CAPÍTULO 17. Los ojos rosas de la destrucción
—He hecho cosas de las que me arrepiento enormemente. Empezó la mujer, de piel morena, acuclillada frente a una mesa. Tenía las manos cruzadas y casi parecía rezar una plegaria, pero en realidad, aquella postura siempre le había ayudado a meditar. Su cerebro pasó rápidamente recuerdo tras recuerdo todo lo vivido los últimos meses. Había sido lento, pero al mismo tiempo muy intenso. Todo por una causa demasiado grande hasta para ella misma. —Y haré cosas de las que me arrepentiré siempre. Pero son necesarias —se excusaba, moviendo lentamente la yema de sus gruesos dedos sobre la mesa. Sevika frunció […]