• nyylor@gmail.com
  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 8. Obsesión

—¿Quién llama?

—Es Sarah.

—Esa chica…

—Ya, bueno. Ábrele —terció el hombre. Su esposa dio un breve resoplido y abrió, curvando entonces la mejor de sus sonrisas.

—Sarah, ¿no hace un poco de frío para que estés aún dando tumbos…?

—Ah… ¡qué va! Era necesario… dijiste que te faltaba orégano y tomillo, ¿no? Mi padre tiene de sobra… —dijo, cerrando con cuidado el paraguas. Yuna la ayudó a colgar el abrigo y le dejó paso. En el pasillo, Dave se cruzó a la cocina, no sin antes echar un vistazo a la chica. La saludó con un gesto de la cara y luego se marchó.

—Eh… ¿cómo está Seung? ¿Está mejor? —preguntó Sarah. Yuna bajó el tono de voz y sonrió.

—Agh, ya sabes cómo es… no se queja, pero tiene todos esos tornillos en el hombro… está rabiando del dolor. Y no se puede medicar más.

Sarah asintió apesadumbrada. Caminó con confianza en el pasillo. Conocía esa casa al dedillo, igual que la propia familia que habitaba en ella. Durante la secundaria, había ensayado muchos pasos de baile con Mira allí, y también estudiado… pero de aquello habían pasado años ya.

—¿Seung? ¿Cómo va eso?

Seung se retiró las gafas y le echó una mirada fugaz a Sarah. Era prácticamente como una segunda hija para ellos. Les visitaba a menudo desde que la joven salió de la clínica de desintoxicación. Ellos fueron los que le pagaron la estadía completa.

—Estoy bien. Pasando el trago como se puede. ¿Y tu padre? ¿Mejor del pie?

—Más o menos. Sigue adolorido. Te traigo algunas especias para que las mezcles con el té. Te aseguro que te asienta muchos malestares… lo sé bien —se acercó a su mesa de trabajo y depositó una bolsita pequeña con los condimentos. Seung asintió a modo de agradecimiento y retomó su trabajo. Apenas podía teclear bien en el portátil teniendo un brazo inmovilizado, pero se había creado su propia técnica. Hacía ya un mes que tuvo el accidente más duro de su vida, donde casi perdía el brazo completo. Como eran gente respetada, raro fue el día en el que no tuvieran visita. Pero Sarah, que estuvo muy pegada a Mira en la secundaria, estrechó las relaciones con ellos cuando su hija se marchó de casa.

—Espero que el hombre se recupere —respondió él—, le dije a mi mujer que apartara algo de bizcocho para que se lo lleves. Y tú, si quieres, puedes comer un poco ahora con nosotros.

—He visto que… Huntrix siguen arrasando —comentó Sarah al prestar un poco de atención a la tele. Seung agrió un poco el gesto. Cogió el mando y cambió de canal. Eso tomó a Sarah por sorpresa. Agachó un poco la cabeza—, disculpa. No quería…

—Parece que se te olvidan las normas de la casa.

Yuna trajo a la sala de estar platos con el bizcocho recién cortado. Invitó a su hijo a comer, pero éste dio un grito diciendo que iría más tarde, y al final el matrimonio fue el que tomó asiento. Yuna dio un pequeño suspiro y le indicó que se sentara.

—Sarah… ¿cómo has estado? De lo tuyo… ya sabes. Hace mucho que no hablamos del tema.

—No he vuelto a hacerme ni un triste porro. Promesa.

Sarah mentía. Como siempre. Pero una cosa sí era cierta: estaba durando sin meterse heroína, que era su gran talón de Aquiles. Gracias a la familia de Mira había salido adelante. Pero sí que había regresado paulatinamente a… su «porro diario». Lo creía inofensivo. «Sólo es uno, joder», decía cada vez que la alcohólica de su madre la reprendía por ello.

No tengo a mis padres por mis padres. Siempre se han desentendido, hasta que me vieron con la vomitona encima e inconsciente. Los que han actuado como tal… son ellos.

El matrimonio conformado por Yuna y Seung era conocido en las inmediaciones del Estado. Tenían holgura económica, eran eruditos en sus campos, y su hijo tenía las mejores notas de su promoción en la universidad… se estaba preparando para ser médico.

