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  • Paradero Desconocido

CAPÍTULO 9. Red flag

Dos días más tarde

Tienda de videojuegos

—Tenga. Con esto ya estaría todo. Enhorabuena.

—¡Woo! Sois los mejores —sonrió el niño, sujetando como pudo todas las bolsas de paquetería con videojuegos y otros complementos gaming nuevos. Había ganado la rifa del año y después de un cruce de firmas, el chico alucinaba con el material mientras salía de la tienda.

—Algunos son felices con poco… —musitó Shinji, abriendo la caja para colocar el ticket.

—Bueno, dijo que era streamer… y es que todo lo que se ha ganado le viene genial. El micrófono es bastante caro.

—El mío ya me hace con la voz lo que quiere. Tendría que cambiarlo. Oye, antes las chicas estuvieron diciendo de ir a tomar unas cervezas después del cierre, ¿te apetece…?

—¡¡Hola!! Buenas…

Evangeline y Shinji se volvieron para saludar a la nueva voz. Era Hae-won.

—¿Y esta agradable visita? —Eve salió del mostrador para abrazarla y darle un beso. Gina se lo devolvió sonriendo.

—Pues… te traía algo para después. Y… —bajó un poco el tono— ¿podría hablar contigo? No te robaré más de dos minutos.

—Sí, me toca comer ahora. Vamos juntas si quieres afuera.

La pelinegra asintió y dejó sobre el mostrador la bolsita con los dulces.

—Puedes tomar los que quieras, es para todos —dijo sonriéndole al otro chica, y el muchacho los acercó de buena gana. Cuando las mujeres se alejaron un poco, Shinji miró de soslayo. Tenía curiosidad por saber qué pasaba, porque no solía venir mucho.

Exterior

Evangeline se puso un abrigo grueso de pelliza y tomó el bolso, alejándose con su novia hacia el restaurante que había justo al lado. Entraron y se pidieron algo de comer. Gina esperó pacientemente a que volviera de la barra para tratar en su cabeza cómo podía exponer aquel tema sin que se notara demasiado lo que le preocupaba. Carraspeó suavemente y le sonrió cuando la vio regresar.

—Enseguida traen el pedido.

—Bien. Oye, preciosa… te quería comentar… ¿te acuerdas de que me preguntaste para ir al pueblo de tus padres? Ellos querían darte algún comunicado en persona.

—Oh, sí. Faltan unos días aún —murmuró, contestando mensajes en el móvil. Siempre que entraba a trabajar o dejaba que transcurriese más de una hora sin mirarlo, se le acumulaban.

—Pues… he tratado el tema con la encargada, quizá pueda darme esos días libres. Creo que quiere permutarlos.

Eve separó rápido la mirada de la pantalla y la dejó en Gina. Ésta la observó atentamente.

—Bueno, yo… ya había sacado el billete. Si quieres pido otro, aunque será imposible escoger butaca a mi lado.

¿Le da igual que vaya? Eso me deja algo más tranquila.

—Bueno, eso sería lo de menos —respondió— es que me dejaste un poco preocupada con ese tema… y no quiero que vayas sola.

—Ah… —presionó un poco los labios hacia dentro, más dubitativa—, bueno… en realidad sí que me acompaña alguien. Martha dijo que podía venir… también quiere ir a saludar a mis padres.

—¿Cómo? ¿Martha? ¿Dijo que podía ir? No entiendo…

—Se lo propuse —hizo una pausa para atender al camarero, que venía ya con sus platos. Desenvolvió el bocadillo y le dio un mordisco, alargando esa situación mientras Gina era incapaz de abrir el suyo—. Porque no quería ir sola, seguro que eso termina mal.

—Sí que se lo tuviste que preguntar rápido —murmuró toqueteando el aluminio, sin abrirlo. Eve se encogió un poco de hombros y sin echarle mucha cuenta volvió a mirar el móvil.

—Conoce a mis padres desde hace mucho y es bien recibida. Además, sólo serán tres días.

—Pero saliste con ella en el pasado. ¿No te da… incomodidad?

