CAPÍTULO 3. Un cervatillo temeroso
¿Quién lo habría dicho?, pensó, con esa cara de diosa omnipotente que tiene…
Evangeline ató sus muñecas por separado y luego pasó la cuerda por medio de ambas para disminuir más el movimiento. Las pupilas le crecían lentamente mientras observaba sus propios nudos. Habían quedado algo engorrosos para las finas manos de Gina, pero no tenía conocimientos en el tema. Gina abrió los labios a punto de decirle que trajera algo, pero se contuvo. Veía en Evangeline el espíritu, pero no la experiencia. Si le decía que abriera su caja de juguetes, probablemente la espantaría. La miró a través del espejo cuando notó que hacía los últimos nudos.
Voy a testearla… sin nada más que esto.
La rubia también trasladó la mirada al espejo, sus ojos chocaron con los ojos oscuros y profundos de Gina. Notaba sus raíces asiáticas, pero aun así le impresionaba lo grandes que eran. Había pensado en soltarle en la tienda de videojuegos que era lesbiana y que por eso Dutch estaba comenzando a incordiarla, pero era posible que pensara que era una desubicada. Bajó la atención por los detalles del conjunto que llevaba, encaramándose poco a poco sobre su hombro, y apartó su cabello negro y lacio hacia un lado. Comenzó a besarla lentamente por allí. Gina esbozó una sonrisa pequeña sin dejar de observarla a través del reflejo. Pero enseguida se le alteraron los nervios cuando la mano de su compañera la acarició en el vientre, bajando despacio a su entrepierna. Le gustaban mucho sus manos, abarcaba gran parte de su cuerpo con una. Eve se inclinó más sobre ella desde atrás y frotó tres yemas de sus dedos contra sus braguitas, haciéndola quebrar un suspiro.
—Eres muy bonita… me gustas —susurró la rubia, retomando los besos suaves sobre su hombro. Levantó su mano y la puso frente a sus rostros, comprobando la brillante humedad que adornaba sus largos dedos. Gina sintió un tirón de las muñecas que tenía atadas; Evangeline la agarró de allí como una especie de correa trasera y la movió hacia la cama. Logró tumbarla con cuidado sobre sus propios brazos inmovilizados. Y después, sencillamente la soltó y se quedó en pie cerca de la cama.
Gina notaba cómo sus latidos aumentaban de frecuencia. Ese era uno de los momentos que más la perdían. Desconocía por completo a Evangeline, no sabía cómo era en el terreno sexual. Y la incertidumbre avivaba sus sentidos por segundos.
Por su parte, Evangeline respiró hondo y, sin dejar de mirarla, se deshizo de su cinturón y de su blusa. Llevaba un sujetador y un tanga que formaban parte del mismo conjunto azul marino.
No sé cómo no es modelo… tiene un cuerpazo… pensó Gina, apretando los puños tras su lumbar mientras la observaba quitarse la ropa. La rubia pasó su largo pelo hacia atrás y se sostuvo a la cama a un menor nivel, con las pupilas fijas en la lencería ajena. Abrió la boca y la mordió suavemente en un pecho, succionándolo por encima de la tela calada.
—Hm… —balbuceó excitada, la estimuló el mordisco, pero eso mismo la encendió. Al tratar de mirarla, un mechón dorado ondeó justo frente al rostro de Eve, pero ésta estaba totalmente enfocada en sus tetas. Vio separar ligeramente la boca para enroscar la lengua sobre su pezón y volver a succionarla, ahora con más fuerza. Se mordió el labio tensando el cuerpo. La mano contraria de Eve se deslizó por las curvas de su costado llegando hasta su liguero. Acarició su forma y después hurgó con dos dedos en su entrepierna, tirando hacia abajo las braguitas de encaje que llevaba y palpando ahora más de lleno la humedad.
Lo que más le gustaba a Gina de estar sometida, era la facilidad que tenía para conocer a sus compañeras sexuales. Había probado el BDSM en muchísimas de las vertientes que una sumisa masoquista podía, evidentemente con algún que otro límite. No le dio a Evangeline palabra ni código de seguridad porque dio por sentado que era una cachorrita totalmente desprovista de entrenamiento en aquellas artes. Volvió a balbucear excitada cuando oyó su boca despegando la succión, de un chasquido. A través del encaje de aquel conjunto era totalmente apreciable el pezón erguido tras esa succión. Eve se había quedado mirándolo, exhaló un suspiro.
