducha me dolía un montón la cabeza. Siempre he tenido el pelo largo, pero nunca me había molestado el peso y ahora sí lo hacía… de los tirones que me dio. Pensé en cortármelo… porque… porque sabía que a él le gustaba. También me dolía todo el cuerpo, y… ahí abajo, me ardía. No estaba acostumbrada a un cuerpo a cuerpo así, tan salvaje. Y él tenía mucha fuerza, fue muy brusco y recuerdo bien sus asquerosas manos… eran grandes. Me sentí diminuta a su lado y eso también fue raro. Después de lavarme todas las heridas, me fui a la cama. Estuve buscando en internet todas las opciones a las que podía recurrir, pero las que verdaderamente hacían algo pasaban por un juicio… no estaba preparada para someterme a todo lo que implicaba eso, y menos si no había ningún tipo de testigo de su comportamiento previo. Y nada, al final pedí la baja inmediata. Fue un shock para el departamento, pero no me creían, así que… los mandé al cuerno. No sé cómo, pero BRETT se enteró enseguida y me ofrecieron un contrato. Lo agarré cual salvavidas. Nadie, ni una persona del despacho de ESTOID, volvió a contactarme… ni siquiera su director ejecutivo, que me vio al día siguiente empacando mis cosas y con un moretón en la cara.
¿Me preguntas por esa noche? No dormí nada esa noche, aunque si te digo la verdad… ya no lloré más. Esa noche no. Las peores noches fueron las siguientes. Me sentía como una mierda. Es más, yo sentía como si él realmente hubiera hecho todo lo que se proponía. Me sentía así. Y el maldito dolor de abajo no se iba. A veces sentía algún pinchazo cuando estaba en las coreografías. Ahí… me venía… me venía un…»
«¿Sí, Mira?», preguntó Aroa, mientras hacía sus anotaciones. Mira parecía sorprendida.
«Es que no lo he recordado en todo este tiempo, hasta ahora. Me daban flashbacks. Mientras bailaba, es cierto. Al bailar hubo un día que me dieron dos pinchazos ahí, y tuve que parar porque me venían flashbacks. Pero no me había acordado hasta ahora. Nunca.»
«Seguramente tu cerebro bloqueara ese recuerdo, porque también te hacía daño. Sólo lo hemos destapado al tratar de reconstruir esas fechas.»
Mira continuó.
«Cuando conocí a Rumi y Zoey tuve que enfocarme en entrenamientos y canciones diferentes, así que tuve un periodo de mucho sobreesfuerzo físico. Lo agradecía porque me mantenía la mente ocupada, pero no había una maldita noche que no recordara igualmente ese suceso. Así fue… los primeros meses. Después… bueno. Nos dimos cuenta de que teníamos una armonía juntas muy fuera de lo común y reconozco que eso redirigió mi vida por completo. Y… ahí sentí de verdad que levantaba cabeza. Los fans se triplicaron con cada videoclip que sacábamos y las firmas cada vez tardaban más en acabarse. Cuando nos convertimos en un fenómeno viral… me sentí muy realizada. Para entonces ya llevábamos mucho juntas y sentíamos que nos entendíamos. Me seguía acordando de aquello, pero ya no lograba hacerme sentir tan mal. Había días puntuales que me sentía mal, que notaba que la herida seguía… pero me obligaba a pensar en otra cosa y era un suceso tapado. Ya no quería que saliera a flote por nada del mundo. Así fue hasta que me lo encontré. Y… ahí ya… todo regresó como un bofetón. Y encima ese cabrón seguía haciendo de las suyas… trató de violentar a Zoey. La persona que mas quiero. Agh… verle de nuevo fue un horror, pero la recuperación de ella después de cómo la dejó… en fin, yo… es algo que no logro perdonarme. Y sobra decir que a pesar de que esté muerto, me sigo sintiendo mal a veces. Siento la fragilidad. Lo fácil que me puede dar un ataque. Eso no me pasaba antes de que él reapareciera… en fin.»
Casa Huntrix
Bobby se personó en la casa, como todos los jueves, para ultimar detalles de la agenda de cara a la semana que venía. Ahora, los calendarios de las chicas pasaban por su supervisión, pero no movía una sola tarea sin consultarlo con ellas. Cuando ya estaba todo cuadrado, se quedaba siempre a tomar algo. Hubo una temporada en la que se convirtió en una sombra similar a la que había sido Dae-ho cuando todavía estaba cuerdo. Pero con el paso de los meses, Bobby fue a más. Se convirtió en un amigo auténtico. Rumi sentía alivio cada vez que les llamaba, porque le veía como alguien resolutivo. Zoey se carcajeaba con él a todas horas. Y Mira le veía con otros ojos. Era, probablemente, el primer hombre después de mucho tiempo en el que sentía que podía confiar.