¿Qué dice…?, Eve la miró extrañada. Empezó a taparse con la mano, evitando reír con la boca llena.

—¿Estás loca? ¿qué incomodad iba a haber? Eso fue hace mucho tiempo… éramos dos tontitas recién salidas de la secundaria.

—No fue hace tanto tiempo. Me asusta un poco que le propongas ir a casa de tus padres. Son como unas… vacaciones juntas.

—Para nada —se puso más seria, pero aun así le sonrió tiernamente—. No seas tonta. Hemos dormido en casa de la otra muchas veces y jamás ha vuelto a pasar nada. Es mi mejor amiga antes que todo.

—Tú piensas así, pero estoy segura de que ella no… y que lo esconde.

—Pues mientras siga escondiéndolo, ¿qué problema hay? Yo no me enteraré.

—Entonces, ¿me estás diciendo que si llego a ir no podré ir a casa de tus padres?

—Puedes ir… y te presentaré como te mereces. Ya les he hablado de ti. Lo que pasa es que… —iba a decir aquello de una sola carrerilla, pero siempre tenía un pensamiento de incomodidad que le impedía soltarlo así. Miró a Gina y forzó un poco la sonrisa—. Nunca han aprobado del todo que sea lesbiana. Se criaron toda su infancia en un pueblo remoto y llevando sus… negocios y sus cosas, nunca han querido profundizar conmigo en ese tema.

—¡Pero si Martha también lo es!

—Bueno, ella tiene una sexualidad más abierta, también le gustan los hombres. Y… —se rascó la cabeza, pensativa— hehe, bueno, ellos no saben que estuvimos juntas. Sino no sé si la mirarían con tan buenos ojos. Piensan que es una chica modelo y que yo les salí torcida, ya sabes. Me aguantan porque soy su hija.

—¿Saben que soy tu novia?

—Sí —asintió calmadamente, mirándola a los ojos—. Saben quién eres, qué aspecto tienes… dó-dónde trabajas… claro que lo saben.

—Con razón nunca ascenderé —suspiró en una sonrisa llena de mortificación, evadiéndole la mirada. Evangeline tragó con más dificultad al oírla y susurró.

—No pienses eso, ellos son los dueños… pero no interfieren en decisiones de Recursos Humanos. Ni en nada… a estas alturas sólo hacen nuevos negocios y ponen la mano.

—Me apena mucho que vayas con ella y no conmigo.

—Pero yo te lo pregunté, hey… puedes venir si quieres. Es simplemente que… bueno, sepas a lo que te expones. A veces son difíciles de tratar. Honestamente… —hizo una mueca y resopló—. Honestamente, les hubiera obligado a decírmelo por teléfono, pero también quiero ver a Samuel.

Samuel era el hermano pequeño de Evangeline. De repente, aquella afirmación se le hizo sin pena ni gloria a Gina. Se quedó con una expresión de extrañeza, pensando en sus propias cosas, hasta que la rubia la llamó.

—Entonces… ¿vas a venir?

—¿Para qué? Estarás todo el día con tus padres, los cuales no van a aprobarme, y vas con tu invitada de oro —Eve soltó una risa débil al oír lo último, aunque de pronto Hae-won la abordó—. ¿Te hace gracia?

La rubia mantuvo algo más la sonrisa, intentaba no reírse.

—Nunca te había visto esa cara. No te enfades, tonta.

—Si voy tendré que hospedarme en algún hotel, y francamente… ir para estar sola me parecería demasiado deprimente —siguió jugando con el pan envuelto, ni lo había probado. Eve terminó su comida y apartó la bandeja, con un semblante más pensativo.

—Bueno, seguramente el primer día coma con ellos, esté por la tarde con el niño y luego podemos salir a dar una vuelta.

—No quiero ver a tu amiga. ¿Cómo narices te lo explico? Me odia. Le caigo mal sin ningún motivo, y perdona que te diga, pero a estas alturas ella tampoco es santo de mi devoción.