Es muy cariñosa. Hará falta unas clas-…
—¡Hm… ahh…! —el cuerpo se le tensó bruscamente y se le removieron las piernas al sentir de la nada cómo los dedos de la rubia entraron en ella tan adentro, sin apenas preliminares. Trató de relajar de inmediato su cuerpo. Eve volvió a morderla en el mismo seno y la penetró con movimientos tajantes de la mano. Gina gimió adolorida y placentera al mismo tiempo. La ponía cachonda su fuerza, también la expresión que tenía cuando sus dientes tiraban de su pequeño pecho. Aún estaba calculando la fuerza, eso era bueno. Su cuerpo, caliente y tenso, no tardó en convertir el dolor que sintió en placer casi de manera automática. Su cerebro siempre había trabajado igual. Había algo potencialmente excitante en la sumisión, lo tenía muy claro. Siempre que fuera consensuado y con sus normas estipuladas, adoraba que usaran la brusquedad y que la sorprendieran. Evangeline suspiró muy excitada al ver que sus tres dedos entraban de pronto con tanta facilidad dentro de la chica; el sonido de sus fluidos al chocar la mano la estaba matando. Con ayuda del otro brazo, gateó más sobre ella para poner su rostro a la misma altura que Gina y le habló en un tono trémulo.
—¿Puedo follarte?
—Sólo si me haces daño —le respondió, excitada.
Eve frunció un poco el ceño. No sabía cómo tomarse una frase así.
—No… no quiero hacerte daño.
La chica soltó una risita, girándose hacia ella.
—El BDSM te suena de películas y ya, ¿no…? Sólo de oídas. Tengo experiencia soportando el dolor… y el dolor… para mí es puro placer. Quiero que me domines —la miró de arriba abajo, mordiéndose el labio.
Evangeline sintió que el corazón se le aceleraba al ver cómo la estaba mirando. Parecía estar realmente excitada con todo aquello, pero había algo peor. Parecía estar esperando algo más de ella. Sintió que no disponía ni de los conocimientos ni de las herramientas. Pero hacérselo saber a esas alturas a lo mejor le cortaba el rollo.
Nunca he atado a nadie hasta ahora, fue lo único que atinó a pensar. Se preguntó, al ver el esbelto cuerpo de Gina con las manos atadas tras la lumbar. No sabía si no le era incómodo estar así. No se quejaba.
Trató de ignorar los pensamientos inseguros y se desnudó. Se escupió en la mano y la bajó a su propia vagina, acariciándose despacio para estimularse y muerta de ganas como estaba de continuar, acomodó una pierna de Gina sobre su hombro. Ésta la miraba fijamente, ida de placer al ver cómo aquella mujer tan hermosa estaba atenta a ambos sexos y se acomodaba para frotarse con su cuerpo. Ahogó un gemido al sentir el empuje de su cuerpo tan repentino, que la hizo resbalar hacia arriba y darse un sonoro cabezazo contra el cabecero.
—¡¡LO SIENTO MUCHÍSIMO!! —la rubia dio tal grito de culpabilidad que la otra, aturdida, sólo pudo reírse tontamente. Meneó el tronco corporal como pudo, pero la otra se apresuró a envolverle el cráneo con sus brazos, consolándola. Gina suspiró en sus grandes pechos, riendo.
—¡No seas tonta!
—Dios, ¿te has hecho daño? ¡Eso sonó muy mal! Deja que te vea, a ver si te sale algún chichón —comenzó a explorarle entre los mechones de su pelo negro, como si estuviera en busca de piojos. Parecía muy preocupada—. Ah… eh…
Voy a tener que darle un empujón. Es demasiado gentil, pensó, mientras mordía su suave pecho. De pronto le dio un mordisco mucho más contundente, con la única intención de hacerle daño, y la rubia, lejos de gritar o quejarse, hizo lo que la otra buscaba, apartarla bruscamente de ella.
—Oh… ¿has notado algo? —preguntó Gina, como la víbora que se sentía.
Eve la observó con un deje distinto, tenía ahora los dedos sobándose la zona donde la había mordido con esa desmedida violencia.
Mierda. La he mordido muy fuerte, ¿ahora no querrá saber nada de mí?
