CAPÍTULO 16. Una bonita alquilada
Roman iba en el asiento copiloto, con Kenneth al volante. Su padre le había mandado acompañarle a los pagos forzados de algunos alquileres del barrio fronterizo. El territorio era hostil, pero las pandillas no osaban siquiera mirar un coche cuya matrícula comenzara con las letras BLM. Kenneth tenía una golosina en la boca y no había parado de mascarla en todo el viaje. Su hermano menor, Roman, miraba aburrido por la ventanilla el pasar de los apartamentos. —Estos pisos son una completa mierda. ¿Por qué no ha mandado a otro a hacer esto? —Siempre lo hemos hecho Eric y yo. […]