CAPÍTULO 28. Las ayudas no son gratis
—No me des las gracias. No me debes nada, porque no es gratis. Métete ahí. Tiró de su muñeca hasta deslizarle los pies en dirección al aseo, y aunque pensó en ceder sin rechistar, por primera vez la chica paró las piernas, mirándole preocupada. —Aquí no, por favor… —Sí. Aquí sí —la condujo de dos simples tirones al interior de baño de hombres y la metió en una de las cabinas individuales. Después de empujarla, la volteó y le abrió los vaqueros para bajárselos a la altura de las rodillas junto a las braguitas. Hina trató de ponerse recta pero […]