Comieron un poco de bizcocho. Sarah paseó la mirada por los cuadros. Habían cambiado aquella última década. Cuando Mira decidió abandonar la casa para luchar por su sueño, muchas cosas cambiaron para aquel matrimonio. Eran conservadores, gente recta y fría a ojos de muchos. No querían hablar de Mira nunca, salvo para recordar lo ingrata y descerebrada que fue en su juventud temprana. Sarah fue su mejor amiga de la secundaria… hasta que Mira se le declaró por carta. Una carta que las bullys de aquel infernal curso encontraron. Entonces empezaron a meterse con ella abiertamente. Y Sarah, demasiado joven para comprender lo poco que ganaba secundándolas, decidió agachar la cabeza e ignorar a su mejor amiga. Mira le confesaba en la carta que ella le gustaba. Que no sabía cómo decírselo. Pero a sabiendas de lo homófobos y machistas que eran en su clase, Sarah se achantó. Le pidió que no le dirigiera más la palabra.

¿Cómo iba a pensar que se largaría de su casa para meterse en la industria del k-pop? Coño… ahora… es millonaria de verdad. Y canta genial. Y… es…

Los pensamientos se le fueron. Mira había sido su obsesión desde hacía cinco o seis años. Cuando empezó a hacerse un pequeño eco en la industria justo antes de que su potencial madurara del todo. En realidad, Sarah se enteró de que se fue de casa porque sus padres alertaron a la policía y a la facultad en cuestión. Aquella vez -dentro de tantas otras-, la discusión fue porque se negó a estudiar la carrera que le habían impuesto, no le interesaban las ciencias. Aquello costó la última discusión que habría en esa casa. La joven consiguió un trabajo a media jornada y un apartamentucho en el que hospedarse; sus padres le dieron un ultimátum. Pero Mira lo rechazó. Vivir bajo su yugo era negarse a sí misma.

No tardó en incorporarse a la industria, con castings y trabajos de corta duración. Pudo compaginarlo con el trabajo y costearse un apartamento algo mejor. Como Sarah había vivido pendiente a ella desde que supo que se escapó, no había dejado de investigarla en sus redes sociales… antes de que fuera alguien. Ella por su lado, no gozó de buena salud mental. Pocos años más tarde, y ya delante de un psicólogo, lo que tenía recibió nombres y apellidos. Estaba deprimida y se había obsesionado con la que fue su mejor amiga. Sentía el sabor metálico de una oportunidad perdida. Ella podría haber estado ahí en sus pequeños ascensos, la subida ardua en la escalera de la fama… pero Mira se sobreesforzó y obtuvo algo que pocas obtenían: reconocimiento por sí sola. Sin grupo. Incluso sin debut. Era famosa por ser influencer y tener un buen número de seguidores incluso antes de despegar en ESTOID. Allí, sólo fue el pelotazo.

—Se te enfría el té, Sarah. Y me ha quedado muy bueno.

—¡Voy!

Sarah sabía que aquellos dos sufrían como condenados. Pero eran demasiado orgullosos para reconocerlo. Y tan cuadriculados en su pensar, que prefirieron renegar de su hija por no querer seguir sus pasos. Además, jamás la entendieron.

Cuando Mira dio el pelotazo de la fama en ESTOID, Sarah sintió una mala espina clavársele. Como ver una buena mano de poker cuando ya había retirado su apuesta. Lamentaba profundamente haberla ignorado… porque ahora Mira lo tenía todo. Y por más que trató de escribirle un montón de veces… aquella pelirrosa ya ni siquiera se podía permitir abrir los mensajes directos de ninguna de sus redes. Estaban sencillamente colapsadas.

Así pues, cayó en las drogas. Aunque inicialmente las mujeres le llamaban más bien poco la atención, comenzó a reparar más en ellas. Pero eso sólo le recordaba lo estúpida y ruin que fue, al ignorar a una pobre tontita de catorce años que le abría su corazón en algo tan inocente como una carta. Mira siempre había tenido cojones y determinación. Pero… era tímida para otros aspectos. Sarah empleó mucho tiempo analizando lo vivido con la que fue su mejor amiga. En la actualidad, no podía vivir sin estar cada una o dos horas actualizando la sección de «Noticias» con el nombre de Mira y/o el grupo. Estaba completamente obsesionada. Y lo más gracioso es que nadie parecía decir nada de su orientación sexual. El fandom se inclinaba más hacia Rumi. Todo el mundo idolatraba a Rumi porque era la voz principal… y cómo no, cabeza de cartel en casi todas las temporadas. Era la protagonista. Sarah no sabía qué detestaba más: si los fans extremos de Rumi, o los de Mira.