—Ahora estamos en igualdad de condiciones… —se apresuró a decir— pero… yo soy tu esclava hoy…
—Los esclavos no hacen daño a sus amos.
—¡¡Oh…!! Dios mío… perdóneme… merezco… merezco un castigo, ¿verdad?
Evangeline abrió ligeramente los ojos, asombrada. La estaba provocando.
Y lo había conseguido.
Sin cruzar más palabra, llevó la mano a su brazo y la torneó con un movimiento más veloz, logrando voltearla bocabajo y encima de sus piernas. Dejó sus pequeñas y bonitas nalgas blancas expuestas. Gina suspiró disimuladamente, llena de placer. Le ponía mucho ser azotada. Evangeline la golpeó con fuerza en su nalga izquierda, tensándola de cabeza a pies.
—¡Arg…! —exclamó, volviendo a relajarse rápido.
—Exacto —musitó, con el tono de voz ronco, mirándola fijamente. Gina habló lastimera.
—Perdóname… ha sido un momento tenso para mí…me he dejado llevar por l…
PAF. ¡¡PAF!!
Gina se tensó mucho más. El tercer azote fue duro de verdad. Notó la diferencia de fuerza entre Irina y aquella otra preciosa rubia. Irina tenía su umbral del dolor calculado, pero estaba claro que Eve era una iniciada y tampoco la conocía ni había la suficiente confianza… aquello había resultado, en la cabeza de la chica que la estaba azotando, algo improvisado. Pero a Gina le estaba sirviendo para testearla. Se preguntó si esos azotes eran lo más fuerte que podía dar.
PAF.
Joder, no creo que esté calculando bien, pensó Gina. Tiene la mano algo más grande que Irina.
—Ogh… ama… por fav…
Los ojos verdes de Evangeline se desconcentraron un poco al escuchar aquella palabra. Por algún motivo que no conocía, sintió que ese podio de poder en el que la otra la estaba colocando, le repiqueteaba internamente. Se puso más cachonda. Y siguió el teatro.
—No hables. Te estoy castigando. Mantente callada —tiró de su cuerpo hacia ella, pues por el peso a veces se escurría un poco del borde de sus piernas. Acarició la nalga más maltratada hasta el momento, observando a Gina con fijeza. Le sacudió otro azote seco y repentino, acalambrándola; las largas y delicadas manos de la chica de pelo negro se cerraron con fuerza, retenidas con las ataduras. Eve impactó de nuevo su mano, esta vez clavando un poco las uñas en su carne. Las arrastró en la piel rojiza, pero el grito que emanó de ella fue más lastimero al hacerlo, así que la soltó deprisa.
Me siento un poco mal… no me pide que me detenga. ¿Estará bien?
Le miró la piel cuarteada, tenía el contorno de su palma marcando ambas nalgas. Se miró un segundo la mano, tragando saliva. Sentía algún cosquilleo, claro que sí. Pero podía pegar más fuerte. La azotó de nuevo, sacándole un gemido tembloroso.
—¡Huf… huf… ah…!
Sintió placer al oírla. Un placer distinto. Y le sorprendía el aguante que estaba teniendo. No estaba segura de poder ella estar en el otro lugar. Le estampó la mano de nuevo con fuerza, y otra vez más. A la tercera distanció más la mano pero paró en seco, al ver el contorno ya más agrietado de la piel que dibujaba su palma en la piel ajena. Llevó sus dedos a la boca, los chupó y decidió tocarla tras la tela. No podía contenerse. Ya no. Al principio metió los dedos despacio, pero casi al instante, ya la penetraba de golpe, haciéndola gritar.
—¡Ah… más fuerte…!
Los gemidos tenían un decibelio especial, parecía que iba a correrse y el cuerpo lo tenía completamente tenso; Eve se puso muy nerviosa al escucharla y movió violentamente la mano entre sus piernas, guiada por sus jadeos.
Jodeeeerrrrr… qué dedos más largos. Me va a dar algo…
En mitad de todas aquellas atenciones la agarró de un brusco tirón de pelo y eso la volvió aún más loca. Dirigió como pudo la mirada al espejo que había a un lado de la cama y casi perdió el resuello del todo al contemplar esa imagen. Evangeline tenía el labio inferior mordido con fuerza, mirando sólo su cuerpo mientras mantenía la cadencia de las embestidas con la mano y aprisionaba su cabello con la otra mano. Gina cerró fuerte los párpados y gimió con fuerza, clavándose sus propias uñas en el interior de las manos mientras se corría.
