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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 22. Suzzete

Hospital —Tengo que marcharme. Me apena dejarla así… —No, que no te apene. Prefiero no ver cómo tu mujer la sigue mirando mal. —Ya sabes cómo es… —Te tiene dominado, menuda noticia —Roman puso los ojos en blanco. Eric abrazó a su hermano y siguió caminando por el pasillo, hasta la salida. Roman lo siguió con la mirada hasta que se reunió con su mujer en el coche, ya en el aparcamiento externo. Aquel último par de días hubo jaleo. El servicio de limpieza había encontrado a Simone con la espalda ensangrentada y ovillada sobre la alfombra, no reaccionaba a […]

CAPÍTULO 21. Un castigo que no lo olvidarás (II)

—Eh… ¡SUÉLTAME…! ¡¡SUELTA…!! Nadie le respondía. “Sácala, rápido”, eso fue lo único que había escuchado, por supuesto, de una voz masculina. Alguien la empujó al suelo y fue retenida por cuatro manos distintas. Ahí fue cuando se dio cuenta de que estaba acompañada por cuatro hombres enormes. Gritó como una posesa, empezando a patalear y a retorcer el cuerpo buscando la mínima liberación para salir escopetada de la casa. Pero luchar contra aquellas manos era como menear las muñecas en aros de acero. El cuarto hombre le soltó una de las piernas y terminó de desnudarla al romperle la ropa. […]

CAPÍTULO 20. Un castigo que no olvidarás (I)

Ingrid llevaba tres semanas de viaje familiar muy lejos de Yepal, y completamente ausente de la vida de Hardin. Pronto recibieron la noticia de que la muchacha no volvería a pisar Yepal, sino que iría a Ambeth directa al internado. Sus padres lo habían atado todo para que no volviera a casa hasta Navidades. Pese a que Akane le insistió muchas noches a su marido, éste no cedió ante la petición de dejar a su hija vivir con ellos de manera diaria, porque prefería no verla. Todos tenían sus motivos para no querer verla, pero Akane no podía evitar sentirse […]

CAPÍTULO 19. Inmortalizar lo involuntario

Tres horas más tarde Simone se había dado el trabajo de la semana y había logrado colgar y guardar toda la ropa y la zapatería. Desechó las cajas y se sintió libre de tareas, pero se moría de hambre. Como la nevera estaba aún vacía, llamó por teléfono fijo a la conserjería e hizo su pedido.Se sentía extraña… aquello era como un hotel lujoso. Pero no dejaba de ser un complejo de apartamentos carísimo en el que tenía la dicha de vivir. El timbre sonó y se extrañó, había sido muy rápido. Casi acababa de colgar. —¡Hardin…! Vengo con cargamento […]

CAPÍTULO 18. Una vida de ensueño

Todo el mundo cuchicheaba a su paso. No era para menos. Los minerales pertenecientes a las familias influyentes tenían significado de peso y obligaba a la sociedad a respetarlos. No cualquiera se podía permitir regalarlos: desde que un clan lo tenía agenciado como piedra familiar tras generaciones y guerras, confería una identidad fuertemente anclada a al genética y al poder de esos genes. Los Ellington habían estado a punto de perder la esmeralda como resultado de la rebelión, varias veces habían mordido el polvo tratando de ganar a los Belmont. Quien perdía una guerra, perdía también la cabeza, perdía las […]

CAPÍTULO 17. La liberación

Quedaban sólo dos meses para los exámenes finales y el comienzo del verano. Ingrid había faltado a clases una semana, lo que necesitó su piel para disimular los moratones y curar las heridas que su padre le había provocado. Debido a que aún no tenía bien desarrollados los poderes de su sello, la regeneración era lenta, casi igual a la de un humano común. Ryota la puso igualmente sobre aviso de que los años que le quedaban por cursar, sería en un internado a kilómetros de cualquier civilización. Las horas en su habitación todo aquel tiempo se le habían hecho […]

CAPÍTULO 16. Una bonita alquilada

Roman iba en el asiento copiloto, con Kenneth al volante. Su padre le había mandado acompañarle a los pagos forzados de algunos alquileres del barrio fronterizo. El territorio era hostil, pero las pandillas no osaban siquiera mirar un coche cuya matrícula comenzara con las letras BLM. Kenneth tenía una golosina en la boca y no había parado de mascarla en todo el viaje. Su hermano menor, Roman, miraba aburrido por la ventanilla el pasar de los apartamentos. —Estos pisos son una completa mierda. ¿Por qué no ha mandado a otro a hacer esto? —Siempre lo hemos hecho Eric y yo. […]

CAPÍTULO 15. El clímax

La enfermería del instituto Brimar tenía médicos excepcionales. Entablillaron el meñique de Hardin y mandaron pomadas y un medicamento para la hinchazón y el dolor. El servicio sanitario venía incluido en el pago de la matrícula, por lo que tuvo una atención rápida y efectiva. No obstante, Simone estaba desmoralizada. Quería marcharse lejos pero no sabía adónde. En aquel punto, temía incluso cruzar la puerta de su propia casa por si habían tomado alguna represalia más contra sus padres. Ni siquiera quería saberlo. Deseaba evadirse de la realidad que estaba viviendo cuanto antes. Cuando terminaron de darle la receta, Leah […]

CAPÍTULO 14. Una advertencia ósea

—Eh, tú. Perra. Pasa el balón. Simone y Mimi levantaron la cabeza de sus libretas. Ambas eran mascotas, así que podía haberle hablado a cualquiera. Samael Graham se acercó cada vez más al vallado que le separaba de ellas, y a medida que la distancia era menor, la rubia pudo discernir que la estaba mirando a ella. Se puso de pie como un clavo. —¿Eres ciega o sorda? Pasa el balón. No me hagas escalar. —Voy… —Simone soltó sus apuntes y caminó rápido. Los ojos celestes de Graham daban miedo. Era un muchacho alto e increíblemente atractivo. También un cabrón. […]

CAPÍTULO 13. Una experiencia distinta

Continuó degustando la agradable sensación globosa de succionar su pecho. Acarició el pezón con la lengua, dentro de la boca. Simone se aventuró a mirarla poco a poco. Su corazón iba a toda velocidad y le costaba creer que esa persona, nada menos que la inigualable Ingrid Belmont, estuviera de rodillas degustándola con esa expresión dentro de una bañera. Parecía drogada. En cierto punto, soltó su pezón con un chasquido labial y la miró fijamente, provocando que volviera a apartar la vista. —¿Ves…? Sabía que iba a gustarte —musitó, antes de lamerla desde la clavícula hasta el cuello. Cuando los […]