—Ya… bueno…

Gina sabía que estaba entre la espada y la pared con aquel tema. El día que se conocieron sólo fue el preludio a una insostenible relación. Martha tenía un comportamiento que a ojos de la pelinegra era ilógico y territorial, y contaba con la ventaja del tiempo de amistad. Se conocían desde finales de la secundaria, que fue cuando la odiosa chica se cambió de localidad por temas académicos. Entraron juntas a la facultad. Pero desde el encuentro en la pastelería, el resto de coincidencias con ella habían estado llenas de comentarios con doble fondo, caras antipáticas por ambas partes y alguna que otra burla por el desconocimiento de Gina sobre algún tema de la vida personal de Evangeline que supuestamente “debería”  conocer y no conocía. El resultado no tardó en manifestarse, un malestar permanente entre las dos.

—¿”Ya, bueno”? —repitió, arqueando una ceja.

—Es que ya le dije que viniera. Le compré el billete… no puedo decirle que no.

—Sí que puedes.

—No seas así…

—¿Así cómo…? —ladeó la cabeza y sonrió con ironía— ¿una bruja…?

—Eh, ¡que yo jamás te he llamado así!

—¿Crees que la opinión y las ganas de tus padres por conocerme mejorarán con ella hablando mierda de mí?

Eve se puso seria de repente.

—Eso no se lo permitiré.

—No, claro.

—¿Estás enfadada por algo más?

—Sí. Porque no tenías intención de decirme que ibas con ella hasta que te he preguntado.

—Te lo iba a decir, sólo…

Gina aguardó expectante, mirándola intensamente. Detectó en Evangeline una incomodidad nueva que no le había visto antes.

—¿Sólo qué? —apretó.

—Estaba pensando el modo de decírtelo sin que te enfadaras conmigo. Porque ya sé que no te cae bien, pero no quería ir sola y es difícil para mí el hecho de que os llevéis mal.

—Tú misma estuviste presente el día que la conocí. Te lo hizo pasar muy mal y se quedó tan pancha… y desde entonces no ha dejado de recriminarme y decir cosas que no son ciertas.

—Ella se enteró de que la puteaste cuando viste una foto nuestra.

—¿Qué?

Eve suspiró, ya incómoda con el rumbo de la conversación. Odiaba los problemas.

—Al poco de conoceros, viste una foto que compartió conmigo. Te enfadaste muchísimo y empezaste a insultarla en el trabajo. Joel se lo dijo a Lillian, y Lillian…

—Si, sí… tus conocidos y tu familia son como una pequeña comuna sin secretos. Ya lo sé. Tuve que haber cerrado la boca aquel día, pero me pilló de malas. Además, ¡tampoco dije tanto!

—Bueno, el caso es que… hay ya mucha negatividad ahí y ninguna parece querer ceder. Es todo absurdo. Ni siquiera os conocéis entre vosotras.

—Se toma demasiadas confianzas contigo. Sólo digo eso. Debería saber cuál es su sitio. No es ella tu novia.

Bufó largamente, frotándose el ojo. El fastidio había dejado paso a la pereza.

—Bueno, no quiero interceder más.

—Vas a ir con ella entonces, ¿no?

Eve la miró de nuevo; se sentía examinada. Sentía que le hacían una especie de pregunta trampa, un ultimátum o algo del estilo.

—Ya te lo he dicho. No le puedo decir que no.

—Está bien —dejó a un lado su bocadillo, al cual finalmente no hincó el diente, y recogió las dos bandejas con notable prisa. Las tiró sobre el estante y se puso en pie poniéndose el abrigo.

—Esta… esta noche nos vemos, ¿no? —preguntó la más alta, poniéndose en pie con cautela.

—No. Y mañana tampoco —se arregló el pelo por encima del abrigo y se lo abotonó. Eve se puso más cerca y bajó el tono de voz.

—No seas tan dura. ¿Se te olvida que mañana viajo de madrugada? Si no te veo, me harás sentir muy solita —le puso morritos, pero lejos de tomárselo a buenas, Gina chistó enfadada y le dio la espalda, saliendo del restaurante.

Aquello fue una punzada de dolor inesperada para Eve.

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