La rubia se sorprendió tanto de ver sus fluidos salpicándole en el brazo que frenó poco a poco, con los labios separados. La soltó del cabello, volviendo a tragar saliva. No había parado de salivar en los últimos minutos intensos, en los que Gina sólo había estado recibiendo esos azotes y tensándose ante la penetración. Al quitar los dedos de su cavidad ascendió la mano mojada y soltó una risa alucinada. Volvió a su voz más cantarina.
—¡Te corres un montón! Joder… ¡joder!
Gina no paraba de suspirar agotada, roja y con espasmos por todo el cuerpo. Hacía mucho que no tenía semejante orgasmo con tanta sencillez. La había puesto muy cachonda su fuerza, su brusquedad y su cara de excitación al masturbarla. Cuando recobró algo de aliento parpadeó despacio y sonrió, haciendo algo de esfuerzo para mirar hacia atrás.
—Me has puesto a mil…
—Voy a desatarte, ¿vale? Me apena ver que apenas puedes moverte.
La pelinegra resopló con una risita, evadiéndole enseguida la mirada. Evangeline tardó bastante, hasta el punto de que empezó a notar algo de frío.
—Bien… ya puedo yo sola, descuida —musitó moviendo las muñecas y fue apartando poco a poco su cuerpo de encima de la rubia. Ésta abrió los labios, siguiéndola con la mirada inquisitivamente. Pero Gina fue tarareando hacia el espejo atusándose el pelo y dando media vuelta para verse las marcas en el trasero. Le picaba muchísimo, y tenía ambas nalgas con obvias señales de sus manos. Le gustaba. Eve se acercó despacio y asomó también el rostro para ver el reflejo.
—¿Te he hecho mucho daño…? ¿Estás bien?
—Perfectamente. Y te has controlado. De eso quería hablar —volteó y la rodeó del cuello, sonriendo pícaramente—. Ya veo que aunque lo conozcas, no estás muy involucrada con el mundo del BDSM… ¿te interesaría… mantener ese tipo de relación conmigo?
Evangeline tragó saliva, mirándola con fijeza.
—¿Podemos seguir conociéndonos…?
Parece un cervatillo temeroso, qué cómico es ver esa expresión en unas facciones que no le pegan para nada. Me gusta… me gusta esta chica. ¿Cuánto podría tardar en caer en mis redes?
—¡Sí! Claro… ohm… espero no haberte parecido una completa desubicada… querías… querías hacer esto también, ¿verdad?
La rubia rio divertida, con más tranquilidad. Era la primera vez que Gina veía por completo su bonita dentadura. Que para no descuadrar, también le era perfecta.
—Es que… no sabía si metería la pata dándote un beso… pero desde la primera vez que te vi no pude creerme lo bonita que eras. Quería besarte.
Precisamente lo mismo que me pasó a mí. Qué bonito, casi parece una película de romance.
En respuesta, sólo se puso de puntillas y presionó sus brazos sobre su nuca, para colgarse un poco y alcanzarle la boca. Eve la correspondió a un ritmo lento, bajando las dos manos a sus nalgas. Ardían. Abrió los ojos y se fijó en su esbelto cuerpo en el espejo. Gina separó muy brevemente su boca y sonrió mirándola a los ojos.
—Besas muy bien. Serías una buena domina… —agarró la mano aún mojada de Eve y la acercó a su boca. Dejó deslizar el largo de su índice por su lengua, y lo chupó lentamente sin dejar de mirarla. La rubia entreabrió sin darse cuenta sus labios al verla, hipnotizada. Suspiró viendo que se metía ahora su dedo corazón. Parpadeó sedienta, susurrando.
—Podrías… eh…
—Habla claro, vamos —la retó con la mirada, mordisqueando sin fuerza su dedo.
—Quiero que me… eh…
Gina soltó una risilla malévola, pasando las dos manos a sus mejillas. Estaba ruborizándola.
—Te gustaba la interpretación, ¿verdad?
—Sí, ¿por qué?
—Porque es perfecto. ¿Qué tipo de papeles te gusta interpretar?
Eve sonrió mirándola.
—A las antagonistas.