Con el paso de los años, el tema de Mira había salido poco a la palestra con sus padres. Pero Sarah sabía que tanto Seung como Yuna sufrían a su manera la ausencia de su hija. Sólo que ninguno iba a decirlo en alto. Y disfrutaba sabiendo que, por lo menos, tenían una hija postiza. Ella misma.

Una realidad con la que ni la propia Sarah contaba era que, tenía razón. Yuna no deseaba que se apareciera tanto por casa, porque empezaba a verla como lo que no era, una hija sustituta. Para Seung, más frío y calculador, prefería hermetizar todas aquellas sensaciones. Pero la presencia de Sarah constantemente hacía una especie de bien en ellos. Ahora no obviaban tanto el tema de una hija, en femenino. Porque tenían alguien de quien preocuparse. Alguien de quien hablar que no les recordara a la que se fue. Toda aquella década, Mira había sido un tema tabú. La odiaban y la echaban de menos a partes iguales.

Porque por muy lejos que un hijo se fuera, y por muy mal que se hubieran tratado, los lazos de sangre perdurarían para siempre. Tenían una hija biológica triunfando a cambio de regalar su imagen y ser artista musical, profesión que a ellos les parecía corta y llena de polémicas. Para la mente conservadora de los dos, Mira prostituía su imagen… a fin de cuentas era foco de controversias -y no sólo de música- a cambio de dinero… y a cambio de ser un rostro conocido para siempre. Eso le pesaba a la familia. Porque al final la rebeldía había ganado la partida. Además, a cambio de la marcha de Mira, habían sobrecargado a su otro hijo de toda la presión que iba a tener ella de haberse quedado. Por lo cual, el muchacho también la odiaba.

Pero de nada me sirven, pensó Sarah. No tienen ningún tipo de comunicación con ella, como si no se conocieran de nada. Es increíble. Ni siquiera por esas puedo obtener su número de teléfono. Sólo quiero quedar con ella un momento… no creo que con tanta fama me haya olvidado, ¿no?

Sarah pensaba aquello mientras daba un largo sorbo al té. Estaba muy rico. Cogió el móvil y volvió a actualizar las noticias.

«Mira y Zoey… ¿algo más que amigas?», aquel noticiero le heló la sangre. Se sabía ya todas las fuentes periodísticas, y sabía que aquella inventaba más que publicaba. Pero Sarah desarrolló tal paranoia por su ídolo, que hasta las mentiras la trastocaban. Al desplegar el titular, el post explicaba que Zoey parecía estar involucrada en un triángulo amoroso con su compañera y Mystery. Mystery había sido grabado bailando muy pegado a ella, y Mira había intervenido para llevársela a un lugar desprovisto de cámaras. Eso era todo. Lo visto. Después, Sarah detectó que el resto eran especulaciones. Se relajó. Eso para ella era una noticia estúpida, sin fundamento. Un titular clickbait. Si las chicas hablaron en otro lado, seguramente fuera porque Mira quería regañarla por haberse puesto ebria. No había más.

Tú siempre has sido más madura que el resto, ¿verdad…?, pensó en Mira. En su actitud violenta cuando se metían con ella, siempre teniendo que dar la cara por sí misma.

—Tengo… que pediros un favor. Y… no sé cómo os lo vais a tomar.

Seung no despistó la mirada del televisor. Pero Yuna sí. La miró atentamente. Se preocupó. Sarah sonrió gentilmente.

—Es… algo delicado. Y sería un favor muy personal. Hacía mí.

—¿Necesitas dinero, o algo así…? —preguntó la mujer.

—No —Sarah rebuscó en uno de sus bolsillos. Desdobló un folleto de los Saja Boys y se lo quedó sobre las rodillas. Yuna miró el panfleto.

