CAPÍTULO 32. El hombre dentro del lobo
Cafetería —Won, date prisa, maldita sea. —Voy, ya voy. Hina respiró hondo y levantó con todas sus fuerzas, ayudada de una compañera, el tablón que se había desmontado de la barra. Las chicas lograron apartarlo del camino y poder retornar a sus puestos. Los otros dos camareros varones estaban en una punta diferente del bar. —Ese tipo cree que tenemos su misma fuerza. —¿Verdad…? —concedió Hina, suspirando con una sonrisa y trotando hacia su lugar. Pudo retirar algunas comandas ya terminadas y llevar los platos. A mitad de trayecto, notó de nuevo un tenue calambre en el bajovientre. Fueron esos […]