—Entonces, ¿cómo te ves? Si no te convence, podemos cambiarla —comentó Bobby, jugando con la taza de café. Estaban él, Rumi y Mira sentados a la mesa central.
—No, ella… es perfecta. No la cambiaré. No pensé que fuera a ayudarme tanto.
Zoey escuchó aquello último. No sabía el inicio de la conversación, así que ya con las orejas bien abiertas, atravesó el pasillo mientras degustaba un polo de helado. Puso una mano en el hombro de Mira y se quedó en pie, mientras miraba a Bobby. Ellos siguieron con su charla.
—Está bien. En cualquier caso, ya te lo dije desde un inicio. Si en algún momento quieres dejarlo o más bien sientes que no te está ayudando…
—Creo que necesito seguir tratándolo con ella. Ha pasado mucho tiempo, pero estoy notando cambios —asintió con firmeza. Bobby puso una mueca positiva con los labios y tecleó algunas cosas en su Tablet antes de girar la pantalla hacia ellas.
—¿Qué os parecen los trajes que luciréis la semana que viene? El sastre tiene aún que darle los últimos retoques, pero…
—¡¡Ah, son geniales!! —chilló Zoey.
—El mío me encanta —convino la pelimorada.
Mira sonrió; notó que Zoey se inclinaba a su oído.
—¿De quién hablabais? No me enteré de nada en la cocina…
—De mi psicóloga. Estoy muy contenta con ella —murmuró, mirándola con una sonrisa. Bobby también sonrió.
—La recomendé porque sé que es buena… mi familia tuvo mucho que agradecerle en su día.
—Yo también puedo ayudarte, ¿se trató un tema importante hoy? —murmuró Zoey, acariciando el hombro a su novia. Mira le echó una miradita sutil al mánager y luego se dirigió a ella.
—Luego si quieres te cuento un poco. Pero ya sabes que son conversaciones muy… no muy agradables.
Zoey la animó en el pasado reciente a iniciar aquellas sesiones. Claro que, fiel a sus dejes infantiloides -y completamente incapaz de ocultarlo de forma creíble-, estaba ya algo celosa. Porque desde entonces Mira le hablaba poco o nada de todo ese pasado sufridor.
—Pero yo también quiero ayudar —dijo, dejando el helado en uno de los platos de la mesa.
—Cuando son las sesiones acabo un poco saturada. Nos metemos mucho en situación y l-…
—Es que ya no me estás contando nada.
—Zoey —intervino Bobby, abandonando a un lado el ipad. La chica le devolvió una mirada breve pero recaló otra vez en Mira. Ella ya tenía un psicólogo desde antes. Lleva muy bien el tema de la ansiedad por sus padres… pero yo diría que le faltan otros ámbitos que tratar—. ¿Qué ocurre, va todo bien?
—Ah, ¡sí! —miró de nuevo a Bobby y sonrió, sintiéndose algo culpable. Se rio tratando de quitarle hierro al asunto—. Es que ahora sólo habla de su psicóloga…
Mira puso los ojos en blanco y le rodeó la cintura con un brazo, apretándola contra sí.
—El otro día la vio por primera vez, la vio guapa, y aquí la tienes. Celosa por temas que antes ni preguntaba.
—¿Cómo que celosa? ¿¡Celosa!? —gritó con el ceño fruncido—, eso es falso. Y yo sí que preguntaba.
—Uy, sí… falsa es la cara que pones cuando estás inventando sobre la marcha, como ahora mismo —rio la pelirrosa, mirándola con cierta ternura. Pero se dirigía a Bobby—. Pero sabe que no le permito ni una, así que busca pretextos para que no se note tanto.
Zoey odiaba ser cazada en sus piadosas mentiras. Pero lo que Mira decía era cierto. Un día fue a recogerla junto al chófer a la consulta de psicología; la vio salir entre risas con Mira, y al ver lo atractiva que era, su alarma interior se encendió tan fuerte que le entraron ganas de que Mira lo dejara.
Por supuesto, nada de eso llegó a ocurrir.
El móvil de Mira sonó. La chica miró la pantalla y se puso en pie, abandonando la mesa. Sus amigas la siguieron con la mirada y Rumi en concreto sonrió, volviendo la atención a su portátil.
—Ahora le da vergüenza hablar con su madre delante de nosotras.
—Me alegra ver qué cambio de relación están teniendo —apuntó Bobby. Zoey relevó el asiento que Mira dejó vacío.
