CAPÍTULO 8. Obsesión
—¿Quién llama? —Es Sarah. —Esa chica… —Ya, bueno. Ábrele —terció el hombre. Su esposa dio un breve resoplido y abrió, curvando entonces la mejor de sus sonrisas. —Sarah, ¿no hace un poco de frío para que estés aún dando tumbos…? —Ah… ¡qué va! Era necesario… dijiste que te faltaba orégano y tomillo, ¿no? Mi padre tiene de sobra… —dijo, cerrando con cuidado el paraguas. Yuna la ayudó a colgar el abrigo y le dejó paso. En el pasillo, Dave se cruzó a la cocina, no sin antes echar un vistazo a la chica. La saludó con un gesto de la […]