CAPÍTULO 6. ¿Podemos…?
Al principio no quiso creérselo. Parpadeó confusa y estuvo a punto de hablar, pero todo el cuerpo le dio un escalofrío cuando sintió la humedad de su lengua. La lamió antes de volver a besarla. Ahora los chasquidos labiales de cada beso los podía escuchar a la perfección. No se los inventaba su cabeza. Estaba ocurriendo.
—Zoey —susurró volviendo a separar su cara. Zoey se jactó, igual que un niño al que le apartan la piruleta, y se le encaramó más, retomando los pequeños besos. Mira comenzó a sentir algo más que sorpresa. Y algo más que escalofríos. Parte de ella se ennegreció. Volvió a susurrar—. Zoey, para. Eh.
Zoey estiró el cuello para volver a alcanzarla, pero Mira le devolvió una mirada muy fija, acusatoria. Se miraron de cerca.
—Yo…
—No sé qué estás haciendo… no te entiendo. Me dijist-…
—Ya… ya sé lo que dije… —balbuceó apenada. Fue a acariciarla de la mejilla pero Mira le agarró con fuerza de la muñeca, parando toda suavidad.
—¿Crees que puedes tratarme como a un juguete…? ¿Eso es lo que soy para ti?
—N-no… por favor, no me hables así —apenó la expresión y tras un puchero volvió a sollozar, haciendo que Mira abandonara la seriedad de su rostro. Verla tan afectada le llegaba al alma, no podía evitarlo. Poco a poco paró de sujetarle la muñeca y ablandó el tono de la voz.
—Si no me cuentas qué pas-…
—No quiero contarlo ahora, pero no tiene que ver contigo, Mira. Por favor, no me hagas hablar.
—…
—…
Se miraron fijamente varios segundos. Zoey tembló una vez más y recorrió a su amiga con la mirada. Le parecía preciosa. Y claramente estaba confundida. En parte, ella misma también lo estaba. Mira acabó dando un resoplido tragándose sus palabras y dejó caer la cabeza de nuevo en la almohada. Pero Zoey no podía dejarla. Ni siquiera tras su recriminación. Con los ojos aún húmedos posó la mano en su mejilla y le giró la cabeza, besándola en la boca. A Mira se le cruzaron los cables y estuvo a punto de apartarla más agresivamente. Pero no pudo hacerlo. De pronto recordó que no tenía en sus brazos ahora a una chica ebria, sino a su amiga buscando un refugio y acudiendo muerta de miedo. Así que respiró profundo, calmando los nervios, y casi como por arte de magia, su cuerpo cambió drásticamente la sensación de enfado hacia una de entrega según sentía continuar el beso. Cerró los ojos y la agarró de la cintura, colocándola por completo sobre su cuerpo. Correspondió a su beso despacio, moldeando los labios contra los de Zoey, y se excitó al notar su lengua de nuevo buscando la suya. Su cuerpo se calentó. Tras unos segundos donde sus bocas seguían desgastándose, hizo un esfuerzo por distanciarla. Zoey no quería que se separara. La agarró con más firmeza de las dos mejillas para volver a besarla, pero su amiga habló antes.
—Espera.
Zoey parpadeó drogada, y movió delicadamente los dedos en su mejilla.
—¿Qué pasa…?
—Necesito saber que haces esto… porque quieres hacerlo. ¿Entiendes…? No que luego me… —Zoey trató de besarla a traición y Mira sonrió un poco, apartando la boca—. Es en serio, no estoy de broma.
—Ya lo sé. Yo tampoco.
¿Entonces? ¿Esto…? ¿Significa que…?
Zoey apretó más su cuerpo contra el de la pelirrosa y le mordió el labio inferior, antes de comérsela. Mira balbuceó siguiéndole el beso. Se moría de ganas. Pero su mente también recordaba lo que apenas había pasado hacía día y medio. Su cuerpo le estaba pidiendo como loco tocarla y pasar a mayores, mientras que su mente se intercalaba de vez en cuando, recordándole algo todavía más pesado. Mira fue ahora quien la agarró de repente de las mejillas. La miró con fijeza.
—Yo sí te quiero… a-así que…
—Mira… —la interrumpió en el mismo susurro—, ya lo sé. Y gracias a ti… ya no estoy asustada…
Mira sintió aquella respuesta reconfortante. Tan reconfortante como para hacer de lado más preguntas… cuyas respuestas le interesaba saber. Su mente se abandonó a los hechos. Y los hechos eran que la pequeña Zoey estaba volviendo a besarla, acariciándola de las mejillas. Mira se dejó drogar. Relajó el cuerpo y siguió el beso, que sólo detenía para comenzar otro. La respiración se le agitaba cada vez más. En un momento dado no resistió la tentación y la movió para dejarla bajo su cuerpo y colocarse ella encima. Zoey dibujó una sonrisa calmada, elevando sus enormes ojos marrones hacia ella. Mira le encantaba. Desprendía un aura de autoridad que la atraía. Y ahora que lo pensaba, llevaba mucho sin verla con su pelo liso suelto, sin más; dos largos mechones llegaban hasta su propia cara. Mira paseó una de sus largas manos por el cuerpo de la pelinegra, parando justo en su pecho. Entonces volvió a mirarla fijamente.
