CAPÍTULO 12. Necesidad afectiva
Habitación Simone se quedó sola en la habitación del apartamento. Aquello era tan ridículamente lujoso, que sentía que hasta sus huellas dactilares podían estropear cada acabado que la rodeaba. El baño tenía una bañera circular donde fácilmente cabían cuatro personas, y a un costado, el panel que la activaba. Belmont pulsó algo en él y, al poco de irse, los ruidos extraños y los chorros de agua empezaron a salir bruscamente. La chica pegó un salto al sentir la parafernalia. Al poco, se maravilló. El agua caliente se mezclaba tan rápido con las sales, que las burbujas y el vapor […]