—Sí, yo también. La veo mucho más feliz… —le salió una sonrisa de alivio. Mira estaba hallando la estabilidad perdida. Ambas se sorprendieron del carácter que Yuna escondía. Seung era un caso aparte, más estoico en sus formas, y mucho más reservado para abrirse sentimentalmente. Como sea, pensó, su relación ahora es bonita.
—Bueno, Bobby. Nosotras tenemos tres horas libres hasta el programa televisivo. Y teníamos ya planes… aquí mismo. ¿Quieres apuntarte?
—Miedo me dan vuestros planes, Rumi. No caeré en la trampa de engancharme a más doramas.
—Pst, ¡que no! —señaló el enorme balcón que tenían, que brillaba de la fuerza con la que topaba el sol—, ya el calor aprieta. Nos queremos poner… más morenitas.
—Ah, no no no. Me quedaré dormido —recogió el ipad y se puso en pie—, no olvidéis el calendario para el lunes. Ya a partir de esta noche se acaba vuestra jornada y hasta la semana que viene. Disfrutad el fin de semana.
—Vale, ¡adiós! —las chicas se despidieron alegremente de él y se marcharon a sus habitaciones para ponerse los biquinis. Estando en una planta tan elevada, podían hacer topless si se les antojaba. Pero no fue el caso. Después de preparar juntas el balcón con toallas en las tumbonas, sobre el césped artificial, se sirvieron unos refrescos e invitaron a Mira cuando terminó la llamada.
Balcón
Al sol, las marcas de Rumi por todo su cuerpo casi centelleaban. Pero no era lo único que lo hacía. También lo hacían las marcas de cicatrices que las tres sufrieron en el pasado, en la última batalla campal. La que más dorado emitía, era la piel cicatrizada de Mira. Del tajo que Ronald hacía ya muchos meses atrás le infligió. En otras circunstancias, Mira se habría sentido horrible. Con los sucesos que las acompañaron desde entonces, no perdió el tiempo en sentirse mal por ella misma: Zoey habría sufrido lo inenarrable, incluso había asesinado a aquel tipo. Sus cicatrices eran diferentes. Brillaban distinto, con menos fuerza.
—¿Por qué crees que será? Las tuyas… son más bonitas. Brillan mucho… —murmuró Zoey, acariciando esa área con las yemas de los dedos.
—Muy poca gente puede verlas tal y como nos las vemos nosotras —contestó la pelirrosa, mirando su cicatriz. Sonrió al sentir las agradables cosquillas que le hacía.
—Sí… ¿por qué será?
—Supongo que hay cosas que podemos ver… y el resto del mundo no.
—Ya… pues… de nuestras amigas, se ve que nadie es especial como nosotras tres.
—Sabéis… chicas. Mi madre puede ver el destello dorado. Me lo dijo —comentó, subiéndose las gafas de sol. Rumi la miró impactada.
—¿Es en serio? ¿Las ve?
—Sí… no sé cuánto hay de normal en eso. Sé que no es… cazadora ni nada así, pero…
—Eh, ¡¡eso sería la caña!! ¿Qué tal si lo fuera y también es un secreto que se quiere llevar a la tumba?
—No lo es, porque entonces yo no tendría que haberme enfrentado tan joven a ellos por… simplemente querer ser artista. Habría nacido de ella ser cantante también. O como mínimo, respetar mis deseos.
—A lo mejor no tiene por qué ser cantante —dijo la pelinegra, pensativa—, quién sabe. A lo mejor otro grupo de personas tienen otro honmoon, con otra energía… que se activa con otras habilidades.
Hubo una pausa. Cavilaban la idea.
—Zoey… esa idea es muy creativa —susurró Mira, quitándose del todo las gafas de sol de la cabeza—, pero no creo que todo el mundo se dé cuenta, ¿no? Quiero decir… nosotras nos encontramos.
—La vida nos dispuso juntas. A lo mejor tu madre tenía otra tarea oculta por cumplir… o ya la cumplió. ¿Os imagináis que ni siquiera lo sabe? ¿O que aún no encontró a las amigas con las que la resonancia aumenta?
—Yo no lo sé. Pero habiéndose comprometido tan joven y puesto a tener dos mequetrefes, su destino a lo mejor se truncó —comentó Mira, con sorna.
—O lo está haciendo en un universo paralelo —rio Zoey—, me encantan todas esas teorías locas…
—Pero fuera broma —ahora fue Rumi la que se acomodó las gafas de sol sobre la cabeza—, tiene que significar algo. A lo mejor no es cazadora, es cierto. ¿Pero qué tal si le sacas el tema?
