CAPÍTULO 1. El encargo de la rusa
Revy había perdido la noción del tiempo. Cuando sentía la curiosidad de saberlo, echaba un ojo al cuadernito en el que Rock hacía sus apuntes diarios. Esa madrugada había sido intensa por numerosos motivos. Llevaban exactamente una semana subidos a una embarcación que no era la de su compañía… era un yate y lo había cedido aquella zorra rusa, Balalaika, con el fin de investigar la edificación costera que se había construido tan deprisa. Nada podía ocurrir sin el radar de la rusa, y de hecho, la parte baja del yate tenía una sorpresa escondida: un sumergible que podía detectar […]