—¿Estás cómoda…?
—No lo suficiente… —susurró, llevando sus manos más pequeñas a los botones de su propio pijama. Los estaba abriendo. Mira tragó saliva. Le impresionó ver la actitud de Zoey. Pero por muy mona que fuera, deseaba arrollarla. Según deslizaba las manos al botón siguiente, Mira respiraba pesadamente. Antes de que acabara siquiera, separó a los lados y con delicadeza la blusa de raso. Tenía unos pechos bonitos, algo más voluminosos que los suyos. Algo pareció apropiarse de ella al instante. Le juntó las piernas a la pelinegra y deslizó repentinamente el resto de la ropa que llevaba, desnudándola a los dos segundos. Zoey parpadeó más seria al ser consciente. Y es que su amiga parecía saber muy bien lo que hacía, pero de un segundo a otro se vio completamente desnuda mientras Mira aún llevaba toda la ropa. Se puso algo nerviosa, pero tomó aire. Ya era una mujer. Antes de invitarla a desnudarse también o siquiera intentarlo, la pelirrosa ya estaba en ello. Se deshizo de la camiseta rockera que llevaba quedando semidesnuda y se volcó sobre Zoey, apropiándose ahora ella de su cuello. Zoey tragó saliva excitada y más nerviosa aún. Abrió los labios al notar una corriente de placer cuando Mira la empujó con la cadera, justo en la entrepierna. Eso la hizo abrir más las piernas por inercia. Sentía el roce de sus pantaloncitos cortos, pero ella ya no llevaba nada puesto. Mira seguía besándola por el cuello más alterada. Frotaba sus costados con las manos, pero no parecían caricias, sino reclamos de lo fuerte que la agarraba.
«Au», movió los labios en una queja muda al sentir cómo la mordía, justo en la yugular. Para después cambiar a besos. Zoey sonrió calmada.
Sí. La quiero. Es donde quiero estar… y me gusta mucho. Quiero hacer esto.
Siguieron desgastándose después la boca, encendidas. Mira era ahora quien comandaba los besos. Se moría de ganas de seguir, así que no tardó en bajarse los pantalones y bragas. Zoey la miró desnudarse respirando más intranquila. Fue a decir algo, cuando el cuerpo largo de su amiga le volvió a aterrizar encima, conectándose a su boca. Zoey emitió un gemido breve, contenido, al sentir que Mira la acariciaba ya en su intimidad. Aquello la terminó de poner nerviosa del todo. No sabía si eran los nervios de la excitación o sólo miedo a lo desconocido, pero no le dio tiempo a pensarlo demasiado, cuando fortuitamente notó un agudo dolor intrusivo en su cuerpo.
—¡Agh…! —cerró los ojos casi al mismo tiempo que las piernas, tensándose. Mira paró lo que hacía y se quedó respirando en su boca, quebradiza.
—Perdona…
—Hmg… —la pelirrosa sintió cómo temblaba, ahora por el dolor. Relamió sus labios preocupada y bajó la atención a su cuerpo. Retiró muy despacio el dedo, con el cual la había ahondado hasta el fondo. Zoey respiraba como si se hubiera agotado.
—¿Estás bien…?
—Agh, sí… no lo esperaba. ¿Cuánto te mide ese dedo? Lo he sentido hasta el ombligo…
Mira esbozó una sonrisa nerviosa, y afortunadamente quedó en un susto. Ambas rieron despacio, en susurros, remoloneando un poco al acariciar sus narices.
—Ha sido mi culpa. Voy a ir más despacio, ¿sí…?
—Ahá… espera un poco antes de volver intentarlo.
—Vale, yo… —paró de hablar al ver su propia mano, que ahora estaba apoyada en las sábanas. Tenía el dedo corazón ensangrentado. Entonces miró a Zoey preocupada.
—Dios, he sido muy brusca… te he hecho daño —se separó.
—Tranquila… podía pasar.
Es virgen…
—Perdóname, en serio —se separó del todo y buscó algo en su mesita de noche. Zoey la vio preocuparse de más y se incorporó con ella. Se limpiaba el dedo con una toallita húmeda. Cogió otra y se aproximó a Zoey, seguía hablando atropelladamente—, perdona. Es que voy… completamente ciega, no sé qué me ha pasado, y al final…
—Eh —Zoey la agarró del hombro—, estoy perfectamente. ¿Y sabes? Me alegra… que hayas sido tú.
Mira se obligó a sonreír y la ayudó a asearse. No sangró mucho más.
—Nor… normalmente no se suele perder la virginidad así, yo al menos n…
—Yo diría que ha sido el meterlo de repente… nada más. Deja de preocuparte.
Mira suspiró agobiada y agachó la cabeza. Se frotó los lacrimales de los ojos, con impaciencia.
—Bien, está bien. Pero no quiero hacerte ningún daño —musitó, volviendo a girarse hacia ella despacio. La besó en la mejilla, volviendo a recostarse sobre su cuerpo—. No haremos nada que no quieras hacer.
¿Por qué se altera tanto…? ¿y esa expresión…?
Zoey asintió, sonriéndole para calmarla. La acarició de la mejilla.
—Mira…
—¿Sí?
—¿Podemos seguir…?
Mira sonrió.