—Lo sabía. Perfecto. Porque… me gustaría llevar algunas de esas escenas a este nivel.
La rubia fue perdiendo la sonrisa, pero no por desagrado. Gina nuevamente la impresionaba. Las veces que había tenido sexo habían sido casuales y «corrientes», no se había puesto a explorar nada más. Pero ahora que había probado un poco de su mundo, sentía mucha curiosidad.
—Pero… si me pongo a interpretar… —ladeó la cabeza, pensativa.
—¿Ahá…? ¿Qué ocurre?
—Me tomo muy en serio mis interpretaciones —quitó las manos de Gina de sus mejillas y se cruzó de brazos, arqueando las cejas con un toque más altivo. Parecía haber tocado un tema importante para ella—. Puedo ser y sonar bastante cruel.
—Por supuesto. No quiero nada mediocre… y sé que eres la adecuada.
Evangeline la miró fijamente, juntando sus labios. Al cabo de unos segundos, asintió.
—De acuerdo. Pues… lo pensaré.
¿Lo… «lo pensaré»? Vaya. Es cierto que antes cuando se lo propuse me dijo que quería seguir conociéndome. Será mejor que no la agobie. Pero es que es tan perfecta para mí… tengo que serenarme.
Gina le sonrió escuetamente y se separó un poco, asintiéndole como única respuesta. Tenía malos antecedentes, y bajo ningún concepto quería que aquella chica tan hermosa los conociera tan rápido. Sólo habían tenido un primer contacto. Eve bajó la mano y la siguió con la mirada, sonriendo. No había tenido el valor de pedir lo que quería. Carraspeó un poco y se sentó en el borde de la cama, acercándose su ropa.
—Mañana puedo ir a buscarte a la salida de tu turno… bueno, no sé tus horarios, pero ya he visto que sueles estar de tarde.
—Ah, ¡qué va! Va rotando todas las semanas.
—Qué suerte —alcanzó su móvil, abriendo la aplicación que todos los de su trabajo tenían—, yo siempre tengo que madrugar para tener todos los dulces horneados… a ver…
—Oh, ¿eres repostera o algo así?
—Justo —se acomodó en el diván y estiró las piernas, tecleando algo en el móvil—. Tenemos un catering la semana que viene y tengo que delegar tantas tareas… que ni siquiera sé qué voy a hacer con los nuevos que llegan mañana. Van a estar fritos de mí al segundo día.
—Así que eres la jefa.
—Ya me gustaría. Quizá a corto plazo… pero para eso tendría que destacar mucho estos días. Así que voy a estar hasta arriba.
Eve la miró suspicaz, recordando a sus padres. Pero cabeceó una negativa, evadiéndoles rápido de su mente. Se separó del todo y terminó de abrocharse la blusa mientras se paseaba cerca del diván, mirando por encima su horario.
—Quiero verte trabajar… ¡seguro que estás preciosa con esos gorritos que tienen los chefs!
—Bueno, el mío no es igual… pero sí que llevamos gorro —sonrió, buscando alguna foto en la galería. Vio una de lejos, pero no la abrió—; ¿vendrás a verme mañana?
—¡Claro! Mañana puedo. Sólo dame la dirección.
En mi mano. Bien.
—Pero, una cosa —añadió la rubia—, mi padre me llamó antes y debo ayudarle con una mudanza. No sé aún a qué hora, hay familia que se muda aquí y…
—¡Tranquila! No pasa nada. ¿Tienes mucha familia?
—Mis padres viven lejos. Hm… y no. Somos pocos. Estos que vienen han encontrado trabajo cerca de la zona, porque les hablé bien de estos barrios.
—Entiendo.
—¿Y tú? ¿Tienes mucha familia?
—Están mis viejos por ahí… —hizo un gesto con la mano, como si no quisiera darles demasiado protagonismo—, y mi hermana Sakura, es la mayor. Aunque ambas tenemos un carácter muy fuerte y bueno.
—¿Discutís?
—Muchas veces acabamos a los gritos y nos tomamos un tiempo de sanación. Un periodo silencioso, digamos.
Evangeline asintió. Se hizo un corto silencio, hasta que ella misma se levantó.
—Voy… debo regresar —dijo aún algo intimidada. Gina seguía desnudada—, eh… ¿nos vemos mañana?
—¡Claro!