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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 52. Una respuesta a la altura (II)

Otro foco de gritos alertó a los Belmont. —A ver, QUÉ COÑO PASA AHORA. —Es Ellington. ¡¡Está huyendo de los policías… matándolos!! —Está lanzando armas de esmeralda a diestro y siniestro. ¡¡CUIDADO, JODER!! Kenneth no pensaba que fuera a suceder ya nada reseñable, lo que querían hacer estaba hecho, y era normal que la malcriada de los Ellington huyera muerta de la impotencia de aquella forma. Pero lo que ninguno se aguardó fue una desproporcionada explosión a su vera, que alertó también al equipo que iba a pie. De dónde venia o cómo fue causada, lo desconocía. —¡¡Eric…!! Dile a […]

CAPÍTULO 51. Una respuesta a la altura (I)

Chalet de Kenneth La guerra latía silenciosa. El hacha estaba clavada y todos en la región conocían que la cristalografía de la esmeralda Ellington había cobrado fuerza. Y con ello, esperanza en sus clanes aliados. Demasiados años al yugo del imperio Belmont trajo represalias y el ambiente siempre estaba caldeado. Sabía lo que se jugaba y su familia también. Los únicos cabos que le quedaban sueltos eran las advertencias sobre los seres queridos que aún no tenían las manos manchadas de sangre e ignoraban el peligro. Eso ahora incluía a sus dos hermanos menores y a Hina. Un soplo de […]

CAPÍTULO 50. Fachada

Un rato más tarde La charla era uno de los motivos por los que Kenneth intentó fumarse un cigarrillo hacía una hora. Al final, tras dos sesiones de sexo y un baño relajante en el que se mimaron mutuamente, la invitó a sentarse en los sillones de la terraza. —Primero que nada, debes saber que todo lo que te diga aquí es confidencial. No puede enterarse nadie de tu familia, ni amigos, y si lo escuchas en algún momento, tienes que decírnoslo. A los Belmont. —Hina asentía mirándole—. Mis padres eran contrarios a que te lo contara, porque tampoco quieren […]

CAPÍTULO 49. Amor genuino

SEGUNDA PARTE DE LA OBRA Hina aprovechó la ausencia de Kenneth para intentar una nueva llamada. Sabía que le habían dado la condicional a su madre. Pero la conocía mejor que nadie: volvería a delinquir. Aun así, Hina se lo había contado ya a sus amigos más cercanos, incluso a los del instituto con los que aún conservaba contacto, y dejó el trabajo en la cafetería por el mismo motivo. | Conversación telefónica —Quién es. —Ma… mamá… soy Hina. —¿Hina? —Sí… tía Johanna me ha contado lo de la condicional. ¿Va todo bien por su casa? —Es amargante, aquí no […]

CAPÍTULO 48. El paso previo a la libertad absoluta

Paulina sabía que algo malo pasaría. Las aguas no estaban calmadas por mucho que lo parecieran; el hecho de que los Belmont no hubieran tomado represalias todavía era una buena explicación. Pero los días pasaban, las semanas… y la tensión del clan se hacía más intragable. Su tío, Suto Ellington, había pretendido asesinar a balazos a Eric y Kenneth Belmont pillándoles de improviso. Sospechaba de ellos como los asesinos y mandatarios de lo que había quedado de la prostituta que más dinero generó los últimos meses. Ahora temblaba, porque sospechaba que sólo era cuestión de tiempo que también dieran con […]

CAPÍTULO 47. Formular un motivo

—¿Cariño? Estás muy sexy. ¿Quieres que te acompañe a la reunión? —Es solo para personal… me temo que no será posible esta vez. Siento tenerte tan abandonado. —Últimamente pareces en la luna. Aprovéchanos, que pronto empezará el nuevo curso… —musitó el hombre, abrazándola por la espalda. Suzette sonrió y se miró en el espejo. Tenía que reconocerse lo guapa que estaba. Estaba tan guapa como preocupada. Vestía una blusa rosada ajustada a la cintura, con un pantalón beige de lino que dejaba sus tobillos y cuñas altas a la vista. Su pelo largo y liso caía tras los hombros. Bueno, […]

CAPÍTULO 46. A mí me supone dolor

Já… Casi se le puso dura. Con sólo insistir un poco, al final siempre volvía a ceder. Hina cedió y respondió a su beso con más lentitud. Llevó la mano rápido por debajo de su camiseta hasta apretarle uno de los pechos. Entonces la chica se separó de su boca, suspirando. —No pares de besarme —exigió arrinconándola más contra la pared, y volvió a morrearla apasionadamente. Le abrió el sostén y siguió estrujando su pecho. Hina se estremeció y volvió a separarse. Esta vez le agarró la muñeca—. ¿Qué pasa, eh? —No quiero continuar —dijo trémula, mirándole fijamente. —Por qué […]

CAPÍTULO 45. Cimientos de la madurez (II)

Sarah despertó repentinamente, con ganas de vomitar. Era la primera vez que se excedía de aquella manera. Al removerse en la cama, vio el fornido cuerpo de Kenneth Belmont con la boca abierta. Hizo un esfuerzo por girarse y ponerse de pie. Llevaba tiempo sin tener sexo, y la última vez había sido también con él. Los recuerdos de la discoteca donde se lo encontró la noche anterior eran difusos, pero sí recordaba con vergüenza como ella misma se le regalaba y le contaba que su padre pretendía que estuvieran juntos de nuevo. Qué imbécil… agh… Se despegó de la […]

CAPÍTULO 44. Cimientos de la madurez (I)

Oficina Norman había estado discutiendo con destinatarios del clan Ellington nuevamente por el negocio de la trata de blancas extranjeras. Una filtración había vuelto a dar por resultado una prostituta torturada y muerta. Las fotos que le llegaron, de nuevo también, eran repugnantes, y resultado de un informe investigativo de la policía local. Después de una acalorada discusión donde la culpa saltaba de un apellido a otro, Norman colgó y llamó a Ryota Belmont, quien se había personado allí para observar las fotos y estar al tanto. Tanto Ryota como sus hijos Eric, Kenneth y Roman, quienes le acompañaron esa […]

CAPÍTULO 43. Alianza marital

Kenneth despertó totalmente mareado. Había dado la bienvenida al año nuevo con una orgía, y consumido tantos estupefacientes que se olvidó hasta de su nombre. Cuando se arrastró hasta la ducha del local y se vistió con la ropa limpia que le había traído Eric, no se sintió mejor en absoluto. —Me duele la polla, joder. ¿Seguro que estaban limpias todas? —Te he dicho que sí. Y por cierto, ése era tu trabajo. Te dije que no quería encargarme de supervisarle el coño a las prostitutas de Norman. —Se le debía el favor, así que no te quejes. Aún seguía […]