—¿Qué ocurre con esos?

—Soy fan de los Saja… y de las Huntrix —bajó mucho más el tono—. Desde… hace un tiempo. Un tiempo largo. Pero no me atrevía a contártelo.

—Ya —musitó Yuna, apenada. Inspiró hondo y dejó de mirarla, tomando otro pedazo de su repostería—. No te cederé dinero para que vayas a sus conciertos, si es lo que vas a…

—En realidad… —la interrumpió suavemente—, yo… sólo… quería pedirte permiso. Porque quiero ir a una quedada de firmas. Siempre que he intentado ir a estas cosas he llegado tarde porque la gente acampa a la intemperie para tener su sitio en la cola. Y… bueno… esta vez… es la primera vez que en lugar de hacer eso, han acortado a un aforo. Y estoy dentro. No lo había conseguido nunca.

—¿Eso es un logro para ti, Sarah? —la voz masculina y parca de Seung las despistó. El hombre, notablemente molesto, abandonó la mesa y se marchó a otra estancia. Yuna lo siguió con la mirada y volvió la mirada a ella.

—No sé en qué puedo ayudarte. Pero este tema no…

—¿Ayudarme? Como te digo… sólo venía a pedirte permiso —le puso la mano encima. La señora parpadeó algo conmovida y la miró a los ojos; Sarah sonrió—. Es que eres como una madre para mí. Y… no quiero decepcionarte yendo a verla. En realidad… comparten mesa de autógrafos con los Saja. Voy por ellos pero… ya que estoy allí, pues es… es obvio que voy a verla. A pasar delante de ella. Y… esto… ¿va a hacer que me odiéis a partir de ahora? ¿Ya no seré bien recibida aquí?

—Mejor no se lo digamos a mi marido —dijo tras una pausa— y… a mí… no me cuentes nada más al respecto.

—¿No quieres que le hable de ti? ¿No quieres recuperar ningún tipo de…?

—No. Para nosotros, hace tiempo que sólo tenemos un hijo. Sarah, respétalo.

—Está bien.

Se hizo un silencio algo incómodo. Yuna pensaba siempre en Mira. Era imposible no hacerlo, dado que era famosa y que la sangre le recordaba que su hija existía. No tenían sus respectivos números de teléfono. Ni siquiera sabía a qué número de emergencia habían acudido todos aquellos años si Mira había enfermado alguna vez. Eran preguntas que la rondaban con frecuencia. Sarah volvió a guardarse el folleto y dio un suspiro al levantarse. Se despidió de todos y marchó a su hogar.

Casa de Sarah

Estaba pletórica. Iba a ver a Mira en persona, pero…

Sé cómo son este tipo de convenciones. Ponen a los artistas en una mesa a firmar, como mucho a posar para alguna foto y luego largan a los fans de allí como bolsas de basura. Van con tanta velocidad firmando que muchas veces ni levantan la mirada del papel para ver a la cara a sus seguidores. ¿Se fijará en mí? Y si me arranco y le pregunto… ¿me reconocerá? ¿Se acordará? Tampoco he cambiado tanto… ¿o sí?

Se estudió al espejo. Éste le devolvió una cara pálida, con ojeras muy pronunciadas. Tenía las raíces del cabello negras, pero en un punto tornaban a verde musgo. Tenía una señal de vitíligo en un lateral de la nariz, algo que desde bien pequeña esforzaba por taparse con maquillaje. Miró alrededor de su habitación después. Pasó toda la adolescencia ocultando los pósters que conseguía, obligándose a dejar las paredes vacías para no proyectar el fanatismo a nadie. En ese barrio, la imagen y el nombre de Mira relucían. No deseaba que fuera reconocida como su fanática.

Esa noche contabilizó el dinero que tenía para hacer el viaje hacia aquella mesa de autógrafos. Tenía lo justo para durar exactamente tres noches, pues pretendía ir también al concierto acústico que daban los Saja. Y con ese viaje, todos sus ahorros expirarían. Aun no sabía cómo, pero tenía que buscar la manera de sacarle charla a Mira. Sabía lo nerviosa que iba a ponerse cuando la viera… la vergüenza triple que le daría si encima la reconocía… porque entonces recordaría el momento donde ella le pidió que dejaran de ser amigas por pura presión social.