—Ella siempre fue una persona sensorial, aunque nunca pude sentirme a gusto con ella como para extendernos en el tema. Era igual de cuadriculada que mi padre para cosas del día a día, y al final… se pudrió del todo la relación incluso antes de llegar a mi adolescencia.
—No creo que tu padre sea el mejor ejemplo de paciencia ni de… creatividad alguna —chistó Rumi, apartando la mirada. Volvió a bajarse las gafas y cerró los ojos.
—Es un imbécil. Yo ni sé qué pudo haber visto en él —dijo despreocupadamente, atrayendo su móvil en la mano. Zoey le apartó un poco el móvil para tumbársele encima, haciendo chirriar la tumbona en la que estaban. Soltó una risita y besó a Mira en la mejilla tiernamente.
—Yo sí sé qué vio en él… sois los dos igual de guapos.
—¿Qué diantres dices…? —Mira rio suavemente, acariciándola de la espalda. Rumi habló de fondo.
—Sí que os parecéis. El tipo está mayor, pero… la genética no miente.
Zoey y Rumi rieron con complicidad. Mira alzó una ceja.
—¿¡Por qué no cerráis la boca las dos…!?
—Ay… tu hermano va para el mismo camino. Ya verás cuando tenga nuestra edad.
—¿Ah sí…? —Mira llevó la mano a la cabeza de la pelinegra y se aproximó a su oído—, ¿y le vas a hacer las mismas cosas que me haces a mí…?
No faltó mucho para que a Rumi la distrajeran los claros sonidos de besuqueos con lengua a su lado.
—Coño, ¡estáis salidas! ¡Id a un hotel!
Mira y Zoey sonrieron parando sus besos, pero se seguían mirando entregadas. Sólo las terminó de distraer el móvil de Rumi sonando. Ésta puso los ojos en blanco antes de mirar la pantalla con aburrimiento.
—¿Quién es…?
—Ese… del grupo RAHN.
—Te tira los trastos sin parar, eh —rio Zoey—, ¡ni siquiera es guapo!
—Tenía un pase —respondió Rumi, que después de desviar su llamada, le tecleó un mensaje rápido—, era divertido.
—¡¡Pero muy feo!!
—No seas tan malilla… —comentó Mira riendo—, se la tendrá que ganar de algún modo. No todo el mundo es tan guapito como tú.
Rumi bostezó largamente mientras seguía contestándole a los mensajes, aunque de pronto aquel muchacho volvía a llamarla. Puso los ojos en blanco y finalmente descolgó.
—Liam, ¿se te perdió algo…? —Rumi se puso en pie y avanzó hasta el final del balcón para hablar en privado, ante la atenta mirada de sus amigas.
—Yo ya no me fío de ningún hombre de esta industria —murmuró la pelirrosa. Zoey asintió.
—Después de que los Saja y Ronald… ah, perdón —la miró—, no quería mencionarle.
—Tranquila. Estoy muy bien.
—Wah… tengo un sueño… —cerró los ojos y se desplazó algo más abajo, apoyándose en su esternón. Mira hundió los dedos en su cabello negro, acariciándole despacio la cabeza—, ah, sí, sigue haciendo eso…
—Vale… —susurró mimosa.
Rumi regresó a los veinte minutos, soltando el móvil sobre la mesa exterior y resopló largamente, volviendo a situarse sobre la tumbona.
—Ah… ese engreído me ha pedido una cita.
—Ja, sabía yo… —murmuró Mira, hablando en un tono más bajo—. ¿Qué le dijiste?
—¡Ese loc-…! —iba a gritar pero Mira le chistó rápido, señalando a Zoey. Se había quedado babeando sobre su pecho. Rumi bajó la voz y se rio—; ¿se ha dormido?
—Sí…
—Pues… —puso una mueca mirando de reojo el móvil—. Se ha puesto a decirme todo lo guapa y buena artista que le parezco, pero… al final va y me pregunta, «bueno, ¿entonces vamos a quedar o no? Que estoy aquí alabándote como tonto y parece que voy a tener que suplicarte o algo, tsk…»
—Aléjate mejor de ese imbécil. Lo poco que le conozco y ya no me gusta.
—Sí. Paso. Seguiré soltera hasta los cuarenta y cinco. No quiero saber nada de tíos. Son todos mandriles. Es más, me haré lesbiana. Tú antes de Zoey, ¿no habías…?
