CAPÍTULO 16. Un segundo error
Al cabo de una hora, Sevika había vuelto a la parcela de la vivienda de las chicas, acompañada por un pequeño séquito de corceles. Los animales tenían un talante envidiable, una salud mejor que la de cualquier paisano de Zaun, y por los grabados en las herraduras, pertenecían al condado de Piltover donde Caitlyn ejercía su mandato. Aquel detalle de las herraduras no fue pasado por alto por Sevika, hacía falta dinero para gastar en semejante idiotez. Lo comentó a Gabriel y le acrecentó la rabia que ya de por sí le tenía a la chiquilla de mirada celestial. Pero […]