Tres horas más tarde

En esa casa se cenaba siempre tarde. Después de ayudar a cocinar y cenar en el más completo silencio, Sarah lavó los platos, ayudó a su padre a asearse antes de dormir y se marchó ella también a la cama. Eran las nueve de la noche y ya se sentía cansada. La mente no le daba para más. Se fijó en que Mira acababa de subir fotos nuevas a sus redes. Fue deslizando para verlas. Sonrió al ver su rostro, lleno de felicidad mientras entrenaba. Después cotilleó las cuentas de Zoey y Rumi, muchas veces subían fotos de Mira también. Había rumores de un posible programa donde se vería la vida diaria de las chicas… Sarah rezaba porque fuera cierto. Le encantaría saber su rutina real desde que se levantaba hasta que se acostaba. Se preguntaba si tendría tiempo, o siquiera ganas, de conocer gente nueva. ¿Habría hecho el amor muchas veces? Supo, poco antes de dar el salto decisivo a la pequeña pantalla, que había tenido algún rollete puntual. Por supuesto, con chicas. Pero ninguna duró. Después, simplemente entró en esa farándula donde se movían los famosos… donde la imagen era respaldada por terceras personas para evitar fugas que los paparazzis pudiesen aprovechar, ya que se alimentaban de la mierda ajena. De pronto, Sarah agrió la mirada al ver a Zoey con una de las sudaderas de Mira. Conocía bastante bien su ropa como para saber qué era de quién, pues las seguía a diario. Eso le hizo parpadear.

Es su sudadera, estoy segura. ¿Hará mucho esto de llevar su ropa? Mira nunca lleva la de ella… creo.

El cerebro humano era traicionero. Cuando estabas seguro de algo, te daba el motivo para dudar. Y cuando dudabas demasiado, te proporcionaba una pequeña seguridad. Lo primero que se le vino a la cabeza cuando vio a Zoey con esa sudadera… fue que estaban juntas. Pero desechó rápida como el rayo esa idea.

Tengo que estar volviéndome loca. Sí. Zoey no tiene vibra de lesbiana, en lo más mínimo. Rumi tampoco. ¡Pero qué…!

Al pasar a la siguiente, salía con Mira. Ambas parecían gruñirse en una expresión de falso perro rabioso. Sarah suspiró y quitó de su vista la aplicación, abriendo la de fotos. Tenía un álbum oculto de su adolescencia. No habían sido años malos del todo. Fue una niña feliz, con sus más y sus menos. En la adolescencia, simplemente trató de pertenecer a algún grupo… el que fuera. Le gustaba mucho el baile callejero y ese fue el motivo que la vinculó a hablar con Mira por primera vez. Mira era una muchacha llamativa. Era alta para su edad, con cara de pocos amigos y pintas de ser algo retraída. Por un motivo u otro, Mira siempre destacaba. Venía de buena familia, con padres adinerados y orgullosos. Pero era como si ella… desentonara. Esos dos hechos atrajeron a Sarah en un inicio: que viniera de una casa rica, y que no lo pareciera. La pilló practicando en los gimnasios de secundaria un baile con unas chicas, y se acercó a ella. Se conocieron y charlaron, y dio inicio a una amistad. No tardaron en cambiar sus asientos para sentarse por pareja en el mismo pupitre. Se hicieron buenas amigas. Y aunque el principal tema de conversación fuera la coreografía y sus respectivos ídolos musicales, pronto las horas continuadas, las semanas y los meses, dieron paso a otras cosas.

Flashback

Gimnasios

—¿Te gusta alguien de clase? ¿O de otra clase?

—Tsk… son todos unos tontos —comentaba Mira mientras giraba sobre sus talones, frente al espejo. Ensayaba uno de los giros que más se le estaba resistiendo. De fondo, la música del altavoz la guiaba. Sarah balbuceó, tumbada en el suelo.

—¿Nunca te ha gustado nadie?

—Eh, ¿vas a practicar conmigo o no? ¿Ya te cansaste? —rio Mira, parando los pasos y dirigiéndose al altavoz. Le bajó un poco al volumen—. Venga, que sólo tenemos una hora más… luego tengo que estudiar.

