CAPÍTULO 21. Roberta abusa de él
Venezuela El camino había sido larguísimo, Eda estaba que se caía del sueño. Cuando se alejaron del aeropuerto, fue directa a un alquiler de coches y empezó a soltar billetes para llevarse cualquier automóvil sin tener que extender demasiado la conversación con el trabajador de la compañía. Pagó el seguro y entregó la identificación de Rokuro Okajima para agilizar los trámites. Estaban cansados por el trayecto, pero después de tomarse un café por el camino y asimilar adónde iban, empezaron a espabilarse. Mansión Lovelace —¿Cómo estás, chaval? —Rock salió primero del coche y sonrió al ver cómo García corría en […]