—Claro, como si eso se pudiera decidir así de la nada —soltó una risita. Siguió con las caricias sobre el pelo de Zoey, mirándola con cariño mientras hablaba—. Am… sí que estuve con algunas chicas. Pero siempre había una razón para alejarse de ellas.
—¿Y cómo sabías que Zoey… iba a ser la correcta?
—Al principio no lo sabía. Pensé que iba a dejarme de lado —la miró curvando una pequeña sonrisa—. Yo nunca le he pedido salir a nadie. Siempre me lo han pedido a mí. Igual que nunca empiezo a liarme con nadie… siempre ha sido la otra persona la que ha dado el primer paso. Ella se tomó esas molestias, y aunque al principio me asusté, no… no lo sé. Se quedó. Ja… —rio despacio—, la primera noche que me abordó en mi cama creo que me enamoré hasta los huesos. Nunca sentí algo así.
Rumi sonrió con más ternura. Cogió de nuevo su móvil, pero esta vez activó la cámara.
—Estáis tan perfectas ahora… ¿puedo sacaros una foto?
Mira la observó de reojo y sonrió, asintiendo suavemente. Se quedó mirando a Zoey y le ordenó un poco el flequillo. No posó más allá de quedarse quieta mirándola. Rumi sonrió y se la envió.
—¿A ver…? —Mira tomó su teléfono intentando no moverse mucho y abrió la foto. Era perfecta. El sol en una esquina, ellas abrazadas en la tumbona. Se veía el anillo que Zoey le regaló en el dedo central. Pese al contraste de luz, se apreciaba que su novia dormía sobre ella—. ¿Crees que le molestaría que la subiera a mis redes?
—No creo. Pero no lo hagas sin preguntarle.
Mira contuvo sus ganas y desplazó el pulgar al apartado de la aplicación donde se configuraba la hora exacta de las publicaciones. Puso unas dos horas de margen y dejó el móvil de nuevo sobre la mesita.
Aunque la gente ya lo sepa, Bobby nos sugirió discreción con el contenido juntas. ¿Por qué tengo ganas de gritarlo al mundo igualmente?
Se quedó simplemente ahí, notando el agradable calor solar en la piel y el peso de su novia. Zoey tuvo un pequeño espasmo, usuales cuando tenía sueños o pesadillas. Balbuceó, pero no despertó.
—Ya hace tiempo… —murmuró para sí, acariciándola de la espalda. Pasó unas semanas ya desde que su chica no tenía sueños horripilantes. Pero de vez en cuando volvía algún episodio. Era difícil controlar el subconsciente, Mira lo sabía bien. Y cuando pasó más tiempo y Rumi también cayó en siesta profunda, se hizo el silencio. Mira no se cansaba de acariciarla, ni de olerla. Tenerla encima le encantaba. Escuchar su respiración… sentirla piel con piel. Siempre que ocurrían aquellos momentos, o que despertaba en mitad de la noche y notaba sus manos en su propio cuerpo, perdía la cabeza del gusto. La amaba.
¿Y el día que algo malo pase y ya no estemos juntas? No podré superar una ruptura… no si es ella de quien tengo que alejarme.
Volvió a acariciarle el pelo negro. Era fino y sedoso. La hizo suspirar.
No podría alejarme. Qué problema. ¿Cuánto puede durar ser tan feliz?
Se palpó el anillo que tenía en el dedo. Zoey se removió un poco sobre ella. Y Mira, ya hasta sonrojada por todos los sentimientos que le revoloteaban dentro, acarició sus labios con el pulgar. Zoey parpadeó somnolienta y fijó poco a poco su mirada en ella.
—Mira… me he dormido un poco… estaba soñando.
Mira sonrió con ternura.
—Ahá…
—¿Ya tenemos que irnos?
—Aún no. Duerme un poco más.
—Vale…
—Pero antes… ¿me besas?
Algo adormilada, se posicionó un poco más arriba y la besó en la boca. Mira sonrió al corresponderla. Nunca había tenido tan claro lo que era la felicidad.
Y supo que en aquel carrusel de vivencias que tenía la fama, el valor de una relación así con una persona como Zoey, valía mucho más que el oro. Estaba profundamente enamorada, tanto que le dolía. Tanto, que le jodía separar el cuerpo del suyo en casi cualquier circunstancia. Tenían muchos fans que aprobaban la relación… y también una horda de haters con comentarios homófobos de los que Bobby y el equipo de abogados se estaban encargando todas las semanas. Eran, desde que aquello se supo, personas polémicas, y se prendieron nuevos sectores que las sexualizaban más aún de lo que ya antes eran sexualizadas.
Pero hasta incluso eso, con sus más y sus menos…
Era la vida que Mira deseaba.