—Es que pronto es San Valentín.

—¡Todavía queda un mes!

—Bueno… pero la gente ya está hablando de las cartas. El año pasado no recibí ninguna… joe, yo también quiero sentir todas esas cosas bonitas que dicen. Eh, ¿de verdad no lo has sentido por nadie?

—¿A qué te refieres?

—A… bueno, lo que dijo Gary el otro día, el muy tontito, hablando de su novia. Decía que siempre quería pasar tiempo con ella, y que cuando no estaban juntos, quería estar haciendo algo con ella. Todos nos reímos, pero en realidad el pobre tonto se refería a acompañarla al gimnasio… y esas cosas normales.

—Jm —Mira se sentó en el suelo y tomó algo de agua. Se apoyó en la pared y dio un suspiro. No respondió.

—Pues… a mí el año pasado me gustaba Liam. ¿Sabes quién es?

—No, no llegué a conocerle.

—Ah… pues uno al que también le gustaba el baile, como a nosotras. Pero su madre no lo dejaba apuntarse a ninguna escuela de danza. Decía que era para niñas.

—Y la mía dice que es para gente sin inteligencia… —soltó una risita y apoyó la cabeza, cansada—. Igual… yo tampoco recibí ninguna la carta el último San Valentín. No es para tanto.

—¿Pero… no te da así como un poco de vergüenza? Van repartiendo siempre cartas… a todo el mundo, y flores… y nosotras sin nada.

Mira sonrió un poco y se encogió de hombros.

—Puede.

—¡¡Eres muy aburrida!! Sabías que existen más temas de conversación que el baile y la música, ¿no? —estiró una pierna y le dio una patadita, haciéndola reír—. No me creo que no te llame la atención nadie. Di la verdad… que yo soy tu amiga.

—A ver… —se pasó un mechón rosado tras la oreja, dispersando la mirada—, bueno, sí que… sí que hay alguien que…

—¿Quéeeeeeeeeeh…? ¿Y no me dijiste nada? ¡Serás guarra!

Mira soltó una risa más nerviosa. La miró sólo un segundo y luego se entretuvo estirándose bien los calcetines. Prefería no verla directamente.

—No es que no te dijera nada por… algún motivo. Simplemente que no le di mucha importancia.

—Pues ahora mismo vas a largarme quién es. ¿Le conozco? ¡Dame pistas!

—… —Mira se mordió un poco el labio—. Sólo sé que me gusta pasar el rato despreocupada con esa persona.

—¡Pero no me estás contestando! ¿Le conozco?

—Sí.

—¡WOH! ¿¡Cómo has podido ocultármelo!? Pero qué maldita… —se sentó a su lado, pegada a su lateral. La miró de mucho más cerca y susurró—. Dime quién es, yo sé hablar, seguro que te puedo conseguir una cita.

El tenerla tan cerca dificultó la situación de una manera que Mira nunca había experimentado. No tenía ninguna experiencia con nadie en absoluto, prefería rehuir de ese tema, ya que sabía desde bien temprano que sus gustos… no eran respetados por la sociedad. Al menos, no la coreana. No podía decirle así la verdad.

Que la que le molaba era ella, su mejor amiga. De hecho, de sus pocos amigos.

—No importa —dijo al final, recelosa.

—¡Pero si te acabas de poner como un tomate! ¡Jajajajaja…! Siempre te pasa eso, ya te tengo la cara aprendida. ¡Estás avergonzada!

—Para ya —dijo ocultando una sonrisa, pero también algo molesta consigo misma. A Mira se la leía fácil. Se levantó cogiendo su chaqueta de chándal—. Vuelvo a casa.

—¿No era que quedaba aún una hora? ¿ya se pasó la hora? Wow, qué rápido… jajajaja.

Fin de flashback

Já.

Quién iba a imaginarlo.

¿De verdad? ¿cómo no pude caer en ese momento? Se estaba poniendo colorada por mí. Porque me puse al lado.

Pero no pasa nada.

Le gente puede cambiar mucho en diez años… eso ya lo sé. Pero todos partimos de una base. Conocí esa base. Puedo trabajar desde ahí.

Si te gusté entonces, te podré gustar ahora. Lo sé. Lo presiento.

Te gustaré de nuevo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *